jueves, diciembre 14, 2006

Virginia Woolf (III)

















De todos es sabida la estrecha amistad entre Virginia Woolf y la aristócrata Vita Sackville-West, de la cual se ven estas imágenes.






Victoria Mary Sackville-West, más conocida como Vita, nació en Kent, Gran Bretaña, en 1892 y murió en 1962. Su padre fue el tercer barón Sackville y su madre una hija ilegítima de Lionel Sackville-West y de la bailarina española Pepita. Formó parte junto a su marido, el diplomático y editor Harold Nicolson, del conocido grupo de Bloomsbury. Vita desarrolló su actividad creativa como novelista, poeta, cuentista, biógrafa, viajera, historiadora y diseñadora de jardines. Escribió, entre otras, las novelas El heredero, Los eduardianos, Toda pasión apagada, Juana de Arco ( que aconsejo por su intensidad) y Seductores en Ecuador.


Se sabe que, antes de morir Virginia, escribió cartas de despedida a su marido, Leonard Woolf, y a su hermana Vanessa Bell. Si Vita fue su más que amiga, su cómplice y su deseo, ¿le dejó igualmente sus palabras de adiós?

Imaginé que sí:






CARTA

Mi querido ovejero:

La claridad del alba
es una luz enferma y los primeros pájaros
disponen del azar canturreando en griego,
anidando sin pausa, sólo el tiempo preciso
para traer al mundo pequeñas criaturas
no de plumas o amor, listas en el viaje
de la ausencia.

Tú aleteas, feliz
con tan esquivas aves. Arrancas de las rocas
marinas valvas duras que esconden una perla,
la despiertas, la ríes.
Sigues el curso lento
de las rutas sasánidas, empujando a la vida
tigres alados, rojos, de perdidas ciudades,
con seda hecha de versos, con lúcida malicia...
Envidio esos lugares que al gozo se te ofrecen.

Mírame a mí, me escondo
tras las dunas que el viento de la muerte moldea,
tomo el té con las voces locas de mis heridas
y me siento de blanda textura de molusco
buscando el sol, la tibia claridad que me sane.

Ya no sé si aprisiono en la espuma la tinta
o, absorta, me detengo a mitad de una frase
mirando el convertirse lo innombrable en deseo,
su sintaxis en agua.

Me duelen los amigos
dormidos en actinias; me duele que tú quieras
vivir y yo no acierte a invitarte en mi amor.
Me duele que mi Nessa fácilmente recoja
colores aún hirviendo y sin color retrate
mi gesto tan huidizo.

Más que volar me siento
perdida sin anclajes; más que ser libre el caos
aventa mi escritura.

Donde quiera que estés, contén mi enfermedad,
el no volver al tiempo de todo recogido
suavemente en mi madre.

Me he dado por vencida;
a tu regreso busca lo mejor de mi sueño.
Y al patinar, hermosa, sobre el hielo lascivo
me verás sonreírte bajo el hielo, tranquila.

Recuerda que te dije
que te quiero, recuerda que las olas vendrán
con cartas en mi nombre.

Pienso en el ser muriéndome.
No hay miedo en mis frutales.

Por las dunas redondas de Rodmell se levanta
el alba con que inician su viaje mis pájaros.




3 comentarios:

marian dijo...

...Ahora comprendo porqué te eligió a tí,por qué se apodero de tu pulso... por qué rehuye el aspaviento tísico de la luz desmadejada...por qué su presencia habita tu jardín, por qué atiende a tus caricias de espejo elegante, porque la dejas irse y volver de la urgencia inmantada del agua.

Gracias,querida... Un abrazo en los que el silencio, es admiración.

kasandra dijo...

Conocía estas figuras levemente... hoy gracias a tu espacio... un poco más.

Me duelen los amigos perdidos en actinias... que verso entre todos los demás versos...

Anónimo dijo...

14141 almas hemos disfrutado del jadin al mar... Buenas vistas siempre;las de hoy son inmejorables... El poema, publicado 1995, tiene el frescor intacto...!es tan visual! Eres una maestra de la poesía... Dixit

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