domingo, marzo 02, 2008

Entra el viento de olor ciruela...X





      Bañista entre las cañas


      Que no me rocen hombros, dorsos
      de manos.

      Que no huela el sudor del hombre
      en la escalera.

      Que no me mire el detestable
      hombre avergonzando al mendigo,
      vociferando en el mercado.

      He deseado que me mimen
      los brazos hasta trastornarme
      la piel.

      He invitado a mi reino
      a aquellos que entienden los signos
      de la lentitud.

      He enseñado a las ranas
      para que diferencien reyes
      de entre los perfumados.

      Y he conseguido responder,
      escondida en los mimbres,
      a las crías
      del ave que sabe la sílaba
      de las rotaciones.

      Que me dejen con mi promesa
      cimbreándose.

      Que no me rocen,
      porque vuelvo del látigo,
      del dolor,
      de los gritos.

    3 comentarios:

    almena dijo...

    uffff querida Ogi. Ya sabes de mi cortedad con las palabras, pero...
    ¡inmenso!

    :)

    Beso!!

    Casiopea dijo...

    Cada vez me gustan más tus poemas...

    ¿Cómo puedes tener tanta magia?

    Que la conserves siempre...

    Tú mereces que te llamen Estrellas en las Manos...

    Mirada dijo...

    woow
    Gracias de corazón por el regalo de tus palabras.

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