domingo, diciembre 31, 2006

Para el año viejo....







Alberto Sánchez, el escultor, un olvidado sublime, como Maruja Mallo, como Benjamín Palencia... De la Escuela de Vallecas , toledano, trabajando desde la pobreza, con materiales humildes y precarios , con ese sentido de la provisionalidad que caracteriza el arte contemporáneo. Exiliado. Aún es necesario todo el recuerdo de la fascinación.





A lo largo de los últimos años se han sucedido exposiciones sobre su obra, en varios museos españoles se pueden contemplar producciones suyas...todo muy limitado porque parte de su creación se perdió en la Guerra Civil o a causa de los propios materiales con los que trabajaba.









Cuando se celebró el primer homenaje en esta ciudad yo era demasiado joven. Fui a la exposición promovida por el grupo Tolmo, pero no participé. Algunos años después...Ah, ¿cómo puede ocurrir tanta danza mágica, tanto color, tantísima fuerza, tanto deseo? Fue en primavera el segundo homenaje. Una primavera seca y calurosa de abril cruzado por el olor del ansia.



Junto a los artistas de Tolmo participaban nombres que había oído nombrar pero que personalmente no conocía. Para otro momento queda contar la historia del vampiro, o la historia de las telas transparentes y sedosas con palabras impresas que se movían con el viento...



Recopilé textos de poetas y otros escritores de la ciudad para el catálogo-libro que se publicó, un documento desde luego inapreciable porque dudo mucho que esa magnífica circunstancia que uniera a tanto creador pueda volver a darse...




Hasta cantamos, sí cantamos. Alguien, uno de ellos (sé quién es, lo sé, nunca lo he olvidado) me pidió textos no incluidos en el catálogo para musicarlos. Leí las Palabras de un Escultor y quise ponerme en su lugar. Anabel Pacheco crearía la música. Ah, y también conocí a esta niña. Una pequeña maga por aquel tiempo, su extraordinaria voz era, y es, subyugante. Tan joven, tan guapa, cantando tan maravillosamente bien... Esa tarde, la tarde en la que iba a estrenar los temas escritos por mí creo que no ha quedado registrada en ninguna parte, tal vez en la memoria de Alcaén Sánchez, el hijo del escultor... pero quizá es mejor que sea así: los momentos emocionantes, estremecedores, sólo pueden guardarse en el espacio de la recreación pues, de otro modo, se desvirtuarían. ¿Cómo podría contar ese momento en el que oí, por primera vez, mi palabra en música?








Estos son los textos cantados:



TRES POEMAS PARA ALBERTO SÁNCHEZ

Soneto imperfecto

Me he tendido en la tierra, a la tormenta
de mineral sangrando, los olivos
reverberan mi voz de tantos vivos
corazones anónimos. Me alienta

un fulgor vegetal, música lenta
de savia desbocada, los olivos
cruzan de amor de barro tantos vivos
corazones del campo que calientan

un corazón frugal y calcinado
de haber lamido el sapo y la culebra,
de haber bebido mucho, haber amado

la lluvia que olivea y que celebra
un corazón de vuelta, trastornado
a las cinco del alba, como hierba.







Porque en mi cuerpo nacen madrigueras
de conejos y liebres hasta el río.

Porque en la noche salen esos perros
de la noche intratable salvo el paso
que adelanto a sus dientes de resina.

Porque soy el olor que alzan los toros
cabeceando al aire de las hembras
y con sus heces rojas me permito
enarbolar aromas prodigiosos.

Porque me baño y seco como un pájaro
y el viento me acuchilla y me convence
de mi loco apetito por ser hombre.

Reconozco el idioma de las cabras
y reconozco el polen de las vides,
lo que dicen de mí fosforescentes
calizas que prefieren salamandras.

“Y es que si en otras tierras
Mi amor se distrajera
También en esas tierras
Os seguiría amando”
[*]





Te regalo mis ojos y así miras
la aurora de los cerros solitarios
las mediaslunas plata de mi novia
cuando desnuda el gozo de sus pechos.

Te regalo mi boca para que hables
del sabor de las ranas y del agua,
para que digas cuánto se parecen
el aire hecho de juncos con el agua.

Mi nariz te regalo, que distingue
el perfume del polvo y su veneno
y el sudor de figuras inclinadas
hasta el solar barbecho que las muerde.

Y te regalo el arco de mi oreja
porque conoce todos los sonidos:
el ulular de brujo en la lechuza
y el juramento en alto de los toros.

Pero mis manos no, que no son mías,
me las cosió la sombra de una estrella.
Sólo con ellas puedo regalarte
lo que invento de ti cuando te nombro.





[*] Tomado de un poema de EL GATO SOBRE EL ÁRBOL

sábado, diciembre 30, 2006

Como sigo de vacaciones....

Esta rareza, este homenaje a Garcilaso de la Vega, quizá un vano intento de aproximación a sus sonetos, a mi amado soneto XXIII...Se celebraban homenajes al poeta, leíamos bajo su alta tumba...Y el amor con sus ojos azules, el amor cierto, esa intensidad, en esos momentos tan clara, tan precisa... Estos sonetos raros con mi nombre se publicaron en la revista Hermes, ¿te acuerdas, María?










Tres sonetos para la figuración del amado

I

¿Cómo sabré de amor si la distancia
que hace horizonte el nombre de mi amado
me empuja hacia el deseo enajenado
de morir en su nombre y su arrogancia?

¿Cómo sabré de amor si la ignorancia
del amor por mi nombre enamorado
me duele en un amor invertebrado,
inválido de amor y de constancia?

¿Cómo sabrá mi amor si no le digo
mis palabras de amor y la ternura
de mi amor convertida en un castigo?

¿Cómo sabrá mi amor si la dulzura
del amor que me nombra y va conmigo
sólo afruta el silencio, la amargura

de una distancia oscura?
Porque este acerbo fruto del dolor
es el nombre imposible de mi amor.



II


Él es mi amor perfecto. Su mirada
me da a beber del alba y me estremece,
me aviva de la sed donde se mece
el río de su luz, su voz callada.

Él es mi amor perfecto. Su mirada
me cubre de humedad y me enternece
cuando me alcanza el alba que carece
del agua de su luz, clara y delgada.

Y sólo con mirarme me imagino
como amante perfecta que, a su lado,
hechiza el agua y lo transforma en vino

y se lo da a beber de su costado,
volviéndose cordura el desatino
de alimentar el agua del amado.



III


La perfección de la pasión que siento
es este nuevo mundo que inauguro
al olvidar mi sangre y mi futuro
y, ligera, viajar al pensamiento

de mi pasíón por él: todo mi aliento,
todo mi lado agreste y más oscuro
fertiliza un planeta que procuro
acoja mi semilla desde el viento.

Tan sólo una semilla apasionada
que haga crecer los bosques, la tormenta
y que la lluvia ocupe su mirada.

Tan sólo una semilla que se aventa,
perfecta, apasionada y endiosada
con el fuego de amor, su lumbre lenta

cuando mi amor consienta
en conocer mi mundo aventurado
y en cautivar su gozo enajenado.





Tres sonetos para la presencia del amado


I

Tus ojos, que conocen lo que he sido,
la batalla sin ti, la cruel victoria
de una edad construida con la escoria
de un corazón cansado, breve, herido.

Tus ojos, que derraman el sentido
de mi ebriedad en ti, como la euforia
por contenerme en mí,como la gloria
de otra victoria azul que me ha vencido.

Tus ojos manteniendo mi mirada,
indudables de mar donde naufraga
mi azulidad de amor recuperada.

Tus ojos sobre mí, mirada vaga
de otra luz que no sea tu mirada,
el vino azul más denso que me embriaga.


II


Tu voz me otorga el nombre que alimenta
mi voz, mi risa, azules minerales
que me alejan de signos de mortales
ciénagas del dolor que desalienta.

Tu voz me da la lluvia que sustenta
territorios de amor donde animales
azules como besos vegetales
me regalan el agua que me inventa.

Tu voz para mi boca, pronunciándome,
otorgando un sonido articulado
que azulea en tus labios rescatándome.

Tu voz para mi nombre de azulado
tesoro de tu voz enamorándome,
descubriendo mi voz, tu nombre amado.


III

Sí, contigo, de azul que miente al día
del color de la muerte, a la escarchada
lividez del dolor cuando la helada
ausencia de tu cuerpo me extravía.

Sí,contigo,celeste mi alegría,
mi cuerpo garzo a fuerza de esta amada
tintura del amor, la fuerza alada
del intenso color que antes me hería.

Estoy contigo azul, estoy viajando
al cristal de la noche que madura
sobre tu dulce piel; estoy hallando

contigo una canción sedosa, impura:
tonalidad de llama que, arrasando
mi cuerpo, me ilumina y me procura

la mañana futura.
Contigo, con el aire y con el mar,
contigo, azul, vistiéndonos de azar.

viernes, diciembre 29, 2006

(III)CON EL PRETEXTO DE EDWARD HOPPER TE DIRÉ QUE:

Finalizo esta serie


3.- (Summertime)

Cuánto de hielo acecha
delante de la noche.

Y es de día; demarcaciones
blancas de luminoso puro
acogen bodas de vencejos,
vuelos enloquecidos
porque
qué otra cosa sino volar
para quemarse.

La noche me amenazaría
puesto que me conoce bien.

Sin embargo
fluyo a la calle,
a la nitidez matinal
en junio,
cuando aún la melancolía
no aroma el aire como flores
que envenenan la mansedumbre
del verano.

Salgo desafiante, leve
con mi vestido, doy un paso
a la calle, me enfrento al ala
de la calle, le robo plumas

y si la noche se agazapa
en la escritura del temor,

si anida la noche y, furtiva,
desaloja polluelos
de no-todo-es-espanto

una luminiscencia
viene a regalarme más vuelo;

nada promete salvo espacio, nada
asegura

y leve fosforezco
y desafío.






4.- (Rooms by the sea)

Los veo, están ahí calmando
la excitación de las paredes.

Repetiré sus nombres,
mi nombre;

un soplo solar los arropa,
un marino azul les entinta
el pelo
porque están hechos de la sal
de la memoria.

Todo adiós de la espuma
asoladora; tengo miedo,
un miedo huérfano, una inclusa
helando
mi quebradiza pertenencia
a su amor.

Pero cuando los veo ahí,
solazados de luz,
cubiertos
con esa capa resistente
del recuerdo,

y ellos me miran despreciando
la nostalgia
y voy enumerando nombres,
los suyos, los míos, brillantes
Pedros, Juanes, Montsinas, Conchas
y me responden

entonces
salgo, me envalentono,
salgo
a la escarcha.

Son mis muertos,
mi mar de muertos luminosos.

miércoles, diciembre 27, 2006

(II) CON EL PRETEXTO DE EDWARD HOPPER TE DIRÉ QUE:

Tengo vacaciones y tengo tiempo para ir poniendo poemas...ya llegará el crudo enero...











2.- (Cape Cod Morning)

Mirando como esa mujer
atenta en un punto escondido
y la inocencia de la clara
fuerza hallando su rostro,

sí, como ella, en el ventanal,
quizá esperando una visita
que me avisó de su llegada
hace tanto…

Antes de acaecer la prisa,
de saber que un día más
tenso mi rostro en el castigo;

antes de que cunda el fracaso
igual que agua gris inundando
el desayuno
de las intenciones;

antes de parpadear, este
momento donde nada rompe
el cascarón de la fiereza,

ahí, quieta para la luz,
una dueña que se complace,
una giganta dadivosa,

aunque la oscuridad se acerque
desde el bosque,

ahora, sin ruido,
sin transitar de la amargura,

mirando,

sosteniendo la piedra enorme
de la jornada, recogiendo
grácilmente
la transparencia.

CON EL PRETEXTO DE EDWARD HOPPER TE DIRÉ QUE:



1.- (Sun in an empty room)

Hoy, caminando, he descubierto
el cuerpo aplastado de un gato.
Debía llevar tiempo porque
apenas una indefinible
forma indica la silueta
del animal
sobre la acera.

La luz roba el color del resto
de un latido
como si vaciara sangre
y,

reinando en estancias ausentes,
desocupando de impurezas
los despojos del gato, señas
de los que habitan una casa,
cualquier movimiento, cualquier
palmada,

ella detiene
el tiempo y sólo se deleita
consigo.

Es tan caníbal su belleza…

Y he temblado un instante, luego
he sentido un extraño alivio:

desaparecer
bajo la luz me otorgaría
cualidades de luz, de estar
cruzando
un acopio de pájaros.

martes, diciembre 26, 2006

Nuevos poemas

Antes de comenzar con un nuevo libro pondré cuatro poemas, en diferentes entradas, sobre pinturas de Edward Hopper...En algún momento de nuestra vida Hopper nos ha pintado...

domingo, diciembre 24, 2006

Mi cariño, mi admiración, mi felicitación

Para una amiga, por la suerte que tengo al estar cerquita de ella...por nuestra pasión compartida en la poesía, le dedico este largo poema que insiste en la Pastora Marcela y que acaba de ser publicado en la revista Añil...María Muñoz, poeta, observadora sensible y activa... Editora de Las Hilanderas prodigiosas.








FUEGO SOY APARTADO Y ESPADA PUESTA LEJOS



Y queriendo leer otro papel de los que había reservado del fuego, lo estorbó una maravillosa visión –que tal parecía ella- que improvisadamente se les ofreció a los ojos; y fue que por cima de la peña donde se cavaba la sepultura pareció la pastora Marcela, tan hermosa, que pasaba a su fama su hermosura.

Capítulo XIV. Primera parte de Don Quijote de La Mancha.



Pertenezco

al viento de agosto granando el esmalte pinto de las uvas, cuando se llaman las abejas para escapar de los zorzales, cuando otros pájaros se arrojan hasta el sudor en mi cadera, y equivocan un espejismo, y me abanican mientras arden.

Aunque en las eras ya no vuelan briznas de paja ansiosa de agua mi cuerpo es de ese olor, poseo la memoria fina del trigo,

y pertenezco

a las muchachas que distinguen, en cada espiga, la señal que la tierra traza en la frente de las semillas, porque nunca es anónimo lo afectivo de las cortezas de las sopas de pan, nunca se pierde un nombre dado al pan cuando el pan nos oye.


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Me incluyo

entre las sombras que el acero dibuja bajo las pestañas de los atrapados por hoscas esquinas del abatimiento, ahí, en ciudades que olvidan la fluidez de amor de un árbol, la lentitud en la cosecha de los duraznos con tesoro, esos regalos ofrecidos por los que vienen en aviones de angustia, en pateras de argollas, en galeones de silencio.


Hay camas donde se adormecen jóvenes que han abandonado sus costumbres, anaranjadas de sueño, por una moneda afilada dentro, en sus muslos;

me incluyo

entre su piel y entregaría venenos con forma de labios a los que niegan la tersura de una mujer: ella desnuda su cuerpo pero continúa guardando un leve pañuelito en el pliegue de su corazón, donde ni los hornos de gas ni las violaciones aciertan a devorar el Paraíso.

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Pertenezco

al desvarío de quien lee menesteroso, agora, entuerto, desfacer, y sale a la noche, no se amilana con la voz del miedo, confía en la razón de su locura, desafía a gigantes humilladores, capitanes negreros, hordas de la vergüenza, y tanto estima la vida que se precipita hasta el don de vivir al lado de la muerte.

Aquel que pertenece al orden raro de la delicadeza, donde yo pertenezco agreste, donde me instruyo sin anillos del temor,

incluida en las intenciones de la libertad que tan sólo prefiere abrir los ojos cada día sin vigilar detrás de las puertas o prepararse para cotidianas visitas amenazantes…la libertad que escoge equivocarse o alzar un grito en llamas al deseo,

incluida en la predilección de la soledad que me asiste, pertenecida a criaturas de otra sal, venidas de lejos como las telas más preciosas, con distinto timbre en su risa porque fuego soy apartado y espada puesta lejos, calma precisión de la luz, serena maestría animal, pantera o pájara.

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Caballero,
decidle
a la pasión del hombre muerto que yo resucitaré el lienzo finalizado que lo cubre cuando giro mi falda para bailar con el viento de agosto, que lo traeré del basalto del olvido cada vez que hablo de la tarde con las perdices, que lo rescataré del odio de estar muerto cuando mi gato me maúlla espliego y se ríe, que yo lo besaré sin pausa, lo acunaré, lo acariciaré hasta que todo sea temblor en él, pura delicia de aire que respiro,



decidle

que no ha muerto, que nunca muere quien deja tras de sí el perfil de su amor como si de aliento se tratara, como si de un único aliento dependiera la rotación del día y se detuvieran torres, florecimientos, parpadeos, perdones de la noche, luces reconfortando…, al distraerse la respiración de lo leve y quebradizo del amor en las libélulas, en ciertos seres peculiares que siguen a las pelusas de los álamos por el gusto de enamorarse, en primavera, con fértil nieve poco versada en la soberbia.


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Pero también decidle
que no me incumbe su fantasma, su ceguera al mirarse en bruto y sólo ver posesión, medida de su sexo contaminando el frágil matiz de la dulzura.

No responderé a la violencia de su sed : necesita sangre femenina para creerse que es humano al lapidar todo lo que hay de humano en actos amorosos de una mujer que halla el dulzor en otra parte.

No le festejaré relatos de la magia de las hortensias ni de qué modo se intercambian peces los ríos que prefieren ir hasta al mar sin la locura del oro.

Morir de amor sólo es negarse a llevar el fuego apartado en los dedos, la lejanía de la espada como el murmullo ensordecedor de las hojas
saludándose.

Morir de amor, egolatría.


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Caballero, tú que conoces tanto del delirio de ser quien se ha entregado a la ternura, ¿verdad que merece la pena vivir con el dolor del amor, el deleite de libertad de amor que nos aleja de la muerte porque sólo vivir
es estar vivo amando?

miércoles, diciembre 20, 2006

Regreso a V.Woolf con el último poema dedicado a ella



HERMANA

El corazón de hielo,
el cisne, el dios refulge, la barroca armonía,
la belleza sin soplo, sin ceniza, fisuras
que se niegan, no son,
patinadores sobre,


de la misma sustancia que las alas del bosque
o como voces blancas del Gloria en Re mayor
589, edición Malipiero,

tu corazón de hielo,
bisel redondeado por donde muere siempre
Virginia. Haces un nido pausadamente, vienes,
tus pichones redondos, sostienes, te deslizas,
el olvido,

oh criatura inglesa que decidió burlarse
del dolor,
que no te mire nadie con montaraces dardos;
ya es tarde
para licuar las lágrimas
o recobrar las lágrimas o regalar las lágrimas.

Se retiró la sal,
se abstuvo
de oír que te quisieran y tú eres tan hermosa
sin duplicar fisuras, afectos o desórdenes,
y tú eres tan hermosa,
blanca,
dura,
lejana
o tan lejana.




domingo, diciembre 17, 2006

Calla, Virginia, si te interrumpo otra vez es por algo

Sí, verás, querido fantasma mío , encontré este texto que pongo a continuación entre mis documentos...No lo recordaba, como tantas cosas que escribo y que luego se vuelven volanderas, la mayoría no regresan, pero ésta sí. Recuerdo que fue creado el textillo para una exposición de un grupo de amigos pintores, escultores, fotógrafos, etc ( ya sabes, Virginia, mi apasionada debilidad por esa "fauna"). Un BESTIARIO era dicha exposición (que se celebró hace unos dos o tres años en un lugar lleno de energía, como tantos espacios aquí). Todos los participantes debíamos figurar un ser fantástico, único, nuestro. Como yo no sé pintar , figuré con las palabras (esas otras bestias que amo, que amo tanto....Ah, creo que ellas también me corresponden) Fui, por un rato, una bióloga loca.


Este pequeño divertimento barroco, sin posibilidad de imágenes acompañando, está dedicado, a modo de mazapita navideña con mucha mucha almendra, a mi querido Arrocillo , mi prima en el chat, mi amiga, las dos también hacemos pájaros de barro y los echamos a volar, como dice Manolo García. Y claro, a mi dulce, sabia y consoladora Almena.


Ahí va:


AGNIGEOHIDREOLO:

nombre común del género de los flamenacuaventusterris, caracterizados por poseer alas que se pliegan a voluntad hasta asemejarse a hojas de acanto, por desarrollar extremidades a modo de las patas de gallina de la casa de Babayaga, aunque a veces pueden evolucionar a las clásicas garras de felino de Irena Dubrovna. Su cuerpo está cubierto por plumas de un suave pelo escamoso y amiantado.

Hábitat.- Suele anidar sobre el agua del mar, pero construyendo pequeños cubículos de barro de agua dulce y madera de Ygdrasil, que previamente haya sido quemada por el aliento de una serpiente que busca a un águila.

Costumbres y reproducción.- Nictálope, gusta de penetrar por las ventanas de los durmientes de la Luna que dejan una luz encendida para que regresen los perdidos por desamor, aunque también se desplaza bien de día, para cazar y alimentarse de enamoradas abejas euglosinas que apenas pueden volar porque está empapadas del jugo de la orquídea coriantes. Se alimenta también de otros insectos que van a chocar con los parabrisas y de erizos que cruzan pausadamente las carreteras. Huye de los animales con orejeras. Tanto las hembras como los machos son ovovivíparos pues pueden aparearse con las salamandras enloquecidas de soledad, con el gato mallado de Jorge Amado, con Melusina o con el pájaro chicú, que sólo tiene plumaje verde.

Valor ecológico.- En realidad su valor reside en su peligro. A pesar de ser una criatura extremadamente pacífica e ingenua, y no obstante alimentarse de insectos y de mamíferos que, desde luego, vuelve a regurgitar vivos, , su pasión es acercarse al fuego hasta consumirlo, besar el aire hasta agotarlo, saborear el agua hasta desecar cualquier cuerpo y cribar la tierra con sus dientecillos hasta que se convierte en partículas microscópicas. Gusta tanto de esta costumbre que, probablemente en el futuro, la criatura se comerá a sí misma después de haber comido todo, hombres y animales, entonces, si se supera ese trance, hombres y animales jugaran a que piensan por el puro placer de no hacer nada en un nuevo Nirvana.

viernes, diciembre 15, 2006

Largo poema interrumpiendo a Virginia Woolf

Sé que me precipito, que no espero, pero encontré este larguísimo poema que es como una danza y me desvela...este poema lleva mi nombre...no puedo añadirme imágenes, sólo música y sol. Dedicado a quien ya no me lee. Ah, aún me queda Virginia, sólo es una alocada interrupción.


SUITE PARA EL AGUA SIN NOMBRE

I

Un aire tranquilo mueve la avena,
ésa que se ríe entre las rocas
con la ropa del ansia.

Quizá me acariciaba una canción
triste pero la luz me ha desnudado
para perder, por fin, la mueca
del orgullo.

Y los cristales,
como marea suave, me recuerdan
que pertenezco a los propósitos
de la avena,
que no soy sino un pájaro pequeño,
que me desvanezco en el gozo
olvidado del agua
que cae
sobre amarillos tallos,
sobre mí.



II

¿Escuchas el murmullo de la niña
que levanta sus brazos
para llamar al viento
de ese mar tan lejos, tan lejos,
tan lejos?

Mírala sonreír
a la espuma con su saludo:
lame sus pies.¿De dónde viene
este agua, este beso, esta clara
certeza de la magia?

Mira a la niña en la mujer
que calla. Es hermana
de los ahogados,
es la novia de los mensajes
escritos en la arena,
es la niña sacrificada a los dioses
que te dice:
ven,
dormirás en mis hombros
.



III

Criatura de las azaleas marinas
y el temblor...

No he cerrado mi puerta
por seguirte
y soy torpe para aprender
tu idioma
y tu esquivo dominio.

Dejo que muerdas mi muslo
porque mi sangre es tan salina
como tu piel de liberado
gesto.

Llévame donde van los muertos
a vivir,
a las islas de la contemplación
del fuego,
a bailar sobre el agua,
al arriesgado callejón
de los tiburones,
a tu nido,
a tu secreto,
a tu jardín.


IV

Tiene la calle una costumbre
de golpear
mis tobillos.

Una mirada peligrosa
roza mis labios
y no puedo volver atrás,
encerrarme en la casa,
desistir
de esa perturbadora
caricia. Si ayer escribí
que estaba muerta
hoy hay medusas en el puente,
me pican los tobillos...
Entonces echo a andar
y me palpo
la sangre.





V

¿Qué importa
lo que ignoro de mí?

El sobresalto de una abeja,
el parpadeo de mi gato,
la música
de un raro niño de otro mundo
que me viene y se va...

Eso, todo eso soy yo.

¿Qué importa que no sepa
lo que digo de mí?


VI

Mi ciudad no es blanca pero palpita
porque yo la amo.

Si estuviera al lado del mar sería
una muchacha dando un cariñoso
libro a cada ola;
si estuviera muerta no lo estaría,
si tú la conocieras
te tomaría de la mano para
bailar.

Abro la ventana y veo la casa
de mis padres con la niña que aún
se viste de hechicera;
veo en cada torre una campana
de poder ser feliz por un segundo;
veo que Pablo me sonríe e Inés
está tranquila con su pena
y un perro que se cruza me pregunta.

Si tu conocieras
mi ciudad sabrías
que está al lado del mar
aunque su río tenga su quebranto.

Si tú la conocieras
sabrías dónde estoy
con este amor tan tonto y tan antiguo.





VII

Ella dice continuamente:
No me olvides porque si no los frisos
de los templos griegos
-donde amarse es una oración
a los delfines-
se borrarían
. Nadie entendería
la palabra de los astutos
bosques.

Ella dice:
no me olvides
porque si no seré una fosa
de la guerra más negra, con sus huesos,
sus vestidos, sus niños blancos
de cal
de horror.


No la escuches,
No, no la escuches.

El olvido es otra mujer
que pronuncia tu nombre
con la dulzura de los que jamás
vivieron en el ansia.

Es una dama,
pero no es Ella.


VIII

Nadie ha visto a la luna pasearse
por mi cara cuando no puedo
dormir. Es extraño ese tacto,
aunque tanta y tanta su luz
que no sé si la luna baila
o soy yo que por fin consigo
moverme en el agua
y me parezco a las actinias.

Esto debe ser la alegría
de la noche.
Qué estúpida eres, me repito,
mira que temer a los murciélagos...

Veo mis manos,
las cuatro pulseras que Juan
me ha ido regalando del desierto:
Ay,
éste es el brazo de la luna.

Y me asomo al espejo:
Ahí estás, rubia y loca
y muda para todo
menos para las palabras
de Cernuda
y fácil para la belleza.

Soy la luna y me río
mientras bailo en el agua.

Esto debe ser
el peligroso gozo de la noche.


IX

La avena sabe que el palo de lluvia
traerá
la canción,
la única canción que murmuran
los niños
cuando se empapan en los charcos.

Hundo mis manos en la tierra
para entender
que el violonchelo
no es otra cosa que un árbol que me habla.

Hoy he visto
a la tinta de mi pluma volverse
música enviada
desde el planeta
de las ballenas
y no he tenido tiempo salvo el tiempo
de la avena sin nombre
que nada sería
sin el agua sin nombre...

Una música,
un regalo asombroso,
ese regalo
que nadie atiende
porque no tiene nombre.

jueves, diciembre 14, 2006

Virginia Woolf (III)

















De todos es sabida la estrecha amistad entre Virginia Woolf y la aristócrata Vita Sackville-West, de la cual se ven estas imágenes.






Victoria Mary Sackville-West, más conocida como Vita, nació en Kent, Gran Bretaña, en 1892 y murió en 1962. Su padre fue el tercer barón Sackville y su madre una hija ilegítima de Lionel Sackville-West y de la bailarina española Pepita. Formó parte junto a su marido, el diplomático y editor Harold Nicolson, del conocido grupo de Bloomsbury. Vita desarrolló su actividad creativa como novelista, poeta, cuentista, biógrafa, viajera, historiadora y diseñadora de jardines. Escribió, entre otras, las novelas El heredero, Los eduardianos, Toda pasión apagada, Juana de Arco ( que aconsejo por su intensidad) y Seductores en Ecuador.


Se sabe que, antes de morir Virginia, escribió cartas de despedida a su marido, Leonard Woolf, y a su hermana Vanessa Bell. Si Vita fue su más que amiga, su cómplice y su deseo, ¿le dejó igualmente sus palabras de adiós?

Imaginé que sí:






CARTA

Mi querido ovejero:

La claridad del alba
es una luz enferma y los primeros pájaros
disponen del azar canturreando en griego,
anidando sin pausa, sólo el tiempo preciso
para traer al mundo pequeñas criaturas
no de plumas o amor, listas en el viaje
de la ausencia.

Tú aleteas, feliz
con tan esquivas aves. Arrancas de las rocas
marinas valvas duras que esconden una perla,
la despiertas, la ríes.
Sigues el curso lento
de las rutas sasánidas, empujando a la vida
tigres alados, rojos, de perdidas ciudades,
con seda hecha de versos, con lúcida malicia...
Envidio esos lugares que al gozo se te ofrecen.

Mírame a mí, me escondo
tras las dunas que el viento de la muerte moldea,
tomo el té con las voces locas de mis heridas
y me siento de blanda textura de molusco
buscando el sol, la tibia claridad que me sane.

Ya no sé si aprisiono en la espuma la tinta
o, absorta, me detengo a mitad de una frase
mirando el convertirse lo innombrable en deseo,
su sintaxis en agua.

Me duelen los amigos
dormidos en actinias; me duele que tú quieras
vivir y yo no acierte a invitarte en mi amor.
Me duele que mi Nessa fácilmente recoja
colores aún hirviendo y sin color retrate
mi gesto tan huidizo.

Más que volar me siento
perdida sin anclajes; más que ser libre el caos
aventa mi escritura.

Donde quiera que estés, contén mi enfermedad,
el no volver al tiempo de todo recogido
suavemente en mi madre.

Me he dado por vencida;
a tu regreso busca lo mejor de mi sueño.
Y al patinar, hermosa, sobre el hielo lascivo
me verás sonreírte bajo el hielo, tranquila.

Recuerda que te dije
que te quiero, recuerda que las olas vendrán
con cartas en mi nombre.

Pienso en el ser muriéndome.
No hay miedo en mis frutales.

Por las dunas redondas de Rodmell se levanta
el alba con que inician su viaje mis pájaros.




viernes, diciembre 08, 2006

V. Woolf (II)



VIRGINIA WOOLF SE SENTÓ EN MI SILLÓN ESE DÍA


Fuera de la casa, en los aserraderos de la hierba, las cigarras caídas se buscaban para amarse aunque toda la ciudad fuese un horno donde un dios vengativo cuece deseos de haber sido un hombre.

Fuera de la casa brillaban los patios con abanicos detenidos entre las uvas verdes, radiantes de veneno. Luego cambian al jade de las lenguas que aseguran no olvidarme jamás.

Algo sencillo y sombra era un silencio de siesta bajo el pie del mediodía; es un silencio el trigo de mi mesa, montoncitos de tiempo granulado que agrupo sin anillos con un dedo de tinta.

Algo más blanco aún que las paredes pintadas de pereza y mujer sola que escribe sobre el lomo de su gato dormido hasta el calor, en el telar del viajero del mar.

Tengo una carta lista para el vuelo de la muerte, una palabra blanca aprovechando el instante de estar sentada, fina, ligera cuando el peso sofocante se abate hacia los cuerpos consentidos.

Seguro que no duermo; en el silencio se ha vertido el matraz de una hechicera. No hay viento de sudor y no hay campanas, ni avisos que aconsejen desoír este silencio mágico poblando mi casa o mi cabeza con su ruido.

Alguien con g que inicia un paseo que lleva a las marismas, un trayecto del río que reúne la gravedad de piedras de suicidio en los bolsillos y habla con Ofelia porque marzo termina con las vidas cansadas; una figura de humo que se viste con flores de raíz, hija del limo, mirando, pensativa, un lado oculto, robada del momento en que recibe, sentada en mi sillón, a sus fantasmas.

Veo transparentarse su sombrero, su invisible perfil tomar la forma de una dama delgada que adivina su imposible visita en mi verano.

Supe que no fue herida por el agua.

Le dio la luz, la vi mirar distante decidiendo si caminaba a Rodmell a las cinco o si tomaba el té conmigo, ahora.

Tocó mi corazón con su postura.

Aceleró mi pulso, trajo el tiempo. Después se disolvió dejando un hilo de olor a mujer pez de una isla griega.

Después sopló la tarde en mi cosecha de trigo.

En los aserraderos de la hierba los niños sin restar desordenaron el silencio, la tinta, el bebedizo.

El horno apaciguaba su cochura y un borde de abanicos sesgó el aire.

domingo, diciembre 03, 2006

Algunos poemas sobre V.W.




Mientras decido qué poemas escribir en el blog, pondré algunos sobre mi hermana VIRGINIA WOOLF... No sé si es mi hermana o el presentimiento que me acompaña o el fantasma que cada uno (una) debe llevar consigo.
El primer libro que leí, suyo, fue ORLANDO, un regalo extraño de alguien especialmente sensible al que hace muchísimo que no veo. Después siguieron todos los publicados en español, me parece.
Ayer me regalaron el último, un cuento titulado LA VIUDA Y EL LORO...probablemente esté en alguna de las colecciones de relatos que tengo pero la edición es bella, de la editorial Gadir y las ilustraciones son de Concha F. Montesinos. Mis amigas las libreras, como saben de esta pasión, cada vez que sale algo relativo a la Woolf, me lo guardan.
A lo largo de los años he escrito varios poemas para ella. Es algo necesario para mí. He recuperado estos poemas desde los diferentes espacios donde fueron publicados: La revista Turia, la revista Hermes, los pliegos de poesía "Las hilanderas prodigiosas" (esas páginas preciosas y raras confeccionadas por mi prima María Muñoz), en el primer libro que publiqué: MUEREN LOS DIOSES, en fin.... Hacen un total de cinco...si no anda algún otro poema por ahí sobrevolando Monk House...
Me gustaría dedicar estos poemas a Ana María Navales, la escritora zaragozana, la persona que más sabe sobre Virginia, la persona que más la quiere, creo yo. Ella hace suyo el verso de Aleixandre: Conocer es amar.
Las imágenes elegidas para acompañar a los poemas son fotografías de diferentes autores reconocidos: de ¡¡¡Man Ray!!! ( con lo que me gusta ese fotógrafo de los sueños), de G. Freund, Lenare, Duncan Grant, y, claro, Vanessa Bell.




NO voy a escribir los poemas en un orden cronológico según fueron "acaeciendo", simplemente, ahí están. Aquí tenemos el primero:

VANESSA FINALIZA EL RETRATO


Resbalarías
con una delgadez que necesita
la gravedad de un pañuelo de roca,
de una falda de roca

añorante de su infancia en el cieno.

Crece el río en el mes de marzo,
duda la dama de azules mejillas.
Es el año invernal que persistió
en la pereza del cisne del Ouse.

Es el pasado
mientras posas vestida con la ropa
de nuestra madre Duckworth,
y en el óvalo de tu rostro incluyo
premoniciones
de una mujer que llega al mar cantando
después de hacerse un barco con el agua.


Impregno el pincel de color salino
porque el año de tu viaje sea
la biografía de una de mis hijas
que se asemeja a ti,
y con la mano izquierda reconozco
trampas de hermanas
porque no cese de lamer el agua
muros de los castillos femeninos.

Tú, mi contrincante, mi desviada
luz, mi lienzo que ama frutos infieles,
mi omega, garza
que se niega a comer. Sólo se aquieta
hablando en un idioma isabelino.

Después no sabe hundirse cuando muere.






jueves, noviembre 30, 2006

Último poema de ALICE























YA NO HALLARÉIS EN MÍ
esa curiosa niña que Walt Disney
deformó del secreto de Lewis Carroll.

Hace tiempo
de mi salto a la Casa del Espejo.
Hace tiempo
que descubrí la espalda de los hombres.
Hace tiempo
que vivo en pleamar bajo la Luna.

Ya no hallaréis en mí
el desconcierto ingenuo de la infancia,
la edad de un dios ecuestre, aventurado.

Ahora es el momento de mostrarse
más envalentonada en el peligro
y no desperdiciar
ni una brizna de hierba de los cuerpos,
ni un trago de saliva
de sus bocas.

Ahora es el momento de decirse:
nada tiene sentido en esta Casa,
y llenar el horror de la certeza
con las sencillas rosas
que los días me traen,
velozmente furiosas de perfume,
velozmente cadáveres divinos.

sábado, noviembre 25, 2006

Alice




El tiempo pasa

Amores de una tarde
intensamente frágiles y hermosos.

He vivido la bárbara batalla
de ir agotando asaltos
al cariño
y era imposible
asediar un planeta con los besos,
mudarlo en la razón de cada día.

Y darme por vencida fue el descanso
de cualquier enemigo que conozco.

Amores de una tarde;
no da tiempo
a pensar en mañana
o repetir un acto codicioso.

En cada instante un mundo que se extingue,
en cada movimiento más de un siglo.

No he de buscar un nombre a esos amores,
no tendrán por testigo la pereza.

No exhalarán herrumbres de agonía
ni cicatrizarán anestesiados.

Ellos sí son verdad:
nunca pactaron
con un amor extraño a su hermosura
o con un enemigo imprescindible.

domingo, noviembre 19, 2006

Seguimos con ALICE




CIRCE

Se fueron los marinos...
Tenían morenas esposas de ojos
penetrantes,
mantos granate
limpios en arcones taraceados
y, en las bodegas,
vino casi perfume,
casi Madagascar en travesía.

Observo el horizonte sin albatros,
tranquilo espejo donde alguna vez
habré de sumergirme
desmemoriada
de las embarcaciones
del deseo.

Y levanto mi mano
no sólo despidiéndome, no sólo
encendiendo los faros, las hogueras,
las estrellas del Norte,
el cromado color del astrolabio.

dejaré qe las brújulas
recobren los imanes del hogar
y ocultaré la altura
de mi isla.

Oh, padre Sol,
qué muerto satisfaces mi garganta
silenciosa...

Penetro
en la amarilla hierba
de la noche,
y preparo
el bebedizo amargo de la noche
y recibo
a las otras visitas de la noche.

sábado, noviembre 11, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey y III




III

(Con Luis Cernuda)

Los hermosos muchachos mueren pronto...

Si vivieran más tiempo que nosotros,
¿qué harían, derrotados
por su propia belleza?
¿Qué túmulo mediocre erigiríamos
para salvar los restos
de sus labios de sal?

Deben morirse pronto esos muchachos;
que no resistan ni una noche más,
tan parecidos
a la flor del cactus, tan parecidos
a la exquisita forma
que ofrecen las auroras boreales
en las noches intactas, malignas de septiembre.

Muchachos como Mozart,
como petunias blancas o troyanos
que no conocen la mitad de un siglo
ni las líneas
de fuga
cuando la perspectiva
estiliza decepciones ocultas.

Deben morirse pronto
en nuestros brazos, besando su pelo,
mirándonos azules,
con la intensa sonrisa
de aquellos que nacieron brevemente
perfectos.

Deben morirse, apenas un instante
nos hiere su belleza...
Ah, ¿qué harían
con nuestro corazón desasistido
si crecieran y fueran
nuestros amos?
Dibujo de Gregorio Prieto

domingo, noviembre 05, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey II

II

Eres quien me separa del pasado,
de los días del Sur.

Eres quien me separa
de aquel aprendizaje de Unamuno,
del primer precipicio
para encontrarle un rostro a lo imposible.

Eres el desconcierto que me abruma
cada mañana, viva, sorteando
las trampas de un idioma hecho consuelo
cuando muy pocos saben resistirse
a la pereza.

Y tú,
viniendo del pasado me aligeras
del dudoso valor de los recuerdos;
viniendo del pasado
intranquilizas el oficio ingrato
de haber llegado aquí.

Alguna vez contemplaste mis gestos
y yo no adiviné
que me estabas mirando en el futuro,
y ahora
no acierto a recordar lo que me espera.

Por una vez, muchacho,
amo el olvido más que a un hombre sabio
e importante.

sábado, octubre 28, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey-1-


Prosigue el libro de Alice

Leeremos unos poemas dedicados a un joven amor ausente....digamos que podría llamarse Furey, como en en el cuento de Joyce:

«Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento, vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al Poniente. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al Oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shanon. Caía así en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos».
Los muertos, de James Joyce




I


Apreso en mis mandíbulas
los últimos jaguares.

Yo no sé
hablar con suavidad a los jacintos
o mirar con prudencia un terremoto.

Bailo bajo los muslos de la tierra,
bailo con los geriatras y los niños,
bailo con bordadoras que no tienen
hambre porque limaron
sus uñas en tejidos de renuncia.

Te buscaré, muchacho,
haré de ti una joya en los salones
de París;
yo seré Marlon Brando
y tú, un alumno
precisamente experto con los dedos.

Bailo en las averías de los coches
cuando la noche ruge de ginebra
y quedarse parado
es una invitación a los felinos.

Me alimentan los últimos jaguares
y parece mentira
que en la ciudad de obispos y de muertos
pueda encontrar la selva y su extravío.

Te buscaré, muchacho,
y bailaré en tus brazos abatida.
Me dejaré ganar por tu apetito
y haré que me desangro en tu inconstancia.

sábado, octubre 21, 2006

Wasserouverture y V


Gigue


Alice no escucha.
Alice pisoteó su stradivarius,
mato a su gato y destruyó Florencia.
Alice vive en el limo de los pozos
e implacable aniquila la ternura
del corazón mojado
de una lluvia esperanza.
Alice lleva consigo mala suerte
y la sordera
del dios que visitó tanta impureza.
Pintado por German Hotes





Canarie

Donde se inicia el fuego de las brujas,
donde las cabras pacen su excremento,
donde el esperma del camaleón
quema las moscas, las ramitas leves.
Donde los archipiélagos estallan
con raros krakatoas del deseo,
ella erige castillos como templos,
como tumbas de carne.Sin embargo,

se la puede encontrar y es deseable,
y se la puede amar aunque no sea
Alice.


sábado, octubre 14, 2006

Wasserouverture IV

Harlequinade II

Ella come de pájaros, de cedros masculinos
que nacen de otra boca, de otra cueva
blandísima.
Ella quiere morir
para volverse río que lo bañe
y argamasa fraguando en las paredes
que habitan su insolencia,
su sexo de la muerte despertado.
Alice ya no es rubia ni de azulada
tersura la nieve de su abandono.





Menuet

"Haz de mí
el carboncillo grácil que tatúa
los papeles en blanco de los vientres.
Pasa tus uñas y araña mi espejo
pero no me dejes con la ebriedad
de mis manos buscándote en el aire.
Vuélvete leopardo que me asalte,
rata que roa el pan de mi futuro,
pero si eres la luz que me ha alumbrado
no te vayas de mí como la noche"

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