domingo, octubre 30, 2005

Siguiente fotografía


Conoce lo oculto, sostiene
la calma y la ceniza.

Luz,

entre tanto, que se enreda,
que juega, curiosea.

Conoce la tierra mojándose,
huellas de mineral
de sol a sol,

pieles de insectos,
crujidos de semillas,
diminutos guijarros hechos
de sed,
el ángulo del alba
en el talón pulido
por las horas
y oficios del cansancio: puntas
de flechas sin gritar hendidas
suela adentro.

Y restaura la prisa,
esa parte del pie que vuelve
a casa;
lima, en el puente,
restos de escamas de animales
de polvo;
raspa, acuchilla, mide el cuero
que ajuste a curvas suaves,
próximas a la arena,
y cose donde ceden
junturas o una vida,
veredas cotidianas, días
de fiesta
cuando el calzado es fino.

Luego abrillanta con betún
y observa el desenlace
y apura el equilibrio
del cigarro.

La luz sigue en el juego,
sigue curioseando
y es septiembre.

domingo, octubre 23, 2005

Otra foto de "El espejo del viento" con un poema


Si los tocas
todavía conservan
ascuas,
no sólo un ornamento
durísimo,
no sólo un negro
resplandor.

Si los tocas,
palpas su tacto de metal herido,
quieren abrir el cuerpo que protegen,
quieren negar su muda resistencia.

Abrir en dos el pecho del silencio
al sol del mediodía más pagano;
abrir de par en par
la penumbra de un cuerpo
en soledad tan frío.

Y que ese cuerpo beba de visitas
extrañas,
que su cintura
se deje acariciar,
y que su pecho tiemble,
que la casa reciba
al viento aventador de su salitre,
el llanto seco, el llanto.

Si los tocas se ablandan
despacio, si los tocas
desisten de cubrir,
mira, se endulzan.

sábado, octubre 15, 2005

Otra foto


El humo antiguo del deseo
conversa
con el calor.

Un misterio femenino flota
entre los abanicos.

La respuesta sagrada
recorre esa materia de humo,
tiene los ojos de quien vive
creyente,
son ojos de mujer,
ojos de madre que rescata
al hijo muerto de la muerte,
lo desclava
y lo acuna,
lo abanica,
le da en el corazón
para que mueva su regalo.

¿Qué importa ahora el tiempo
que carece?

sábado, octubre 08, 2005

Otro poema sobre una foto de "El espejo del viento"



No has dormido porque la alegría perdura en su sueño con los ojos abiertos, bien abiertos, impaciente.

El día augura una promesa de burlas derrotadas, una impresión de conocer tu sino.

No es otra cosa que un temblor jubiloso el dedo del amanecer cosquilleando en la cadera de la noche, despertándola, ocupando su cama con un ruido rosado.

viernes, septiembre 30, 2005

Segunda foto


Perspectiva de altura al mar.

Has de subir, llegar al mar.
Soportas
un cuchillo de sol,
lumbre en los pies y sal
en tu frente.

Pero alcanzar lo glauco de este mar
y contemplar su orilla,
tender tu brazo triste a las montañas,
puras islas azules...

Conseguir diluirte sobre el mar,
acariciar su trigo,
adivinar un mes con su precioso
estambre,
ansiar el jugo tinto que serena
un desánimo,
decir: ¿qué queda en mí
que no sea de tierra enamorada
alrededor del viento?...

Perspectiva de altura.

Subes las escaleras
aunque te ciegue un ángulo radiante
con su enigma,
aunque la lumbre ciegue

con su hueso de sombra.

sábado, septiembre 24, 2005

Primera foto




Escondes papelillos
cuidadosamente doblados.

Blanco que alienta la blancura,
cal de deseo hierve en tinta
blanca.

Donde ha hendido la luz
tienen la sangre fría
dos lacertas
que escapan de tu mano pero
luego,
entre la estrecha sombra
de las junturas, leen
esas piedras pequeñas tuyas,
íntimas del ansia.

Y se salen al sol, más tarde,
verdes,
contraste del deseo con lo blanco,
breve quietud nerviosa
del secreto.

Nuevos poemas

Los poemas dedicados a las mujeres reales, imaginadas (o mágicas o rastros de mujeres en mi respiración) finalizaron.
Esta serie nueva de poemas que iré presentando ahora se publicó en un libro titulado El espejo del viento, un libro de fotografías de Robés, magnífico fotógrafo. Los textos acompañan a algunas de estas fotos. La calidad de las imágenes ha empeorado mucho al escanearlas pero es necesario contemplarlas porque los poemas se escribieron en función de las mismas.
Son fotografías sobre La Mancha, siguiendo el rastro fantasmal de un caballero y contemplando una actitud secreta de esta tierra.

sábado, septiembre 17, 2005

La desdoblada


YSEUT



Consciencia del veneno, lámpara votiva en la proa del barco. La galerna espuma los gritos de los ahogados y la electricidad sutura cualquier recuerdo de una infancia huérfana.

Sonriente en la tempestad, madreselva impávida, decidiendo amarte, aprendiendo a envolverme al mástil de arpa de tu cuello, cantando un nuevo lai, avasallando a los remeros con mi pelo rubio y mis manos que sanan.

Toda la lluvia del amor rebosa de esta copa, desconcierta alianzas... y arrojo al agua los anillos, la mansedumbre, la doncellez, los esponsales bordados en mi pecho.

Bebo de tu labio, degusto sangre que sabe a soldaduras siales alzando una piedra impaciente.

Vivo porque tú estabas muerto, ileso, vestido para la renuncia, y he posado el metal del cáliz en tu sed, he dicho en alto Lázaro, camina, y saboreo de tus dientes la pulpa del veneno, pez del mar de los venenos.

Vivo en un litoral hostil y vivo fiel a mi apariencia pero ebria de la distancia de tu boca a mi boca, vaso que apuro en la muerte, en tu boca.

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La imagen es del inquietante Aubrey Beardsley

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domingo, septiembre 11, 2005

La princesa Galiana




QUIRKAT DE LA PRINCESA



Comienzo
en la mesa del lance de la noche,
Al-Zoharah, tahúr, me desafía.

¿Quién llegará cruzando los diagramas
del norte, del destierro, mercenario
guerrero? ¿De quién huye? ¿Que terribles
parajes lo despiden?

Propicio habla el silencio para el juego;
hace ya algunas horas que enmudece
el laúd de la tarde en los arriates
de celindas.
Un perfume,
un chasquido en el río.

Ladran perros guardianes, centinelas
ralentizan la ronda...desatienden,
se tocan la cintura, va bajando
su mano,
se humedecen, se queman en secreto.

Ni un venablo silbante se dirige
a los labios
en reposo.

Como tienen las hojas de la acacia
un tatuaje
oigo a un jinete desde la frontera.

Y en las cartas astrales leo el trazo,
la espada Durendal
que he de besar muy pronto. ¿Quién me llega,
galopa en esta noche? ¿Quién me llega
de lejos? ¿Qué viajero?




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Galiana, princesa adivina, enamorada de Carlomagno en sus aventuras castellanas, según el cantar de gesta.

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El quirkat, o alquerque,es un juego pariente cercano del juego de damas

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El dibujo es de Santiago Ríos

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domingo, septiembre 04, 2005

La oscura

*
CARMILLA



Where the nights are brigth
and joy is complete
keep my squeeze in Green Flower Street,
canta Donald Fagen.

A medianoche, música
que escala a tu ventana, recorre el dial
de esta hora que destila sudor y silencio;
petunias recibiendo
el único color de la Luna.
La música te inquieta,
te asomas a la calle
de esos coches lujosos, lacados, reposan
como perros de raza.

No te deja dormir
la temperatura del monstruo delicado
abrazándote,
explorando el contorno de tu herida, la besa,
succiona tu jadeo...
es el aire que escapa de la mejor vida
desafiante.

Y te llamo mi príncipe,
arpista de Lothian, púlsame, acaríciame.

Un pétalo de petunia cae con gotas
de sangre, de líquido aromado, de filtro
que sedientos bebemos.

El espejo sólo recibe tu destello,
alabeado cuerpo que aúlla a la querencia
de la Luna.

Yo estoy enroscada a tu cintura, una sombra,
una hija del calor, una perra de julio
que vaga por tu calle, canta con voz de hombre,
sube a tu ventana y mete el dedo en las aspas
de tu ventilador

...in the remote suburbs of a northeastern city
during the late fifties.



*Protagonista del cuento de mismo título de Sheridan Le Fanu
La pintura es de Leonor Fini
El texto en cursiva pertenece a un tema de Donald Fagen

domingo, agosto 28, 2005

Palabras de Calipso


EN OGIGIA


Él ha pisado las violetas, se tambalea, cae, vuelve a levantarse, dejan sus talones un rastro de siembra estéril en la playa.

El tiempo es una grulla que vuela al sur y se detiene en el retorno de una nave que ya no transporta a los átridas sino esmaltados cofrecillos de niños.


(Si la luz incidiera bajo el árbol, si una bondad de luz cruzara bajo el árbol)

Él se acerca, se tumba junto a mí cincelado de tiempo, fechas de herbívoros de tiempo sus piernas desnudas (le mordería), y en su cintura sumo edades malogradas (paladearía a qué sabe la sangre de su tiempo)

Y me habla de su patria con labios blandos, femeninos en los dinteles de las casas, con pesadillas recortadas como mujeres en llamas en torres enemigas, robé sus ajorcas, me dice, un botín para el olivo de su cama nupcial.

Luego llora porque ha mentido, ha olvidado y recuerda, y miente, y ha mentido.

Y me habla del regreso, reuniré mi herencia en un monte de lluvia, será dulce el agua que lo mece.

A mi lado no hay tiempo, va un ave desde la isla, nada dibuja flechas de futuro, nada al final es un abrazo.

Los amantes
se ocultan bajo el árbol, se aman sin propósito, sin tiempo, sin tiempo, sin tiempo.

domingo, agosto 21, 2005

Beatriz Portinari



Mostrasi sì piacente a chi la mira*



Camino con los niños que cruzan el sembrado cuando la escuela al sol. Si viera el campesino cómo buscan perdices y engañan al reclamo, verdes más que la hierba.

Vuelo con la bandada vertical y silvestre. Es una tela fina rescatando la luz, jugueteando al ánimo…agita un aire corto y la impaciencia de esas ramas que alocan brotes de febrero.

Y dejo secos bulbos de niebla resistida que a ras de suelo rueda para que los amantes se sientan melancólicos en sus mesas de té.

Alguien que me ama lejos no duerme porque me ama; lo leo en mi semblante del espejo, sonríe como el autorretrato de Latour; lo leo en las macetas de margaritas nuevas, se vuelven a mirar, el infierno no existe.

Y soy de lo dorado: me rescata la luz, me imploran las perdices, me repite febrero, la abeja soñolienta que, inexperta, se huele, se quita el hielo y vuela.

Y viajo con mi amor aunque nunca conozca a quien me amaba.


*Verso de un soneto de Dante



* La pintura es de O. Redon

domingo, agosto 14, 2005

Cat People


IRENA



Dejadme
que simule estar muerta bajo el árbol.

Vienen los monos aunque
me presienta el impala sensitivo
o cualquier hombre tenso,
buen padre de familia se encarame
al tejado.

Vienen los monos
como palomas, como bulliciosos
danzarines de verbena que ignora
ramas emponzoñadas,
para asegurarse que estoy tendida
y mi desmesurado corazón
es un harapo
de los días de lucha.

Si ahora parezco
rematada por flechas de cansancio
guardo mi aroma que fascina, la noche
reconoce lo que he de devorar.

Muertos, dejadme
que le hurte al tiempo el hueso de los buenos;
se bajarán los monos, se confían,
quizá me arranquen pelo
o se orinen en mí.

Dejadme el juego.
Toda la fiesta olvida una fragancia
de alarma.

De pronto el viento es lento comparado
conmigo:
primero es mi pupila...un tacto de uñas...
¡Y tan hermosa el ansia en mi zarpazo!

martes, agosto 09, 2005

¿Quién teme a Alice Liddell?


INSECTOS EN LA CASA DEL ESPEJO



Una señorita,

a la que nombramos con el apelativo poco correcto en la ciudad donde la simetría desdeña el arte de la fuga,

patina semejante a una luciérnaga comiendo de las trufas que laten a medianoche en el bosque de las conmemoraciones,

patina en la porcelana con tres mariposas del té destinadas a morir porque es imposible beber y no naufragar.

Esta señorita

ya no se marea por andar al revés; concertista patina, va de atrás hacia atrás girando el cuerpo, un pirueta vira su cuerpo…es fácil desplazarse al pentagrama no descifrado aún.

La señorita,

que ha olvidado cruzar a nuestro lado, retrocede –repito- al momento en que la hija de un banquero se siente mirada por el Poeta de los Círculos pero se hace la tonta,

toma la pesadumbre del amigo de Virgilio y patina hasta la playa que nos aterroriza, y la tristeza imperecedera de aquel amor imposible le afila las cuchillas, la sitúa en el tablero de ajedrez, y la vemos, una y dos, saltando y, tres, llegando blanca, negra, libélula ligera entre los juncos.

miércoles, agosto 03, 2005

Ella tocando la guitarra

LAS MADRES

Una flor de ciclamen blanca, persa, disecas en el libro de los miedos.

En el retrato de la chimenea dudas que estés viviendo y precisas, entonces, el depurado estilo para la resonancia en la madera, el marchado barniz donde se apoyan tu agilidad y el gozo de la música, y reconstruyes la delicia de una belleza a salvo de esto triste.

En cuántos jardines de poetisas célibes repartes partituras, oh, tanta gracia.

En cuántos jardines llamados Mar del Plata ellas piensan, ahogadas, y tú no te hundes, esperas a que las cosas se eleven y caigan maldecidas, como estar retratada y estar entre despojos del amor.

Si la amargura asola y el pavor se acostumbra a los benditos una flor de ciclamen blanca, persa, recoge la certidumbre de anónimas mujeres en su memorial de matriarcados de la hechicería.

Yo estoy aquí, te he encontrado el autógrafo de Tárrega y el diapasón, moneda, talismán para entregar al Caballero Blanco.

Serás la reina del atardecer de agosto.

Estoy aquí heredando tus jardines, jugando, igual que tú, a las damas que avanzan sus presentes.

No olvidaré regar ni amar ni, en marzo, limpiar de soledades las albercas.




Este poema está dedicado a Rosario F-H, concertista y profesora de guitarra, mi profesora de guitarra(1914-1999)

jueves, julio 28, 2005

Homenaje a una bailarina y coreógrafa (1894-1991)


MARTA GRAHAM


Alma en la punta de los pies que inhala el intervalo y tensa el diafragma por donde fluye la aguja helada de la música. Y se calienta, gira, espira, emana la fuerza de lenguas incandescentes que retienen sonidos para los músculos.

Destilas un olor, te atreves a doblegar la magnetita de la lava.

Caes primero a plomo, laxa en la tierra. Has susurrado madre, Primavera Apalache. Luego te contraes, miras en ti, desprendes tus talones, yergues, dilatas, hurtas verticales cercanías a la materia de la música, y transfiguras otro equilibrio, otro ligero paso, otro pájaro, otro plinto de lo liviano.

Una orquídea pesa más en el desfiladero de Ba Zoi, un pañuelo de seda pesa más, y el lastre de una pluma, el tronco de una avispa mineralizan más.

Vuelve a la punta de tus pies, a tu sudor, juega contigo.

Vuelve,
juega,
echappé,
levanta gramo a gramo, poro a poro tu sometido cuerpo. Tu trenza muscular ya es una música.














sábado, julio 23, 2005

Olympia, Manet



DESNUDO DE VICTORINA MEURENT





Arqueaban la ceja
sólo con monosílabos.


Sombreros según Ascot
separaban el mal de la victoria.

Si me preguntas te diré que rojos
purasangres
compitieron
y flotaba en el aire
la excitación.

Una elefanta prevaleció en la lluvia,
magullaba
los zapatos de raso. Fue soberbio
el barro con las heces
del corcel ganador llamado Trueno.

Me canso de envidiarlas
y mi cansancio se asemeja al tacto
de las flores
del echarpe de Oriente.

¿Vienes porque adivine tu futuro?

Serán
presagios en mis muslos como pitia
rodeada de signos.

Que te huela mi gato
y el ramo que trajiste no acicale
séptimas dinastías del hipódromo.

Que te sea intocable
y me prefieras
cuando vea en tus ojos
el simún del deseo que es la concha
de un dios adicto al juego de la muerte.

El brazo de una mártir
derriba escarapelas
y yeguas espantadas relinchando...
les ladea el sombrero
se empaña el maquillaje.

Y me suplicas:
desata el lacito de tu garganta

Y me halagas.
Esconderé el presagio en mi desnudo.

sábado, julio 16, 2005

Santa Bárbara bendita, que en el cielo estás inscrita...





Soplo la pólvora para teñir
el lomo de rebaños haraganes
que abrevan al vapor de un espejismo.

Comienzo en dejadez,
me inclino hasta las sábanas de seda
de dos infantas que ensayan arrullos,
juegos de nigromancia
cadera con cadera.

Es esa hora en que el sopor oculta
un desafío,
una esponjada sucesión de sables
bajo mis muslos...

Se congregan guerreros al oeste,
se pulen los escudos de morado
bisel.

Te cuesta abrir un párpado, ¿verdad?,
después del bebedizo,
y cuando soplo entre tus cejas nadie
se enfrenta al zapateo formidable,
a la velocidad
de un asalto de peces voladores,
agua que se ama arriba...

Y descruzo las piernas
y consiento,
y el tambor,
y te vuelves felino,
y el relámpago.

Entonces cae el polen, titán hecho
de innumerables ojos,
puños que balancean
cabezas de calor, cabezas tristes.

Y más que lluvia, copas de peligro,
más que el peligro asuste a los rebaños,
es esa hora acuática, braceo,
me impulso con los pies

y te conozco,
y te vuelves perfume,
y el relámpago.

martes, julio 12, 2005

La abadesa

Hildegarda de Bingen (1098-1179)




¿Queda algún vegetal sobre la escarcha
del que puedas medir botánicas celestes?

Se confabula un ángel con el frío
y rueda hasta el acebo,
y salta a tu ventana, se diluye en la piedra,
y vuelve a endurecerse y persigue a las niñas.

Frotas sus nudillos amoratados,
las traes al regazo,
les murmuras que son las damiselas
de la ciudad con altos edificios,
bienaventurada.

Un ángel masculino no ha entendido
la dulce confidencia,
el dorso de tu mano que sostiene
turgente pecho, luego una cintura
estremeciéndose,

y maltrata a las niñas.

Debes flotar
para esas novias excitadas que oyen
la sombra del esposo con su sexo invisible
como pabilo hiriendo cuando goza.

Flotar, subir del hielo.

De rosas extrañísimas despojas
a tal ángel ceñudo.

Llamas a las muchachas, la campana congrega,
les muestras una danza, las despiertas
de sí.


(El programa de bajar fotos está caracterial, no me deja...esta vez, sin imagen)

sábado, julio 09, 2005

María Curie... Cuánta tristeza en el gesto, ¿verdad?




MARÍA SKLODOWSKA



Tus ojos se iluminan con incienso pernicioso.

Una blanda sustancia musical, un tintineo del genio destructor aún sumido en la lámpara que frotas.
Pides los tres deseos vacilante. Yo te imagino rubio el pelo blanco.

Llaman a la tristeza de tu foto la perpleja postura de un atuendo enlutado.

Pierre no exclama feliz: ¡tú eres mi dama!
cuando la primavera parisina desmenuza el desorden en parques de verdín.

Un mensaje:
¿es aquí donde vive quien descifra la arena emponzoñada? Una paloma llega. He ganado, está bien, dices, es tarde.

Yo te imagino rubia con los muertos.

Y ahora que tus huesos -igual que en el cuento de los hermanos Grimm, el de La Luna- rutilan bajo tierra, se retarda la prisa, el tiempo te acompaña y la sangre seca bajo tus uñas adquiere un resplandor de violonchelo.

Eras una nadadora en el humus y nadie supo hablarte del veneno.
(¿No puse ya este poema?)

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