viernes, septiembre 18, 2009

Idolatrías: Medusa



      MEDUSA


      No la quieras ahora.

      Demora el complacerte en su postura

      porque adivina miembros de los hombres

      citándola

      y era una joven reina que ignoraba

      la avidez.

      No la quieras ahora.

      Hay tiempo para amarte

      después del Mar: amaba su murmullo

      de formas musicales

      y ella se detenía, penetrada,

      escuchando a la espuma

      caer con sus enigmas.

      No la quieras ahora.

      Ha de sobrevenirle

      un doloroso espacio

      como una espada errante

      sin carne tras la muerte, sin refugio.

      No la quieras ahora.

      Para matarla hay tiempo.

      Qué horrible si abrazaras su huidiza

      cintura

      por si acaso no hubiera otros abrazos

      y no vieses llegar tu descendencia.

      Ahora está tranquila.

      Para la sangre debes demorarte.

      La sangre de una reina

      debe manar despacio si pretendes

      su tesoro lunar, irresistible.

      Y es que ella, femenina,

      se resiste a tu encanto.



valse oubliée N°1 -

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Estás que te sales! Como casi siempre... 10 años nos contemplan de este maravilloso libro y el poema es, lo que venimos llamando, de "juticia poética"; la buena, la que nos vale, la que se nos cumple: la fuerte. Gracias,!versátil! -es un piropo- porque nos sobrevivirás. Dixit.-

Inma BabiaS dijo...

Primero en papel, y ahora aquí. Gracias por su baile ;)

Anónimo dijo...

Cuando las ves danzar en su mundo marino con sus miles de tentáculos, te enamoras de ellas hasta olvidarte de respirar, traslucidas de colores suaves con sus ondulantes tentáculos y tan dañinos, dañinos como el veneno de los animales de vivos colores que anuncian su peligrosidad en su belleza externa…

Antonio

Datos personales

Se ha producido un error en este gadget.

Archivo del blog




Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas