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domingo, septiembre 11, 2011

y XVII Signos sobre la tierra





      Signos amarillos


      Aún no sabes cómo me llamo?


      En los fríos bajorrelieves

      de los epitafios se ensancha

      mi nombre, sube desde el río

      donde estuve nadando klee

      con mi padre, y he repetido

      la canción del vilano cuando

      en septiembre pedíamos

      higos melares a Eme A.


      ¿Aún no sabes cómo me llamo

      si vuelvo la cabeza incluso

      al nombrarte?


      ¿No sabes

      cómo me llamo si las runas

      de mi hechicería se acercan

      a palabras cundiendo en ti

      y en la ciudad?


      Mira,

      con las rótulas de mi nombre

      hago del tiempo y de su diente

      un juego.

sábado, septiembre 03, 2011

XVI Signos sobre la tierra





      Flores del acantilado


      De la policromía al vértigo,

      de la tibieza al desabrigo,

      de la voluntad al naufragio.


      Mientras tanto,

      entre el punto de la ceguera

      de los niños y una dolida

      ceguera de las despedidas,


      entre

      la benevolencia

      de la arena

      y el miedo

      a la caída,


      esta mañana acapara

      todos los ángeles

      de septiembre.


      Cada movimiento genera

      un tacto semejante a besos,

      y cada cosa está esperando

      a ser rescatada

      de su inclinación al olvido.


      Entre un bálsamo que se extiende

      hasta el agua y las flores impo-

      sibles del único traslado


      esta mañana es vuestra.


      Tomaremos un té,

      demoraremos la partida.

lunes, agosto 15, 2011

Signos sobre la tierra XV





      Fuego en la tarde


      Al mar llamado Klee, tan cerca

      de los muros de la ciudad,

      o la tarde, que tú la llamas

      lago.

      Entrecerramos los ojos

      convirtiendo la espuma en giro

      de la perfección.

      Al instante,

      al espacio leve mediando

      entre la alegre certidumbre

      de abrazar, al instante justo

      de no todo melancolía,

      algo en el fuego comprensivo,

      cierta idolatría de nuestra

      parte.


      Al agua llamada Klee,

      prendida antes del sufrimiento,

      enjoyada sin arrogancia.


      Cuando nos saludamos, cuando

      dijiste

      que me visitarías

      en el agua.


domingo, agosto 07, 2011

XIV Signos sobre la tierra



      Sobre la tierra


      El viento me da en la cara

      y los fragmentos de un planeta

      parecen disgregarse,


      pero no,

      está el humus amalgamando,

      está el recorrido del viento

      que, si arrastra consigo sueños,

      recobra marcas de haber sido

      niña, lo soy, nunca dejé

      de serlo,

      están vuestros nombres, avanzan

      sobre las grietas de la muerte,

      me asustáis a veces,

      avanzan,


      pero no,

      bajo la tierra ya no duele

      una deserción,

      no os marchéis todavía.


      Hay razones verdes,

      sobre todo

      ésas que me gustan surgiendo

      de los retoños de los árboles,

      apenas vistas por el viento,

      imparables,

      sentidas.

viernes, julio 29, 2011

Signos sobre la tierra XIII




      Dibujo de peces

      Cuando él me daba vueltas

      en el agua abría los ojos

      y a carcajadas me tragaba

      signos de las montañas, agua,

      besos de los bañistas, agua,

      Madinat Al-Muluk,

      agua

      y agosto.


      Por eso todavía crecen

      dentro grafías del agrado.

      Todavía no han muerto seres

      muy rápidos, cuerpos de ansiosa

      alegría.


      Que no esté triste,

      por favor, escamas, tocadlo,

      que no esté triste

      o callado.

domingo, julio 17, 2011

XII Signos sobre la tierra


      Ad parnassum


      Tendré doscientos años, ellos

      serán de piedra.


      Tendré doscientos años para

      amarlos.


      Él sonreirá

      con una palabra burlona

      y ella distinguirá en los gallos

      al pez que baila.


      Su policroma piedra dando

      casa

      brillo

      ausencia

      de

      memoria.


      Sólo sangre paternal, sangre

      para el alcaén. Algún dios

      la bebe.


domingo, julio 10, 2011

Signos sobre la tierra XI



      Recuerdos de jardines


      El trazo oscuro, un presagio

      del temporal,


      pero, ¿acaso no están nerviosas

      las yemas del almez?

      ¿Y acaso en los guindos dormita

      el lejano dulzor

      rosado?


      Un augurio de enfermedad,

      un paso gris. Pero no vuelvo

      la mirada ni al manantial

      ni a los frutales concluidos.

      Estar presente no me trae

      peores

      correspondencias.


      Sólo que no se debilite

      el aliento del día de hoy,

      el que me vive,

      que no venga un gusano hambriento

      a malograr esta mañana

      suntuosa.

sábado, junio 18, 2011

X Signos sobre la tierra


      Jardines del Sur


      No repito el recuerdo.

      El árbol

      del paraíso es un perfume

      mantenido en la lentitud

      del pesimismo:


      es un perfume que proviene

      del cuidado,

      de la delicadeza,

      del color más próximo al eje

      de la placidez.


      Paseamos entre el esmero

      de los arriates.

      Son los días

      donde me digo: éste es el día

      favorable para vivir;

      donde me digo: la hermosura

      de cada flor gira al momento

      de quedarme cerca, subiendo

      por el pasaje de Al-Yahud

      hasta vosotros.


      El almendro florece, baja

      desde algún dios la perfección

      y algo celeste, en el jardín,

      algo, un aroma

      situando un espacio, hallando

      un centro.



sábado, junio 04, 2011

IX Signos sobre la tierra


Continúo con esta serie:


      Globo rojo

Me impulsan, alzo

mis manos, descubro mi pecho,

me doy a las columnas de aire

ascendiendo, me impulsan, Ene

se llama Klee, se llama Klee

Eme A cuando ha conseguido

separarse de sus rodillas,

se llama Klee el hilo, la falta

de gravedad, la maravilla

que sólo yo conozco.


Mantengo un equilibrio, invento

conjuros,

cada poema lo es,

cada palabra está elevando

oro de espumas contra piedras,

margaritas carnales contra

el tiempo,


conjuros

para el alba de la ciudad,

para el joven volviendo sano

de un contagio,


conjuros

en el espanto de su madre,

en la ciudad y su aspereza.


Otra vez alta

para Eme A, para Ene, para

tu rojo y Klee:

sólo es mi gozo.

domingo, mayo 15, 2011

VIII Signos sobre la tierra



      Polifonía


      Llega la niebla granulada

      porque irá más despacio el filo

      del frío. Quedaos en cama,

      decidme, qué urgencia tenéis

          (mis dos

          carillas de papel

          de seda)


      En la ventana, con el peso

      del miedo en uno de mis huesos,

      en la ventana, presintiendo

      el regreso, otra vez el cántico,

      el modo que abarca la niebla

      por repetirme las texturas

          apasionadas,

          armoniosas,

          hechas de primavera.


      Mañana o pasado mañana

      los niños estarán inquietos

      y os contaré para reíros

      que se han pintado de limón,

          naranja,

          verdekiwi

          y leche

          sus rostros.


      Y os contaré para reíros

      que me preguntan por vosotros:

      se extrañan

      de su maestra y de sus padres

      semejantes a seda.

domingo, mayo 08, 2011

Signos sobre la tierra VII


      Ínsula dulcamara


      Con el fondo verdosoazul

      de las algas cerca, acogiendo

      cuerpos pequeños de caídas

      y renuncias...


      Hay vegetales breves, nidos

      donde entibiar últimas formas

      de la ternura, vegetales

      menudos, casi alas de mirlos,

      rizomas y su morada

      gota

      de acritud.


      Hay una certidumbre silue-

      teada que aún no lacera

      pero está hundiéndose en la carne,

      hoja de helecho comestible,

      dulce don transitorio, dulce

      repuesta.



    Ven

    a

    la isla,

    sostenme el tiempo, ellos se marchan

    y no quiero, no, yo no quiero.



domingo, mayo 01, 2011

Signos sobre la tierra VI



      Altimetría


      Desde niña alisé mis alas,

      me preparé en vuestro refugio

      y, con el aire de agosto entre

      los perales y las colmenas,

      me besaron,

      tuve mi territorio,

      me besaron, cacé.


      Ahora, en otro recorrido,

      cada cosa latiendo, estando

      pausada en su silencio,

      estando a punto de fisuras

      de la helada,

      todavía latiendo,


      ahora,

      separando en la extenuación

      gestos de la melancolía,

      distinguiendo intervalos nítidos

      del declive,


      ahí, en la altura, vuestra casa,

      sobre los baños árabes,

      en la misma altitud

      que las cigüeñas de San Juan.

domingo, abril 24, 2011

V Signos sobre la tierra




      Frutas en rojo

      Con las ramas, viento en las ramas,
      jugando con las ramas. Vuelvo
      a desear vuestros relatos
      sobre las crecidas del río:
      traen peines de las mujeres
      de la nieve, ranas extrañas
      amando en otra lengua.

      Muevo las ramas, viento, vístete
      de lluvia
      de torrente,
      de hijas sobreviviendo al cáncer,
      oh, amiga mía, estorbo al tiempo
      para ti y te regalo frutas
      del color de las manos
      de Lascaux.

      Viento rojo, concede cuentos
      del agua, rompe agujas, dame
      besos mojados y rodea
      la casa de mi padre
      y mi madre.

      Juego
      con fresas hasta junio,
      hasta que no haya ni una lágrima,
      ni una cojera, ni el ahogo.

      Viento festejador de lluvia,
      amante mío,
      quédate.

sábado, abril 16, 2011

Signos sobre la tierra IV



      Si reúno en estas palabras

      las materias contra el tiempo, días

      no de evocaciones,


      una expresión

      benigna favorece verbos

      como sorprender en la edad

      de las iguanas, en la alcoba

      de las viejas historias nuestras.


      Verbos como os esperaré

      cuando el llanto vaya volviéndose

      pájaros de las playas, pájaros

      conscientes.


      Palabras en vosotros, vuelo

      palabras:


      oponen resistencia al miedo,

      os pertenecen,

      os invitan.

domingo, abril 03, 2011

Signos sobre la tierra III


      Leyenda del Nilo


      Leo los signos.


      Soy la niña

      en la orilla, mi madre peina

      su pelo escaso, le pregunto

      en qué piensa, pero lo sé;

      mi padre disfruta domando

      cocodrilos

      o

      embargos,


      leo los signos


      vienen los remeros del norte

      gritando que me aman, mintiendo.

      Yo quisiera volverme un ibis

      creador.


      Leo los signos.


      Una turbulencia en los peces

      no es otra cosa que mi mano.

      Se reúnen, se abrazan, van

      detrás de sus muertos.


      Leo los signos.


      Mi madre sumerge sus pies

      en el agua. Mi padre canta,

      siempre ha cantado...


      por qué cambian los signos.

domingo, marzo 27, 2011

Signos sobre la tierra II


      Composición

      En esta ciudad de los ángulos

      primero neblinosos.

      Vuelvo

      mi rostro a la tarde animando

      lo poco de verde, primeras

      flores de febrero y a quién

      pido una tregua, un tramo blanco

      y tranquilo.


      Para verlos subir despacio:

      Él,

      con una alegría heredada,

      no piensa en muertes.

      Ella es una niña cercada

      de dolor. Es coqueta y terca.


      Para

      verlos vivir en la ciudad

      luego radiante.

      Nadie conoce cómo

      convertirse en sus pájaros.

domingo, marzo 20, 2011

SIGNOS SOBRE LA TIERRA

En un primer momento los poemas que iré poniendo en las próximas entradas se hubieran titulado Nadando en Klee, porque las pinturas de Paul Klee sirvieron como pretexto pero, al final, el título quedó así: Signos sobre la tierra.

Las imágenes serán las mismas pinturas del artista o fotografías de mi entorno cercano. Y, la mayoría de los títulos, los propios títulos que Klee dio a sus creaciones.

Aquí está el primero:




      Pez mágico

      Él pone la mano en mi vientre

      para no hundirme en el pasado.

      Aprendí a nadar en el río

      muy cerca

      de La Almunia, cuando era el río

      la travesía transparente,

      el residente del calor.

      Más abajo, en la azuda, cuenta

      mi padre que los ahogados

      sienten la espuma como sangre

      y conversan.


      Mojaba mi cabeza... aún

      de limo

      fui la primera de los tres

      hermanos.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas
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