viernes, diciembre 26, 2008

Tercer poema de la revista Hermes. nº 15








        La que limpia los urinarios



        Es invisible cuando Tamara de Lempicka se suaviza en sus bragas de raso y se reconcilia con su vestido mirándose en el espejo, retocando la curva de sus labios y yéndose después mientras calcula la pedrería de sus amantes.

        La que limpia no ha deseado la danza de los peces bajo el tedio del Adriático, no sueña jamás con encontrar un brazalete de plata que burle el recorrido de los desperdicios.

        Pero conoce el candor de los que se alimentan con pétalos de rosa por el yacer casi inodoro de sus heces y cuántos miles de cerezas se precisan para el pastel intacto de una novia bella y anoréxica.

        Conoce el temor de los hombres de negocios en la mancha que dejan sobre la porcelana de hielo, el secreto de las embarazadas porque gimen al cerrarse por dentro en dos metros cuadrados de soledad y el caviar que comieron los discípulos de una logia y el licor culpable que embriagó a los amantes de la condesa Tamara de Lempicka.

        Cada día se resume en los desagües llegando al fondo de los pensamientos elevados. La música del agua no le regala arroyos transparentes.

        Y cuando acaba su trabajo se marcha más distante que la pintora Tamara de Lempicka. El sol no la golpea con su desvergüenza y en la oscuridad su paso está cansado como la danza de los perezosos que se aman en un lujoso hotel de Venecia.

domingo, diciembre 21, 2008

Revista Hermes, nº 15. Segundo poema





      Indiferencia

      Hablo de mí, por fin, como si hablara
      de un viejo compañero perdonado.
      Sería hablar de un reino vegetal
      y entonces contarías
      cuántas arterias verdes
      salen de mi organismo
      para anudar su savia
      al anónimo arbusto del otoño.
      Y el animal gusano,
      el arácnido, rata, culebrilla,
      tienen la boca rara de mi boca,
      un rápido veneno,
      un colmillo que sirve para herirse.
      Hociquea en mis sábanas el tigre,
      cuando me baño viene una medusa.
      Verás cazar al lobo
      en mi agreste costado
      y al hombre de las nieves
      huir de los fotógrafos intrépidos.
      Hablar de mí supone
      hablar de todo aquello que no es mío.
      Yo soy lo que tú digas,
      lo que tú quieras ver.
      Soy indistinta, informe, no soy nada,
      soy un nombre reflejo que respira.



domingo, diciembre 14, 2008

Primer poema de Hermes nº 15




      Un allegro de Vivaldi



      Qué descanso no reconocer larvas
      del corazón romántico: burbujas
      que hacen ¡plaf! Cuando las rozas, paisajes
      demasiado lunáticos, palabras
      que emocionan al público, que hieden
      melancólicas.

      Qué descanso repetir una frase
      hasta excederse,
      despreciando las imágenes, yendo
      sin principio o final, sin la dulzura
      de tenues cadencias o de películas
      en África.

      Qué descanso transformarse en violines
      virtuosos.
      Sólo malabarismos con el arco
      de un violonchelo acorde con el clave.
      Sólo un allegro ajeno a otro sentido,
      sólo ajedrez jugado sabiamente.

      Qué descanso la tenaz armonía
      de una pasión
      doblegada
      a un orden que penetra en el desorden
      hilando tracerías de sonido
      que se pierden en sí mientras desbordan
      el orden más y más diseminado.

      Como mi nuevo gesto en el espejo,
      como mi vida nueva al otro lado.

sábado, diciembre 06, 2008

Hermes nº 14, primer poema







      Égloga para el otro sentido

      La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

      Rizando la mañana en los meandros, vueltas que destrenzan las algas, pelo de azuda, vueltas de carrizos que esconden alas, siseos, huevos, chapoteos de vidrio,
      virarán los barqueros de la noche.

      La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

      Saludan en la orilla traslúcidos delfines de agua dulce trinando historias de un estuario donde vieron zarpar a los soldados jóvenes. Los delfines exploran campanarios anfibios, calles que la distraigan de la espera, azulejos brillantes de esas casas con el suelo encerado, terrazas soleadas y cipreses.

      La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

      Lleva barro en la boca, "es la tierra más vieja que conozco", y sonríe. Más allá siete grullas están soplando cuellos de botellas de náufragos igual que siete geishas recitando mensajes de seda, los mensajes de objetos extraviados sin dueño ni avaricia.

      La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

      Aún no tiembla el pulso añil de las libélulas, aún tonalidades de pereza y relojes ruedan hasta las cañas. Y la niña recibe pedacitos de sueño, jirones de camisas de la Luna confundidos con hilos de una araña, enrojecen, se transforman en peces.

      La niña te repite canciones de soldados poetas, de mujeres que amaron su reflejo en las hojas de las armas, quemándose, apresadas de los filos flexibles y regalaban sangre sobre el metal viril, "es la sangre más vieja que conozco", y sonríe.

      Y se yergue, de pronto, tan alta porque agita sus brazos, porque escucha en sus ojos llegar a los barqueros.

      Los barqueros que vuelven de la noche desnudos.

      La niña toma el agua y la lleva a tu boca, "es el dolor más viejo que conozco", y sonríe.

      Es la ciudad un río de presagios.

      Es el río una niña que grita a los barqueros.

      Regresan los barqueros, te embarcan en sus luces, en sus quillas de estrella.


      sábado, noviembre 29, 2008

      Revista nº 13 de Hermes. Tercer poema






          Pequeña danza

          Nos amamos
          como deben amarse los padres y los hijos.
          Hay un rencor callado
          que te deja volver hasta tu casa.
          Pero es tan suave el vino que bebemos
          que la monotonía no recuerda a Baeza
          y hacemos un escudo con su ordinario brillo:
          una parte
          de amor casi filial
          - no puede ser más pulcro su egoísmo -
          y otra parte impaciente,
          rastro de tiranía en el relato.

      sábado, noviembre 22, 2008

      Hermes, revista nº 13. Segundo poema




          Anonimato

          La huella de mi pie tuvo su instante
          igual que la pisada del hombre de la Luna.
          Se aquietó la ceniza, el dios volvió su rostro
          hacia mi rostro
          y ardieron mis palabras
          enterneciendo el pecho joven de los guerreros.

          Pero al viento le gusta divertirse:
          lame la imperturbable dureza del basalto
          y nacen nuevas playas con su fuego vencido.

          Figúrate qué rápido bailó sobre la huella
          de mi pie.
          Ni escuchaba
          mi feroz disputa con el olvido
          ni atendía el agobio de los viejos guerreros.

          Ahora nadie sabe que alguna vez anduve
          junto a un dios invencible. Que mi voz mantenía
          la ilusión
          de un rastro no del todo pasajero.

          Ahora arrastra el viento mi nombre, un remolino
          casi alegre visita mi morada
          y no conoce nadie
          que estoy viva
          y el viento no repite lo que robó a mis manos
          y me estoy ocultando aunque estoy viva.


      sábado, noviembre 15, 2008

      Primer poema de la revista nº 13 de Hermes





          ESPEJISMO


          Ese temblor que imita el sólido cariño,
          ese destello
          de una luz que el cristal
          multiplica a tu lado
          simulando que otorga un presente apacible,
          un dios no muerto aún
          bajo la espuela del deseo.

          Una ciudad lejana como un cuadro de Hooper
          se refleja fingiendo su imposible presencia.

          Vives al lado fiero
          de los monstruos,
          niña.

          El pánico conoce tu estrecho comedor
          y un príncipe cadáver te visita a menudo.

          Quizá la hermosa trampa
          refulgente
          de los que todavía no te han tenido miedo
          y te reclaman.




      sábado, noviembre 08, 2008

      NOVIEMBRE

      Es especial, objetivamente especial, diferente, y quien no lo crea peor para él.

      Te detienes un momento en Hermes, Ogigia, para celebrar y celebrarte. Hoy es el día de Juan y le llevas cantado bajito felicitaciones, por eso le dedicas esta primera música



      Stan Getz, Jobim, Charlie Byrd


      Estos chicos de Hermes a los que tienes tanto cariño.

      Carlos, qué alegría...


      Chule,tu cercano y cómplice amigo. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Alejandro!!!!!!!! ¿Dónde estás?, dices, siempre tan ocupado, que te quiero, rojo, que ya lo sabes.


      Sinatra y Jobim


      La suavidad de algunas personas que no conoces personalmente pero quieres, Paloma, ah, qué cerca siempre, Gorka otra vez, los no nombrados pero acogidos en tu isla...

      George Michaels y Bebel Gilberto


      Para todas ellas, tus amigas, guapas, interesantes, inteligentes, adoradas tuyas, María, María Luisa, Marce, todas con nombre maravilloso...

      Ana Belén, Lolita, Pastora Soler, Lucrecia y Carmen Paris


      En esta semana es tu siete, el número mágico. Te ves bien, los niños te ven bien... te celebras, quiérete mucho en todo el año, querida. ¿Desafinada? No, no, sólo riéndote.

      ¿A quién miras?

      Hoy te mira Jobim...y su
      Desafinado






      sábado, noviembre 01, 2008

      Revista Hermes nº 12 ( Segundo poema)

      ESTEBAN GARCÍA MORA







          Hermíone (o Ananké)

          Si lo hubieras mordido
          aunque él ha bostezado confiándose al habla: casi cierra sus ojos con tu lenta ronquera, detrás de ti las magas que se espantan el polvo, que sisean, tu sombra de tilos invisibles como pelo rozándolo y él -puedo mirarte oyendo a las montañas- dejándose alcanzar, claudica, viene hasta tu boca o hierba, hasta tu anguila o trampa.

          Si lo hubieras mordido
          después de aparentarle la brillantez del hielo, después de reposarte -siento la vieja aguja que aloca, que ha emergido-, de distanciarte un palmo y luego, aproximando tu licor a su piedra, rodearlo, limarlo, penetrarlo, tenerlo.

          Si lo hubieras mordido
          por debajo de un beso que si le sabe a muerte es porque te abandonas y el beso te lo impide y el tiempo no interrumpe su lengua deliciosa -posada en mis encías, santa como un capullo incontenible.

          Ah, si le hubieras dado
          el aire del jadeo, la joya del colmillo, la herida de ananké en gestos donde el ansia huele a impaciente pólvora.

          Si lo hubieras medido
          con hilos de saliva, con bordes de serpientes, con curvas no entintadas, oyendo a las montañas repetir desde dentro lo que era inevitable, acogiendo lo escrito, lo que era inevitable.

          Y si él, si me responde, se durmiera en mi boca.

      viernes, octubre 24, 2008

      XXXII Poemas en Hermes (Revista nº 12)


        ROJAS


          Trabajos

          En el amanecer
          se despide el planeta
          que va en busca del hombre de las frutas del Sur
          y el pájaro ruidoso despierta sin asombro
          y es su tarea
          la misma confesión que a veces tengo.

          Escribir o quedarse viendo llegar el día
          no esconden una gracia
          ni hay un dios diferente posándose en mi mano.

          No trato de escribir sobre las ruinas
          del templo que silencia
          a Garcilaso
          ni resumo los trágicos sucesos del amor
          pues creo que es sencillo
          provocar emociones al corazón que escucha,
          es sencillo contar lo que se esconde
          cuando del mismo aliento se respira la pena.

          Y honestamente terca me obligo a este trabajo:
          decir que me parezco a los reptiles
          y confirmar la falta de esperanza.

          Y porque no distingo
          este trabajo o el otro de morir.

          Mira la indiferencia
          del pájaro ruidoso despertando.

      domingo, octubre 19, 2008

      XXXI Poemas en Hermes (Revista nº 11)

          A. PORTELA



          Angra Mainyu


          Te llamará,
          te llamará otra vez:
          él prefiere los puentes, viaductos,
          angostos corredores como bocas de niebla…

          Ahora tú conoces qué oraciones
          lo invocarán lamiendo los espinos,
          las sábanas sobadas,
          el cerco de los cuerpos que lo amaron
          olvidando la higiene y la cautela.

          Prepárate a su voz, se desdibuja,
          se mezcla con noticias de aquellos que lo ven;
          ridiculiza
          excusas aceptables
          y un semanal deporte metafísico.

          Te llamará otra vez sin un halago,
          sin pedirte un favor.

          Te llamará acosándote con su esplendor vacío
          y tú responderás a su llamada
          igual que si a un reclamo de cazador oculto

          el ánsar de tu lago nunca se resistiera.


      sábado, octubre 11, 2008

      XXX Poemas en Hermes (Revista nº 10)


      ROBERTO CAMPOS


          Ya no será distinto



          Un paso mas
          y
          cómo me detendré al borde de la nada
          dándome en las mejillas
          esa ausencia que creo que es la muerte...

          No temblaré
          cuando libere
          mis bien alimentados papeles de penumbra:
          sin descanso gaviotas,
          olas, algas, medusas, mantas raya
          que llegan y preguntan por Ulises.

          Qué importa que me quede al borde de la nada
          si de viaje voy con mis papeles,
          si lloro de alegría sientiéndome ligera,
          lejos de los volcanes..,.

          Un paso más
          y
          ya no será distinto
          por fin clavar la pluma en el pecho de un pájaro
          o seguir escribiendo
          sobre el mar,
          sobre el aire.

          Allá van mis palabras, allá voy peligrando...

          Cómo dejar de mí lo que me empuja
          a dar un paso más
          y ser más transparente que la vida...

      lunes, octubre 06, 2008

      XXIX Poemas en Hermes (Revista nº 10)


      Rafael Canogar


        Simple Things


        Todo desaparece igual que una sonrisa maliciosa de gato.

        Primero transparentan las cosas su difícil sustancia de tesoro:
        por un instante tuve el secreto del vidrio, la verdadera trama de la arcilla, el calmo corazón de la madera, el hierro, el algodón hilado y un susurro lechoso.

        Toqué las cosas para reconocer su forma y su fiel compañía; por un segundo eternas, admirables, creciendo en los motivos de hacer suya mi casa.

        Pero después escapan de las manos; resbalan gravemente a su inicial materia, caen cuando se cae del santoral el día donde amé la presencia del amor en sus hermosos perfiles, cuando ya no recuerdo cómo me sedujeron con su quieta llamada y pierden la importancia de haberme consolado de la invasión del polvo.

        Se deslizan al lado frío de los desvanes y acaban por hundirse.

        Tan sólo están sus nombres y su lugar en vano y la súbita muerte de su intención de espíritus.
        .................................

        viernes, septiembre 26, 2008

        XXVIII Poemas en Hermes (Revista nº 10)

        RAIMUNDO DE PABLOS



            "Cómo llenarte, soledad"...*

            Siempre he buscado la misma palabra
            en el idioma de los caballeros de la vieja Europa
            y en la voluntad que se ha resistido
            a los días más hábiles
            como calzada romana cubierta
            por la hierba.

            La preciosa palabra del orfebre,
            la palabra del tigre,
            la palabra que chupando la médula
            a la inocencia nace
            más cerca que mi madre o que mi pecho.

            Es la señal que grabaron los brujos
            en mi frente,
            el perro fiel que nunca me abandona
            cuando se olvidan todos los amantes
            de pedirme perdón.

            Aquí, en esta palabra,
            sumerjo mi amargura
            y me voy desnudando ante sus ojos
            pues sólo en ella entiendo quién he sido,
            sólo en ella me busco
            y me acompaño.

        * Ah, Cernuda, Cernuda...

        viernes, septiembre 19, 2008

        XXVII Poemas en Hermes (Revista nº 10)

        FRANCISCO APARICIO


          Cuento


          I


          La princesa
          nació durante el tiempo de la caza,
          cuando los crisantemos equivocan su orgullo.

          Nació porque el azar es una incomprensible criatura
          que nunca se confía.

          Sus padres eligieron, para su nombre, nombres
          del oro y minerales
          que sueñan los esclavos del descanso.

          - Te llamaré la aurora y su promesa,
          dijo su madre.
          - De acero, de jubilosas conquistas,
          dijo su padre.
          Y levantó su mínimo cuerpecito a la luz.

          Y hubo una sola fiesta de cariño;
          engalanada plaza de reyes y de lluvia
          para que no faltara ni el trigo ni la leche
          ni el algodón en los cuerpos hambrientos.

          Vinieron los espíritus
          que regalan la suerte y su moneda.
          Señales en las nubes, águilas positivas,
          y tres encantadoras como si tres virtudes
          pudieran convencernos, bailar como tres gracias.

          El sol en la colina del laurel.
          El aire igual que el mar.
          Y nada que contenga una palabra oscura,
          ningún presentimiento
          ni ninguna mentira.


          II


          Pero anduvo la Luna la noche, acechadora.
          La Luna o la mujer o La muerte en los ojos
          o Diana cazadora sorprendida.

          No recibió un presente de rosas confituras
          ni contestó al mensaje que nunca fue enviado.

          ¿Qué insalubre lesión es el desprecio?
          ¿Qué venganza responde al desatento olvido?

          Llegó cuando la fiesta era confiada,
          cuando se presentían nomeolvides azules,
          cuando se piensa en bodas y en regalos.

          Y enmudecieron todos,
          la lluvia,
          los guerreros,
          las arañas de luz.

          - Serás Indiferencia,
          te llamaré el ingrato
          dolor de los que pierden la alegría,
          te quedarás despierta
          llamándote Penumbra -,
          gritó al desvanecerse la Luna sobre el agua.

          Nadie supo romper la maldición
          de la melancolía.
          No se la vio crecer a la hija del deseo.
          Y nadie entró en el bosque
          ni derribó el castillo de maleza.

          Pisoteó el rebaño de elefantes
          la tienda hecha de día
          y la princesa tuvo
          su momento vulgar de desatino.

        viernes, septiembre 12, 2008

        XXVI Poemas en Hermes (Revista nº 10)

        PABLO SANGUINO




          Pereza


          Me resulta cansado dar una explicación, por qué me gusta convivir con objetos silenciosos y no tener que conocer la prisa para buscar un hombre que me cuide.

          Antes era muy joven y muy crédula, el tiempo se ponía de mi parte, bandadas y bandadas de aves impetuosas levantaban mi vuelo... y ¿qué era yo sino reciente manantial, burbuja enamorándose?

          Me resulta cansado salir por encontrar una respuesta, llegar de madrugada sabiendo que aquello que la noche prometía fue menos que un señuelo, llegar de madrugada con la boca dolida de tanto sonreír a los fantasmas.

          Prefiero no vestirme los domingos, viajar por el pasillo de mi casa, nadar hacia las islas aún con sus poblados sin rendirse.

          Prefiero no mirarme al espejo y soñar algo mientras transcurre el día calladamente dulce y perezoso.




        viernes, septiembre 05, 2008

        XXV Poemas en Hermes (Revista nº 9)


        BALDUNG GRIEN




          Az-Zahr

          Leo mi porvenir en las constelaciones
          aunque azulea el cielo
          y se borra el dibujo
          que deseaba el mago babilónico.

          Fue el temor:
            ciego el ojo que observa mi provecho,
            ciegos la rueda, el dado y el destino.


          Acaso habrá quien piensa que un corazón se parte
          y entonces se estremece la ciudad solidaria.
          Habrá quien tranquilice
          su terror porque piensa que todo se encadena
          y en todo una razón sosiega el vértigo
          que aloca las preguntas.

          Pero nada responde,
          el descanso de un astro no me salva ni calma
          mi sospecha.

          Puede venir el día de este lado
          y llegar a la noche con las pestañas rojas
          del asombro.
          Puede venir el viento y llevarse cruelmente
          mis telas más preciadas.

          Ojalá me atreviera
          a no esperar un brillo más largo que un instante,
          a no escribir soñando que me quiere
          la sibila de Delfos
          y a leer la estrellas con la mirada fría,
          desencantada, insomne, sonriendo,
          atea, indiferente, con la mirada fría
          como un moderno astrónomo.

        domingo, agosto 31, 2008

        XXIV Poemas en Hermes (Revista nº 9)


        MAPPLETHORPE




            L´estro armónico


            Qué descanso no reconocer larvas
            del corazón romántico: burbujas
            que hacen ¡plaf! cuando las rozas, paisajes
            demasiado lunáticos, palabras
            que emocionan al público, que hieden
            melancólicas.

            Qué descanso repetir una frase
            hasta excederse,
            despreciando las imágenes, yendo
            sin principio o final, sin la dulzura
            de tenues candencias o películas
            en África.

            Qué descanso transformarse en las cuerdas
            virtuosas.
            Sólo malabarismos con el arco
            o la guitarra acorde con el clave.
            Sólo un allegro ajeno a otro sentido,
            sólo ajedrez jugado sabiamente.

            Qué descanso la tenaz armonía
            de una pasión
            doblegada
            a un orden que penentra en el desorden
            hilando tracerías de sonido
            que se pierden en sí mientras desbordan
            el orden más y más diseminado.

            Como mi nuevo gesto en el espejo,
            como mi vida nueva al otro lado.

        martes, agosto 26, 2008

        XXIII Poemas en Hermes (Revista nº 9)

        ¡¡Qué complicado ( no sé hacerlo, francamente) me resulta escribir este poema que apareció en la revista nº 9!! Va en dos tipos diferentes porque son dos poemas, que son uno, que son dos... así que he convertido el poema en imagen, cosa muy sugerente también, y que antes no se me ocurrió. Para verlo en mayor tamaño nada más hay que pinchar en él.



        miércoles, agosto 20, 2008

        XXII Poemas en Hermes( Revista nº 9)


        Una pintura de Méndez Sadia



            El amante

            Me recuerdan Su rostro
            ahora que hace siglos desde entonces.

            Me recuerdan Su rostro y no sé dónde vive
            qué perdón y qué máscara le dieron el sosiego.

            Ahora que hace un siglo
            Sus ojos en los ojos más lejanos:
            cruzan la calle,vienen,brillan en su secreto
            como si me mostraran Su secreto,
            como si fueran sabios y supieran Su nombre.

            Será porque este tiempo cicatrizó la herida;
            sólo es inmune el hielo a la luz intocable
            y,más allá, Neptuno guardando lo que fuimos,
            redondea su rostro de planeta extinguiéndose.

            Confundo Su chaqueta con el pliegue
            de un hombre contenido por su propio silencio,
            desoriento Su prisa
            y corro hasta alcanzarlo y nunca es Él.

            Será porque he mezclado mi amor con los olores
            de Su sudor, Su pelo, o porque me parece
            que Él inventó en mi cuerpo los mejores abrazos
            y que me rescataba del nido del no ser.

            O quizá es que ha llegado el tiempo indiferente:
            igualo su recuerdo con las sombras
            y puedo demorarme soñándolo a mi lado
            antes del gran instante lujoso del olvido.




        jueves, agosto 14, 2008

        XXI Poemas en Hermes( Revista nº 8)























            Fantasma en el Claustro de Santa Cruz




            Tú no estabas aquí pero la niebla decolora el cielo como un cuenco de leche.

            Era un niño... Tú no estabas aquí aunque es un niño que desenceniza tanta pereza del otoño y corre espabilado alegrando la piedra. Cobarrubias termina su compás. Los criados descorren las cortinas y el arquitecto piensa esconder en la piedra una flor, un afable murmullo.

            El fresco desdibujo de las horas más claras, el despertar de un pájaro, el cercano gemido de un enfermo... Este viento que llega reptando y averigua la voz del niño igual que un dios insólito.

            Porque le han regalado la primera naranja del otoño tal como rosa nueva e inconsciente, vencedora de signos y atauriques.

            Y queda su perfume tatuado sobre los corredores, sobre el airoso lienzo de los muros, sobre la luz que es blanca y mirador.

            Tú no estabas aquí y sin embargo escuchas la invisible mañana, la invisible permanencia del súbito regalo.

            Tú no estabas aquí y cruzas el silencio persiguiendo la sombra de aquel niño - y quién le dio la fruta, qué sueña el arquitecto-, quedándote sin aire en el asombro, mirando de reojo el brazo oscuro detrás de la tristeza de las tumbas labradas.

            Entre tanto del día hay un sonido que colorea el aire, que incrédulo se impone y te recobra y cubre los secretos, los antiguos secretos naranja de las cosas.

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        viernes, agosto 08, 2008

        XX Poemas en Hermes( Revista nº 7)

        Una acuarela de José Antonio G. Villarrubia: La puerta de Antequeruela


            Hay una medida en la calma de los riscos que callan sucesiones de lluvias, escarchas y solanos.

            Frente a mi casa marcan los metrónomos su cadencia de luz sobre la carretera, sobre el rodar que, aprisa, llega y desaparece.

            Hay una medida minuciosa y exacta que me va separando del pasado, de las otras escuelas donde aprendí el color con que a veces se tiñe mi vergüenza.

            Es la monotonía del porvenir rendido,de la historia de siempre que da a la soledad su rostro verosímil, su inclinarse hacia tedio.

            Pero, precisamente aquello que me va separando del pasado, precisamente el ritmo que ordena mi palabra y sabe el vanidoso despertar de los días, viene como si fuera algo no calculable.

            Al abrir la ventana
            los últimos jazmines mueven mi japonesa.

            Al abrir la ventana
            los albañiles hablan del gato del domingo y los patos del puente son graciosos y tontos y dicen las campanas lo que ocultan las tumbas de tantísimos santos.

            Al abrir a ventana
            la medida del tiempo me impone su latido. Me siento el corazón, me tomo el pulso y con la luz cantando de la calle peino disimuladas canas de la desdicha y me digo que es tarde para llorar el paso de la ausencia.

            Quiero vivir, aunque parezca raro a estas alturas.

            Hoy quiero vivir tanto como Hawking midiendo un agujero negro de preguntas, como el massai midiendo los tímidos antílopes por su rastro de orina y flores aplastadas.

            Y es que quiero vivir lo que se empeña en hacerme vivir mientras me desordena, me mide, me retrasa de la muerte y me va consumiendo sin medida.




        lunes, agosto 04, 2008

        DEDICATORIA

        No pego imagen, sólo música, mi preferida, es que me encanta, y texto.


        Me detengo en Hermes y miro a mi alrededor y dedico:


        Para Carlos, Ángela, Manolo, Guadalupe, Nacho, Paloma, Antonio, Pilar,Inma, Juan Pedro, Gorka (reconozco que ya le dediqué el texto varias veces, él sabe...), Blanca, Marce, Francisco, Gerardo, otro Manolo (de Zamora, mi querido amigo), Concha, ah, Concha...en fin, nombres reales que esconden nickes, nombres reales y cercanos detrás de las tardes de invierno en un chat. Seguro que me dejo nombres, lo siento, no es olvido intencionado... Ah, y también para una montaña...Ya no me habla de la luna.





        LA VALSE


        Es verdad lo que ocurre cada noche en la plaza, escucha a quien lo cuenta, quien va de madrugada tomado por mis uñas de modelo desnuda.

        Una chiquilla ofrece las palmas de sus manos al hombre de los hielos y dos llamas azules le roban el descanso. La niña le permite calentarse en sus manos.

        Una mujer alcanza las ramas de los árboles para hacerse un vestido; le sobran los recuerdos, los hijos que ella diera al frente de batalla, y comienza sin música a bailar y me mira.

        Un camarero rompe los vasos en el rostro de aquel que se negaba a abrir su pecho, a darse a un instante de furia, a ese instante de río enroscado en los brazos, irguiendo el sexo duro de los hombres amables.

        Un anticuario sabe que me siento a su lado y prepara una silla, un plato de diamantes o la corona inglesa. Les dice a sus amigos: callad, la siento cerca, no viene de hechicera, ni de muerte, ni estéril. Sólo quiere comerse lo que ya hemos perdido.

        Y un niño dice a un sastre puntadas en la noche maliciosas, mundanas. Y otro niño trampea los tacones de agujas de tontas señoritas…Ellas exclaman: ¡Oh, si estoy descalza! ¡si he encontrado un amante con ojos de mujer!

        Pronto, pronto, la plaza se llena de animales, de antiguos sacerdotes con llagas en la frente, de funcionarios rojos, de países absurdos, de escultores lisiados, de panteras humanas, de donjuanes de cera, de víctimas mordidas en camas detestables, de dolor y de gozo,
        de vida que se arrasa con su propia impaciencia.

        Giran desordenados, giran rompiendo un sueño, giran y se desprenden de sus viejos amores. Y yo bailo con todos, y los beso, y me crezco. ¿ Ya me has visto, invisible, seducir a tu esposa, quitarte su cintura, su tímida promesa?

        Pues entonces, ¿qué queda sino bailar contigo?

        martes, julio 29, 2008

        XIX Poemas en Hermes( Revista nº 7)

        Amiga mía, tú, Fiordiligi y yo, Dorabella... Ah, mi ópera preferida, Così fan tutte.... Todos dicen de su misoginia, pero, ¿ y si lo das la vuelta? ¿A cuento de qué poner a prueba el amor de una mujer? Así les fue a los tontainas de Guglielmo y de Ferrando.Que espabilen.

        Y, ahora, el poema








            Bodhisattva

            No quisiera tan pronto convertirme en un perfil inmune con los astros, en un soplo fugaz si no repite mi ser un nuevo ciclo de amargura.

            No quisisera morir finalizando la cadena de cuerpos doloridos que olvidan su anterior carcasa lenta de paja, espantapájaros y hombres.

            Ah, que el Nirvana espere mi cansancio...

            Pues, ¿dónde viviré tanta miseria del hambre muy furiosa, desatada?

            ¿Dónde seré un minuto de deseo por transformarme en música de Mozart o por bordar manteles de Matisse o por hurtar al río de la infancia su infalible conjuro de hechicero?

            ¿Dónde sino en los doce millones de kilometros que inaugurara Elcano veré las maravillas de este mundo, el optimismo innato de las puertas que dan al mar, al Este, a los alisios?

            Ah, que el Nirvana espere mi abandono...

            Todavía me queda liberar a los tigres, rendir mi resistencia a su fiereza. Todavía me queda diferenciar la noche de la aurora y asombrarme de cómo viene el día perdonando.

            Y sobre todo doblegar mi miedo si subo a las campanas ojivales, si miro el blanco intenso de las clínicas, si me piden la voz y me desmayo, excitada con tanta arquitectura.

        sábado, julio 26, 2008

        XVIII Poemas en Hermes (Revista nº 7)







            Restaurant de La Sirène ( Van Gogh)

            Saldremos a esperarla
            al limonado brillo de la calle,
            sentados y bebiendo,
            alegres como barcos
            que estrenan meridianos en el mar.

            Saldremos a esperarla sin presagios;
            la veremos llegar
            dorada y suaveazul de otro hemisferio
            y con una cadencia
            rimada de pasion a su cintura.

            Te besará los hombros,
            enjoyará el encuentro con su azúcar
            y olvidarás los días de tristeza
            transcurridos en vano.

            Dejarás tu licor y correrás
            a abrazarla.
            ¿Qué os diréis, qué confidencias dulces
            desvelarán sus aguas?

            Os miraré volver
            cogidas de la mano
            como dos muchachitas en domingo.

            Y me darás su gozo
            y creeré sin miedo que me amas
            con la breve estación de su sonrisa.

        martes, julio 22, 2008

        XVII Poemas en Hermes (Revista nº 7)


        Mi aportación para este número fue diversa....¡y abundante!
        En primer lugar, la colaboración en el homenaje colectivo para Garcilaso.
        Ahora, en la distancia, estos sonetos se acercan a los caballos azules de Franc Marc (1880-1916) y nada más apropiado que la voz de Amy Winehouse...
        ¡ Cómo se habría perdido Garcilaso de la Vega por ella!











            Tres sonetos para la figuración del amado

            I

            ¿Cómo sabré de amor si la distancia
            que hace horizonte el nombre de mi amado
            me empuja hacia el deseo trastornado
            de morir en su nombre y su arrogancia?

            ¿Cómo sabré de amor si la ignorancia
            del amor por mi nombre enamorado
            me duele en un amor invertebrado,
            inválido de amor y de constancia?

            ¿Cómo sabrá mi amor si no le digo
            mis palabras de amor y la ternura
            de mi amor convertida en un castigo?

            ¿Cómo sabrá mi amor si la dulzura
            del amor que me nombra y va conmigo
            sólo afruta el silencio, la amargura

            de una distancia oscura?
            Porque este acerbo fruto del dolor
            es el nombre imposible de mi amor.

            II

            Él es mi amor perfecto.Su mirada
            me da a beber del alba y me estremece,
            me aviva de la sed donde se mece
            el río de su luz, su voz callada.

            Él es mi amor perfecto. su mirada
            me cubre de humedad y me enternece
            cuando me alcanza el alba que carece
            del agua de su luz, clara y delgada.

            Y sólo con mirarme me imagino
            como amante perfecta que, a su lado,
            hechiza el agua y la transforma en vino

            y se lo da a beber de su costado,
            volviéndose cordura el desatino
            de alimentar el agua del amado.

            III

            La perfección de la pasión que siento
            es este nuevo mundo que inauguro
            al olvidar mi sangre y mi futuro
            y,ligera, viajar al pensamiento

            de mi pasión por él: todo mi aliento,
            todo mi lado agreste y más oscuro
            fertiliza un planeta que procuro
            acoja mi semilla desde el viento.

            Tan sólo una semilla apasionada
            que haga crecer los bosques, la tormenta
            y qu la lluvia ocupe su mirada.

            Tan sólo una semilla que se aventa
            perfecta, apasionada y endiosada
            con el fuego de amor, su lumbre lenta

            cuando mi amor consienta
            en conocer mi mundo aventurado
            y en cautivar su gozo enajenado.









            Tres sonetos para la presencia del amado

            I

            Tus ojos, que conocen lo que he sido,
            la batalla sin ti, la cruel victoria
            de una edad construida con la escoria
            de un corazón cansado,breve, herido.

            Tus ojos, que derraman el sentido
            de mi ebriedad en ti, como la euforia
            por contenerte en mí, como la gloria
            de otra victoria azul que me ha vencido.

            Tus ojos manteniendo mi mirada,
            indudables de mar donde naufraga
            mi azulidad de amor recuperada.

            Tus ojos sobre mí, mirada vaga
            de otra luz que no sea tu mirada,
            el vino azul más denso que me embriaga.

            II

            Tu voz me otorga el nombre que alimenta
            mi voz, mi risa, azules minerales
            que me alejan de signos de mortales
            ciénagas del dolor que desalienta.

            Tu voz me da la lluvia que sustenta
            territorios de amor donde animales
            azules como besos vegetales
            me regalan el agua que me inventa.

            Tu voz para mi boca, pronunciándome,
            otorgando un sonido articulado
            que azulea en tus labios rescatándome.

            Tu voz para mi nombre de azulado
            tesoro de tu voz enamorándome,
            descubriendo mi voz, tu nombre amado.

            III

            Sí, contigo, de azul que miente al día
            del color de la muerte, a la escarchada
            lividez del dolor cuando la helada
            ausencia de tu cuerpo me extravía.

            Sí, contigo, celeste mi alegría,
            mi cuerpo garzo a fuerza de esta amada
            tintura del amor, la fuerza alada
            del intenso color que antes me hería.

            Estoy contigo azul, estoy viajando
            al cristal de la noche que madura
            sobre tu dulce piel; estoy hallando

            contigo una canción sedosa, impura:
            tonalidad de llama que, arrasando
            mi cuerpo, me ilumina y procura

            la mañana futura.
            Contigo, con el aire y con el mar,
            contigo, azul, vistiéndonos de azar.

        miércoles, julio 16, 2008

        XVI Poemas en Hermes (Revista nº 6)









          Campo de amapolas





          Guardo en dos mil cajitas los anillos, las pócimas, los resentimientos y el azul que me asusta en las miradas.



          Guardo en un prisma blanco todo lo que adivino del recuerdo o de esa indiferencia que los saludos suelen ocultar con aplomo.



          Guardo la invalidez de un corazón cansado de distancias, igual que el poeta querido perdiendo su equipaje en la frontera, aprisa, y es que fuese a morir en otra parte.



          Estoy por escribirme todavía temblando y no me pertenezco aunque decir cuarenta sea decir cincuenta despedidas y gestos de una actriz más bien torpe a pesar de ser rubia.



          ¿Sabes lo que prefiero?



          Escapar de mi casa porque me gusta mucho, dejar allí los hornos de un amor de malicia, dejar allí las cosas más preciosas y cultas como libros, jazmines o como aniversarios de atesorar apenas compañías.



          Y correr por un campo de amapolas.



          Correr, correr en la llanura, abrirme al viento, abrirme los labios cuando cruzo esta roja carrera del deseo de mayo.



          Correr sin dirección. sólo un placer incauto del caballo en mi pecho.Sólo en este alocado modo de la alegría.



          Correr hacia la nada, correr con un asombro de ser, junto a animales muy veloces, un músculo, la sinrazón perfecta.



          No llegar tarde o pronto, casi bailar corriendo.



          Pisar las amapolas -debajo están los muertos-, levantarlas en vilo y levantar la sangre y levantar aquello que nunca se movía.



          Correr, no sentir nada, sentirme los pulmones, las culebras arterias, los últimos galopes de una inocencia impura.



          Aplastar amapolas y teñirme las plantas de los pies con su jugo, desnuda, abandonándome como el viejo poeta que cruzó la frontera o como aquel soldado de cita en Samarcanda.



          Y despues, encapuchar la pluma y cerrar el cuaderno hasta un nuevo pasaje. Tomar aliento, el canon de los días de escuela.



          ¡Cuánto polvo en las cajas, qué quebrados los prismas del recuerdo!



          Y me llevo en los brazos un olor a amapolas que sigue persistente aunque me haya vestido.







        martes, julio 08, 2008

        XV Poemas en Hermes (Revista nº 6)



            Tajo en enero

            Como no se parece a los violines
            de Vivaldi,

            como espumoso viene de crecida
            pisoteando troncos
            y cuerpos macerados en su cieno,

            como antender su idioma es convertirse
            en el lejano estruendo de un alud,

            y como no se espera
            al ligero sonido de las fuentes
            ni a la avidez de una garganta, agosto
            será más llevadero en sus orillas:

            quizá algo verde y entrechocar de copas
            si la noche conserva
            su negro adiós después de nombrar tanto
            calor, sopor humoso.

            Y como por debajo
            del bullicio alocado de su espuma
            otro ronquido grave se acrecienta
            triturando las costras animales

            que no cante canciones de las cosas
            que nunca volverán.

            Yo no le pediré
            la apaciguada ninfa silenciosa,
            el discurrir de un cisne de tristeza.

            Con dos palmadas espantaré a los peces
            que boquean aún,
            esos gordos y nauseabundos peces
            que silban a los muertos
            y los vuelven de espaldas
            para comerse huellas de un abrazo.



        miércoles, julio 02, 2008

        XIV Poemas en Hermes (Revista nº 5)








            Pájaro-Frida

            En los últimos días del verano
            le descubro en los ojos la edad de las iguanas.

            Cuando el verano dice que se da por vencido
            y en la plaza del Zócalo
            las vendedoras tiñen de naranja sus flores,
            yo amo a Diego Rivera.

            Yo amo a Diego Rivera
            porque hubiera querido ser ave migratoria,
            regresar al invierno
            con aires de viajera que conoció las islas.
            Él me recibiría complacido
            -y la casa arreglada- susurrándome:
            ¿No me vas a contar
            si bebiste del zumo de la pasión del cactus,
            si conociste el ansia del jaguar en tu lengua,
            si tan sólo una vez gritaste Diego?

            Yo lo miro y descubro la edad de las iguanas;
            en su mirada roja hay un tiempo viejísimo,
            un tiempo de serpientes voladoras
            cazando los deseos de la noche,
            mordiendo el corazón de los guerreros.

            Yo lo miro pequeña y desalada y pinto
            sobre mi cuerpo roto
            una raíz intacta de su gusto,
            un mínimo fragmento de muslo tembloroso
            y doy color a la cuevita breve
            por si viene cansado de besos verticales.

            Yo lo miro y comprendo
            que este dios tan antiguo
            no se perdió de amor, nunca fue humano.



        viernes, junio 27, 2008

        XIII Poemas en Hermes (Revista nº 5)

          Las imágenes que acompañan a los poemas son de Lee Krasner, esposa de Pollock, pero pintora con entidad propia.










              Dos poemas de abril


              I


              No me ames jamás como te amo, no lo pienses, ni tan siquiera imites esta forma de amor que ya es venganza.


              Ámame suavemente, a la manera de amar que se desdobla positiva, hablando de ser libres,de encontrarnos...Todo menos amor, su seca cárcel.


              Ámame en la hermosura que te aguarda: el femenino vértigo de un paso, la frágil seducción de estar contigo cuando estrenas la piel que te buscaba en otra piel ajena e indolente.


              Ámame sin amarme, ámame mucho que de este modo caben tantas cosas, los demonios domados y las risas y los amores ríos de una noche.


              No me ames como yo, no me ames nunca, alguien se ha de salvar de esta condena, alguien que no soy yo, sin humillarse, altivo en el amor pero ignorando.


              Porque si tú me amaras un segundo igual que te amo yo durante siglos nada perduraría de nosotros, ni el final del comienzo de esta suerte.


              Porque al amarte así ya es mi venganza de haber amado el juego que destruye; odiarte por amarte aniquilándome, amarte por odiarte si me olvidas.










              II


              Escribo para ti, para alejarte, como el león se espanta con el fuego, como el halcón se libra de la lonja.


              Escribo para ti, para matarte, para hacerte inmortal mientras confiero a tu ser el olvido necesario que asume la belleza de la piedra.


              Porque quiero borrarte, cuando escribo, lo que queda de ti rojo y humano, lo que queda de ti más vulnerable: mi nombre y el deseo de tu nombre.


              Escribo para ti sin despedirme...¿Puedo arrojar de mí lo que ya es mío, más interior y exacto que mi médula, más hecho de mi carne que yo misma?


              ¿Puedo decir adiós a este momento de soledad de tinta que preciso para decirte adiós, para dejarte a solas con mi amor por la palabra?


              Sé que al morir tu nombre mi voz muere, sé que al encadenarme a esta escritura vuelo hasta el fin de ti y de tu caricia.


              Otros preguntarán quién eras tú,apresado, celeste en mi distancia.


              Otros preguntarán qué dios es éste y alrededor de sí tanto vacío, y alrededor de sí qué muerte ardiendo.

          viernes, junio 20, 2008

          XII Poemas en Hermes (Revista nº 4)









              El ángel de Durero

              He visto su postura en los adolescentes de ojos grandes y hermosos que no saben recoger el sedal de la mirada perdida.

              Detienen el movimiento de su escritura y se quedan absortos en la burbuja de un pensamiento muy lejano, incapaces de pedir auxilio, de regresar a la ligereza de sus antiguos compañeros de aventuras.


              Esa actitud particular del hombre tallado por Rodin, ese gesto,acaso de furia contenida, o en un estar ausente, de viaje a los lugares donde callan su nombre las cosas más precisas.


              El ángel aletea y se mueven las aguas de la memoria y no se precipita a un vuelo imaginario y se disuelve el tul de las promesas felices.


              Lo he visto acomodarse en los tapices de los magos olvidados, errar por el castillo que hace años recorrían los amantes y se ha quedado sordo componiendo su propia melodía de carencias y perezoso como los perfiles conservados por la numismática.


              Lo he visto demorarse en los latidos, ocultarse en la penumbra que hace invisibles los objetos, sobreviviendo en el final de los manantiales, lento en las residencias del reposo,


              convalenciendo,


              desterrándose,


              intentando no amar.







              domingo, junio 15, 2008

              XI Poemas en Hermes (Revista nº 4)



              Vuelvo una vez más a las fotografías de mi admirado amigo Ricardo Martín. Ésta se titula Amanecer en la Cuesta de las armas





                  Cuando el mensajero es el mensaje

                  En esta clara espera
                  del día,
                  de las islas que surgen como diosas:
                  algo impensable, un nido delicado
                  de serpientes, un silencioso golpe
                  de la suerte en la calle, en la prisa,
                  en el modo de sentirme animal
                  olisqueando el peligro y no puedo
                  evitarlo,
                  no, no puedo evitarlo;

                  en esta clara espera
                  del día,
                  cuando no todo es yermo ni tristeza,
                  cuando el mensajero es el mensaje,
                  cuando mi puerta no se le resiste
                  y él entra despreciando talismanes,
                  recuperando la savia antiquísima
                  de mis pechos,
                  y yo, qué cosa haré
                  sino morir,

                  me veo hermosa
                  y desafío
                  al sol, por si sólo fuera un sueño
                  este regalo súbito, impaciente,
                  por si sólo fuera un deslizarse
                  en solitaria danza que acostumbro,
                  y estoy cansada de ser una reina,
                  estoy cansada del día para otros.

                  Desafío
                  a las sombras y a la melancolía
                  y a cualquier certidumbre del dolor
                  por si me descubriera atormentándome.

                  Hoy me vuelvo de sol hasta tus ojos
                  y sin saberlo tú,
                  y aunque me olvides,
                  aunque no quieras ser lo que te invento
                  me quedo todo el día entre tus ojos.

              martes, junio 10, 2008

              X Poemas en Hermes (Revista nº 4)







                  El beso (Klimt)


                  Me pierdo en tu dorado manto de luz oscura.
                  Aunque las amapolas
                  señalen el lugar del desfallecimiento
                  y otros amantes vengan a limpiar nuestras lápidas
                  e inventen la viejísima escritura en sus labios,
                  me pierdo,
                  me rodeas,
                  me pierdo
                  del nombre que me daban mis amigas ingenuas,
                  del nombre que me daban como a un color intacto.

                  ¡Qué me importa perderme!
                  ¿Qué importa si en mi rostro tatúas un idioma
                  de pérdidas,de aquello
                  que pruebo y deseara sentirme envenenada
                  por su ardiente saliva?

                  Y nada está existiendo salvo esta quemadura
                  perdiéndome,
                  salvándome
                  de todos los retratos, de todos los avisos
                  que prepara el dolor.

                  ¿Qué me importa perderme
                  si cuando me encontraba chocábame en penumbra
                  con mi propio espejismo,
                  si cuando estaba erguida era una indiferente
                  altura de árbol seco?

                  No dejes de besarme ni pronuncies mi nombre.
                  Déjame que resbale sin fuerzas a tu cuerpo.
                  Déjame que me pierda
                  dentro de ti,
                  igual que un abalorio que se extravió en tu abrazo,
                  igual que mi virtud
                  perdida con gozoso
                  desatino.

              viernes, junio 06, 2008

              IX Poemas en Hermes (Revista nº 4)







                  Interior de Santa María La Blanca


                  Sosteniendo la tristeza,agotándome
                  pero valientemente en pie,
                  sin dar al corazón otro alimento
                  que no sea
                  demorar esta muerte y estar viva,

                  hay un lugar quer ignora a mi adversario,
                  un lugar que me espera sin promesas.

                  En él la soledad huele a la atmósfera
                  de un planeta divino,inacabado.
                  -Quizá antes de marcharse
                  el viejo dios de Abraham
                  dejar quisiese un blanco de silencio
                  para hacer llevaderas las heridas
                  y suspender del aire la amargura-

                  No creáis que en él desaparece
                  la tristeza,
                  no,no creáis que surgirá el prodigio
                  del olvido,

                  pero valientemente
                  entrar en él supone aclimatarse
                  a mi voz,certidumbre
                  de saberme perdida...He de encontrarme,
                  tengo que prepararme a seguir siendo
                  impaciente,voluntariosa,débil,
                  así como la vida se desdice,
                  así como estar viva aún me asombra.

                  Y cuando digo adiós porque es preciso
                  salir a los cuchillos y al engaño
                  me llevo la tristeza
                  aunque también un dios que es imposible
                  de no creer.

                  ¡Vuelve,vuelve,esperanza!,
                  grito al templo del día.

                  Y el día me responde
                  con su ambiguo alimento.

              martes, junio 03, 2008

              VIII Poemas en Hermes (Revista nº 3)



                Pájaro acuático, contento



                  (Otro soneto imperfecto,esta vez dedicado a Jesús Pino*)




                  Sobre la luz me vuelo , la alegría
                  del agua que se ríe o la arboleda
                  que me inventa a las diez esta vereda,
                  casi un beso del agua, la alegría

                  de habitar la ciudad con otro nombre.
                  Tú sabías, Jesús, que yo quería
                  vivir cerca del agua si vivía
                  besando la ciudad, besa mi nombre.

                  Ahora me parece la esperanza
                  cruzar despacio el puente- está encantado-
                  y la impaciencia alegre en tu tardanza
                  para venir a verme de este lado
                  del río que prosigue en su alabanza
                  de la ciudad que amamos, que ha besado

                  el agua que nos vive
                  con su fluir amado.


                * El otro soneto imperfecto fue dedicado a Alberto Sánchez, el escultor. En alguna entrada anterior está escrito.






                viernes, mayo 30, 2008

                VII Poemas en Hermes ( Revista nº 3)




                  NATARAJA DANZANDO EL NATJA



                    (Fragmentos de un poema encontrado en Benarés por Adelina Esteban. Adaptación)

                I

                No subiré hasta el monte Kailasa donde Tu pensamiento azulea en la nieve que fluye por mis muslos, que hace crecer mi risa de palmera.

                Te espero y resucitan criaturas con yemas de lengua delicada que humedecen la parte profunda de mi boca y abren sagrado el hueco de carne siempre oscura.

                He juntado mis manos igual que las hojas de mimosa y ofrezco el sacrificio de abandonar mi casa para aguardar desnuda, para que Tú me encuentres sin memoria, sin miedo, recién nacida al alba, a tu destino.

                Y me duermo dorada, mis pezones de sándalo, pequeños, dos semillas confiando en la lluvia, dos lunas en creciente, cuando vengas después de todos los inútiles conjuros de la noche...






                II

                A través de mi sueño huelo el humo rizado, callado de las piras.Me siento en la escalera que baja desde el templo de las diosas que curvan su cintura a las cobras.

                La seda que insinúa mi cuerpo está mojada, mi pelo está mojado; la ajorquilla de plata de mi tobillo brilla: una gota se apresa,roza sus cascabeles.

                ¡Oh, Varanasi!¡Mi ciudad de la luz!

                Me he bañado en el río, he besado los párpados de los niños que flotan hasta el mar. He bebido... Cantaba una mujer canciones del deseo y el río me exploraba.

                Me he dejado tocar por su caricia, el agua era un dedo curioso, un pétalo vibrante que casi me enloquece.

                He mordido mis labios porque nadie oyera mi gemido y se creyera que Tú me penetrabas si aún mi rostro ignora Tu saliva y el junco de mi cuello verdea impacientándose...





                III

                Primero me despierta el aliento caliente del blanco toro dulce: levemente me empuja con su testuz, me invita a saberte a mi lado, y me siento tan torpe, tan pesada, tan tímida...

                ¿Qué lirios pisoteas,qué vanos cofrecillos de pudor son las flautas que ahora se transforman en tambores celestes?

                Me levantas...Un brazo destruye lo que toca con su fuego imposible. Otro brazo me nombra por vez primera, soy un licor encendido que lames hasta el fondo.Desciende el tercer brazo hacia mi corderillo hambriento de Tu leche y el cuarto brazo inventa nuevos soles del ansia sobre mi piel, girando.

                Abrazada contigo reconozco la muerte más preciosa y presumo de ser la devorada, la que se mueve rítmica.

                Porque todo florece si Tu danza me cubre y el veloz balanceo de Tus caderas abre un volcán que se inicia:

                Los amantes se buscan y siguen atrapandándose para engendrar un árbol de incesante delirio...





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