viernes, junio 06, 2008

IX Poemas en Hermes (Revista nº 4)







      Interior de Santa María La Blanca


      Sosteniendo la tristeza,agotándome
      pero valientemente en pie,
      sin dar al corazón otro alimento
      que no sea
      demorar esta muerte y estar viva,

      hay un lugar quer ignora a mi adversario,
      un lugar que me espera sin promesas.

      En él la soledad huele a la atmósfera
      de un planeta divino,inacabado.
      -Quizá antes de marcharse
      el viejo dios de Abraham
      dejar quisiese un blanco de silencio
      para hacer llevaderas las heridas
      y suspender del aire la amargura-

      No creáis que en él desaparece
      la tristeza,
      no,no creáis que surgirá el prodigio
      del olvido,

      pero valientemente
      entrar en él supone aclimatarse
      a mi voz,certidumbre
      de saberme perdida...He de encontrarme,
      tengo que prepararme a seguir siendo
      impaciente,voluntariosa,débil,
      así como la vida se desdice,
      así como estar viva aún me asombra.

      Y cuando digo adiós porque es preciso
      salir a los cuchillos y al engaño
      me llevo la tristeza
      aunque también un dios que es imposible
      de no creer.

      ¡Vuelve,vuelve,esperanza!,
      grito al templo del día.

      Y el día me responde
      con su ambiguo alimento.

7 comentarios:

rohit dijo...

Love the pictures you have posted. you HAVE DONE AMAZING WORK them?They are fabulous!these are gorgeous illustrations!Very nice,Lovely pictures.

Jose Antonio G. Villarrubia dijo...

Por la mañana, cuando la luz entra por los ventanales que hay sobre la puerta y se posa en el suelo y en las columnas, todo empieza a tornarse tráslucido y parece como si se quisiera desvanecer, desaparecer, esfumarse, yo lo he visto.
Que bonita es Sta Maria la Blanca.
Un beso.

almena dijo...

Feliz mañanita de domingo, querida Ogi.

Beso

Inma dijo...

Tendré que volver. Creo que ahora, después de leerte, es más blanca y tiene una nueva luz.
BabiaS

Mirada dijo...

Excelente, muy hermoso.
Un abrazo enorme, queridiña.

Marian dijo...

No conozco el lugar, pero sí el sentimiento inefable que nos eleva aún sin certidumbre, aun en nuestra pequeñez que vive y se nutre del asombro.

Un abrazo

Cristina dijo...

Qué blancura tan dulce y tan triste tienen estos versos. Me gusta especialmente la intimidad de este poema. Precioso. Hacía tiempo que no me pasaba :) ya lo echaba de menos. Besos

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas