lunes, octubre 08, 2007

En la pizarra un poema II


San Julián. BOLIVIA


Para que la palabra ruede
hasta los libros misteriosos
donde Padre Punchau escribe
la razón de los días,
la vida que nos vive.

Para que la palabra siempre
llame. Padre Punchau nos hizo
de un barro de palabras,
nos pronunció, nos rescató
de anfibios, nos secó despacio,
vocalizó los nombres,
nos separó del viento.

Para que ruede y ruede, aroma
de palabras, vieja sangre
lustral… trabajos de vivir
que nos escriben.

miércoles, octubre 03, 2007

En la pizarra un poema. I



EN LA PIZARRA UN POEMA se editó en el pasado mayo y se presentará, probablemente, durante el próximo noviembre.

El poeta Jesús Pino y yo hemos escrito este libro que es , ante todo, una celebración de los quince años de una Ongd de mi ciudad, Escuelas para el mundo.



La estructura es sencilla: fotografías de los distintos viajes a los países donde se desarrollan los proyectos de esta organización no gubernamental y, como compañía, textos poéticos de Jesús y míos. El libro se cierra con poemas escritos por niños nicaragüenses, seleccionados del libro de Poesía Campesina Actual de Solentiname, publicado en el año 2006.



Sólo aparecerán en el blog los poemas del libro escritos por mí, con su correspondiente fotografía. Todas las imágenes son propiedad de Escuelas para el Mundo



Y, como se verá, se han elegido fotografías no siempre referidas directamente a los proyectos relacionados con la educación; su entorno, los rostros, el color... también son el aliento de los mismos.



Los temas musicales son piezas recogidas de algunos álbumes del sello Narada, y de sus diferentes compositores e intérpretes.









Bou Lanouar. Mauritania


Vienen desde lejos.
¿De qué ciudad oculta vienen?
¿De qué grieta,
por donde supo el agua huir
bajo la arena, vienen?

Con la memoria de un jardín
se acercan. Con puntas de flechas
de otros hombres dormidos,
con mapas de rutas de polvo,
esos itinerarios
que en la noche
sólo son estrellas y frío
y, en la tierra, nadie.

Vienen… ¿vendrán a nuestro encuentro
con la canción que se regala
a los viajeros
como una piedrecilla azul
de la alegría?

¿Vienen para acercarse y mientras
vienen se les ha adelantado
su sonrisa?

Son casi un espejismo ellos
que vienen o van…

¿Será que van después de darnos
su tesoro, después del beso,
la piedrecilla?

¿Regresan al jardín del año
de las flechas de sílex, vuelven
a la residencia del agua,
al envés del tiempo,
a la primera voz
de las estrellas?

sábado, septiembre 29, 2007

Poemas desde el puente. Sargas, último poema



V

Azul de sarga o bermellón
con sienas.

Como se dispone
Pablo a la soledad
de su brazo ordenando tarros,
su ojo en el perfil de un objeto
cercano a la revelación,

así el día pinta su urdimbre
después de la lluvia:

penetran
los colores hasta el momento
de respirar, hasta la puerta
de par en par del mediodía;

sube la intensidad de tonos
que frecuentan los mirlos; tal
progresión de una gracia en calma
alisa la concha del mundo,
aseda piedras donde estuvo
un hombre.

Vuelve a llover, cualquier recuerdo
es hondo
y pastoso
como el índigo extraño al mar,
como el ocre que se encabalga
hacia La Sisla.

Pablo sabe
qué poco necesita el campo
para erguirse de tumbas, sabe
la diferencia de la niebla,
y al tocar la sarga, al mirar
las nucas de hilo,
crece una respuesta precisa,
ésa aromada del hinojo,
la que sonríe misteriosa
como Pablo Sanguino.


domingo, septiembre 23, 2007

Poemas desde el Puente. Sargas IV





IV

La piel es transparente, piel
de carne cruzada por viento.

Trazo fino porque la piel
de carne carece de lastre,
porque la carne sólo es sombra,
porque el tejido que reviste
la piel trama un cuerpo soñado,
entela,
cubre, da volumen, sostiene.

Cuerpo invisible con sus labios,
con su gesto,
con su quebrantada postura.

Carne de cuerpo para ser
tocada, rescatada desde
su desconocimiento
y capturada para ser
amada.

Transparencia de piel que trae
un deseo.



miércoles, septiembre 19, 2007

Poemas desde el Puente.Sargas III







III

Apesadumbrada extrañeza,
después se remansa en su viejo
secreto de estar al margen,
de estar alejado del triunfo
o del futuro. Hombre callado,
hombre que podría ser una
mujer, un oso de los bosques
agotando la precisión
de las abejas, la mujer
herida, el hombre golpeando
su frente contra los metales.

Sutil, lenta la mano. El dedo
índice quizá marca el tramo
del espanto o quizá mirar
nos deja sin palabras y hay
que meter la uña entre los labios
y arrancar palabras de sangre...

O, tal vez, el hombre pregunta
o es la mujer quien se ha llevado
látigos a la espalda. Calla
la extrañeza.
Callan en la piedra de atrás
los signos. Repiten constancias
del destierro
y callan.

miércoles, septiembre 12, 2007

Poemas desde el puente. Sargas I y II



I

La urdimbre del lienzo devora
cualquier argumento apacible.
En la mañana de verano,
detrás de los rostros, de sedas,
de las columnas de mosquitos,
un viejo dolor se reúne
con las sombras: trama otra vez
sobre la ciudad su tormento,
sobre la ciudad, la tristeza
de historias enquistadas entre
las soldaduras de las piedras.







II

En la lluvia la mano sabe
llevar el olor a humedad
hasta las cajas de huesos,
desechadas cajas de música
donde están plegadas palabras
olvidadizas. Hace tiempo
que no escucho danzar a niñas
envenenando el aire tibio
con su melodía de gestos
de amor. Hace tiempo de toda
la ternura.

La mano mojada, la mano
grande separando a la lluvia
de los augurios, a la lluvia
de por qué ya no me deseas,
por qué me he convertido en invi-
sible.

Esta lluvia de mayo forma
regueritos que cruzan bajo
las despedidas y alcanzan
cimientos con cajas de música,
con huesos verdes de la pena.

Hay niñas fantasmas mojadas
jugando con rótulas. Dan
a los cristales y detienen
el día. Y aplacan el polvo.





jueves, septiembre 06, 2007

Poemas desde el puente. Platos y bandejas de la serie Puente III





III Superficies

¿Qué pájaro habita en la alisada
textura de la melancolía?

El brillo
toma el recuerdo de un vaso blanco
de la infancia, una temperatura
blanca, muy tersa, apenas con nidos
que el pájaro feliz fue dejando.

Contrasta con el brillo del hielo,
con la parte blanca del grabado
(o gris)
del ángel. Durero conocía
el modo de escapar de los niños.

Paso la mano sobre el presente
de la transparencia, y delicados
fantasmas y pastelitos para
las bandejas de la fiesta en junio…

Paso la mano por el instante
que el tiempo respeta aleteando
como un pájaro.

Después caerá el blanco
y se hará añicos.

Le diré a Pablo que guarde arcilla
y cristal
y el agua
y un exquisito tacto

porque
vienen días de pájaros yéndose,
de blancogrises ángeles sin
sueño.
------------------------------
Nota: En realidad, el tema musical es un duo entre Villalobos y Piazzolla,pero no ha quedado reflejado.

miércoles, agosto 29, 2007

Poemas desde el Puente, Platos y bandejas de la serie Puente II





II Colores



      Cobalto


Ahora se despejan las nubes.
Un aire frío, con los últimos
gatos de hielo.

Continúo
pidiéndote:
mírame.
Si supiera tocarte, mayo
desnudaría su sexo azul
-como Krisnha con Rhada, ansiando
ella, él dibujando una música-,

mayo lo mancharía todo,
tinta, casi escritura tuya
pronunciando
Nairamarina.

Lo mancharía todo: gozo,
-por fin si me miras y puedo
tocarte- más gozo, más dios
zarco, vinoso dulce,
ebrio de ti y de mí.

Y desnudaría mi sexo.

Estoy hecha de la flor de acacia,
mánchame el blanco,
sumérgeme.




      Antimonio


Melancólico bordear
de ajenos signos donde nunca
te besan, donde siempre son
los otros quienes se envenenan
de sonrisas, de pulpas ar-
dientes como frutas en islas
cegadoras.

Una transparencia amarilla
de envidia lenta y de maneras
elegantes al renunciar
a una muerte transida en gozo,
el único aniquilamiento
que florece.

Ciertos trazos delatan, ciertos
bordes de ausencia, bordes lisos
a fuerza de sal.

En el amarillo no se oyen
gritos. Suele ser silenciosa
esta actitud: vivir aparte,
residir en la orilla.



      Cobre


Si marca el óvalo de los rostros
que permanecen en la pregunta
sin descanso, distantes de tanto
caer, mayo viene demasiado
cálido y desmenuza la piel
de los puentes y se balancea
en la enloquecida indiferencia
de los vencejos.

En mejillas distintas se intuye:
sólo es un trazo, sólo un vestigio
del tiempo ocupado por la savia
voraz de las caricias, un rastro
de abanicos carnívoros, cloro-
fila espesa dentro de la boca
cuando nos besábamos y nunca
acababa la humedad y nunca
necesité conocer tu nombre.

Y las cejas, o la nariz de otras
caras son eso, verdes, son carne
de lo que crece entre la alegría
y el quebranto, son de verdinosa
despedida,
más que semblantes, el recorrido
de las orugas intoxicadas
por los álamos.

En esa muda presencia mayo
acaece con su verdadera
respuesta.
No tiene palabras. Los vencejos
se envician también de un vuelo verde.



      Manganeso


Desvío la mirada en la tarde
de las separaciones. Propongo
a la temperatura que mueve
el pelo de la siesta canciones
viejísimas de no atormentarse.

Queda poco en el dibujo. Vuelvo
al negro, no como señales
de la pena sino que el perfil
oscuro apetece, finas líneas
marcando lo importante, silencio.

Por una vez quiero apaciguar
eso que vendrá seguro y filo
y adiós y vaciado y ausencia.

Lenta paso el dedo por el ángulo
del instante. Así el tiempo claudica.
Así está tranquila la mirada.

Y, más allá, una sutil destreza
en el movimiento de muñeca
que el ceramista refina para
atrapar golondrinas
en los ojos del Puente.











    miércoles, agosto 22, 2007

    Poemas desde el Puente.Platos y bandejas de la serie PUENTE I










    I Los rostros

    Si me nacen crías de gato
    en el cobijo del alféizar
    pensaré en la melancolía
    que pule estas arcillas donde
    me reflejo:

    breves bolitas
    todavía ciegas, ajenas,
    pura necesidad, tiránicas
    demandadoras del instinto.

    No da tiempo a imaginar gestos
    distantes, apesadumbrados
    y con un cierto misterio bello
    en el trazo de su mirada.

    Los rostros. Las renuncias.

    Oigo
    el pequeñísimo gemido;
    es tan rotundo que podría
    agrietar los diques del mar
    de la tristeza y todo en sal
    se alzara,

    y nada el pensamiento,

    nada sentir,

    sólo Zoé,

    y sólo sola.

    jueves, agosto 16, 2007

    Poemas desde el Puente.Tres platos de la serie Pájaros III





    Tres platos de la serie Pájaros III


    Si fuera hierba y tú la tibieza
    del agua oscura. Todo mi cuerpo:
    movimiento del tornasol del verde
    hacia la gruesa gota exquisita
    de índigo que tu labio me muestra.

    Si aprendiera a volar y tuviera
    el aire amarillo de tu rostro,
    me dirigiera como un instinto
    o dardo en la atmósfera
    del planeta donde morir…¿ qué
    palabra es palabra sino abrazo?

    Y fuera por los arcos del puente
    y viniera trayéndote briznas
    rojas de los que enseñan heridas
    igual que el sabor de las granadas.

    Si esa palabra mía vidriara
    pedazos de comida del plato,
    o tus secretos fibrosos o
    aprendiera a volar y del nido
    del miedo empujara huevecillos
    tristes como hace el cuco.

    Y fuese verde en ti, deslizara
    mi cabeza y mi vientre y mi sexo
    al agua del añil amoroso.

    Y me cruzara, me detuviera
    en el instante de recibirme,
    de incorporarme en ti, de perder
    todo.

    sábado, agosto 11, 2007

    Poemas desde el Puente.Tres platos de la serie Pájaros II





    Tres platos de la serie Pájaros II


    Pájaro transido ajeno al mundo,
    pequeño arbusto acechado de agua.

    Cuánta sed, cuánta, es tantísima
    que me doy en la frente con el plato
    y lo muerdo por si dulce hubiera
    ese regalo, sonrisa tuya
    lejos.

    Absurdamente
    enamorada lejos te miro, fuera
    del mundo.

    Acaecen los crímenes, locas
    noticias
    -qué peligrosa es la primavera
    para la soledad-

    y si me vieras con esta fuerza
    ajena a todo, pájara ajena,
    un aliso imposible ahogado
    de agua. Cuánta, cuánta es la sed, cuánto
    cielo en tus ojos para volar,
    qué lejos.


    martes, agosto 07, 2007

    Poemas desde El Puente. Tres platos de la serie Pájaros I

    Esta nueva serie de poemas está dedicada a la obra en cerámica y en pintura del artista Pablo Sanguino. Me gusta mucho su actividad creadora y, además, el que me considere amiga suya es todo un honor.


    Para acompañar a las imágenes y la palabra un compositor que también me es muy cercano:Heitor Villa-Lobos.





    Los poemas están agrupados según el orden con el que presenta su obra el propio Pablo Sanguino.















    Tres platos de la serie Pájaros I



    El gesto me nace de una arteria
    que pregunta por qué no me miras.

    Soy de la tierra donde los nidos
    se posesionan del corazón
    urgente, y no voy a cambiar.

    Salgo
    furiosa por no saber tenderme
    a tu mirada, matiz violeta
    del semicírculo bajo el ojo.

    No me dejas mirarte, nunca, na-
    da, no, no,
    pero de mi sangre interminable
    surgen los diez dedos voladores,
    surge arcilla o la ceguera que oye
    el miedo: como una bestia va
    hacia ti para morderlo, pájaro
    con dientes, vuelo cruzando el ansia.

    Picotea el negar y lo daña
    hasta amarte.



    jueves, agosto 02, 2007

    Último poema para GEORGIA O´KEEFFE









    Campo de algodón

    Más allá de las montañas añiles
    ni los trenes ni los soldados,
    ni la prohibición,
    ni el olor de vivir
    alzan su grito
    para entrar.


    Este campo
    es tu planeta.

    Esta dimensión inicial
    de los arbustos con viento tranquilo
    es tu soledad
    que, cuidadosamente en llamas, crece
    cuando lo ves levantando su brazo
    no en saludo
    porque es tu brazo levantado;
    su manera de caminar
    en tus pies y en tu pensamiento,
    y en tu certeza de que nada
    existe salvo su cintura
    al girarse.

    Este silencio
    que el dolor no alcanza.

    Algo de esta belleza quedaría
    trenzándose
    o de este amor, si hubiera
    .

    lunes, julio 30, 2007

    Poemas para GEORGIA O´KEEFFE VI







    Lake George

    Apenas
    rozan el agua los insectos
    que vendrían a tu papel
    con mínimas gotas
    y escribirían que tú puedes
    andar sobre la superficie
    y sin peso
    alcanzarlo.

    Alcanzarlo,
    cruzar la silenciosa plancha
    pulida,
    llegar a él,
    contarle que en el fondo has visto
    a una mujer llamada Nairam
    que quería morir
    y tenía tu rostro
    y el dolor que has vencido.

    Lo alcanzarías
    y él te respondería: nunca
    nos pertenece
    la canción de los ahogados
    en su triste reflejo.




    jueves, julio 26, 2007

    Poemas para GEORGIA O´KEEFFE V






    La concha

    No necesitas
    tumbarte en la playa,
    que el agua alcance vuestros pies,
    que una divinidad balsámica
    os favorezca desde el mar.

    Te meces
    en la espiral blanda,
    en la madreperla,
    tornasola
    para ti.

    Hasta dónde
    continuará la flecha curva,
    te preguntas,
    de su amor,
    hélice a qué centro
    como brazos de una galaxia,
    como remolino
    molturando tu más poroso
    presagio.

    Así latiría
    la forma del mar,
    pequeño bígaro morando
    en tu tesoro.


    lunes, julio 23, 2007

    Poemas para GEORGIA O´KEEFFE IV




    Casa II




    Perfectos
    los relojes,
    contemplas la ventana en luz,
    ese cuadrado que resume
    su compañía,
    libros comunes,
    postres con la misma cuchara,
    un solo vaso
    para el licor de hierbas.

    Cuando estás fuera y ves
    y sientes un aroma
    de seres que se mueven
    atraídos por tu latido.

    La casa
    es otro animal con un ojo
    abierto.

    Él sabría que tú estás fuera,
    conociendo la oscuridad,
    hablando a la lechuza,
    comprendiendo palabras
    de aquello que descifra quien,
    alejando el temor, percibe
    la escritura nocturna,
    conversación nocturna,
    las estrellas.

    viernes, julio 20, 2007

    Poemas para GEORGIA O´KEEFFE III







    Desde las llanuras

    Adquirir la costumbre
    de observar el arco amarillo
    del verano,
    la tarde sin intromisiones
    sobre la tierra roja o cielo,
    sentados en el ángulo
    fresco con un secreto,
    más bien una impresión
    porque
    quemar la soledad consiste
    en lo sencillo que resulta
    decirle
    de un pensamiento,
    tarde de fuego en la llanura,
    en ti,
    y que él asienta
    porque
    aquello que expresas coincide
    -suele ocurriros-
    con su silencio,
    los dos incorporados
    al regalo del cielo rojo
    de la tierra.

    Es íntimo,
    lo sabes.

    martes, julio 17, 2007

    Poemas para GEORGIA O´KEEFFE I I





    Casa I

    No lo verías
    sereno en la entrada y callado
    pero lo sentirías.

    Estás plantando las petunias
            azules.

      El mediodía tiene un irse
      del dolor;
      su leve eternidad, almena
      donde eres tan preciosa
      con tus gestos, querida.

      Luz en tu inclinarte a la tierra.
      Estás plantando el terciopelo
      sin enigmas.

      Luz que no surge desde un bíblico
      capricho
      sino que burbujea
      de ti y anega de esplendor
      amoroso la tierra.

      Él observaría tu espalda,
      tu inclinarte sin miedo,
      y no le urgiría un abrazo,
      ese terciopelo
      confiado.

      Si estuvieras allí,
      y si él,
      y si la casa...

      viernes, julio 13, 2007

      Poemas para GEORGIA O´KEEFFE I

      Una nueva serie, también dedicada a la pintura. A la fascinadora pintura de GEORGIA O´KEEFFE. Hay numerosas páginas que refieren la obra y la biografía de esta extraordinaria artista. Reseño una, simplemente, la del museo Thyssen- Bornemisza, que puede llevar a otras páginas interesantes sobre O´Keeffe.




      La música que acompaña a las palabras, a las imágenes: STEVIE NICKS.
      Me encanta, desde hace muchísimo, la voz de esta mujer. Pero realmente, para el primer poema, Gypsy (un tema que me sigue gustando y que me trae magníficos recuerdos...vivos) del grupo donde Nicks fue solista: FLEETWOOD MAC.





      Titulé esta serie de poemas Bajo el árbol de Georgia O´Keeffe.



      Poemas y música para el verano...








      El árbol de Lawrence

      Porque tu sangre
      suba por el tronco animal
      y cada estrella
      una ciudad a la que viajes
      suntuosamente vestida.

      Pareces muerta de tristeza,
      acostumbrada a lombrices
      que oxigenan tu carne.

      Se mueven tan altas
      hojas y hojas. Quien,
      con ojos sin incertidumbres
      escucha en la noche silencio
      y calma salvajes,
      conoce el nombre de esta vida
      en las hojas.

      No quieres recordar ni hallarte
      arenada de llanto.

      Entrarás en las ciudades blancas, lejos
      de astronomías solitarias.

      Tu sangre
      casi gozosa explora el tronco
      y escribe tu viaje en su pulpa.


      lunes, julio 09, 2007

      Poemas para Giovanna Garzoni y IV










      Flores en un jarrón de vidrio

      ¿Qué motivo ornamentan
      si en la sala la luz
      truca su reflejo y posee
      el aliento del habitante
      fantasmal?

      Escuchas los susurros
      que un palpitar otorga
      al ajetreo de la calle;
      tránsitos contumaces
      y efímeros
      hirviendo de intenciones
      y señuelos.

      En el cristal descansa
      el envés de existir,
      materia que la luz apaga,
      pulida piedra.

      Y atrapas una mota
      de polvo
      con tu nombre
      del haz que alcanza el aire tenso.

      Mientras tanto ornamentan
      la habitación vacía.







      miércoles, julio 04, 2007

      Poemas para Giovanna Garzoni III





      Flores en un jarrón sobre base de mármol con dos caracolas y mariposas


      No, no es el mar ni la palabra
      del mar
      que murmura sobre la muerte.
      Esa muerte te arrulla
      desde el frío.

      Fragancia del jardín que asusta.

      Mira:
      cada flor abierta domina,
      cita
      con su fingida lentitud
      pero guarece
      una simiente del olvido,
      larva que robará los modos
      del triunfo.

      Muerta cada flor aunque amada.

      Y el rumor de la muerte
      mece al frío.

      sábado, junio 30, 2007

      Poemas para Giovanna Garzoni II







      Melón en un plato con uva y caracol




      Hastío es el perfume dulce
      cuando los labios humedecen
      tu mejilla,
      demasiado saboreada
      esa fruta.

      El tiempo babea sin pausa
      y una gota de vino queda
      agujereando la mesa
      cuando se vuelve el ansia
      pasto de moscas
      de soledad,
      zumbido.

      Cuando, a quien se besa,
      carne sin zumo de deseo
      o nada.

      lunes, junio 25, 2007

      Poemas para Giovanna Garzoni I





















      Para estos tres o cuatro poemas sueltos sobre la miniaturista del siglo XVII, Giovanna Garzoni, la voz de otra mujer, ¿por qué no Billie Holiday? La melancolía de sus temas me parece muy apropiada para las naturalezas muertas de la maravillosa Garzoni...Me gusta más la manera de nombrar ese tipo de pintura en inglés, Still life, Vida detenida... recuerdo el libro de Davenport, Objetos sobre una mesa. Desorden armonioso en arte y literatura, lo que me gustó...





      Flor, mariposa e insecto



      Qué pequeña tu casa.

      Otras mujeres se interesan
      por el nombre de su marido
      y de sus hijas
      y les dejan
      un legado de incuestionables
      costumbres
      como una existencia o jardín
      donde los dioses predilectos
      cocinan.

      No hables de tu leve farfalla
      ni del polvo en los escalones,
      ni de las intrusas que rayan
      tu espejo, amarillea.

      Qué interesa
      de un pétalo y otro que caen,
      del insecto
      atraído por el aroma
      de algo que muere
      aunque tú sigas viva
      y escondida.


      jueves, junio 21, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 13

      El último poema de Fantasmas y cálamos.

      Una vez más, para despedir a la ligereza del bambú, a la punta de la pluma que escribe una palabra, la primera palabra de un mundo, para el huesecillo ligero, lleno de aire, apenas con peso,de un ave pequeña... Pat Metheny.












      Arundinaria




      Cálamos
      como tallos que sostienen mis plumas
      y me sonrío tanto cuando puedo
      transformar mi pesadez en albatros.

      Cálamos
      alineados que esperan un bosque
      donde las criaturas que tuvieron
      su templo, su sacrificio y su olvido
      me preguntan delgadas de perfil;
      les digo que ese bosque será siempre
      verdiazulado.
      (Un pigmento con el que cubriría
      fértil mi blanca soledad gozosa)

      Cálamos con nudos,
      muy poco chinos, Duino, voladores,
      cada uno
      con su amor imposible,
      cada uno
      con una savia tenue
      y escondida en la apariencia leñosa
      de su cimbreo.

      Cuando vaya a morir floreceré,
      entre tanto los afilo y a veces
      un puntiagudo punto es mi adversario
      y tres gotas de mi sangre se vierten
      sobre el papel: una que va a tus cejas,
      otra por si te pierdo o te equivoco

      y, la tercera,

      mi corazón que por costumbre suele
      dedicarse
      al hombre
      más verdiazulado.

      Cuánto han crecido las niñas que tienen
      en sus manos las copas del veneno.

      Florecerán.

      Luego el viento las llevará sin pánico
      y silbará en sus huesos una antigua
      promesa.

      Cuando vaya a morir floreceré.

      En una isla mi raíz aguarda
      a emerger de una diosa que sonríe
      insensata.
      Elegirá las plumas
      por que el olvido pueda rescatarme.

      Y, Duino,
      tú estarás para verlo.



      lunes, junio 18, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 12

















      Saltamontes









      La inmediatez
      de un instante que mi sonrisa
      atrapa es eterna.

      Se trata de eludir un dardo
      emponzoñado,
      ignorar que mañana pueda
      apoderarse de mi gesto.

      Alguien diría
      que la puerilidad me alcanza
      con el súbito rayo cálido
      de sol,
      que me asusto por nada y quiero
      que la muerte pase de largo
      por la plazuela de la Virgen
      de Gracia,

      sin embargo,
      si permanezco suspendida
      sobre una preciosa intención
      de la guitarra de Pat Metheny,
      me vuelvo invulnerable,
      fina en el salto,
      temible para las menudas
      amapolas de la tristeza.

      Soy eterna en este momento,
      me río igual que la luthier
      canadiense que ha acariciado
      la guitarra barítona.

      Soy eterna
      porque este momento no fue
      nombrado nunca...

      Y me sostengo de una cuerda,
      fugaz centro de sol,
      breve motivo.

      domingo, junio 17, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 11







      En el jardín









      Una dama que pasea cuidando
      que sus pies no se mojen
      y levanta con elegancia
      su cabeza por observar
      el paso de las aves hacia el Sur.

      Lee los signos,
      oye a lo lejos el estruendo
      de la tormenta como una invasión
      que hubiese ido ganando poco
      a poco su dominio de calmada
      clausura.

      Susurra: lloverá muy pronto,
      y volverán a agitarse sus labios
      con el temblor de una palabra
      que no es suya, que ha madurado
      donde el agua prefiere
      amar el rostro que ella presentía.

      Ahora la vemos disimulando
      el nerviosismo,
      lee las señales en el aire húmedo
      y susurra: sé que vendrá.

      Camina despacio, nada parece
      acecharla
      pero su soledad
      se prepara para la bienvenida.






      miércoles, junio 13, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 10






      Glicinas



















      Es la primera vez que abren sus ojos
      a la canción que, cuanto más se entona,
      más requiere la garganta vacía
      de la vieja canción.

      Abren sus ojos, toman la mañana
      sin el artificio que la memoria
      suele edificar en la comisura
      de los párpados.

      Más azules que el recuerdo añorado
      desde el desierto de los labios tristes
      abren sus ojos
      a la música que no encuentra indicios
      de otra canción en ruinas,

      y como si nunca hubiesen existido
      -mayo con sus abejas seducidas
      por el confitado y garzo latido
      de la flor-
      una intacta melodía brisea
      en la invención del mundo
      y una palabra que antes no me dije
      me aclara el paladar con el olvido.

      Y en este asombro de canción que escucho
      un tesoro que nada rememora
      abre sus ojos y abre para mí
      mi propia floración,
      mi única nueva vida.

      domingo, junio 10, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 9








      Peces

















      Se asemejan
      a la ligereza
      del aroma de la vara de incienso,
      patinan bajo el agua
      y no pesan
      y juegan.

      Rodearon mi cuerpo
      cuando caí al fondo del dolor;
      me miraron desnuda, golpeada
      por días de lo amargo,
      rodearon mi cuerpo con su brillo
      y me prestaron
      sus escamas.

      Les agradezco ahora
      que se comieran el libro del miedo,
      que me hicieran flotar
      mientras mordisqueaban mi cintura
      y me despertaran de la atracción
      del lodo,
      me volvieran el rostro boca arriba
      y viese las estrellas como peces
      mirándome.

      Y no me prometieron
      sino el aire,
      unas veces acerbo,
      otras dorado.

      Se acercan a la orilla
      livianos, portadores
      de un cristal muy grácil y luminoso.

      Baño mi mano próxima
      a ellos,
      a modo de saludo,
      y vienen a mis dedos...
            Me recuerdan
      que aún les debo el don de su silencio.

      jueves, junio 07, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 8


      Insectos en las flores












      Ensimismarse en la canícula,
      dejar que el pensamiento apague
      su mecha, y muy quietos los brazos,
      muy quieto en esa curvatura
      el labio agrietado de ausencia.

      Se olfatea lo que traslada
      una morada nube, el borde
      del planeta rodante sobre
      los muertos, los vidrios, los muertos.

      Y es un lujo volver la vista
      al lento arbusto apaciguado
      o a punto de morir.

      Un zumbido señala el exquí-
      sito sexo del ángel mudo
      y vegetal...
      Mas el planeta
      ha modelado con sus manos
      un imperceptible peligro.

      Cuando las dos moscas retoman
      el terciopelo fucsia, inmóvil,
      el salto de una mantis caza
      algo tan leve como una sílaba,

      y rompe la tormenta y rompe
      su estallido

      y parpadeo

      y llueve.

      martes, junio 05, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 7




      Fresas en un cestillo


      Procuro probar un bocado
      para cerciorarme
      que mi corazón agridulce
      aún está vivo
      y acepta
      leves porciones
      de vertiginosos momentos
      o ser una diosa que elige.

      Pero la pulpa que quisiera
      verter en mi garganta-jugo
      rojo animal, costoso jugo-,
      la carne
      del corazón que me captura
      ignorando su pulso
      crece en el pecho escapadizo
      de mi alcance
      y descubro
      que es mi sagrado corazón
      en ese ajeno pecho
      quien me llama.

      Ser diosa no es bastante,
      ni la elección,
      ni el agasajo ubérrimo
      de pequeños amores suaves
      entre los dientes con su grano
      ardoroso.

      Ser diosa no es bastante
      sin recobrar
      mi corazón
      que empuja un rojo desatino
      en otras vértebras.

      Sin recobrar mi corazón
      que gusta
      de residir distante
      con su robada vida.

      domingo, junio 03, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 6


      Cenador entre los árboles




      Nuestra conversación adquiere
      una consistencia
      de secreto sin bisel de humo.

      Aunque vestidos con las ropas
      acomodadas a expresiones
      del desapego
      a qué acaecerá,

      altos pinos que nos rodean
      saben
      que oculta en la palabra crece
      una lumbre
      de querer hablar de otro modo,
      del insistir hasta el silencio
      incendiado.

      Continuemos observando
      este detalle del sosiego,
      esta bella y elaborada forma
      de la herida;

      retardemos lo que susurran
      las viejas copas de los pinos,
      hablemos del estar
      a cubierto
      aunque, a punto de desbocar
      la hoguera,
      nada nos parezca importante
      salvo el rumor
      de las ropas que caigan
      calcinadas...

      Hablemos de los árboles
      para que callen ellos.

      jueves, mayo 31, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 5








      La barca


      Para el día siguiente de las vírgenes
      de agosto,
      como si nada hubiera sucedido
      en el desierto, en la brea de asfalto,
      mi cálamo dibuja
      su lentitud de río antes de lluvias
      que recobren el furor de fluir,
      y me balanceo en esta posada
      vestidura estival;
      apenas la intención de un movimiento
      me lleva,
      una atenuante
      caligrafía de agua se sucede
      y ni la rana ni el abejaruco
      -llamarada turquesa
      velocísima-
      se molestan
      en aquietar su absorto griterío.

      Como si nada hubiera sucedido,
      como si se durmiera mi barquero
      y la muerte callara en la calina,
      y tuviera la muerte
      una rara pereza
      y no moviera
      un dedo
      y no se estremeciera.

      lunes, mayo 28, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 4


      Tomando té




      No te preguntes por el gesto
      que recoja un adivinarse
      en el siguiente paladeo
      o que el tiempo vaya subiendo
      con su sombra.
      Ahora escucha al río,
      sigue en su refugio calmado,
      mueve tus dedos con las plumas
      de un ave femenina, clara
      en la caricia de la taza,
      y bebe sin pensar qué lucha,
      qué guerreros desde el futuro
      o qué sonidos rasgarían sedas
      de la tarde.
      Sólo contempla,
      mientras te deleitas,
      cómo se desliza el atuendo
      de los árboles que aman
      tu casa,
      oye murmurar a los peces
      cuánta fugacidad,
      oye a tu soledad sentarse
      muy cerca
      y ofrécele otra taza.

      Bebed juntas, calladas,
      porque el tiempo no existe.

      sábado, mayo 26, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 3




      Serpiente




      Erguida, aunque frágil,
      viene de juncos solitarios
      o viene de la ligereza
      de su camisa sin recuerdo.

      Si se ha curvado en una duna
      la ondulación refiere muertes,
      ¿Y de dónde aparecen luego
      oscuros pájaros?

      Si en el agua compone músicas
      de sinuoso nido,
      ¿cómo podrás apresarla, cómo
      esquivarás su ojo
      que reconoce en tu cautela
      la juntura para llegar
      a tu corazón y morderlo?

      Aunque frágil, yergue
      su cabeza,
      te hace frente.
      Cuida
      tu blandor.

      Es una diosa, no te acerques,
      es la hija
      de aquel gemido apasionado
      del día
      y
      de la noche.

      Cuando no eras ni azar, ni apuesta,
      ni guijarro cálido,
      ni perfume de otorgador
      momento de gozos,
      ella conocía tu piel,
      porción de aire con tu rosado
      signo,
      y lo escribía en su retiro
      amado sobre tierra amada.

      jueves, mayo 24, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 2




      Frutas e insectos




      Cómo asombrar a Man Ray
      en el tesón de las avispas
      habitadoras de duraznos.

      El verano tiene su propia
      textura melancólica.

      Y resulta imposible
      resumir
      que la realidad deslumbre
      con su áurea piedra.

      La adoración de la mañana,
      una brisa fácil murmura,
      finos saludos en la calle
      y el sol,
      un equilibrio.

      Aunque algo en el fruto amarillo,
      partícula en el picoteo
      de la avispa; algo leve
      y enorme,
      un pez volador de esta tierra
      adentro, allí, alto y en círculos
      acecha.

      Se aflechará hacia el pueblo,
      hacia la calle saludada,
      a la precisión del jardín,
      al ápice poroso
      del durazno,
      al negro ocelo de la avispa,
      a tu curiosa boca,
      a tu ansiosa pupila.

      martes, mayo 22, 2007

      Fantasmas y cálamos. Cálamos chinos 1


      Esta segunda parte de FANTASMAS Y CÁLAMOS, tan diferente de la anterior, lleva como referencia, o como pretexto, o como mirada, distintas obras de pintura china en distintos períodos artísticos. Autores con nombre imposible que, deslizándose en su pincel, muestran un cierto acuerdo con el mundo, una sutil elegancia y una complacencia inteligente para el entorno natural.


      En cuanto a la música, piezas del país de Catay alternándose con mis preferidas de Pat Metheny







      Montes azules




      El anochecer entra en la casa
      de los besos de los manzanos.

      Ya no insiste el calor,
      su garra dorada retrae
      el arañazo en la retina.

      Tan lejanos y cerca,
      disponen su antigua cintura
      para tenderse sobre el lecho
      de la oscuridad.

      Una joven de dieciséis
      años, miradla, está encendiéndose
      con una piel frutal; es ese
      muchacho
      de ojos de monte azul
      que al abrazarla estrena limpios
      yacimientos.

      Elevaciones cada vez
      más sabias y cansadas
      guardan en su reposo frutos
      que no ha de herir el tiempo
      con su filo.


      lunes, mayo 21, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa y 10.




      Éste es el último poema de la primera parte de FANTASMAS Y CÁLAMOS.






      X


      Duino, dulce muchacho,
      mi corazón es un lacio diamante
      que no te otorgaré,
      última gracia del jardín
      en llamas,
      cuando un día de agosto del setenta
      y nueve,
      las ciruelas enmudecieran
      y los mirtos de la joven esposa
      fuesen escarnecidos
      hasta secar sus huesos diminutos.

      Soy un fantasma interrogando
      en un fervor de piedra pómez
      que tapizaba los misterios
      de este asolado mundo y, sin embargo,
      espléndido en su seno.

      No te daré mi corazón
      cansado de tenerse sin caricia.

      Al fin de mi viaje
      la tarde resplandece desprovista
      de otro sentido que no sea
      luz.

      El amorcillo me devuelve
      las preguntas.
      Sostiene el apropiado espejo
      de quien se reconoce tras la muerte.
      Acaso me sonríe o me saca
      la lengua
      porque su burla muestra la desdicha
      de mi precario rostro
      tras de morir amando
      y no quería
      prescindir de morir.

      Me miro
      en esa dama sosegada, piensa,
      quizá,
      que la pasión arrasa cuanto toca...
      Oh, súbita erupción de un dios
      infame:
      un momento en su pecho ha rebosado,
      fiera incisa un momento,
      luego nada.

      Al término, el viaje,
      que fantasmal vagaba por Pompeya,
      me descubre
      la negación que, insisto, te regalo.

      Llego al jardín a solas, tomo
      el cuerpo que dejé como si el vuelo
      fuera impune y volver situara
      cada muerte en su impronta.

      Regreso a mi jardín
      donde el amor que floreció florece.

      Soy una dama, Duino,
      con un único amor después de muerta.

      Amor que me ha esperado,
      a quien espero en los rosales,
      vieja mano adorada
      en mi mejilla.

      Al fin de mi viaje es el comienzo.


      sábado, mayo 19, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 9.





      IX


      Me golpeaba tanto
      con el amor...

      El mapa de mi espalda guarda
      ríos que me bañaron con su escarcha
      deshaciéndose a un sol de primavera.

      Era la intensidad
      de un amoroso dolor que me hacía
      fragilísima
      o me transformaba en redondeadas
      montañas sin incertidumbre,
      o una llanura donde la cometa
      de una mano bailaba sin cesar
      y yo crecía en junco,
      en árbol,
      en alado caballo para
      dar alcance a esos dedos
      que despertaron a mi piel
      de sus niños.

      Yo me movía con la ligereza
      de la mujer que aún no tiene
      secretos
      sino el ansia
      que la desmesura convertía
      en pájaros que nunca hubieron
      de morir.

      Me golpeaba tanto
      con el amor
      que el tintineo de los crótalos,
      cuando levantaba los brazos,
      era mi desafío a la nocturna
      palidez de un mundo carente
      de mis muslos.

      Me golpeaba
      una
      y
      otra vez
      para que el amor me besara
      las laceraciones,
      para que en los cambios de tiempo
      las cicatrices me picaran
      y no olvidase nunca
      cómo mi espalda amaba tanto daño.

      Me golpeaba,
      me abandonaba a un paisaje de sangre
      y de deseo.

      Una celebración de mis heridas
      que nadie supo,
      sólo el amor sangrando por mi espalda.

      viernes, mayo 18, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 8.




      VIII


      Tal vez un ángel me descubra
      y me regale la ignorancia,
      el fantasma que fui
      entre las rojas rosas
      de las piedras.

      Que me permita retornar
      a mi paseo cándido,
      al silencio que ni siquiera
      es muerte
      sino bella desolación,
      una tarde perfecta
      y sin peligro.

      Pero
      me ve de carne advenediza.

      Yo podría decirle
      que he conocido el miedo
      y su trofeo.

      miércoles, mayo 16, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 7.






      VII


      Los amos intocables
      del territorio que recorre
      la lechuza
      -oye el temblor en las pestañas
      del ratón y la noche
      dibuja en las cenizas
      de los sacrificios mi sueño
      intranquilo-,

      los amos de erizado vello,
      con pupilas felinas
      y olfato más que lobos,
      mojan sus uñas en el cuenco
      del kikeon
      y humedecen mis labios sólo
      enseñados con tu saliva,
      Duino;
      quieren que beba, quieren
      que lo mire.

      Cómo negarme a ver
      el pie sin su sandalia
      descuidada,
      sus rodillas abiertas, torso
      que si lo toco me hundiré,
      axilas comedoras,
      me hundiré si las toco,
      extraño cristo en el regazo
      de la madre,
      gesto del que posee
      y otorga y enajena,
      definitivo hueco;
      me hundiré si lo toco
      y lo miro
      y lo quiero tocar.

      Duino,
      distrae mi mirada
      con la placidez
      de tus estrellas sensitivas,
      dos o tres estrellas mudadas
      en agua,
      cometas de tu sexo
      no irascible que, como el agua,
      va subiendo y bañándome,
      aquietándome.

      Si lo miro
      cómo regresaré
      de su hendidura.

      lunes, mayo 14, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 6.





      VI


      No soy la aparición indolente
      que, encaprichada de la luz,
      vaga por las vacías estancias
      de la Villa
      y se detiene
      ante el idioma de un relato
      que narra a nadie, que ilumina
      a nadie, que reside en nadie,
      hallado a solas, de otro planeta
      escombros.

      Tú delimitas el contorno
      donde veo mi rostro,
      tú me sujetas con tu voz,
      me dices: quédate,
      me dices: no ames de impaciencia
      lo que temes.

      Ya no reconozco la culpa,
      no me giro agraciada de aire
      inofensivo;
      respiro un aire que se opone
      a una manutención
      de marcas y cautelas,
      respiro apenas aire blando
      como el tuyo.

      Y el viento no me invita
      a las rosas,
      un viento agitador del manto
      que me cubre,
      una mujer de viento
      que adivina.

      domingo, mayo 13, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 5.




      V


      Me desvía de ti
      esta música de los campos
      del verano y las uvas
      próximas al delirio,

      música en la premonición
      de mi nombre que nadie sabe,
      tierra de música,
      granada espiga venenosa
      que me roba
      de nuestro sosegado juego.

      Canción de larga lengua:
      en mis encías hiende
      la embocadura de la leche
      de las cabras.

      Me adivina moverme
      deshonesta
      y ácida
      y baila mi vientre hasta el pozo
      de la embriaguez del liquen,
      y baila cada parte mía
      exageradamente yéndome
      al olvido.

      Comprendo ahora que no existe
      la muerte,

      que si camino por la casa
      de las abejas y las lombrices,
      y en mis pies desnudos se alojan
      los sabios animales del duelo
      por la vida,
      una muerte mortal no existe

      aunque yo me despida, Duino,
      y de fantasma de Pompeya
      crezca hacia la boca
      desesperadamente lejos,

      aunque llegue la muerte
      mañana
      con su lápida
      de lava
      y no te deje entrar
      y yo me aleje.

      Ah, canción de tierra,
      siringa o sinrazón o el cuello
      que doy por alimento,
      instrumento procaz,
      cítara de la tierra.

      viernes, mayo 11, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 4.




















      IV


      Mañana, a la una y media de la tarde,
      la aguja del reloj de piedra
      se clavará en la suavidad
      de un leve girasol aún
      gentil.

      ¿Qué importa si mañana nunca
      será, entre el estiércol,
      aguamarina acribillada a gritos?

      ¿Qué sucede mañana, me sonríes,
      que no haya penetrado ya en ocasos?

      Quisiera retardarme, deslizarme
      por la columna que separa
      vivir como una sombra de mi carne
      a punto del bocado
      del ángulo de un templo
      que sólo ve quien se calcina
      y muere.

      Quisiera estar en las cocinas,
      quedarme con el rasgo
      del cuchillo que abre la pulpa
      del pescado y revela
      las huevas deliciosas...

      Tentar el especiado vino
      que me aletarga bajo el arrullo
      de no pensar después de sus placeres.

      Obstinarme con la postura
      de las frutas,
      insistir en la redondez
      de un tempo vegetal,
      cierto, tranquilo, ensimismándose...

      No me permitas preguntarte
      qué acaece mañana tras el fuego.




      jueves, mayo 10, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 3.


      III




      El dios desnudo lee
      mi nombre.
      Duino, me asusta su estatura
      infantil.

      Este olor a mar de mis brazos,
      esta invisibilidad lenta,
      una tonsura del deseo
      en mi pelo sin peso;
      este desvestirse aunque cubras
      mi cintura, aunque me retengas
      en la petición de tus ojos
      abiertos atándome, atándome.

      Algo, en el instante
      de la alegría del olvido,
      separa nuestros cuerpos.

      Yo me confundo con la espera
      de la desnudez.

      Levanta lienzos la actitud
      reposada
      de la sacerdotisa.

      ¿Qué secreta fragilidad
      velan?

      ¿Qué resistencia en mí descubren
      para que ya no escape
      del amoroso golpe
      que tus palabras y las mías
      retrasaban e hinchaban
      de jadeo?

      A mi lado se yergue
      la criatura
      con su enorme sexo de bosque
      hambriento, umbrío
      como temible lanza
      prohibida para niñas.

      Y tanto huelo a mar
      que ya no me defiendo
      de esa herida.

      martes, mayo 08, 2007

      Fantasmas y cálamos. Fantasmas en la Villa, 2.




      II




      Esparce joyas cenicientas
      la muerte
      desde entonces.

      Pero en el candor de la luz
      ondula la propiedad blanca
      de un presentimiento.

      Duino,
      tú te sostienes sobre el día
      de mi rubia consagración
      a ti,
      tarareas
      la cadencia que desconoces,
      muy acariciante en mi nuca,
      casi tímida.

      Pero aunque me vuelva a besarte
      permanezco en el rojo tan
      silencioso como los frescos
      de este comedor;
      te invito
      a la ramita de laurel,
      te miro sin ceniza.
      Besas
      a esa otra que paladea
      muerte.




      Aclaración: Los Frescos van correlativos. Es decir, el orden de las imágenes que iré mostrando es el mismo que aparece en la Sala de la Villa de los Misterios.

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