jueves, agosto 26, 2010

XVI El Jardín de Artemisa


      He tocado las manos del agua:

      según baja

      y se remansa

      y me descuida de los narcisos,

      descabeza gusanos enfermos

      del recuerdo;

      no devorarán porque el torrente

      arrastra con él lo pernicioso.


      Si su glaciar disuelto me invita

      con la naturalidad de ser

      otro diferente de la nieve,

      zigzaguearé como desmanes

      que no prueban

      los ojos

      del recuerdo;

      huelen mal y tengo un paladar

      muy refinado.


      En las manos del agua, mecida,

      agrupando flechas de los chopos,

      estrenando carpas,

      olvidándome,

      acariciando ovas de pelo frío,

      olvidándome,

      olvidándome.

jueves, agosto 19, 2010

El Jardín de Artemisa XVI


      Una escama varía, un árbol se enceniza porque el rayo no escoge el manto de las fresas; una larva que pierde el equilibrio y cae,voladora una piedra revelando alacranes, jabalíes hendiendo cansadas embestidas.

      La proporción se rompe cuando un chillido quiebra el cuello fulminado de un grajo y el desorden vaticina volcanes y grietas y siniestros.

      Para un cuerpo que agota su existencia, una avispa desposeída, un mínimo anfibio disecado, tumbas de floraciones, copas altas sin savia...

      Pero sólo un instante se adivinan castigos.

      El tordo se desplaza con granos iniciales, la zorra redondea su excremento con bayas; en la camisa crújil de la culebra se aman las lombrices, los mirlos trinan indiferentes sobre los cuerpos muertos.

      Como si comenzara de nuevo la memoria, como si no murieran,

      ni acritud, ni agonía.


jueves, agosto 12, 2010

XV El Jardín de Artemisa


      Regala a las hormigas

      la dudosa oración que aplasta miedos,

      muertos.


      No pises las hormigas, llevan máscaras,

      beben una gota de vino rojo,

      su carcajada,

      porque se visten

      de lo que suele ser inapreciable;

      son rápidas con la flor de los sueños

      y siguen al talón

      despierto de la Diosa.


      Regala a las hormigas

      la fatalidad del aceite para

      despedir a tu padre,

      tu cuerpo atravesado por los jóvenes

      sin verte

      y la elección cegada del amante

      que sabía el valor

      de las legumbres.


      No pises las hormigas, te dirán

      la cantidad exacta

      de las prímulas

      y la locura en otros,

      tú, ligera,

      cada vez más ligera en el olvido.

jueves, agosto 05, 2010

El Jardín de Artemisa XIV


      Porque veo

      la rama del almendro montuno que florece,

      me favorece tierra que disuelve las médulas

      vanidosas.

      Y crecer delicada,

      únicamente el frío duda de si febrero...


      Hablo de ese silencio que fertiliza duras

      cortezas, luego un fruto.

      Hablo de ese silencio que consigue reunir.


      No me busquéis más tarde

      sino almendra,

      hueco de viento,

      sonaja nutritiva que varea el verano.


      No me busquéis ahora,

      abriéndome al silencio de perfume que nunca

      apreciarán los frascos.


      Me visitan abejas, pájaros tan delgados

      como un dindón de sílaba

      y llevan mi silencio detrás de sus canciones

      y me llevan, me llevan

      y ya no me distingo.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas