viernes, agosto 28, 2009

En el catálogo de la exposición de Villarrubia, en febrero y en Melque


Fragmentos del color

Puente

La temperatura de julio rastrea el agua del pincel. ¿Es que no veis cómo él se deja quemar? A cambio consigue el secreto del vínculo entre la luz y la sombra: el agua recobra el color de los príncipes fantasmas, el agua rodea la arista de la ciudad y la mitiga. Esa juntura que él reconoce es una mancha perfumada por el silencio.

Puerta

¿De qué modo se atrapa una luz? En la madera descubierta, en el dintel aún reposa alguien que estuvo oculto mientras el tiempo biselaba piedras.

La mañana de julio mueve su realce y ha desoído decadencias. Ahí la luz, ahí el verde azulejado, luz arqueada, enjoyada, casi humana después de todo oscuro. Y entrar, salir, jugar, ser transparente.

Atalaya

El viento viene con su lengua alcaén y seca la mancha en el granulado y despierta al ojo divisando en lo alto sueños de otro tacto.

¿Qué vida detenida niega un vuelo para el papel mojado igual que un pájaro llegando del alminar? El pájaro que nos trae tierra encendida, que habla con el viento, que trae esmaltes, que se transforma en viento, que nos cita.

Día blanco

Él sabe

cómo alear el resplandor y el agua: contempla incursiones del día en una tentativa de calimas, y diferencia los blancos dientes de aleteo de ganso, blancos que virarán a la tintura de oro denso en la tarde ardiendo.

Pero ahora toma de la humedad la exquisitez de la mañana; en una gota de agua aviva arbustos, riscos, puntas de iglesia, da matices o da no color- le dicen los amigos-, y el contorno de la ciudad a punto de irse permanece, de la ciudad esquiva a un gesto que no sea un poroso latido.

Sí, da color y el promontorio blanco se sosiega, se entibia y vuela claro.

Hortensias

Él está dibujando signos indudables y hermosos, signos leves mudando con el aire quieto de la mañana en julio.

Dibuja

las corolas enormes, esa delicadeza rosadazul, naranja desde el agua atenta, azul del tiempo de su parte. Dibuja y abre una ventana; está dibujando, dibuja, y puede suceder que efímeras flores nos hablen como un cuento, sucedería que estamos vivos mientras vibra el color y juega con nosotros.

Él abre una ventana, ¿veis?, y nos favorece la luz, nos mira, nos invita.

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Blog de Villarrubia



Gold. - Stevie Nicks & Lindsey Buckingham & John Stewart -

jueves, agosto 20, 2009

En LA SIESTA DEL LOBO, una revista de Albacete

      Fotografía de Jesús García

Podría llamarse Ogigia, el territorio del tiempo suspendido, la isla de una advertencia demorándose. O el paraje donde la historia se repitió demasiadas veces en la violencia, en el ahogo del incienso, en la mordaza de los fusiles. Podría llamarse Ogigia porque en esta ciudad todo transita con la lentitud de su propio río y tener un amor, por ejemplo, es saber que puedes encender la vela propiciatoria del hechizo y su perfume cruzará ese río hasta llegar donde el amante respira, o porque sólo en uno de los claustros de esta ciudad hay un mono labrado en su gótico de deseo que provoca al santo de la paciencia. La belleza consigue diluir su mediocridad, la luz del mediodía de julio calcina cualquier imperfección y su hostilidad se vuelve demasiado dorada como para temerla. Así me nombra y me vuelve orgullosa: conozco su idioma y sé su nombre.



Requiem For A Dream - - Lux Aeterna

sábado, agosto 15, 2009

Mas textos en Hermes II


      Bosque sereno. Luis Acosta


        Despedirse para mirar
        la tarde que malvea el puente,
        toda la ciudad, quizá el último
        sexo. Es el calor de las pieles
        efímeras de puro hermosas.

        Si entrecierras los ojos
        el panorama se transforma
        en la cuadrícula de Klee
        y predomina el malva.

        ¿Cómo puedes entretenerte
        en eso
        si nadie volverá a besarte?



      -Isoldes Liebestod (Wagner) - Jessye Norman

      viernes, agosto 07, 2009

      Más textos en la revista Hermes, en su nueva temporada



          Texturas (o Henry Moore )

          I

          Piedra que levantara el viento,
          que dejara al viento indagar
          en lo poroso. Este es mi cuerpo
          reclinado Moore. Tú me hablas;
          antes de refinar el mármol
          hay deseos que habitan carne,
          entran en las fisuras, huelen
          en la pelvis, es la intrusión
          que permanece cuando pule
          el viento.

          No estoy cansada,
          háblame. Me apoyo en el brazo
          poco precavida y retiro mi pelo
          con el otro.

          Háblame, es el viento que quiere
          mi cuerpo, ¿no lo ves?, escucha.


          II

          En una concha vertical,
          abrazadora, el ojo
          del pájaro anidando es aire,

          para qué meditar,
          sólo inminencia tan nerviosa
          del vuelo.

          Por un instante el nido cubre
          secretos;
          el pájaro saca con el pico
          el día de ignorar la muerte,
          el día de entregarse a ser
          existencia.
          En algún lado de lo cóncavo
          la señal
          del pico de sus padres tiene
          un leve recuerdo sin lágrimas.

          Son aire respirado.

          Se aman así casi cien años.
          ¿No te asombra cómo desoyen
          también a la muerte?


          III (Dibujo de niña leyendo a madre e hijo (1946)

          Ante la luz de la ventana
          soy la niña leyendo, reco-
          nozco a la madre, a ese bebé
          que la contempla enamorado.

          Ella escucha mi voz,
          la voz margarita de nuestra
          madre.

          Crecen cabezas de marchados
          queriendo oír.
          Leer enlentece la tarde,
          leer en alto; el niño busca
          con la mano el pecho blanquísimo,
          abre bien los ojos, le queda
          tiempo para el cansancio.

          Sé que mi voz reúne; ven
          de la tierra,
          antiguamente un muerto
          alimentaba. Ven ahora,
          cuerpo reconstruido, cuerpo
          oyente.

          Y sé que mi voz nos recuerda
          al fino gesto de encantar
          a las serpientes del misterio.

          Tú ya lo juegas con tu hijo.



      Meravigliosa creatura. - Gianna Nannini

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