martes, mayo 08, 2007

Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 2.




II




Esparce joyas cenicientas
la muerte
desde entonces.

Pero en el candor de la luz
ondula la propiedad blanca
de un presentimiento.

Duino,
tú te sostienes sobre el día
de mi rubia consagración
a ti,
tarareas
la cadencia que desconoces,
muy acariciante en mi nuca,
casi tímida.

Pero aunque me vuelva a besarte
permanezco en el rojo tan
silencioso como los frescos
de este comedor;
te invito
a la ramita de laurel,
te miro sin ceniza.
Besas
a esa otra que paladea
muerte.




Aclaración: Los Frescos van correlativos. Es decir, el orden de las imágenes que iré mostrando es el mismo que aparece en la Sala de la Villa de los Misterios.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

: )))

Te sigo.
Jade

Cristina dijo...

Joyas cenicientas que esparce la muerte. Propiedad blanca de un presentimiento. El rojo silencioso. Me impacta, como siempre.

Marian dijo...

Hoy la música hace más fascinante el poema, si cabe...como sentirse transportada a esa atmósfera
Un beso

el angel de las mil violetas dijo...

muy bonito
:D besos!

Max dijo...

Magnífica Pompeya, a la que nunca dediqué una sola línea, sin embargo.

Delicioso.

Kit dijo...

Ay, niña..cada día me gustan más. Cada día los vivo más. Cada día los leo más a fondo, más "por dentro"
Gracias
Kit

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