sábado, noviembre 29, 2008

Revista nº 13 de Hermes. Tercer poema






      Pequeña danza

      Nos amamos
      como deben amarse los padres y los hijos.
      Hay un rencor callado
      que te deja volver hasta tu casa.
      Pero es tan suave el vino que bebemos
      que la monotonía no recuerda a Baeza
      y hacemos un escudo con su ordinario brillo:
      una parte
      de amor casi filial
      - no puede ser más pulcro su egoísmo -
      y otra parte impaciente,
      rastro de tiranía en el relato.

sábado, noviembre 22, 2008

Hermes, revista nº 13. Segundo poema




      Anonimato

      La huella de mi pie tuvo su instante
      igual que la pisada del hombre de la Luna.
      Se aquietó la ceniza, el dios volvió su rostro
      hacia mi rostro
      y ardieron mis palabras
      enterneciendo el pecho joven de los guerreros.

      Pero al viento le gusta divertirse:
      lame la imperturbable dureza del basalto
      y nacen nuevas playas con su fuego vencido.

      Figúrate qué rápido bailó sobre la huella
      de mi pie.
      Ni escuchaba
      mi feroz disputa con el olvido
      ni atendía el agobio de los viejos guerreros.

      Ahora nadie sabe que alguna vez anduve
      junto a un dios invencible. Que mi voz mantenía
      la ilusión
      de un rastro no del todo pasajero.

      Ahora arrastra el viento mi nombre, un remolino
      casi alegre visita mi morada
      y no conoce nadie
      que estoy viva
      y el viento no repite lo que robó a mis manos
      y me estoy ocultando aunque estoy viva.


sábado, noviembre 15, 2008

Primer poema de la revista nº 13 de Hermes





      ESPEJISMO


      Ese temblor que imita el sólido cariño,
      ese destello
      de una luz que el cristal
      multiplica a tu lado
      simulando que otorga un presente apacible,
      un dios no muerto aún
      bajo la espuela del deseo.

      Una ciudad lejana como un cuadro de Hooper
      se refleja fingiendo su imposible presencia.

      Vives al lado fiero
      de los monstruos,
      niña.

      El pánico conoce tu estrecho comedor
      y un príncipe cadáver te visita a menudo.

      Quizá la hermosa trampa
      refulgente
      de los que todavía no te han tenido miedo
      y te reclaman.




sábado, noviembre 08, 2008

NOVIEMBRE

Es especial, objetivamente especial, diferente, y quien no lo crea peor para él.

Te detienes un momento en Hermes, Ogigia, para celebrar y celebrarte. Hoy es el día de Juan y le llevas cantado bajito felicitaciones, por eso le dedicas esta primera música



Stan Getz, Jobim, Charlie Byrd


Estos chicos de Hermes a los que tienes tanto cariño.

Carlos, qué alegría...


Chule,tu cercano y cómplice amigo. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Alejandro!!!!!!!! ¿Dónde estás?, dices, siempre tan ocupado, que te quiero, rojo, que ya lo sabes.


Sinatra y Jobim


La suavidad de algunas personas que no conoces personalmente pero quieres, Paloma, ah, qué cerca siempre, Gorka otra vez, los no nombrados pero acogidos en tu isla...

George Michaels y Bebel Gilberto


Para todas ellas, tus amigas, guapas, interesantes, inteligentes, adoradas tuyas, María, María Luisa, Marce, todas con nombre maravilloso...

Ana Belén, Lolita, Pastora Soler, Lucrecia y Carmen Paris


En esta semana es tu siete, el número mágico. Te ves bien, los niños te ven bien... te celebras, quiérete mucho en todo el año, querida. ¿Desafinada? No, no, sólo riéndote.

¿A quién miras?

Hoy te mira Jobim...y su
Desafinado






sábado, noviembre 01, 2008

Revista Hermes nº 12 ( Segundo poema)

ESTEBAN GARCÍA MORA







      Hermíone (o Ananké)

      Si lo hubieras mordido
      aunque él ha bostezado confiándose al habla: casi cierra sus ojos con tu lenta ronquera, detrás de ti las magas que se espantan el polvo, que sisean, tu sombra de tilos invisibles como pelo rozándolo y él -puedo mirarte oyendo a las montañas- dejándose alcanzar, claudica, viene hasta tu boca o hierba, hasta tu anguila o trampa.

      Si lo hubieras mordido
      después de aparentarle la brillantez del hielo, después de reposarte -siento la vieja aguja que aloca, que ha emergido-, de distanciarte un palmo y luego, aproximando tu licor a su piedra, rodearlo, limarlo, penetrarlo, tenerlo.

      Si lo hubieras mordido
      por debajo de un beso que si le sabe a muerte es porque te abandonas y el beso te lo impide y el tiempo no interrumpe su lengua deliciosa -posada en mis encías, santa como un capullo incontenible.

      Ah, si le hubieras dado
      el aire del jadeo, la joya del colmillo, la herida de ananké en gestos donde el ansia huele a impaciente pólvora.

      Si lo hubieras medido
      con hilos de saliva, con bordes de serpientes, con curvas no entintadas, oyendo a las montañas repetir desde dentro lo que era inevitable, acogiendo lo escrito, lo que era inevitable.

      Y si él, si me responde, se durmiera en mi boca.

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