martes, febrero 06, 2007

MDF VIII

© Hogan

¡Ah, mi impaciencia! Pero es que, pasando otra página del libro, he llegado a uno de los poemas que es, creo, el primero de los ejes de LA MÚSICA DEL FUEGO. Hay otros también, no muchos, que señalaré en su momento. Cuando escribí Alfar fue sentir una vez más, el deseo intenso, la pasión de los sentidos, el fuego, la llama rescatando de la nada... pero no un fuego loco (por eso titulo así el libro) sino con la música de la alegría, de sentirme viva y danza, tocar las cosas y convertirlas en palabra que arde... Tocar tus cosas...






Ante la imposibilidad de elegir una música apropiada, más que tema he elegido a mi Vivaldi...¿Y para qué conformarse con un solo fragmento? Ah ¿Cómo resistirse?







Alfar

Ha habido remolinos de polvo que aparentan
dibujos espirales alrededor del ansia:
simulan dos serpientes que repiten relatos
de muerte,
después caen.

Después ha habido lluvia, no bocanadas roncas
de fósforo en la noche
sino obstinada lluvia que lima los bancales.

Y en esa arcilla fina que resulta de nubes,
en la tierra lavada que, enmascarada, brilla
sin rastros de un guijarro
de temor como vértebra,
alguien hunde sus dedos,
alguien que vio la lluvia me aúpa, me desprende,
que vio la lluvia y vino despacio, muy despacio,
sabe de cada alvéolo
mío, de las burbujas no mayores que polen.

Sabe darme, tocarme:
me levanta del grumo, me grama como a un pan,
me sujeta en sus palmas
de instrumento lacustre, me ondula hasta ser pelvis
de acompasado tono,
y su alaria me pule dos adivinaciones
del vaso y de la sed,
dos serpientes en celo que danzan sin tocarse.

Y luego me he ahuecado,
y me voy vaciando, y me colmo de un eco,
y me horneo dorada,
y me endurezco dulce.

Y espero a que me lleve a su boca y me lleve
al ansia
y me lleve llenada del ansia y que me lleve.


5 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay que tener -como tú tienes- auténtica maestría para saber jugar así con las palabras, hasta convertirlas en música. Y, además, ¡qué bien suena!.
Un beso,
kuko

Marian dijo...

Es la sed quien obra el recipiente... y cuánto tienen de sortilegio tus palabras como manos ávidas de arcilla, cómo llenan los ecos el sonido del torno, como se expande la textura cervical, abocando la sed y la palabra.

Un besín

almena dijo...

Te leo y te leo.

Y vuelvo a leerte.

:)

Beso grande

Anónimo dijo...

No puedo más, karakola....

Lisola dijo...

A veces esto no me deja entrar para hacer un comentario. Hoy he tenido suerte en este poema que no en el último. Así que te dejo aquí mi saludo y mis felicitaciones.

Abrazos.

Lisola.

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