domingo, junio 15, 2008

XI Poemas en Hermes (Revista nº 4)



Vuelvo una vez más a las fotografías de mi admirado amigo Ricardo Martín. Ésta se titula Amanecer en la Cuesta de las armas





      Cuando el mensajero es el mensaje

      En esta clara espera
      del día,
      de las islas que surgen como diosas:
      algo impensable, un nido delicado
      de serpientes, un silencioso golpe
      de la suerte en la calle, en la prisa,
      en el modo de sentirme animal
      olisqueando el peligro y no puedo
      evitarlo,
      no, no puedo evitarlo;

      en esta clara espera
      del día,
      cuando no todo es yermo ni tristeza,
      cuando el mensajero es el mensaje,
      cuando mi puerta no se le resiste
      y él entra despreciando talismanes,
      recuperando la savia antiquísima
      de mis pechos,
      y yo, qué cosa haré
      sino morir,

      me veo hermosa
      y desafío
      al sol, por si sólo fuera un sueño
      este regalo súbito, impaciente,
      por si sólo fuera un deslizarse
      en solitaria danza que acostumbro,
      y estoy cansada de ser una reina,
      estoy cansada del día para otros.

      Desafío
      a las sombras y a la melancolía
      y a cualquier certidumbre del dolor
      por si me descubriera atormentándome.

      Hoy me vuelvo de sol hasta tus ojos
      y sin saberlo tú,
      y aunque me olvides,
      aunque no quieras ser lo que te invento
      me quedo todo el día entre tus ojos.

2 comentarios:

Cristina dijo...

Estoy segura de que siempre son mejores las cosas como las inventas tú, aunque no quieran :)

Un poema precioso.

Anónimo dijo...

La mirada, recibida, proyectada
La mirada, escondida, entregada
La mirada, tu Mirada, sensaciones sin parpadeos.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas