
© Ricardo Martín
Cuando la sombra es luz y el oro deslumbra a las hormigas
y lo más valioso reside en virutas de esplendor,
y hay una divinidad que envidia a las hormigas ciegas,
y sale como si mostrara a Sémele su verdad,
inflingiendo con su belleza la herida del deseo.
Cuando la sombra es luz y el oro aniquila con su gracia,
y esa gracia habita en los ojos hasta hacerlos de sal…
Y es que ya nos abandonamos, somos de un incendiado
designio,
somos aire de pira, ardiente corazón que se inclina
a otro corazón…
Entonces
una inminencia de lluvia
mágicamente se aproxima.
Tan sólo es eso: el agua…
y nuestro corazón…
y las hormigas.


















































