jueves, mayo 24, 2007

Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 2




Frutas e insectos




Cómo asombrar a Man Ray
en el tesón de las avispas
habitadoras de duraznos.

El verano tiene su propia
textura melancólica.

Y resulta imposible
resumir
que la realidad deslumbre
con su áurea piedra.

La adoración de la mañana,
una brisa fácil murmura,
finos saludos en la calle
y el sol,
un equilibrio.

Aunque algo en el fruto amarillo,
partícula en el picoteo
de la avispa; algo leve
y enorme,
un pez volador de esta tierra
adentro, allí, alto y en círculos
acecha.

Se aflechará hacia el pueblo,
hacia la calle saludada,
a la precisión del jardín,
al ápice poroso
del durazno,
al negro ocelo de la avispa,
a tu curiosa boca,
a tu ansiosa pupila.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Maravilloso final.
Jade : )))

Max dijo...

Es cierto que el verano tiene una textura melancólica, la de las tardes eternas, la de la luz que no tiene prisa.

Me gusta.

Besos

Cristina dijo...

Coincido con Jade, me gusta el poema y me encanta cómo lo has acabado.

Anónimo dijo...

Ah... pero alcanzo a ver mucho verano,mucha sabiduría de enjambre... aunque hayas puesto un definitivo "punto" a esa pupila.

Un besín

BabiaS dijo...

Como los demás se quedán con el final, yo me subiré a tu pez volador para pedirle que adelante ese verano que el poema respira.
Un placer asomarse aquí :¬)

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas