sábado, abril 29, 2006

Duodécimos



© Ricardo Martín

Desconocer en qué momento
surgirá la sorpresa, el acto
enamorado de la luz
o
si me vigila en su escondite
un alborozo inesperado
o
que sea respirar, sin más,
el presagio de una presencia.

Cuánto deseo de un hallazgo
en nuestro corazón.

Cuánto misterio en la ciudad
o
sólo es el silencio.

viernes, abril 21, 2006

11 en la fotografía, en el poema

© Ricardo Martín

Tierra adentro
el mar en su ola detenida.

Como si Ulises
la visitase y el mar quieto
supiera que el tiempo zarpea
en las playas de los muchachos,
arrogantes con su hermosura,
y en esta costa de tierra adentro
sin gentileza ni descanso.

La ola detenida. Una joven
que siente al héroe llegar,
ya lo ama, lo está despidiendo
antes de mirarse en sus ojos
y descubrir ese delirio
de los países intocables.

Tierra adentro, donde hay mujeres
descifradoras de lo azul,
del índigo al violeta, añil;
garzo en abril, es casi verde
el mar.

Donde hay mujeres
reclamadoras de la lluvia,
que caiga el mar, cantan bajito.

Y la ola detenida trae
un don. Ulises se distancia.

Por fin se mueve el cielo.

sábado, abril 15, 2006

Décima foto, décimo poema


© Ricardo Martín



Elefantes de estar cansado,
haber conocido la noche
sin olvido, sin tan siquiera
cerrar los párpados, dejarse
llevar.

Insomnio o paquidermos. Cruzan
ahora hasta los bebederos
de la mañana. Míralos
pasar indiferentes, lentos
en su nacarado calor,
casi festivos, casi nubes.

¿Y dónde se atrasa la noche
de las rapaces ululando
en tu oído, con sus miradas
trágicas?

Albos elefantes celestes…
No traen el consuelo, mueven
un aire suyo, nada más.

Y, aunque el resplandor despabila
timideces en las farolas,
la noche prosigue detrás
de los perfiles, en lo blanco.

sábado, abril 08, 2006

Novenos


© Ricardo Martín

En la nitidez que se levanta de la niebla el viaje traza
su esperanza matinal, la enigmática y alta escapatoria.

Una aventura inalcanzable parece trazarse en lo pálido,
una travesía que desconocemos simula quedarse
como un hilo de espuma, como una invitación a las preguntas.

Desatendemos la razón de los adioses, los argumentos
que justifiquen distanciarse en la madrugada, separarse
de la gravedad y su refugio. Ignoramos la cobardía
en irse o el apremio en el encuentro tanto tiempo esperado.

Aquí estamos, anclados en nuestro puerto, en nuestro sortilegio
de vivir. Observamos por un instante la altivez del viaje:

Ellos, allí arriba, anónimos salvo en sí mismos. Son tan frágiles,

son tan caedizos.

¡Cómo nos pertenece su arrogancia!

sábado, abril 01, 2006

Poema, fotografía


© Ricardo Martín


Primero surge como el ala
de un ave enorme contra el frío
de febrero.

Es éste el mes de la visita
que se acomoda en los almendros
y cree que el alma es un pétalo
leve.

Primero aflora aleteando,
dando aire a la escarcha, entibiando
sus diamantes.

¿Oyes
un crotoreo de cigüeñas
nerviosas?

Las he visto arrancar agujas
de los pinos y remendar
sus nidos en las espadañas.

Las he visto envidiar el ala
del cielo: se atusan las plumas,
flacas se pavonean, blancas.

Primero empuja su silencio
emocionado y luego crece
vegetal de esperanza, incauta,
joven con sus huesos.

Y, aunque en mi corazón se empeña
el hielo, ella no detiene
su regresar de las raíces.

Y es que jamás estuvo muerta.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas