sábado, agosto 05, 2006

Poema Alice 3


PANTERA PERFUMADA


Cuando quieres hacer un solitario
laberinto,

cuando tus ojos verdes se distraen
vigilando por ti las hojas secas,

cuando el felino joven que tú fuiste
cede su rastro al lustroso pelaje
de noviembre,

cuando la tierra duerme amoratada
y los venados lanzan sus berridos
y los cachorros cuentan sus conquistas
para cruzar soñando
el Año Nuevo,

parece que estás fuera
salvaje e invisible.

Sin embargo,
de tu carne tranquila mana lenta
una extraña fragancia;
de tu distante negligencia surge
y atrae a rubias bestias
bien intencionadas
que alegres curiosean tu laberinto,
que van pisando trampas de hojas secas
y pretenden saber
qué músculos desgarras, qué seguros
colmillos.

Déjales conocer tu resistencia,
que ignoren la textura de tus uñas
y aroma su llegada mansamente:

debe ser oportuna
la señal que te indica cada presa,
esa ocasión certera del zarpazo.

domingo, julio 30, 2006

Poema Alice 2



ALICE

Para siempre
junto a un viejo desorden
de la pasión impura todavía.

Para siempre
dejando atrás tu manto de princesa
y la primera herida por cerrarse.

Para siempre
larguísima distancia de aquel tiempo:
la oscura luz en los ojos de un hombre
y la ciudad ausente
de dioses sosegados y de ritos
amables.

Para siempre
me miras desde el otro comedor.

Hay puertas entornadas
murmurando tu nombre,
tantas puertas
que esperan que te pierdas para siempre.

Que esperan tu osadía para siempre
y dicen que ya es hora
esa elección que hiciste para siempre.

domingo, julio 23, 2006

PRIMERA PARTE, POEMA PRIMERO

© ZÓBEL


JARDÍN DE NOVIEMBRE

¿Qué príncipe durmiente
aguardaba tu beso?

Las últimas palabras de la infancia
minúsculas.

La leyenda de un niño
que no fue acristianado,
o un antiguo asesino
de mujeres y gatos,
un viejo juguetero
y una delgada joven de otro río.

Las últimas palabras de la infancia
tendidas.

Te mentía la luz
y era fascinadora
tu precoz insistencia con los príncipes.

Las últimas palabras de la infancia
diamantes
antes que la ceniza,
la prohibición, la angustia las hicieran
dudosas.

Las últimas palabras
cifradas
de
la
infancia;
en su jardín extraño consentidas,
en su jardín fantasmas luminosos.


"Te queda poco camino que recorrer-le dijo a Alice-. No tienes más que bajar por esa colina hasta el arroyo y, al cruzarlo,te convertirás en Reina"

BIEN...UNA NUEVA SERIE DE POEMAS...HE RESCATADO UN LIBRO ALICE...ME LO SUGIRIÓ UNA AMIGA....

domingo, julio 16, 2006

Veintitrés

© Ricardo Martín




Les dije a los niños que contemplaran el azar
violeta, su insospechado regalo, pero ¿cómo
sabrían comprenderme si el viento aún les posee,
si pertenecen al aleteo que no se explica
a sí mismo y a salvo se vuelve también violeta?

Ellos,
que ignoran el sometimiento a las fatalidades,
residen todavía en el ciclo del agua.


domingo, julio 09, 2006

Veintidós


© Ricardo Martín


Cuando la sombra es luz y el oro deslumbra a las hormigas

y lo más valioso reside en virutas de esplendor,

y hay una divinidad que envidia a las hormigas ciegas,

y sale como si mostrara a Sémele su verdad,

inflingiendo con su belleza la herida del deseo.


Cuando la sombra es luz y el oro aniquila con su gracia,

y esa gracia habita en los ojos hasta hacerlos de sal…


Y es que ya nos abandonamos, somos de un incendiado

designio,

somos aire de pira, ardiente corazón que se inclina

a otro corazón…


Entonces

una inminencia de lluvia

mágicamente se aproxima.


Tan sólo es eso: el agua…

y nuestro corazón…


y las hormigas.

sábado, julio 01, 2006

Veintiuno



© Ricardo Martín



La indiferencia del mediodía
se refleja en su intangible alhaja.

Desde La Cabeza baja al río
la luz, se entretiene entre las cañas
y, si hace un instante aún la sombra
chapoteaba en la presa, ahora
tanta luz recorre el pañueleo
de las garcillas.

Y, mientras se exhibe este fulgor
con su indolencia azul, tal vez cerca
alguien pliega su amargura para
que nadie la vea y luego baja
a la orilla y la pone en el agua

y flota hasta que un pez curiosea
y se la lleva.



..........................................

La foto es de pequeñas dimensiones; no la conseguí mayor...no quedaba bien escaneada del libro.

sábado, junio 24, 2006

Veinte para el poema, para la fotografía

© Ricardo Martín



Una lumbre apacible regalando la serenidad…
su dilación, su gradual ensombrecerse que no amedrenta.

Me preguntaría dónde se posa el pájaro del ansia,
dónde reside la certeza de un futuro favorable.

El aire rojo no sabe, ni siquiera se reconoce…
carente de nombre discurre a otro archipiélago de dudas.

Y entonces mi convencimiento se resume en ese punto
llameante:

quizá una diminuta animación tiene ahí su semilla
para que la noche no sea toda ella desesperar
o un carnívoro trágico.

sábado, junio 17, 2006

Decimonovenos


© Ricardo Martín



Giovanna Garzoni elige un pincel con un solo deseo
para atrapar el dardo o fugacidad de las golondrinas.

Ovejas pastando entre la hierba azul. Giovanna imagina
al perro pastor ¿con alas o sin alas? Qué poco pesan
la lana voladora, el chiar de las golondrinas, el vértigo
de sus rasantes sobre los aleros pardos del verano.

Qué poco pesan la perspectiva y sus balcones, los ángulos
de algo cotidiano: escuchar
a las piedras, subir, ir atesorando las miniaturas.

Qué falta de peso, ¿verdad?, si un día, tal vez, no subieras
y las golondrinas no preguntaran por ti y continuasen
celestes con su griterío…





(En cursiva: un verso de M.A. Curiel)

sábado, junio 10, 2006

Decimoctavos

© Ricardo Martín


And joy, whose hand is ever at his lips
Bidding adieu...

Keats

Aquella vez, al separarse
Geb y Nut,
no hubo retorno.

Alguien robó el instante:

cuando la ausencia se contempla
en la mirada del amor
y la alegría, levantando
su mano, permite cobrizas
promesas que se desdibujan
en lo sombrío,

cuando lo más hermoso observa
a su amante y la transparencia
disimula un desgarro,
un arrecife.

Al separarse Geb y Nut,
distanciarse para mirarse,
para el primer aullido de ansia,
para el sonido del oxígeno…

Atardece…

...Ésos son los amantes.

domingo, junio 04, 2006

Para la 17ª fotografía


© Ricardo Martín




Más allá de las encinas se eleva un territorio
donde burlarse de la muerte es una estratagema
de la vida sin cifras.

Ellos, acariciando las hojas de las encinas,
ellos altos, silvestres.
Todavía quedan dioses a salvo de los hombres.


sábado, mayo 27, 2006

Decimosextos

©Ricardo Martín

La pincelada de Correggio
trae un dios que derribará
las alambradas con su soplo.

Oculto en los cúmulos malva
ese dios violento prefiere
besarlo todo, capturar
lo que tiene de femenino
un árbol.

…Si viniera pronto
y su presencia penetrara…

Como Ío,
los labios entreabiertos, dando
su cintura, su aventurada inocencia…

viernes, mayo 19, 2006

Quince para el poema, para la fotografía

© Ricardo Martín


Qué raras las visitas, a veces.

Suelo habitar un frío de escarcha
matinal y un sol escurridizo
como pelo de pez en las aguas
de invierno.

Suelo comprender a los gorriones
durísimos:

de mineral su breve plumón
cuando hay peleas por una miga
helada.

Suelo hablarle a enero de Castilla,
del misterioso calor del árbol
junto a un banco, al sol, el sol con branquias,
al solecito.

Pero de pronto hay una mañana
de palmeras de nieve.

Nevó toda la noche
y jamás es triste esta visita
aunque cubra en los países altos
las separaciones y las tumbas.

Una sorpresa aquí,
casi un regalo…Mira las huellas
de las patitas de los gorriones
o son los niños.

¿Viste palmeras en la ciudad?

¿Y cuánta nieve crees que cae
aquí
sobre los muertos?

domingo, mayo 14, 2006

oh, catorce ya


© Ricardo Martín


Ve llegar desde lejos. Parecía poseer
adargas de luz, armas sedosas de la certeza.

Desde la almena de la Puerta: el río con su noria,
la Huerta del Rey, la prontitud del Puente, Pinedo
y sus enigmas. Desde la atalaya esa trigueña
comarca donde el color del viento es una perdiz,
quizá una liebre.

Ve llegar desde lejos la claridad que celebra
los trances deliciosos de estar vivo. Parecía
que no respiraba al otear, al leer los vuelos
de palomas hasta las choperas y los juncares.

Entonces siente que el campo de batalla se vierte
como un regalo de sangre. Parecía el dolor.

Tuvo un presagio al ver llegar desde lejos las marcas
del día.

sábado, mayo 06, 2006

Poema, foto, 13


© Ricardo Martín


De repente: un presentimiento de la desesperación,
una silueta de aquello que arrasara la compañía,
la vecindad, la calle del trabajo, el jardín del cerezo.

Si ese día acaece y se prende negra su luminaria
que me encuentre convertida en álamo, en olvido, en nidales,

que yo esté muerta ya y no recuerde cuántos amores tuve
y cómo se amaron los hijos de los hijos de mis hijos.

Que no recuerde ni siquiera haber muerto ni haber vivido
.

jueves, mayo 04, 2006

Una parada: invitación






Sí, ésta es la invitación para la presentación del libro CIELOS DE TOLEDO. No se ve muy bien, la verdad... Día 15 de mayo, a las 19, 30, en el palacio de Benacazón, Toledo, claro.

sábado, abril 29, 2006

Duodécimos



© Ricardo Martín

Desconocer en qué momento
surgirá la sorpresa, el acto
enamorado de la luz
o
si me vigila en su escondite
un alborozo inesperado
o
que sea respirar, sin más,
el presagio de una presencia.

Cuánto deseo de un hallazgo
en nuestro corazón.

Cuánto misterio en la ciudad
o
sólo es el silencio.

viernes, abril 21, 2006

11 en la fotografía, en el poema

© Ricardo Martín

Tierra adentro
el mar en su ola detenida.

Como si Ulises
la visitase y el mar quieto
supiera que el tiempo zarpea
en las playas de los muchachos,
arrogantes con su hermosura,
y en esta costa de tierra adentro
sin gentileza ni descanso.

La ola detenida. Una joven
que siente al héroe llegar,
ya lo ama, lo está despidiendo
antes de mirarse en sus ojos
y descubrir ese delirio
de los países intocables.

Tierra adentro, donde hay mujeres
descifradoras de lo azul,
del índigo al violeta, añil;
garzo en abril, es casi verde
el mar.

Donde hay mujeres
reclamadoras de la lluvia,
que caiga el mar, cantan bajito.

Y la ola detenida trae
un don. Ulises se distancia.

Por fin se mueve el cielo.

sábado, abril 15, 2006

Décima foto, décimo poema


© Ricardo Martín



Elefantes de estar cansado,
haber conocido la noche
sin olvido, sin tan siquiera
cerrar los párpados, dejarse
llevar.

Insomnio o paquidermos. Cruzan
ahora hasta los bebederos
de la mañana. Míralos
pasar indiferentes, lentos
en su nacarado calor,
casi festivos, casi nubes.

¿Y dónde se atrasa la noche
de las rapaces ululando
en tu oído, con sus miradas
trágicas?

Albos elefantes celestes…
No traen el consuelo, mueven
un aire suyo, nada más.

Y, aunque el resplandor despabila
timideces en las farolas,
la noche prosigue detrás
de los perfiles, en lo blanco.

sábado, abril 08, 2006

Novenos


© Ricardo Martín

En la nitidez que se levanta de la niebla el viaje traza
su esperanza matinal, la enigmática y alta escapatoria.

Una aventura inalcanzable parece trazarse en lo pálido,
una travesía que desconocemos simula quedarse
como un hilo de espuma, como una invitación a las preguntas.

Desatendemos la razón de los adioses, los argumentos
que justifiquen distanciarse en la madrugada, separarse
de la gravedad y su refugio. Ignoramos la cobardía
en irse o el apremio en el encuentro tanto tiempo esperado.

Aquí estamos, anclados en nuestro puerto, en nuestro sortilegio
de vivir. Observamos por un instante la altivez del viaje:

Ellos, allí arriba, anónimos salvo en sí mismos. Son tan frágiles,

son tan caedizos.

¡Cómo nos pertenece su arrogancia!

sábado, abril 01, 2006

Poema, fotografía


© Ricardo Martín


Primero surge como el ala
de un ave enorme contra el frío
de febrero.

Es éste el mes de la visita
que se acomoda en los almendros
y cree que el alma es un pétalo
leve.

Primero aflora aleteando,
dando aire a la escarcha, entibiando
sus diamantes.

¿Oyes
un crotoreo de cigüeñas
nerviosas?

Las he visto arrancar agujas
de los pinos y remendar
sus nidos en las espadañas.

Las he visto envidiar el ala
del cielo: se atusan las plumas,
flacas se pavonean, blancas.

Primero empuja su silencio
emocionado y luego crece
vegetal de esperanza, incauta,
joven con sus huesos.

Y, aunque en mi corazón se empeña
el hielo, ella no detiene
su regresar de las raíces.

Y es que jamás estuvo muerta.

viernes, marzo 24, 2006

Séptima fotografía con su poema


© Ricardo Martín


Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos


Antonio Machado


Si se despierta y se despliega el animal
y a una llamada suya la varea cunde

quiero pertenecer a esa piel de apariencia
hostil, comarca poco dada a los halagos,
olivera criatura que no agasaja
en nada
salvo en su sangre vegetal untuosa y fértil.

Quiero llamar al aguacero sobre el ocre
corazón de las lombrices y no amedrente
el trueno sino abrazar del agua, cariño
de los austeros, de los que huelen aún
a mejorana.

Que me llame el animal, que estire mis ojos
hasta el castillo de Almonacid o la raña
por donde huyeron los príncipes tatuados
de verde.

Y que no me entretengan angosturas. Nadie
me demore, que voy al animal, me voy
de aceite.



Antonio Machado (1875-1939) La estrofa que da título pertenece al libro “Nuevas canciones”

sábado, marzo 18, 2006

Sexto poema, sexta foto

© Ricardo Martín

Tumbarte, ver pasar los barcos,
retrasarte en el tiempo. Barcos
blancos marchándose.

Hoy el azar se balancea
allí arriba, en la balsa. Estás
disfrutando de tierra, espalda
en lo mullido. No te inquieta
un entusiasmo deslumbrante,
no te desasosiega el miedo
ni el amor desdobla el pañuelo
de las argucias.

Sin yacer ni erguirte doliendo,
sin poseer algún secreto
que amenace.

Un fleco del futuro, un guiño
de la memoria.

Calisto, desde el solejar,
ve pasar los barcos. Calisto,
el de Azorín. Y tú, tumbándote.

Siempre los mismo barcos,
tan distintos.



sábado, marzo 11, 2006

Quinta fotografía, quinto poema

© Ricardo Martín

Quiere ver la luz en los párpados
infantiles y el centelleo
anaranjado en los cristales.

Quiere oír la canción del ¡hale,
levántate que la mañana
es una muchachita
!, y quiere
oír el aroma del amplio
estar en la vida o estar
muy cerca.

Quiere quedarse, hablar contigo
de un secreto, de dos tristezas
y tres palabras verdes
con el gozo.

Quiere querer, tocar tu mano
cuando te rozas la mejilla,
saludas
y vas a tu costumbre
de la soledad o los niños.

Quiere permanecer redonda,
enorme, o como la sonrisa
del Gato de Alicia.

Pero se va con lo que ha visto
y ha tocado. Se va, se esfuma.
Ya es azul y no está. Se vuelve
barca.



martes, marzo 07, 2006

Cuarta foto, cuarto poema



Creo que merecen una explicación las fotos y el poema...

...Hace dos años llegaron las cigüeñas en su viaje desde el norte; venían muchísimas y se situaron cada una en pináculos, en torrecillas de La Catedral, de San Juan de los Reyes y de otras iglesias de la ciudad.
Se entretuvieron aquí una temporada muy larga, hasta bien entrado el invierno, y una mañana, de repente, ya no estaban. Pero en ese intervalo de su visita el espectáculo fue una maravilla:
Era sorprendente oír su crotoreo ruidoso buscando al eco por las calles aún en sombras, era la belleza contemplar cómo iniciaban su vuelo desde las alturas e iban ¿dónde?, quizá a la orilla del río ( allí debe haber mutaciones dalinianas), quizá al vertedero o los restos de los sembrados en La Sagra... Verlas planear, blancas, unas raras reinas... Y una mañana, de repente, ya no estaban.





Tantas, tantas veces
allí, en la altura, desde el Cerro
viste marchar al navegante
de la jornada de septiembre.
Y la corona de los reyes
muertos de San Juan
era un puerto que, a contraluz,
se ennegrecía con la espuma
de la costumbre en despedirse.

Hoy, igual que siempre,
cuando admiras esa belleza
del marcharse y los melancólicos
insisten en la brevedad
de su herencia
-aunque tú no, tú amas
no acobardar momentos ni aire
agotado-,

hoy, cuando las cigüeñas, cada una
sobre su torrecilla gótica
o equilibrando la veleta,
miran la huella del navío
y recuerdan a verticales
gárgolas,

tiene la tarde un interés
por la fugacidad del rastro
de lo hermoso,
tiene la tarde una disculpa,
y ni un gemido del adiós
quebranta el momento.

Esta delicadeza surge
del vivir

y es entonces
cuando el fotógrafo captura
un secreto del irse, pero
se queda todo anocheciendo
grato, consintiendo.



© Fotos :Ricardo Martín

sábado, marzo 04, 2006

Tercer poema, tercera fotografía


© Ricardo Martín

Se detiene un instante y descansa
el tiempo.

Todo, de pronto, es isla escondida,
territorio calmo donde duerme
una pena y se cubre dorada
la mano evocadora.

Procura demorarte entre gestos
previsibles y esa ambigua luz
acaeciendo, ocultando el hierro
de lo triste.

Todo, de pronto, es isla ligera
y tanto es el silencio que nada
cruje, nadie saca del carcaj
las sospechas.

Retrásate en esta placidez
que no distingue
la bondad de un pecado bellísimo.

Luego,
un exceso de azul volverá
a lo imposible.

miércoles, marzo 01, 2006

Segunda foto,segundo poema


© Ricardo Martín


Tormentece y los pájaros
apresuran su caza.

Vemos al fuego abrirse,
a la mañana alzarse,
a una promesa de agua
consentir.

Arriba, aprisa, pájaros.

Regresan las visitas
de septiembre,
los pasos recobrados
que consuelan.

Como un cielo de cuento,
antiguo e infantil,
la luz se enjoya.


............

(Por si no se ve bien: los puntitos son pájaros, vencejos de la mañana)

domingo, febrero 26, 2006

Primer poema, primera foto



© Ricardo Martín


Una luz loca zarandea el mediodía.

¿Lloverá? , me preguntas.

Yo sólo sé que las mujeres de la magia
cabalgan hoy.

Juegan con la aguja de la torre, abrillantan
fachadas, cantan para la dureza, juegan
para los amargos de la ciudad, los mudos,
los apagados.

Las mujeres de la magia montan caballos
de agua.

Y hay que hablar más alto, más aprisa, la luz
sopla en tu pelo, viene desde el mar, del mar
que nunca vimos.

¿Reirán las mujeres?, me preguntas.

Yo sólo sé que bailan sobre el fuego. Vuelven
a esta ciudad
que cubrió con escoria sus bocas paganas.

Aman a la ciudad, la traen de la sombra,
del agrio murmullo incensado de la muerte.

La luz nos equivoca...

¿No ves a las mujeres
bailar en los tejados,
pacificar hogueras?

Otro sentido

Sí, otro sentido...aunque el mismo.
He tenido la formidable oportunidad de contemplar las fotografías de Ricardo Martín, compañero y amigo, y he escrito sobre ellas...y, para colmo de suerte, mis poemas las acompañarán en un bello libro de inminente publicación.
El cuerpo fundamental de CIELOS PARA TOLEDO, como provisionalmente se llama esta publicación, son las fotografías, evidentemente; los poemas les ceden una palabra, no es la única, sólo es la mía.
He de añadir que los cielos de todas las fotos pertenecen a Toledo y ninguna está modificada, trucada, pestañeada... Desde aquí le doy las gracias a Ricardo.
La edición llevará como número de Isbn 978-84-7788-410-1
Es muy probable que el libro ya esté en la calle para el verano.
¡¡¡Por fin la ciudad, mi ciudad, mi Ogigia escondida!!!
Bueno, ahí va.

viernes, febrero 24, 2006

Cuarta parte, tercer poema

Untitled (Red) 1956


Como si un campo de amapolas
me recorriera de los pies al alma.

Escucho la melodía del fuego
creando de la nada un aire
donde se agita la primera
curvatura del mundo.

En la calle glacial el miedo
congela su nariz
de ausencias y el hielo detiene el pulso
de las tórtolas.

Pero hay en mí un planeta que arde
y, aunque consiga
abandonar su música,
una herencia silvestre
me embellece a cada momento,
me hace lista, me enseña el libro
de la magia de la mañana gélida
y, sin embargo, lumbre que alzo
para ti,

secreto,

secreto con el nombre más azul
que existe
y ansiado, y rojo.

domingo, febrero 19, 2006

Cuarta parte, segundo poema


Blue green and brown


Aunque parezca que los lobos
se adueñan de la puerta de mi casa
han permanecido avezados
guerreros y ahora despojan
sus cinturas de los metales
de la vehemencia o de la ceniza.

Qué maravilla
la noche sin calor, sin dudas
ni desesperados encuentros,
ni saludos ni adioses, nada
salvo esta noche abisal, fulgurante
de estrellas sin mensajes,
sin muertos ni súplicas, sin amor
imperfecto.

Tan sólo esta noche ancha y casta,
esta dama desnuda ante mis ojos
.

domingo, febrero 12, 2006

Cuarta parte, primer poema




White and greens in blue


Lo que vive verde, casi negro
pero no agitado por un duelo
con aquello que ya no regresa,
traza la fortaleza
de un árbol hostigado
por el relente.

Y está en mi corazón;
no es la promesa de un ángel cálido
o que las perdices sobrevivan
a la noche de enero.

Apenas verde,
de un verdor que no cansa, un latido
sin edad, sabio según el tiempo
patina igual que un muchacho estúpido
y, sí,
también es atractivo.

Sé que soy una reina en su torre
fría,
y no me digas que lo feliz
jamás se madura ni se inclina
a la frugalidad.

En cada arruga tengo un arroyo
verde
y, al sonreír, sus aguas
fluyen a mis dedos inventando
vidas y tormentos ardorosos.

En apariencia rielan heladas
pero van encendidas.

sábado, febrero 04, 2006

Tercera parte, segundo poema

Orange and yellow. 1956


¿Has visto cómo se oscurece
la tierra después de llover?

Tal vez noviembre sólo guarda
silencio:
es tan breve cuando esmerila
los ángulos de la ciudad,
cuando la niebla y el sol, luego
una nube, apaciguan
la carne de las piedras
y una bella manzana rueda
calle abajo
y te pregunto si el sabor
de un amor devorado puede
persistir.

Tal vez este manto granate
no quiera hablar sino extenderse,
cerrar la naranja de zumo
de tus labios, porque me observo
preciosa,
callando,
renunciando a tu regalo.

Únicamente las encinas
cantan con sus violines
y se resisten a cromarse
de cansancio.

¿Has visto
cómo me voy sin irme, yéndome
al lado de la lana
silenciosa,
cerca de la raíz del vino,
muy cerca del alacrán que oye
en su nido dulce llegar
a la dama de hielo?

sábado, enero 28, 2006

Tercera parte, primer poema



Old gold over white


Este aromar de los jazmines últimos
que emblanquece, ligero, cuando paso
y escucho.

Callados finalizan pero cantan.
Se consuman sin voz pero me cantan.

Y una calmosa muerte que no es muerte
despliega
la partitura donde inventa el oro
flabelos de tostadas clorofilas
y otras hojas minúsculas que nunca
rozaron el ardor ni el infortunio.

Hay una madre persiguiendo al hijo
que ahora corretea desvivido
y adorna su cabello con diademas
de octubre
como un príncipe corso, y no la siente
llorar, y nada siente allí, no tiene
cuerpo.

Una corteza de manso metal noble,
antiguo a la manera de un augurio,
me envuelve, y no se contradice el día
si desdobla
este aroma postrero hasta la calma,
si me vuelve a envolver
y se amolda conmigo hasta la lluvia.



sábado, enero 21, 2006

Segunda parte, segundo poema





Orange and yellow


Cada campanada despierta
a una ciudad de las acacias.

La calle recobra un respiro
cuando el amanecer alisa
su inminencia.
Y en los árboles,
en los delgados huecos donde
la avena loca besa un ocre
duro hueso
de las piedras,
se despereza la demanda
de quien reposa sin sonido.

Pronto avivan
un fuego cítrico las lenguas
del sudar y esa inmaterial
melancolía en el destello
del sol endiosado de julio.

Y el acero
del cielo se confundirá
con una segada planicie
sola y sola.

Mientras tanto los habitantes
de las acacias se saludan
hambrientos.
Y mi sudor se enfría, vuelvo
a dormirme y oigo opinar
sin motivo,
tan ruidosos
entre sueños,
a los pájaros.

viernes, enero 13, 2006

Segunda parte, primer poema



Blue cloud


Lo rodea todo desde una claridad
que no permite adormecerse a los gorriones.
El calor confunde esa llamada con grillos
enamorados y centellea la hierba
como un vino aloque que alguien vertió en un vientre
ofrecido, tendido y lejos del recelo.

¿Verdad que esta noche no parece la noche?

Un fulgor de luz abrasada cruza el aire;
los asesinos de ojos de sirena acechan
roedores de insomnio en la orilla del río…
pero no nos vigila su silbido untuoso
ni la culebra, allí abajo, donde la noche
perfuma peligrosa y sisean sus zarpas.

Me miras en este resplandor que rodea
todo: mis labios, del color de la sagrada
piedra con estrellas, tus labios acercándose,
y veo a tu mano bajar entre mis pechos.

Todo es una sombra que arde sin aflicción,
densidad complacida que guarda la luz
cuando se fuga
de un día de verano y nos abraza a solas.

lunes, enero 09, 2006

1ª Parte, segundo poema





Green divided by blue


La ráfaga del martín pescador,
un breve pensamiento
conteniéndose
en el vuelo inicial de la belleza.

De la belleza de la flecha incisa
en el río
para tanto apetito:
consigue el alevín que no fue cauto
y sin frenar captura una libélula
descabalgada y torpe con su brillo.

La esmeralda veloz tiene la mágica
ausencia del dudar o detenerse
por mirarse; su aletazo es la brisa
que queda tras arder
una intención.

No puedo conquistarlo,
ni siquiera observar su a ras del agua,
su posarse en la rama,
irisarse
entre las hojas finas y la seda,
más que celeste, abril.

Y el tri-trí
que parece citarme
oculta
su posesión preciosa.

Esto es vivir, sucede a cada instante.

Sólo alcanzo
a contemplar, flotando, el pensamiento
en el agua,
un reverbero glauco,
apenas una estela de lo vivo.

viernes, enero 06, 2006

1ª parte, primer poema






Green, white and yellow on yellow


Algo fresco que en nada se parece al tegumento
del diamante ni a la tersa porosidad del mármol
pulido de la pena.

Algo fresco entibia con una bocanada de aire,
deshabita la persistencia del helor que aturde,
templa, desocupa el exceso de las alabanzas
en las noches enormes
sin pájaros nocturnos, sin caderas desasidas.

Algo fresco y, sin embargo el día, de tan azul
verde muestra su gesto, su cielo, su libro de horas
abierto en una sonrisa de adiós, por fin, al hosco
semblante de febrero.
Y una terneza verde
de puro azul pronuncia casi albar esta mañana.

¿Cómo puedo ignorar la vocecilla de las prímulas
que, por un algo fresco y claro, jaldes parpadean
leves, tapizadoras?

¿Cuándo tendré un instante más dorado que este signo,
el rastro del instante
donde apenas respirando me convierto en aliento
de algo que ayer no estuvo
y en la mañana, ligero igual que un soplo, acaece
y sonríe salvaje?

¿Cuánto, del fresco y blanco misterio que ciñe a un mundo
surgiendo de improviso,
dice mi nombre y me desviste de las ropas crudas
y me da una raíz
y me inaugura?

Nueva serie

Bien, Día de Reyes. Nueva serie de poemas. Ésta pertenece al libro JARDÍN AL MAR, publicado en el pasado año. Mi amiga almena, fiel lectora, y mi querido blogsin ya los leyeron en el anterior blog; quizá también alguno más de los lectores.

La serie, dentro del libro que he citado, se titula TOPIARIA DEL COLOR y está dedicada al pintor Mark Rothko. Descubrir su pintura fue oír cómo habla la plasticidad, cómo escucharla...y fue aprender a mirar.

Su estructura: Cuatro partes-tal vez las cuatro estaciones- y, en cada una de las partes, varios poemas. Éstos suman un total de nueve. Los títulos de los poemas son los mismos que llevan las pinturas elegidas.

En fin, ahí van...

miércoles, enero 04, 2006

Última fotografía, último poema


En lo más silencioso habita
una belleza que se ignora,
un fuego inextinguido.

Dime cómo mirar
para quemarme.
















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Última foto, último texto de esta serie, del libro EL ESPEJO DEL VIENTO. Mañana, más...o pasado....otras imágenes queridas, otros poemas.

domingo, enero 01, 2006

Penúltima foto, penúltimo poema






Los gatos,
como niños que son, saltan los charcos
para vencer el agua de una selva.

Los niños,
más gatos que otra cosa, merodean
caricias que no piden. No hacen caso
a tu llamada.
Escapan.
Vuelven.

Los gatos, cuando salen de la escuela,
ríen.
En la escuela maullaban con la tinta,
ahora se ríen de la humedad
del aire,
de su lágrima adulta.

Los niños ablandan cada columna
con su pelo tan suave.
Juegan a hacerlas dulces y pequeñas
y las columnas bajan galerías
por oírles hablar en el idioma
de los gatos.

La plaza se abre más
porque los niños buscan sus gateras,
porque los gatos mojan sus zapatos.

miércoles, diciembre 28, 2005

Poema, fotografía





Lo que atesora la memoria
ignora el frío de la prisa.

Una luz de julio se ha quedado
en los soportales
aunque esos días de nublarse
y lluvia en La Mancha se peguen
a tu piel como una tristeza,
como algo más cierto
que

...”Pero ¿qué digo?
Que me estoy atravesando
el corazón; no es posible
resistir a lo que paso:
toda el alma se me abrasa.
¿Para qué, cielos, lo callo
si por los ojos se asoma
el incendio que disfrazo?”­*

Lo que atesora la memoria
es una lluvia enamorada
en esos días de La Mancha
grises.

Sólo el amor, que escapa siempre
de los retratos y los lamentos,
suele hablar. Nadie se detiene
a atenderlo.



­ *De EL DESDÉN CON EL DESDÉN. Agustín Moreto.

sábado, diciembre 24, 2005

Otro poema y otra fotografía





Aún no sopla el ábrego
con su lengua de lluvia
calando la camisa.

Sólo un potrillo saltarín
que no adquiere la fuerza
necesaria,
que juega como un rizo,
que ni siquiera desordena
el polvo.

Todo está detenido, amable
al mediodía, sin cansancio.

Te imaginas más alta
que el don de las campanas
y perfecta.

La cotidiana pesadumbre
queda lejos, allí,
se mueve ajena.

Volar si tú quisieses,
vencer a las gigantas
y su malicia.

O jugar con ese caballo,
caracoleando
desde un viento muy fino.



(Este poema está dedicado a un caracol misterioso. Va en bicicleta, le gusta el mar levantisco y provocar al viento...No sé su nombre pero, ¿qué más da? Es sólo un nombre, no importa mucho...)

miércoles, diciembre 14, 2005

Poema y fotografía

Una destreza se anuda a un ritmo y origina la levedad.

Tus muertos están de tu parte.

Sientes su respiración transparente en los nudillos de tus manos y concentrarte en la blonda es una conversación y les dices: vuestra caricia es la flor de los hilos; estáis tan cerca que os oigo mover por mí los alfileres.

Sabes que cada cual carga con un secreto, que las mujeres en compañía tienen a sus muertos detrás, protegiendo su espalda, enjugando las lágrimas que no deben salir en la tarde tan hermosa de la plaza.

Les dices a tu abuela, a tu tío: miradme, voy tejiendo un encaje con mi propia cansada materia, un camino de mesa para que sostenga mi nombre ínfimo.

Hablar con las otras mujeres lleva un aire teatral y convencido.

Nada es verdad salvo mis muertos, piensas, nada que no sea dibujarlos sobre el almohadón y pedirles pequeñeces porque están sentados con los dioses de la Nada.

Después te irás con ellos cuando cese el dindón de los marfiles.

Quizá tu hija venga a restablecer lo que dejaste o quizá únicamente muertos anuden lo ligero en los bolillos.

miércoles, diciembre 07, 2005

Una de mis fotos preferidas del fotógrafo, con el poema, claro



El mensajero se detiene por un instante antes de hablar.

Venía del resplandor de las islas, de los miedos en los cruces de caminos, de los mercados y la suerte, de las calles de tu ciudad por donde escapan los ladrones.

Interpretaba a los extranjeros y una leve sospecha se trazaba en sus rostros tras los pactos.

Las serpientes del kerykeion no acababan nunca de trenzarse.

El mensajero piensa cada palabra antes de hablar y elige una que se desvíe a la verdad y a la mentira, otra que golpee amorosamente con su mal, y para la última escoge un filo que penetre fatal y limpio y que su herida no se cierre nunca.

Ellos son terrenales y aún no atienden a los avisos.

..........................


Tu padre, que conocía bien el fuego y los metales, te llevó de la mano al Museo del Prado.
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(La foto me recordó el cuadro de Velázquez, cuando Vulcano está a punto de recibir la visita del Mensajero, del engañoso e inigualable Mensajero)

jueves, diciembre 01, 2005

Otra foto, otro poema


¿Con qué música baila el lienzo
escapado?

¿Qué música del día
de volar?

Cometa sin bramante, pájaro
del recuerdo de harina.

En la reja del aire, nido
quieto,
el silencio captura el aire;
en el arel del aire
hay un silencio con voz de hombre
llamando a velas blancas.

Y el lienzo arriba, arriba, lleva
una palabra loca,
una bandera del país
de los ríos sin peso,
una carta,
un vestido de novia; lleva
el pan que se ha mudado en nube,
la miga de ese pan
sobre la vela de los barcos.

El cedazo del aire
lo reclama,
lo quiere para sí,
para cosérselo a la piel,
para besarlo.

sábado, noviembre 26, 2005


De la materia de la sed,
sumisa carnadura de la tierra;
de la materia donde flores
caminaron con su pequeña vida,
y el viento acarició su vientre
callado, acogedor de sangre,
vientre dócil, intenso, que serena
a los muertos.
Del laborioso tacto que transforma
el cuerpo maternal y todo
el ser de quien se inclina crea
y se concentra en tal prodigio,
se envuelve de silencio imprescindible
y amalgama una forma que contiene
un planeta
y ya no sólo arcilla es la costumbre,
no sólo de un objeto el alma
moldeada
se muestra.
De esa materia calmas la avidez
del agua:
te sumerges en tus manos alegres,
tomas un regalo escondido
y ya eres el agua misma, eres
un objeto de amor tan necesario.

martes, noviembre 22, 2005

Poema con foto del libro "El espejo del viento"


Para que una porción de sol
no más grande que una manzana
dore los muros y florezca
cuando la hora
de la melancolía,

para que distingas el rostro
que te corresponde expectante:
se aproxima y un regalo suyo
llena tu casa
con su lazo de fuego,

para que quien regrese sepa
perdonarse el pasado
aunque la austeridad rechace
cualquier adorno,
cualquier añadidura al hecho
de ese encuentro,

una estrella mínima allí,
tenaz, consoladora,
luce
humana y breve.

( Y el campo
es ancho y grande y noche
.)

...Y su parpadeo pronuncia
tu nombre.

jueves, noviembre 17, 2005

Esta vez poema corto con su foto


Con su raro alazán
recorre sus dominios.

Quién jugó a caballero,
cuando la infancia escoge
ser eterna,
repite lo que anduvo,
no se cansa del tiempo.

sábado, noviembre 12, 2005

Poema y foto


¿Escuchas, mientras habla contigo de las cosas, el golpeteo de la cárcola?

Con qué facilidad mueve la vida su lanzadera: en tu serena urdimbre enfila un hilo rojo de dolor o de placer vertido, un hilo blanco de la ausencia de culpa, amarillo del mar, de ese otro mar cercano que enceguece. Y azul de ojos amados de quien niega. Luego la vida tupe con el peine tanto dibujo, a ti, para que quepa más del daño o del asombro.

Tú dormías vacía de siluetas y de ángulos. Y al concluir la red te tenderás.

¿Escuchas, mientras te habla la tejedora, el murmullo que la mañana trama sobre ti?

domingo, noviembre 06, 2005

El poema con su fotografía

¿Quién distingue la densidad
del tacto?

Dime qué diferencia se halla
entre la huella de la flor
y su perfume.

Cuando el lienzo escapa, un reflejo
se reúne, se fortalece
y el recuerdo recobra
lo perdido:

rastro del giro vuelve
transformado en el muro,

fantasma del moler regresa
y se posa en el encalado
como un pájaro negro,
sólo negro por abrazarse
al blanco.

Dime que ese pájaro tensa
sus alas
y se yergue para volar.
Dime que vuela.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas
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