Pintura de Marie-Guillermine Benoist (1768-1826)Luna negra
Perfecta e invisible,
renunciando a pequeños hornos de la amargura.
No supieron mirarte
ni cuando estabas blanca, indomable en los campos,
subiendo las mareas
de los sexos erectos: haberte conocido
muy tarde en este año,
lamentándose.
No supieron mirarte aunque, eso sí, bebieron
de tus cánticos.
Hay una diferencia entre tu amor, la tinta
y la escritura torpe
de aquellos que temían llegar hasta el lugar
donde ya es imposible volver a estar tranquilo.
Perfecta e invisible,
no inútilmente negra sino ocultado río.
Allí lejos no esperas ni iluminas o perdonas.
Quien se atreva a mirarte será porque resiste
la música terrible
de los bosques más hoscos.
Será porque resiste mirarte si la noche
desvía sus ternuras.
Entonces brillarás
para sus labios
y cegado de amor
te esconderás del sol y las gastadas tardes
del otoño.
Será una noche sabía,
fértil y deslumbrante.
Oh, la primera noche
de pantera
perfecta e invisible...
Fotografía de D. CalzadaCuarto menguante
Luego se cansan...
Ahitos de veneno sobreviven
y tú, ¿qué has hecho
sino jugar ruleta e inocente?
Luego se cansan...
Recogen sus pedazos,se enderezan,
buscan muchachas dulces y prefieren
dos horas de cerámica vidriada
a beber de tu sangre y consumirse.
Ahora es tiempo
de ocultarse,
de ir adelgazando mientras sonríes
como un gato o como un arabesco
en la laguna.
Te buscarán
cuando luego les falte ese veneno
y tú estarás presente pero oculta;
el mar sabrá que vives muy callada
ejercitándote
sobre el gusto vulgar de los que pactan
con el miedo.

















































