jueves, noviembre 30, 2006

Último poema de ALICE























YA NO HALLARÉIS EN MÍ
esa curiosa niña que Walt Disney
deformó del secreto de Lewis Carroll.

Hace tiempo
de mi salto a la Casa del Espejo.
Hace tiempo
que descubrí la espalda de los hombres.
Hace tiempo
que vivo en pleamar bajo la Luna.

Ya no hallaréis en mí
el desconcierto ingenuo de la infancia,
la edad de un dios ecuestre, aventurado.

Ahora es el momento de mostrarse
más envalentonada en el peligro
y no desperdiciar
ni una brizna de hierba de los cuerpos,
ni un trago de saliva
de sus bocas.

Ahora es el momento de decirse:
nada tiene sentido en esta Casa,
y llenar el horror de la certeza
con las sencillas rosas
que los días me traen,
velozmente furiosas de perfume,
velozmente cadáveres divinos.

sábado, noviembre 25, 2006

Alice




El tiempo pasa

Amores de una tarde
intensamente frágiles y hermosos.

He vivido la bárbara batalla
de ir agotando asaltos
al cariño
y era imposible
asediar un planeta con los besos,
mudarlo en la razón de cada día.

Y darme por vencida fue el descanso
de cualquier enemigo que conozco.

Amores de una tarde;
no da tiempo
a pensar en mañana
o repetir un acto codicioso.

En cada instante un mundo que se extingue,
en cada movimiento más de un siglo.

No he de buscar un nombre a esos amores,
no tendrán por testigo la pereza.

No exhalarán herrumbres de agonía
ni cicatrizarán anestesiados.

Ellos sí son verdad:
nunca pactaron
con un amor extraño a su hermosura
o con un enemigo imprescindible.

domingo, noviembre 19, 2006

Seguimos con ALICE




CIRCE

Se fueron los marinos...
Tenían morenas esposas de ojos
penetrantes,
mantos granate
limpios en arcones taraceados
y, en las bodegas,
vino casi perfume,
casi Madagascar en travesía.

Observo el horizonte sin albatros,
tranquilo espejo donde alguna vez
habré de sumergirme
desmemoriada
de las embarcaciones
del deseo.

Y levanto mi mano
no sólo despidiéndome, no sólo
encendiendo los faros, las hogueras,
las estrellas del Norte,
el cromado color del astrolabio.

dejaré qe las brújulas
recobren los imanes del hogar
y ocultaré la altura
de mi isla.

Oh, padre Sol,
qué muerto satisfaces mi garganta
silenciosa...

Penetro
en la amarilla hierba
de la noche,
y preparo
el bebedizo amargo de la noche
y recibo
a las otras visitas de la noche.

sábado, noviembre 11, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey y III




III

(Con Luis Cernuda)

Los hermosos muchachos mueren pronto...

Si vivieran más tiempo que nosotros,
¿qué harían, derrotados
por su propia belleza?
¿Qué túmulo mediocre erigiríamos
para salvar los restos
de sus labios de sal?

Deben morirse pronto esos muchachos;
que no resistan ni una noche más,
tan parecidos
a la flor del cactus, tan parecidos
a la exquisita forma
que ofrecen las auroras boreales
en las noches intactas, malignas de septiembre.

Muchachos como Mozart,
como petunias blancas o troyanos
que no conocen la mitad de un siglo
ni las líneas
de fuga
cuando la perspectiva
estiliza decepciones ocultas.

Deben morirse pronto
en nuestros brazos, besando su pelo,
mirándonos azules,
con la intensa sonrisa
de aquellos que nacieron brevemente
perfectos.

Deben morirse, apenas un instante
nos hiere su belleza...
Ah, ¿qué harían
con nuestro corazón desasistido
si crecieran y fueran
nuestros amos?
Dibujo de Gregorio Prieto

domingo, noviembre 05, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey II

II

Eres quien me separa del pasado,
de los días del Sur.

Eres quien me separa
de aquel aprendizaje de Unamuno,
del primer precipicio
para encontrarle un rostro a lo imposible.

Eres el desconcierto que me abruma
cada mañana, viva, sorteando
las trampas de un idioma hecho consuelo
cuando muy pocos saben resistirse
a la pereza.

Y tú,
viniendo del pasado me aligeras
del dudoso valor de los recuerdos;
viniendo del pasado
intranquilizas el oficio ingrato
de haber llegado aquí.

Alguna vez contemplaste mis gestos
y yo no adiviné
que me estabas mirando en el futuro,
y ahora
no acierto a recordar lo que me espera.

Por una vez, muchacho,
amo el olvido más que a un hombre sabio
e importante.

sábado, octubre 28, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey-1-


Prosigue el libro de Alice

Leeremos unos poemas dedicados a un joven amor ausente....digamos que podría llamarse Furey, como en en el cuento de Joyce:

«Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento, vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al Poniente. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al Oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shanon. Caía así en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos».
Los muertos, de James Joyce




I


Apreso en mis mandíbulas
los últimos jaguares.

Yo no sé
hablar con suavidad a los jacintos
o mirar con prudencia un terremoto.

Bailo bajo los muslos de la tierra,
bailo con los geriatras y los niños,
bailo con bordadoras que no tienen
hambre porque limaron
sus uñas en tejidos de renuncia.

Te buscaré, muchacho,
haré de ti una joya en los salones
de París;
yo seré Marlon Brando
y tú, un alumno
precisamente experto con los dedos.

Bailo en las averías de los coches
cuando la noche ruge de ginebra
y quedarse parado
es una invitación a los felinos.

Me alimentan los últimos jaguares
y parece mentira
que en la ciudad de obispos y de muertos
pueda encontrar la selva y su extravío.

Te buscaré, muchacho,
y bailaré en tus brazos abatida.
Me dejaré ganar por tu apetito
y haré que me desangro en tu inconstancia.

sábado, octubre 21, 2006

Wasserouverture y V


Gigue


Alice no escucha.
Alice pisoteó su stradivarius,
mato a su gato y destruyó Florencia.
Alice vive en el limo de los pozos
e implacable aniquila la ternura
del corazón mojado
de una lluvia esperanza.
Alice lleva consigo mala suerte
y la sordera
del dios que visitó tanta impureza.
Pintado por German Hotes





Canarie

Donde se inicia el fuego de las brujas,
donde las cabras pacen su excremento,
donde el esperma del camaleón
quema las moscas, las ramitas leves.
Donde los archipiélagos estallan
con raros krakatoas del deseo,
ella erige castillos como templos,
como tumbas de carne.Sin embargo,

se la puede encontrar y es deseable,
y se la puede amar aunque no sea
Alice.


sábado, octubre 14, 2006

Wasserouverture IV

Harlequinade II

Ella come de pájaros, de cedros masculinos
que nacen de otra boca, de otra cueva
blandísima.
Ella quiere morir
para volverse río que lo bañe
y argamasa fraguando en las paredes
que habitan su insolencia,
su sexo de la muerte despertado.
Alice ya no es rubia ni de azulada
tersura la nieve de su abandono.





Menuet

"Haz de mí
el carboncillo grácil que tatúa
los papeles en blanco de los vientres.
Pasa tus uñas y araña mi espejo
pero no me dejes con la ebriedad
de mis manos buscándote en el aire.
Vuélvete leopardo que me asalte,
rata que roa el pan de mi futuro,
pero si eres la luz que me ha alumbrado
no te vayas de mí como la noche"

sábado, octubre 07, 2006

Wasserouverture III

Gavotte


Ha cruzado la luz,
por fin la superficie
-el agua, la inconsciencia-
que tanto se escondía de las armas.
Ella nombra a los pájaros y vienen,
les troncha el cuello, ofrece sus gotitas
delicadas
a aquel que la sacó de su incesante
fruslería: amar las cosas dulces,
odiar el sobresalto de sí misma.



Harlequinade

Esto no es el amor,
ni refinado néctar, ni abanicos
que mueven los rosales suavemente.
Esto no rueda anillos,
ni imberbes jovencitos asombrados,
ni la costumbre de sorprender al viento.
Esto desenmascara la prudencia.
Oh, Alice,
apúrate en comer para servirle
de comida.

sábado, septiembre 30, 2006

Wasserouverture II

La pintura es de Augusto Marín




Bourreé

¿A qué cede su paso la elegancia?
¿Qué taimada
premonición de casas
hechizadas?
¿Qué sonido se acerca
galopando?
¿Qué deshielo precoz
inunda el melancólico cariño
de Alice posando para
el espejo?


Loure

Llueve sobre el olor
de una tierra cansada de dormir.
"Qué extraño junio viene desnudándome",
se dice Alice mientras sale en busca
de los brujos nocturnos.
"No puedo desistir de este peligro,
la luz me ciega, invade mi silencio".
Cansada de reinar sobre el olor
de una infancia feliz con antifaces,
se mira en el espejo fascinada.

sábado, septiembre 23, 2006

Wasserouverture, una suite de Telemann I

La suite está compuesta de diferentes partes musicales. Iré escribiendo de dos en dos hasta un total de diez poemas breves. Música barroca...


Ouverture

Su pausado paso,como la luz
de invierno, se recrea en los signos
de la escarcha. Y nada se estremece,
nada peligra fuera de lugar:
toma su piel el vuelo de los cisnes,
tersa su pecho un ritmo mesurado
y el matiz transparente de su boca
es frío y sin embargo deseable.
Parece que los días perdonaran
la verde hiedra loca en su cintura.


Sarabanda

El solsticio del invierno distigue
el agotado zumo del amor
de la perversa sangre del deseo.
Ella ya no se confunde, contempla:
entra la luz y el imantado espejo
insiste en reclamarla y, al segundo,
vehemente rechaza la respuesta.
"Es igual que jugar con los amantes".
Alice se ríe y piensa
que está mejor el corazón sin lluvia.

domingo, septiembre 17, 2006

Siguiente poema

La pintura es de Omar Rayo


Alice disfrazada de gata

Delante del espejo, sólo por un instante
como sueles moverte,
o el paso imperceptible
o ser casi una sombra si no insistes.

Apropiada comida
y tu cesto egoísta y la suave apetencia
de la tranquilidad.

Y si aparece el celo
que acaricie una mano tu trasero; escaparte,
llamar esa llamada,
exhalar un perfume, perfilarte los labios

y sonreír a todos zorramente.

Mientras tanto
con frialdad recibe los regalos,
que haya besos y abrazos tendidos en la alfombra.

Pasa tu lomo
por los pies de mamá; busca el regazo dulce
que hasta la primavera
quedan meses desnudos con pliegues solitarios.

Olvida las promesas que aprendiste
a hacer con las palabras.

Debajo de la arcada mayor que tiene el puente
guarda su nido un pájaro rarísimo.
Acecha sus costumbres, sus fabergé preciosos...
vigila cuándo sale,
cuándo limpia sus plumas para los esponsales
y paraliza el pulso
y cázalo deprisa.

sábado, septiembre 09, 2006

Dejamos la luna, de momento, y continuamos con el libro de Alice: otro poema

Dibujo de Yuri Kabishcher


Canción infantil

Los viejos maestros
mudados en gatos.
Las viejas medusas
esperan la piedra.
Los viejos maestros
no tienen espejos
ni miran al río.

Las viejas medusas
preparan la tinta
de culebras pluma
y detrás de bellos
objetos de adorno
guardan corazones
más breves que un puño.

¿En qué mundo vives?
¿Qué príncipe muerto
te entrega sus huesos?

¿Qué artero vampiro
te frota la espalda
y trenza tupelo
con pelo de lobo?

Los viejos maestros
de risa de liebre.
Las viejas medusas
salando las manos
de insulsos amantes:
se comen las manos
y un leve trocito
ponen en tus dientes.

Los miran, los matan,
los visten de piedra
y un leve trocito
ponen en sus dientes.

Los viejos maestros
enseñan gramática.
Las viejas medusas
trituran recuerdos
y bailan y bailan
cerca de la orilla.
...................................................................................

El poema está dedicado a Ikaro, o a Kmaleon, o a Zelig....quién sabe lo qué es....

domingo, septiembre 03, 2006

Alice Lunar 4 y 5

Pintura de Marie-Guillermine Benoist (1768-1826)

Luna negra

Perfecta e invisible,
renunciando a pequeños hornos de la amargura.

No supieron mirarte
ni cuando estabas blanca, indomable en los campos,
subiendo las mareas
de los sexos erectos: haberte conocido
muy tarde en este año,
lamentándose.

No supieron mirarte aunque, eso sí, bebieron
de tus cánticos.

Hay una diferencia entre tu amor, la tinta
y la escritura torpe
de aquellos que temían llegar hasta el lugar
donde ya es imposible volver a estar tranquilo.

Perfecta e invisible,
no inútilmente negra sino ocultado río.
Allí lejos no esperas ni iluminas o perdonas.

Quien se atreva a mirarte será porque resiste
la música terrible
de los bosques más hoscos.
Será porque resiste mirarte si la noche
desvía sus ternuras.

Entonces brillarás
para sus labios
y cegado de amor
te esconderás del sol y las gastadas tardes
del otoño.

Será una noche sabía,
fértil y deslumbrante.

Oh, la primera noche
de pantera
perfecta e invisible...


Fotografía de D. Calzada

Cuarto menguante

Luego se cansan...
Ahitos de veneno sobreviven
y tú, ¿qué has hecho
sino jugar ruleta e inocente?

Luego se cansan...
Recogen sus pedazos,se enderezan,
buscan muchachas dulces y prefieren
dos horas de cerámica vidriada
a beber de tu sangre y consumirse.

Ahora es tiempo
de ocultarse,
de ir adelgazando mientras sonríes
como un gato o como un arabesco
en la laguna.

Te buscarán
cuando luego les falte ese veneno
y tú estarás presente pero oculta;

el mar sabrá que vives muy callada
ejercitándote
sobre el gusto vulgar de los que pactan
con el miedo.

sábado, agosto 26, 2006

Alice lunar 3



Luna roja


La buganvillas caen y no fermenta el pan
y se encrespan los gatos y en los templos escitas
la sangre de los jóvenes
llega hasta el mar y sirve de espumoso reflejo
a tu ocultado rostro,
al veneno que beben los marinos de América.

Alice,
¿qué veneno preparas para delgados dioses
que quisieran dormir
en tu regazo
y negar que están muertos, que sólo tú pudieras
robarlos de la muerte, levantarlo en vilo,
cubrirlos de menstruales abluciones?

Oh, Alice,
¿qué tiempo es éste tuyo donde todo doblega
su hierro a tu potencia?

Adiós los juramentos,
contemplativas vidas, jardines japoneses,
cositas a ese lado de los buenos propósitos.

Tú sabes qué veneno prefieren las manzanas,
qué miradas gorgonas
tendrás cuando, en los bares, alumnos hermosísimos
respondan a tus señas,
te pidan ser comidos entre tanto te miran.

Las buganvillas caen
y azulados papeles, libros de la autoestima,
respetos,porcelanas.

¿Qué veneno regalas a coros eclesiásticos
de la paz a los hombres
que no puede
enmascarar tus labios,condenar tu cuchillo,
huir de otro tormento?



domingo, agosto 20, 2006

Alice lunar 2


Luna llena

Recorres los campos acompañada por salvajes mastines
y en los cruces de los caminos hallas viajeros
temerarios que han perdido su Norte.

Ya no recuerdas
qué amantes de tu casa
vinieron a decirte que es muy triste
no suplicar ni el llanto
a cambio del tesón de sus esposas, de su ordenado hogar
para soñar infieles aventuras y un alarde viril
en sus linajes.

Desde tu extrema soledad
de reina del desierto te inclinas
a las cantoras de dieciocho años
que aprenden de las sabias prostitutas
a modelar las dunas de sus muslos
y a conjurar los dientes
del simún.

¿Qué naderías guardan
los hombres que presienten su extravío,
que te huelen brillar
como una virgen lasciva bajo el manto,
como remota maldición que llega
cuando todo parece una victoria?

Hay campos sabedores de tu hoguera, campos
que no se dejan engañar
por ciudades de luz;
esas tierrras baldías, habitadas
por salvajes mastines,
por ventiscas que borran los caminos
y habitadas
por mujeres de amor que han olvidado
el llanto de sus ojos.



(Aclaro que los versos, en el original, son más largos pero, por aplicar un formato de letra más grande, ocupan demasiado espacio en una sola línea)

domingo, agosto 13, 2006

Alice Lunar


Cuarto creciente

Tu hermana tendrá un hijo...Tú no esperes
el regreso de Pinkerton, la voz
de quien ensaya una promesa firme
o flores
que las recién casadas aderezan
en búcaros, en dormitorios cálidos,
en un joven y bello regocijo.

Quema tu aleteo de mariposa
cuando llegues allí.

Los niños serán siempre ocasionales
excusas para ocultarte y decir
que quieres descansar de los ansiosos
y estar desnuda y lejos de sus manos.

Los niños serán siempre de otras madres,
los marinos tendrán sólo una noche
de placer
en tu casa.
El mar verá tu vuelo de marfil.

Dile adiós a tu hermana girasol.
Despídete del día y su promesa
de nupciales navíos desde el Este.

sábado, agosto 05, 2006

Poema Alice 3


PANTERA PERFUMADA


Cuando quieres hacer un solitario
laberinto,

cuando tus ojos verdes se distraen
vigilando por ti las hojas secas,

cuando el felino joven que tú fuiste
cede su rastro al lustroso pelaje
de noviembre,

cuando la tierra duerme amoratada
y los venados lanzan sus berridos
y los cachorros cuentan sus conquistas
para cruzar soñando
el Año Nuevo,

parece que estás fuera
salvaje e invisible.

Sin embargo,
de tu carne tranquila mana lenta
una extraña fragancia;
de tu distante negligencia surge
y atrae a rubias bestias
bien intencionadas
que alegres curiosean tu laberinto,
que van pisando trampas de hojas secas
y pretenden saber
qué músculos desgarras, qué seguros
colmillos.

Déjales conocer tu resistencia,
que ignoren la textura de tus uñas
y aroma su llegada mansamente:

debe ser oportuna
la señal que te indica cada presa,
esa ocasión certera del zarpazo.

domingo, julio 30, 2006

Poema Alice 2



ALICE

Para siempre
junto a un viejo desorden
de la pasión impura todavía.

Para siempre
dejando atrás tu manto de princesa
y la primera herida por cerrarse.

Para siempre
larguísima distancia de aquel tiempo:
la oscura luz en los ojos de un hombre
y la ciudad ausente
de dioses sosegados y de ritos
amables.

Para siempre
me miras desde el otro comedor.

Hay puertas entornadas
murmurando tu nombre,
tantas puertas
que esperan que te pierdas para siempre.

Que esperan tu osadía para siempre
y dicen que ya es hora
esa elección que hiciste para siempre.

domingo, julio 23, 2006

PRIMERA PARTE, POEMA PRIMERO

© ZÓBEL


JARDÍN DE NOVIEMBRE

¿Qué príncipe durmiente
aguardaba tu beso?

Las últimas palabras de la infancia
minúsculas.

La leyenda de un niño
que no fue acristianado,
o un antiguo asesino
de mujeres y gatos,
un viejo juguetero
y una delgada joven de otro río.

Las últimas palabras de la infancia
tendidas.

Te mentía la luz
y era fascinadora
tu precoz insistencia con los príncipes.

Las últimas palabras de la infancia
diamantes
antes que la ceniza,
la prohibición, la angustia las hicieran
dudosas.

Las últimas palabras
cifradas
de
la
infancia;
en su jardín extraño consentidas,
en su jardín fantasmas luminosos.


"Te queda poco camino que recorrer-le dijo a Alice-. No tienes más que bajar por esa colina hasta el arroyo y, al cruzarlo,te convertirás en Reina"

BIEN...UNA NUEVA SERIE DE POEMAS...HE RESCATADO UN LIBRO ALICE...ME LO SUGIRIÓ UNA AMIGA....

domingo, julio 16, 2006

Veintitrés

© Ricardo Martín




Les dije a los niños que contemplaran el azar
violeta, su insospechado regalo, pero ¿cómo
sabrían comprenderme si el viento aún les posee,
si pertenecen al aleteo que no se explica
a sí mismo y a salvo se vuelve también violeta?

Ellos,
que ignoran el sometimiento a las fatalidades,
residen todavía en el ciclo del agua.


domingo, julio 09, 2006

Veintidós


© Ricardo Martín


Cuando la sombra es luz y el oro deslumbra a las hormigas

y lo más valioso reside en virutas de esplendor,

y hay una divinidad que envidia a las hormigas ciegas,

y sale como si mostrara a Sémele su verdad,

inflingiendo con su belleza la herida del deseo.


Cuando la sombra es luz y el oro aniquila con su gracia,

y esa gracia habita en los ojos hasta hacerlos de sal…


Y es que ya nos abandonamos, somos de un incendiado

designio,

somos aire de pira, ardiente corazón que se inclina

a otro corazón…


Entonces

una inminencia de lluvia

mágicamente se aproxima.


Tan sólo es eso: el agua…

y nuestro corazón…


y las hormigas.

sábado, julio 01, 2006

Veintiuno



© Ricardo Martín



La indiferencia del mediodía
se refleja en su intangible alhaja.

Desde La Cabeza baja al río
la luz, se entretiene entre las cañas
y, si hace un instante aún la sombra
chapoteaba en la presa, ahora
tanta luz recorre el pañueleo
de las garcillas.

Y, mientras se exhibe este fulgor
con su indolencia azul, tal vez cerca
alguien pliega su amargura para
que nadie la vea y luego baja
a la orilla y la pone en el agua

y flota hasta que un pez curiosea
y se la lleva.



..........................................

La foto es de pequeñas dimensiones; no la conseguí mayor...no quedaba bien escaneada del libro.

sábado, junio 24, 2006

Veinte para el poema, para la fotografía

© Ricardo Martín



Una lumbre apacible regalando la serenidad…
su dilación, su gradual ensombrecerse que no amedrenta.

Me preguntaría dónde se posa el pájaro del ansia,
dónde reside la certeza de un futuro favorable.

El aire rojo no sabe, ni siquiera se reconoce…
carente de nombre discurre a otro archipiélago de dudas.

Y entonces mi convencimiento se resume en ese punto
llameante:

quizá una diminuta animación tiene ahí su semilla
para que la noche no sea toda ella desesperar
o un carnívoro trágico.

sábado, junio 17, 2006

Decimonovenos


© Ricardo Martín



Giovanna Garzoni elige un pincel con un solo deseo
para atrapar el dardo o fugacidad de las golondrinas.

Ovejas pastando entre la hierba azul. Giovanna imagina
al perro pastor ¿con alas o sin alas? Qué poco pesan
la lana voladora, el chiar de las golondrinas, el vértigo
de sus rasantes sobre los aleros pardos del verano.

Qué poco pesan la perspectiva y sus balcones, los ángulos
de algo cotidiano: escuchar
a las piedras, subir, ir atesorando las miniaturas.

Qué falta de peso, ¿verdad?, si un día, tal vez, no subieras
y las golondrinas no preguntaran por ti y continuasen
celestes con su griterío…





(En cursiva: un verso de M.A. Curiel)

sábado, junio 10, 2006

Decimoctavos

© Ricardo Martín


And joy, whose hand is ever at his lips
Bidding adieu...

Keats

Aquella vez, al separarse
Geb y Nut,
no hubo retorno.

Alguien robó el instante:

cuando la ausencia se contempla
en la mirada del amor
y la alegría, levantando
su mano, permite cobrizas
promesas que se desdibujan
en lo sombrío,

cuando lo más hermoso observa
a su amante y la transparencia
disimula un desgarro,
un arrecife.

Al separarse Geb y Nut,
distanciarse para mirarse,
para el primer aullido de ansia,
para el sonido del oxígeno…

Atardece…

...Ésos son los amantes.

domingo, junio 04, 2006

Para la 17ª fotografía


© Ricardo Martín




Más allá de las encinas se eleva un territorio
donde burlarse de la muerte es una estratagema
de la vida sin cifras.

Ellos, acariciando las hojas de las encinas,
ellos altos, silvestres.
Todavía quedan dioses a salvo de los hombres.


sábado, mayo 27, 2006

Decimosextos

©Ricardo Martín

La pincelada de Correggio
trae un dios que derribará
las alambradas con su soplo.

Oculto en los cúmulos malva
ese dios violento prefiere
besarlo todo, capturar
lo que tiene de femenino
un árbol.

…Si viniera pronto
y su presencia penetrara…

Como Ío,
los labios entreabiertos, dando
su cintura, su aventurada inocencia…

viernes, mayo 19, 2006

Quince para el poema, para la fotografía

© Ricardo Martín


Qué raras las visitas, a veces.

Suelo habitar un frío de escarcha
matinal y un sol escurridizo
como pelo de pez en las aguas
de invierno.

Suelo comprender a los gorriones
durísimos:

de mineral su breve plumón
cuando hay peleas por una miga
helada.

Suelo hablarle a enero de Castilla,
del misterioso calor del árbol
junto a un banco, al sol, el sol con branquias,
al solecito.

Pero de pronto hay una mañana
de palmeras de nieve.

Nevó toda la noche
y jamás es triste esta visita
aunque cubra en los países altos
las separaciones y las tumbas.

Una sorpresa aquí,
casi un regalo…Mira las huellas
de las patitas de los gorriones
o son los niños.

¿Viste palmeras en la ciudad?

¿Y cuánta nieve crees que cae
aquí
sobre los muertos?

domingo, mayo 14, 2006

oh, catorce ya


© Ricardo Martín


Ve llegar desde lejos. Parecía poseer
adargas de luz, armas sedosas de la certeza.

Desde la almena de la Puerta: el río con su noria,
la Huerta del Rey, la prontitud del Puente, Pinedo
y sus enigmas. Desde la atalaya esa trigueña
comarca donde el color del viento es una perdiz,
quizá una liebre.

Ve llegar desde lejos la claridad que celebra
los trances deliciosos de estar vivo. Parecía
que no respiraba al otear, al leer los vuelos
de palomas hasta las choperas y los juncares.

Entonces siente que el campo de batalla se vierte
como un regalo de sangre. Parecía el dolor.

Tuvo un presagio al ver llegar desde lejos las marcas
del día.

sábado, mayo 06, 2006

Poema, foto, 13


© Ricardo Martín


De repente: un presentimiento de la desesperación,
una silueta de aquello que arrasara la compañía,
la vecindad, la calle del trabajo, el jardín del cerezo.

Si ese día acaece y se prende negra su luminaria
que me encuentre convertida en álamo, en olvido, en nidales,

que yo esté muerta ya y no recuerde cuántos amores tuve
y cómo se amaron los hijos de los hijos de mis hijos.

Que no recuerde ni siquiera haber muerto ni haber vivido
.

jueves, mayo 04, 2006

Una parada: invitación






Sí, ésta es la invitación para la presentación del libro CIELOS DE TOLEDO. No se ve muy bien, la verdad... Día 15 de mayo, a las 19, 30, en el palacio de Benacazón, Toledo, claro.

sábado, abril 29, 2006

Duodécimos



© Ricardo Martín

Desconocer en qué momento
surgirá la sorpresa, el acto
enamorado de la luz
o
si me vigila en su escondite
un alborozo inesperado
o
que sea respirar, sin más,
el presagio de una presencia.

Cuánto deseo de un hallazgo
en nuestro corazón.

Cuánto misterio en la ciudad
o
sólo es el silencio.

viernes, abril 21, 2006

11 en la fotografía, en el poema

© Ricardo Martín

Tierra adentro
el mar en su ola detenida.

Como si Ulises
la visitase y el mar quieto
supiera que el tiempo zarpea
en las playas de los muchachos,
arrogantes con su hermosura,
y en esta costa de tierra adentro
sin gentileza ni descanso.

La ola detenida. Una joven
que siente al héroe llegar,
ya lo ama, lo está despidiendo
antes de mirarse en sus ojos
y descubrir ese delirio
de los países intocables.

Tierra adentro, donde hay mujeres
descifradoras de lo azul,
del índigo al violeta, añil;
garzo en abril, es casi verde
el mar.

Donde hay mujeres
reclamadoras de la lluvia,
que caiga el mar, cantan bajito.

Y la ola detenida trae
un don. Ulises se distancia.

Por fin se mueve el cielo.

sábado, abril 15, 2006

Décima foto, décimo poema


© Ricardo Martín



Elefantes de estar cansado,
haber conocido la noche
sin olvido, sin tan siquiera
cerrar los párpados, dejarse
llevar.

Insomnio o paquidermos. Cruzan
ahora hasta los bebederos
de la mañana. Míralos
pasar indiferentes, lentos
en su nacarado calor,
casi festivos, casi nubes.

¿Y dónde se atrasa la noche
de las rapaces ululando
en tu oído, con sus miradas
trágicas?

Albos elefantes celestes…
No traen el consuelo, mueven
un aire suyo, nada más.

Y, aunque el resplandor despabila
timideces en las farolas,
la noche prosigue detrás
de los perfiles, en lo blanco.

sábado, abril 08, 2006

Novenos


© Ricardo Martín

En la nitidez que se levanta de la niebla el viaje traza
su esperanza matinal, la enigmática y alta escapatoria.

Una aventura inalcanzable parece trazarse en lo pálido,
una travesía que desconocemos simula quedarse
como un hilo de espuma, como una invitación a las preguntas.

Desatendemos la razón de los adioses, los argumentos
que justifiquen distanciarse en la madrugada, separarse
de la gravedad y su refugio. Ignoramos la cobardía
en irse o el apremio en el encuentro tanto tiempo esperado.

Aquí estamos, anclados en nuestro puerto, en nuestro sortilegio
de vivir. Observamos por un instante la altivez del viaje:

Ellos, allí arriba, anónimos salvo en sí mismos. Son tan frágiles,

son tan caedizos.

¡Cómo nos pertenece su arrogancia!

sábado, abril 01, 2006

Poema, fotografía


© Ricardo Martín


Primero surge como el ala
de un ave enorme contra el frío
de febrero.

Es éste el mes de la visita
que se acomoda en los almendros
y cree que el alma es un pétalo
leve.

Primero aflora aleteando,
dando aire a la escarcha, entibiando
sus diamantes.

¿Oyes
un crotoreo de cigüeñas
nerviosas?

Las he visto arrancar agujas
de los pinos y remendar
sus nidos en las espadañas.

Las he visto envidiar el ala
del cielo: se atusan las plumas,
flacas se pavonean, blancas.

Primero empuja su silencio
emocionado y luego crece
vegetal de esperanza, incauta,
joven con sus huesos.

Y, aunque en mi corazón se empeña
el hielo, ella no detiene
su regresar de las raíces.

Y es que jamás estuvo muerta.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas
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