martes, abril 03, 2007

El libro de Zaynab. Fin de la primera parte


        © R. L´Hotellerie López




Al-Muski
Luis Delgado



¿Quién le abrirá el postigo de mi casa?
¿No se encontrará con el chorta alerta
ni nadie le verá cruzar las sombras?

¿Quién le abrirá el postigo hasta el zaguán?
Un siervo acaso, cómplice en el uso,
o es un mago al que escuchan las llaves
y se ablandan los muros con su voz.

¿Cómo burló a los perros del jardín
y llegó hasta mi aposento de virgen,
aquel primer encuentro, ya hace tanto?

Me despertó su aliento como brisa,
y en la primera noche me entregué
como entrega el jazmín su perfume
a la noche azabache del verano.




        © August Macke


Me preguntó si iría al I´Dar Dunnuní.
Quise ver, en la luna, que cerraba los ojos,
que un susurro de hielo cruzaba los rosales.
Temerosa temblé. . . no sé qué presentía.

El bosque florecido podría convertirse
en un hosco desierto sin caminos de estrellas.

Me preguntó si iría:
El nombre de mi padre era sobrada estirpe
por ocupar estrado dentro del Al-Hizam
y yo sería en silencio, engalanada y quieta,
junto a mi madre tras los regios menacires.





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