viernes, junio 20, 2008

XII Poemas en Hermes (Revista nº 4)









      El ángel de Durero

      He visto su postura en los adolescentes de ojos grandes y hermosos que no saben recoger el sedal de la mirada perdida.

      Detienen el movimiento de su escritura y se quedan absortos en la burbuja de un pensamiento muy lejano, incapaces de pedir auxilio, de regresar a la ligereza de sus antiguos compañeros de aventuras.


      Esa actitud particular del hombre tallado por Rodin, ese gesto,acaso de furia contenida, o en un estar ausente, de viaje a los lugares donde callan su nombre las cosas más precisas.


      El ángel aletea y se mueven las aguas de la memoria y no se precipita a un vuelo imaginario y se disuelve el tul de las promesas felices.


      Lo he visto acomodarse en los tapices de los magos olvidados, errar por el castillo que hace años recorrían los amantes y se ha quedado sordo componiendo su propia melodía de carencias y perezoso como los perfiles conservados por la numismática.


      Lo he visto demorarse en los latidos, ocultarse en la penumbra que hace invisibles los objetos, sobreviviendo en el final de los manantiales, lento en las residencias del reposo,


      convalenciendo,


      desterrándose,


      intentando no amar.







      2 comentarios:

      Anónimo dijo...

      Una cálida y bella descripción de la melancolía.
      Gracias, Ogi.

      Blindado

      Anónimo dijo...

      intentando no amar.

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      Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas