viernes, marzo 06, 2009

Revista Hermes, nº 21, tercer poema


      Nos movimos como dos pájaros en llamas*


      Eres la diadema que despeja mi frente
      para que me recorra tu mano la cara
      pues no se conforma tu pupila afilándose
      y te encegueces a propósito,
      tan ávido
      que me asusta el sexo dormido del naranjo
      ahí, en la tierra baja, y que despierte hambriento.

      Ya me avisaba Francisco que había
      manos con ojos y con colmillos que inflaman
      lo que prefieren: lo desesperan, lo dejan
      sin alas de tórtola ingenua, pensativa.

      Eres una mano larguísima que alisa
      mi pelo,
      una mano
      que mete sin temor su mano en las hogueras
      y de diademas humeantes entusiasma
      al carboncillo triste y fin de mi hermosura.

      Ahora yo seré revelada.

      Nos verán desde lejos arder como faros
      y llamaremos viento a este altivo peligro.



      * Verso de un poema de A. Sexton. Y su retrato.



Luce Dei Miei Occhi - Ludovico Einaudi

2 comentarios:

almena dijo...

mmm sí, en cualquier momento puede comenzar el fuego...
Vuelos ardientes hoy. Y de una belleza de la que sólo tú, Poeta, eres capaz.

Un besazo

Inma BabiaS dijo...

¡ A volar! ;)

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas