viernes, febrero 08, 2008

Entra el viento de olor ciruela...VI






      El silencio habitado de las casas




      Ha estado la mañana
      excitada con las ansias de los vencejos.

      El cielo era la parte oculta de una enorme
      concha: su molusco latía, tantos pájaros
      picando en la madreperla para una fiesta.

      Ha estado el árbol intentando parecerse
      a la nube
      o parecerse al ábrego que hurta cinabrio
      del bochorno,

      el árbol hablador
      cerca de la ventana,
      persiguiendo a las muchachas casi desnudas.

      Ese día mantuvo
      una tupida consistencia de cariño:

      aún puedo tocar sus paredes y verme
      sin rostro, verte a ti sin rostro, dos siluetas
      en la felicidad de algo que no se dicen
      pero está ahí, calmado
      y cómplice,

      dos figuras apenas precisadas dando
      un sentido a la sangre,
      un motivo para existir a la existencia,

      tú y yo, leyendo, o cualquier cosa…Susurramos
      bajito, me adivinas qué pienso, te observo,
      sonreímos… ¡me envidian
      los hijos de los pájaros!

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Un placer como siempre :¬)BabiaS

- Llevar el márgen a la izquierda deja muy abajo los poemas y despista ese vacío inicial, a mí...-

almena dijo...

mmm aires nuevos
:)

para esta mansión de la poesía

Un besazo, querida Ogigia

Ernesto dijo...

Hoy parece ser el dia del amor. Un abrazo.

Persio dijo...

Qué delicia.

Yo estuve ayer bajo el viendo de los almendros en flor...

Marian dijo...

Creí que me había confundido... pero no, aquí los árboles son nubes siempre.Una preciosidad, como siempre... la sensibilidad al límite de la música y la pintura, al borde mismo de ese abismo que es poesía.
Un besín

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas