Jardín al mar

jueves, julio 09, 2009

Algunas fotografías I

Félix Pantoja, fotógrafo toledano, expuso sus trabajos, hace unos años, en el Círculo de Arte de la ciudad. Y me pidió unos poemas para inaugurar dicha exposición.






      Fusión, por F. P.



      RÍO TINTO

      Tengo que escuchar
      Verano porteño
      de Astor Piazzolla, aquel directo
      grabado en Central Park,
      para no sumergir mi mano
      en el agua roja, más ocre
      que todas las monedas hechas
      con los dientes de los mineros,
      más roja que el olor a hierro
      de las ruinas.

      Me pregunto por qué acompaño
      a la instantánea del fluir,
      detenida por un destello
      hechizador de la pupila,
      con esta cadencia que nada
      tiene que ver con la comarca
      de Las Minas, junto a la Sierra
      de Aracena y el corazón
      ferruginoso de las lágrimas…

      O quizá sí,
      es eso justamente, el llanto,
      el bandoneón dando golpes,
      invocando el sudor, las voces,
      laderas corroídas, fotos
      volando entre las vagonetas,
      trayendo un raro ritmo a tango
      ( y a la miseria, creo)

      y el Río, rojo
      de sangre, sucio de las cárceles
      y del paso de baile
      de los desaparecidos,
      amarillo, que tal color
      adquiere el humo del olvido.

      Si escuchas el Verano
      de Piazzolla detrás
      de las fotografías,
      -tanta desatención, tantísimo
      abandono- baja la encina
      floreciendo al Tinto; pequeña
      vida frugal como esa música
      cubriendo las heridas.

      Ya sé que es imposible ver
      florecer a una encina sobre
      el orín del hierro…
      tan imposible
      como escuchar a Astor Piazzolla
      en Central Park o refrescar
      mis manos en la foto.


Verano Porteño - - Tango - Astor Piazzolla

jueves, julio 02, 2009

Poemas Aniversario y V



      En el resto del tiempo
      no
      respiro, el tiempo fuera es sed;

      todos los ruidos de las sombras
      duelen, todo el tiempo que resta
      se hace tortura, se atormenta
      con deslealtades, carencias
      en eriales de duelos,
      despedidas y un desamor
      tenaz que aloca los propósitos
      más dulces
      y feraces.

      Pero me invita el perfume
      de las mimosas
      detrás del muro, en el jardín,

      oigo a las tórtolas tranquilas
      del almez
      y
      distingo lo que hablan los peces
      del estanque.

      Está la puerta abierta y entro
      y cuando entro eres Tú quien conoce
      mi sequía.

      Sé del secreto
      de este jardín velado
      a las miradas
      porque no brilla otro secreto
      sino mío.

      Y según entro,
      Amado, y me abandono y quiero
      la costumbre del jardín,
      se desmorona en el umbral
      el tiempo como arena.

      Nada me viste, nada queda
      engañoso…

      Sólo el instante persevera
      sólo la soledad contigo,
      dentro.

      Sólo el instante,
      dejando mi cuidado
      entre las azucenas olvidado
      .


viernes, junio 26, 2009

Poemas Aniversario IV





      Esta extrañeza con las cosas,
      esta pregunta madrugando
      como si viera por primera
      vez y no acertara a decir
      cuánto del mundo circular
      y arisco se desliza
      a la música enamorada
      con tu atención.

      Escucho a los pájaros
      del río aclarándose,
      urgiendo su apetito, yendo
      en el amanecer de mayo,

      percibo el aire fresco y fino
      sin dudas: llega, envuelve
      la existencia pausada
      del magnolio

      y van y vienen seres tristes
      a su trabajo y su amargura

      y van y vienen los que están
      tranquilos, comprendiendo
      señales.

      Esta extrañeza
      como si naciera y me vierais
      desprotegida,
      una niña desnuda
      e ignorante…

      Sí, soy esa niña surgiendo
      de su sueño pueril
      y de su olvido,

      y me otorgas un nombre,
      dios, y me regalas
      tu país,
      señor amado, azul, marino,
      día.

      Sí,
      me das un nombre que me abrigue
      y en su palabra cierta,
      apasionada,
      están todas las cosas.

domingo, junio 21, 2009

Poemas Aniversario III



      Este metal hecho de ausencia
      se deshace en mis manos

      y de dureza y frío y filo
      se vuelve raso como calma
      caricia empapando mi piel
      con su soltura.

      Atraviesa mi concha,
      donde nadaron salivillas
      ácidas desova, se aloja
      en cualquier carne de aflicción,
      en cualquier pliegue riguroso
      que no sea alearse bajo
      su deseo, bajo su intruso
      deleite
      de precioso metal que nadie
      escucha.

      Y consigue el lado lunar
      de mi piel,
      consigue dentro derribarme
      el orgullo, domarme el alma,

      me atrapa, interno, hasta humillarme,
      hasta ser yo su nido,

      y cuando me ha habitado y mueve
      el pulso que me asiste nada
      tiembla, nadie lo percibe.

      Y vuelve a endurecerse, vuelve
      a su oro hiriendo mientras me ama,
      enjoyando mi sangre,
      regalándome vida.


viernes, junio 12, 2009

Poemas Aniversario II







      Como niebla en la vega, busca
      resistir, espesarse
      en la materia del aliento,

      sólo vida desnuda aviva
      el apetito de los sauces,
      desentumece a criaturas
      que desconocen la palabra
      exacta del amor,

      niebla
      horizontal,
      primaveral,
      desfleca el deseo, lo extiende,
      lo vuelve imprescindible,

      se distancia de sí,
      ignora el agua incluso, rompe
      el volumen que obstaculiza,
      hace añicos falsos cristales,
      cruza los cuerpos, ya no es cuerpo,
      se despoja del cuerpo, obtiene
      eso que crece dentro
      de la tierra,
      eso que espera para ser
      amado a costa de la sangre
      ingenua y clara,

      y luego
      incorporarse al otro cuerpo,
      mudarse hasta el latido
      soterrado,
      consumarse, olvidarse.

      Como niebla en la vega, afán
      loco en el alba,
      resistencia.


viernes, junio 05, 2009

Poemas Aniversario I




El 17 de mayo leí estos poemas para celebrar el 400º aniversario de la fundación del convento de carmelitas descalzas aquí, en esta ciudad. El convento fue fundado por Teresa de Jesús. Los poemas se incluían en un concierto de piano. Estos textos acompañaron las piezas de Música callada, de Federico Mompou. Ahora se los dedico a algunas personas que me han pedido leerlos en este blog


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      He perdido mi nombre,
      la certidumbre de mis señas,
      voz familiar, acostumbrada
      a sílabas natales,
      a primeros sonidos.

      Ahora no me llamo
      como soléis llamarme,
      no sabéis encontrar mi nombre
      donde estaba
      ni hallaréis el espacio
      que me ocupa.

      ¿Qué dios es este que me roba
      el aire de mi nombre?

      Salgo hurtada a la luz, se mueven
      con el día los prunos
      rosados de Matisse
      y un denso aroma añil
      de las raíces:

      tienen hambre, salen del sueño,
      requieren nuevos mimos,

      y un ansia o savia, o en este aroma
      me busco, ya no importa
      ni mi sangre heredada,
      ni un milagro siquiera,
      ni mi nombre.

      ¿Qué dios es este esquivo pero
      ávido y listo con mi cuerpo,
      ausente pero mío,
      ardiendo en su misterio pero
      tan caprichoso con mi nombre?

      Lo he dejado perdido
      en su llegada
      y voy a él como quien va
      de fiesta o sacrificio,
      como quien se abandona al viento
      apasionado,

      ignorándome todo
      salvo el gozo,

      ignorante de todo
      y de mi nombre.




viernes, mayo 29, 2009

Y revista Hermes, nº 25. I


      Un avión vadea las nubes,
      se sabe por el trueno sostenido
      y pregunta mi madre dónde va
      con extrañeza niña y griega.

      Mis años son más viejos que su gesto;
      grata perplejidad suaviza
      cualquier descreimiento que la aceche
      desde lo que ha tocado, desde
      antes de ser mi madre, antes, lejana,



      y reserva su terrenal
      postura
      para el instante de la magia
      aérea.

      Cruza el avión, y mientras quiero
      conseguir un pasaje en su distancia,
      ella se asombra y se aproxima
      breve a la edad de los olivos.

      En esta antigüedad del desengaño
      que me separa de lo prodigioso,
      ¿persiste aún una fisura
      por la que pueda entrar la hechicería
      de una mirada que, admirándose,
      pregunta?

      ¿Y qué mirada griega y niña
      hecha de tierra maternal
      y arraigo
      dudará de un sonido sobre nubes
      e inventará un encantamiento
      que dé razón de los viajes,
      que dé razón de una rara tormenta
      y de su altura?


DOMENICO SCARLATTI. SONATA K 178 - David Russell

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