domingo, mayo 13, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 5.




V


Me desvía de ti
esta música de los campos
del verano y las uvas
próximas al delirio,

música en la premonición
de mi nombre que nadie sabe,
tierra de música,
granada espiga venenosa
que me roba
de nuestro sosegado juego.

Canción de larga lengua:
en mis encías hiende
la embocadura de la leche
de las cabras.

Me adivina moverme
deshonesta
y ácida
y baila mi vientre hasta el pozo
de la embriaguez del liquen,
y baila cada parte mía
exageradamente yéndome
al olvido.

Comprendo ahora que no existe
la muerte,

que si camino por la casa
de las abejas y las lombrices,
y en mis pies desnudos se alojan
los sabios animales del duelo
por la vida,
una muerte mortal no existe

aunque yo me despida, Duino,
y de fantasma de Pompeya
crezca hacia la boca
desesperadamente lejos,

aunque llegue la muerte
mañana
con su lápida
de lava
y no te deje entrar
y yo me aleje.

Ah, canción de tierra,
siringa o sinrazón o el cuello
que doy por alimento,
instrumento procaz,
cítara de la tierra.

5 comentarios:

almena dijo...

Estos fantasmas suyos, apreciados así, con el canto de los pájaros de fondo, son todo un regalo dominical.
:)

Besazo!

Ética dijo...

se pone el nombre del cuadro y de quien es y el crédito ;)

Anónimo dijo...

Coincido con Almena.
Te sigo la huella.
Jade : : ) )

Marian dijo...

Uy,dónde habré mandado el comentario!...Te decía que es un gustazo pasear por la villa y escuchar esos ecos, esa realidad paralela entre la vida y la muerte con la belleza que la describes.
La música fascinadora, también.

Un besín

Cristina dijo...

Fascinante. Como todos los tuyos.

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