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sábado, julio 21, 2012

y...Der Blaue Reiter XIV


      Formas de colores I, II y III. Macke

      I                                                                                                   
      Ofreces el sueño primitivo,
      helechos gigantes desenroscándose
      alrededor de
      nunca te tocaré,

      pero ella no era de esperar
      a la puerta de su casa;
      su confianza es corta, su paciencia,
      ¿no ves?
      vive en la dimensión de un anillo

      y de nada sirve : te guardaré
      en el corazón
      o
      no te olvidaré. Ya estáis perdiendo
      la memoria mirando a la Luna.

      Aunque tu luna
      no es su Luna.
      En su fondo blanco,
      manchas de trigo, verdes, rojizas,
      se superponen como se rozan
      un deseo con otro.
      Y ni el mismo espejismo lunar
      platea vuestro rostro.


       II
      Los jinetes azules se cansan,
      se les caen los pétalos
      y sus semillas vuelan a alféizares
      desde donde el hombre frío
      mira la sombra de la mujer
      en llamas,
      pero no se acerca,
      no mira,
      está ciego en sí mismo.

      Moriremos.
      Es una lástima que dejemos
      sin hierba a los caballos.

      Nos hubiéramos citado
      en cualquier ciudad coloreada
      y, en sus escaleras,
      habríamos leído los pasos
      de luchadores
      imposibles
      amándose.

      Los jinetes nos lancearían
      y de sus rasgaduras
      surgiría un dios,
      un mundo aparte.


      III
      Redondea tus años, suaviza
      aristas naciendo de tu carne.

      -Dime, hombre frío,
      ¿qué son las palabras sino imágenes,
      simulaciones
      de ese animal magnífico
      y ahogado?-

      Sí, tornea los surcos del daño
      y la imprecisión te lleve a formas
      abiertas, no de sajas precisas,
      sino espirales empujadoras
      a una nave estelar,
      a una falta de víctimas,
      a una respiración habitada
      por el perfume de viejos pinos
      y el olor de un vino púrpura.

      Redondea tus años,
      hazte igual que una cúpula;
      es curva la luz de la mañana
      en sus facetas,
      una música que nada afirma,
      solamente es un caballo libre.




sábado, julio 14, 2012

XIII Der Blaue Reiter



      Paisaje con árboles luminosos. Macke

      Infantas difuntas juegan entre los troncos.

      Si  no prestas atención
      creerías que son siluetas
      apareciéndose y esfumándose,
      caprichos
      de la luz verde dorando ramas.

      No te inquietes,
      hay una casa cerca;
      no les tengas miedo aunque no sean
      las niñas en el parque
      ni los loros del estar cansado.

      Una muestra
      los mismos ojos que aquel muchacho
      a quien besaste entre los perales.

      Otra peina su pelo naranja
      porque era cítrica
      la tarde que te enseñó  a decir
      adiós a tu jinete de voz
      balanceándote hasta el delirio.

      Y otra mueve sus dedos granate
      de haber escrito primaverar
      con sangretinta;
      después se ha oscurecido.


      Y otra
      vuelve a ser azul por insinuarte:
      ríete,
      inventa una pavana
      para que desfilen al compás
      tus errores.

      Y otra es simple como un pensamiento
      violeta,
      y otra, tan líquida,
      y otra,
      y otra.,.

      Aproxímate a ellas y  míralas
      de frente,
      ¿ no ves que todas
      Se parecen a ti?

sábado, julio 07, 2012

Der Blaue Reiter XII



      Ciervos en el bosque. Marc

      Inclínate en silencio, busca                                                                                
      el lugar encinoso
      para el latido reposado,

      ocúltate de una pregunta,

      acompaña al ciervo
      del íntimo deseo
      aletargado al mediodía.

      No abandonas apasionarte,
      sólo respiras vegetal.

      Calma tu piel,
      confúndete con esta umbría
      que cae de los árboles luminosos
      antes de incendiarse.

      Siente a la hierba
      bajo tu vientre
      como siente el ciervo que el tigre
      del tiempo
      cruzará sin olerlo.

      También es salvaje
      la cualidad de quien está
      descansando de la impaciencia.

      Cuando los árboles levanten
      tu cuerpo hasta la luz
      será
      el instante inicial
      de los viejos afectos,
      tú serás el tesoro
      que rastreaba un animal
      muy joven.

sábado, junio 30, 2012

XI Der Blaue Reiter



      Ballet ruso. Macke

      El abatimiento 
      danza en el escenario hasta hacerse
      sutil.

      Ha pintado sus ojos
      con el azul ultramar de un día
      cuando, aún de niño, no cargaba
      sobre su espalda lo inacabado.

      Su rostro hiere… ¿o es una máscara?

      Danza
      y
      danza
      en la afección.

      Esquivo ciervo que, al elegir
      la soledad, elige la ausencia.

      Oh, dolor, danza,
      libera de la nada a la música
      del bosque donde repta escondido
      un sueño.
      Danza, gira hermoso y magullado.

      Tu paso ocasiona un aire de fuego
      agreste
      que le borra la memoria al público
      y, entre bastidores,
      acaricia los labios
      de los tramoyistas.

viernes, junio 22, 2012

Der Blaue Reiter X




      Pájaros. Marc

      Patinan en el ónice
      del amanecer ignorando
      qué engranaje,
      qué horario insaciable reinicia
      tu vigilia.

      Paseaste en la dilación
      de una corriente donde nada
      temblaba,
      una demora en cada paso
      como la coreografía
      de los ballets rusos
      mientras te recreabas
      en el regalo
      de la serenidad.

      Ahora
      los pájaros rayan el hielo
      con sus alas
      y separan del alba lanas
      para no despertar.

      Viene
      el momento  de abrir los ojos.

      Viene el encuentro
      con el desgarro inacabado.

      La indiferencia
      canturrea con un lenguaje
      de planetas lejísimos.

      Y tú te obligas a seguir,
      ¿a seguir viviendo?

sábado, junio 16, 2012

IX DER BLAUE REITER




      Promenade. Macke

      No se entiende que lleves sombrilla
      de palabras
      cuando sólo crecen nubes, golpes
      de realidad en el estómago.

      Te distancias
      de la incisión, del asunto preo_
      cupante del i erre pe efe,
      de los niños que cantan sin tregua
      a la muerte de arena - ¿Ves? Ellos
      tampoco se ocupan del asunto-,

      te alejas de nosotros, comentan
      los que te quieren.

      Y eliges proseguir el paseo
      escuchando pájaros de Marc,
      sonriendo a deshora la sonrisa
      de la ceguera
      salvo emocionarte a través de
      olvidadas pestañas blaue reiter,
      pájaros con lengua de la seda
      que los poetas jóvenes
      han escondido
      en la sopera de la pereza.

      Prefieres
      un largo y elegante paseo
      por otro mundo,
      ser una torre que nadie mira
      o ser delgada.

jueves, junio 07, 2012

VIII Der Blaue Reiter






      El molino encantado. Marc

      Hablo contigo desde  el agua, 
      mi jinete,
      aunque no se sacie la sed
      del tiempo.

      Llegaste en un rizo solar
      con la melancolía
      que arde aún bajo la ceniza.

      Y ahora te digo
      que no todo concluye,
      mi amado,
      y tú me miras azul, fino
      de ligereza ecuestre
      pues los caballos saben
      un modo secreto
      de abrazarse.

      Hablo contigo recobrando
      escasas esquirlas de magia
      -aquel cristal que tanto
      nos lastimaba en el deseo-,
      y si venías
      con palomas violetas
      desangrándose,
      ahora te digo
      que no me pierdo, continúo
      en ti,
      giro y giro avanzando
      sin fin
      hasta un comienzo transparente.

sábado, junio 02, 2012

Der Blaue Reiter VII




      Niñas en el boque. Macke

      La gracia del presente es flexible,
      un sombrero de paja sin peso.

      Observa:
      diosas pequeñas se cambian lazos
      unas con otras;
      hechicería
      que envenena el agua de un molino
      del que nadie se atreve a beber
      por no equivocar, en el fluir
      del agua, las voces de los niños
      con voces de sus muertos.

      Luego
      anudan los lazos a  los troncos
      como oraciones griegas;
      ellas,
      salvajes de inocencia,
      curioseando
      el abrigo de un tigre de tiempo.

      Tú no  te acerques nunca,
      ni las toques,
      están hechas de fuego,
      son una trampa.

sábado, mayo 26, 2012

VI Der Blaue Reiter






      El tigre. Marc

      Es el pausado movimiento
      volviendo la cabeza                                                                        
      hacia ti;
      quizá serías invisible
      o mira más allá
      de tu presencia.

      Pero no;
      su quietud engañosa indica
      que aplacó su apetito
      y, discreto bajo la umbría,
      deja pasar la siesta acicalán_
      dose.

      Cada día domina,
      se alimenta de ti,
      y te prefiere viva, inerme
      ante su salto formidable;
      si oliera que estás muerta
      la sombra de su rastro polvo
      haría de tus huesos, polvo
      de su implacable olvido
      te cubriría.

      Pero no;
      él prefiere que seas algo:
      una certeza dolorida
      de haberte descuidado
      en el azar de la ternura,
      un cuerpo que se va arrugando
      para cederle espacio
      a esas niñas del parque
      con salvaje ignorancia
      protegidas.

      Siendo muerta
      no te acariciaría
      con sus zarpas,
      ni comería de tus cosas,
      ni te robaría
      el don de la impaciencia.

      Siendo muerta,
      siendo nada porque no cree
      en fantasmas.






domingo, mayo 20, 2012

V DER BLAUE REITER




      Mujer con chaqueta verde. Macke


      La tarde se complace en sí misma,                                                                               
      oye a los barcos por el gran río
      y se halaga en el parque
      con sus dibujos de sol y sombra.

      Si pensara
      teológica
      se retardaría igual que un ángel
      refinado
      o, mundana, acaso exclamaría:
      qué bellas y adecuadas las vistas
      del paisaje.

      Este es el momento
      donde la mujer árbol detiene
      su paso.

      ¿Qué sabes de ella
      sino su  esbelto gesto?

      Incluso estando erguida, el reposo
      verde se acomoda a sus caderas
      con un corte impecable
      como se ajusta la densidad
      del peligro
      al reposo del tigre.

      ¿Qué sabes de ella
      sino la inclinación
      de su cabeza?

      Así se retraen,
      mirando al suelo,  quienes bordean
      la esperanza, aquellos que repiten
      un nombre cuando los nombres cambian.

      Y todos los demás, entre tanto,
      pasean, se emocionan,
      intercambian saludos, contemplan
      el río,
      procuran que el tormento se dome
      en palabras;
      no se escucha ni un grito
      aunque el dolor les haya arrancado
      el corazón.

      Este es el momento
      donde ella se mira
      las uñas de sus garras.

sábado, mayo 12, 2012

DER BLAUE REITER IV



      Tríptico del Gran Zoo. Macke


      Paipáis nacarados que no airean,
      alas 
      como estar cansado tiene plumas*
      dice Él,
      pero todo en orden, exhibiéndose,
      llorando si es conveniente porque
      la belleza fatiga,
      los ojos acuosos de los gamos
      extenúan,
      una pizca de harina salvaje
      asfixia;
      varios monitos,
      suavemente encadenados, posan,
      repiten las muecas  de la  risa.

      Pero todo en orden -no te acerques-,
      lo agresivo en su tamaño justo,
      -no me toques-
      y el espacio apropiado
      de un flamenco hasta otro y los sombreros.

      Plumas que desde luego nunca vuelan*                                                 
      pero todo en orden, perfecto,
      desde el tedio al cansancio.


      *Del poema Estoy cansado. Luis Cernuda

sábado, abril 28, 2012

DER BLAUE REITER II




      Casa roja en el parque. Macke

      Voy pisando los escarabajos                                                                                
      con sus bolas de barro y de piel
      de memoria.

      En los árboles duermen dos gatos
      de azules y  amarillos:

      no pesan,
      como deja de pesar la ilusa
      palabra de esperar,

      no pesan
      en el airecillo de verano.

      Y, en la casa,
      el  cristal de las ventanas arde.

      Hasta allí voy
      aunque no me fuese nunca y nada
      me hiciera recordar y creyese
      que es la primera vez del cariño.

      Allí vamos, familia, fragmentos
      de uñas
      que los escarabajos no roban,
      trocitos de abrazarse con breves
      puntas
      para las heridas y después
      el perdón.

      A los lados del camino, casi 
      de arena ya,
      contemplo los bancos de mi infancia.

      Nadie más cabe
      yendo a casa.

sábado, abril 21, 2012

DER BLAUE REITER







      Marc: El sueño



      Tarda en disiparse la niebla.
      Un fluido pastoso oprime
      las fachadas
      difuminándolas.

      La garceta gris se camufla
      con su hora de río
      sobre la piedra
      gris.

      Pero en el sueño de esta noche
      potros en índigo y naranja
      no se asustaban del felino,
      enseñaba sus fauces, ellos
      no se asustaban.
      El amor, o la edad, o el humo
      ligero del amor marchado
      aquietaba sus cascos.

      Por el tejido rojo de la casa
      roja,
      ámbar de manos deseadas
      subía,
      verde subía el cuerpo de esas
      manos.

      Y ella
      estaba tranquila en el centro:

      joven leona o yegua rosa
      pausando a la noche y  su secreto.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas
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