miércoles, diciembre 28, 2005

Poema, fotografía





Lo que atesora la memoria
ignora el frío de la prisa.

Una luz de julio se ha quedado
en los soportales
aunque esos días de nublarse
y lluvia en La Mancha se peguen
a tu piel como una tristeza,
como algo más cierto
que

...”Pero ¿qué digo?
Que me estoy atravesando
el corazón; no es posible
resistir a lo que paso:
toda el alma se me abrasa.
¿Para qué, cielos, lo callo
si por los ojos se asoma
el incendio que disfrazo?”­*

Lo que atesora la memoria
es una lluvia enamorada
en esos días de La Mancha
grises.

Sólo el amor, que escapa siempre
de los retratos y los lamentos,
suele hablar. Nadie se detiene
a atenderlo.



­ *De EL DESDÉN CON EL DESDÉN. Agustín Moreto.

sábado, diciembre 24, 2005

Otro poema y otra fotografía





Aún no sopla el ábrego
con su lengua de lluvia
calando la camisa.

Sólo un potrillo saltarín
que no adquiere la fuerza
necesaria,
que juega como un rizo,
que ni siquiera desordena
el polvo.

Todo está detenido, amable
al mediodía, sin cansancio.

Te imaginas más alta
que el don de las campanas
y perfecta.

La cotidiana pesadumbre
queda lejos, allí,
se mueve ajena.

Volar si tú quisieses,
vencer a las gigantas
y su malicia.

O jugar con ese caballo,
caracoleando
desde un viento muy fino.



(Este poema está dedicado a un caracol misterioso. Va en bicicleta, le gusta el mar levantisco y provocar al viento...No sé su nombre pero, ¿qué más da? Es sólo un nombre, no importa mucho...)

miércoles, diciembre 14, 2005

Poema y fotografía

Una destreza se anuda a un ritmo y origina la levedad.

Tus muertos están de tu parte.

Sientes su respiración transparente en los nudillos de tus manos y concentrarte en la blonda es una conversación y les dices: vuestra caricia es la flor de los hilos; estáis tan cerca que os oigo mover por mí los alfileres.

Sabes que cada cual carga con un secreto, que las mujeres en compañía tienen a sus muertos detrás, protegiendo su espalda, enjugando las lágrimas que no deben salir en la tarde tan hermosa de la plaza.

Les dices a tu abuela, a tu tío: miradme, voy tejiendo un encaje con mi propia cansada materia, un camino de mesa para que sostenga mi nombre ínfimo.

Hablar con las otras mujeres lleva un aire teatral y convencido.

Nada es verdad salvo mis muertos, piensas, nada que no sea dibujarlos sobre el almohadón y pedirles pequeñeces porque están sentados con los dioses de la Nada.

Después te irás con ellos cuando cese el dindón de los marfiles.

Quizá tu hija venga a restablecer lo que dejaste o quizá únicamente muertos anuden lo ligero en los bolillos.

miércoles, diciembre 07, 2005

Una de mis fotos preferidas del fotógrafo, con el poema, claro



El mensajero se detiene por un instante antes de hablar.

Venía del resplandor de las islas, de los miedos en los cruces de caminos, de los mercados y la suerte, de las calles de tu ciudad por donde escapan los ladrones.

Interpretaba a los extranjeros y una leve sospecha se trazaba en sus rostros tras los pactos.

Las serpientes del kerykeion no acababan nunca de trenzarse.

El mensajero piensa cada palabra antes de hablar y elige una que se desvíe a la verdad y a la mentira, otra que golpee amorosamente con su mal, y para la última escoge un filo que penetre fatal y limpio y que su herida no se cierre nunca.

Ellos son terrenales y aún no atienden a los avisos.

..........................


Tu padre, que conocía bien el fuego y los metales, te llevó de la mano al Museo del Prado.
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(La foto me recordó el cuadro de Velázquez, cuando Vulcano está a punto de recibir la visita del Mensajero, del engañoso e inigualable Mensajero)

jueves, diciembre 01, 2005

Otra foto, otro poema


¿Con qué música baila el lienzo
escapado?

¿Qué música del día
de volar?

Cometa sin bramante, pájaro
del recuerdo de harina.

En la reja del aire, nido
quieto,
el silencio captura el aire;
en el arel del aire
hay un silencio con voz de hombre
llamando a velas blancas.

Y el lienzo arriba, arriba, lleva
una palabra loca,
una bandera del país
de los ríos sin peso,
una carta,
un vestido de novia; lleva
el pan que se ha mudado en nube,
la miga de ese pan
sobre la vela de los barcos.

El cedazo del aire
lo reclama,
lo quiere para sí,
para cosérselo a la piel,
para besarlo.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas