sábado, agosto 04, 2012

II Ravel




      Ondine

      Llegas del agua cuando no flota ningún hilo o filo del recuerdo.

      Podrías tener bien escondida tu piel de nutria y fueran tus hijos el aire riente, el aire ligero que abre las puertas de las alcobas, que no conoce el peso de un cuerpo con los años.

      Podrías haber sido la herencia contada por tu madre, caderas anchas, cojines mullidos.  O mirar para otro lado. Nadar consistía en no alejarte de una dulzura.

      En el fondo del río hormiguean pequeños arquitectos de olvido. Huecos de luz suplen a los cambios y a la debilidad de los brazos. Patinan insectos de un instante en siembras de verdín.

      ¿Qué tiempo hay? Ninguno. ¿Quién escribe en el agua?  Tan sólo Keats refiere  el gesto de la Alegría diciendo adiós.

      Vira a las adelfas de la orilla, gira al pelo tupido, alisado por la caricia de los buceos.

      Sumérgete.

      No regresas al cieno de turbios sedimentos sino a las sorpresas.

      Las nutrias maduras, avezadas en la renuncia, conocen ciertos propicios pececillos y saben ser ambiciosas con los regalos más imperceptibles.

No hay comentarios:

Datos personales

Se ha producido un error en este gadget.

Archivo del blog




Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas