lunes, mayo 12, 2008

Poemas en Hermes II (Revista nº 1)




      Retrato

      No iré a los funerales
      de parientes que apenas conocía
      y han de ser de cristal los guantes que regalo
      para tener un uso valioso e inservible.

      Me mirarán muy mal cuando reparta
      con tan poca pericia mi cariño.
      Murmurarán:

      - se cree
      que anidando en un árbol de penumbras
      su corazón va y viene
      con el vuelo rebelde de los pájaros.

      Y sí, es lo que creo...

      ¿Acaso
      sabes proporcionar
      equitativamente
      la gracia apresurada de tu estima?

      ¿Y sabes distinguir
      un gorrión de entre todos,
      por si son inmortales como cuenta Paoletti?

      Pues sí, así me creo...

      Indiferente, igual que una avecilla
      sin ritos familiares,
      discutiendo por una miga seca,
      luego yéndome, siendo
      de idéntica textura con las plumas de otoño.

      Indiferente, igual que un leopardo,
      que un tren en vía muerta,
      que un camino hacia dónde...

      Ya no te digo más porque no es bueno
      saber todo de un pájaro.
      A ti te quiero y basta.
      Y quiero a los parientes
      de muerte lejanísima,
      queriendo mucho y poco, da lo mismo.

      Es un cariño de aire y del segundo
      que atrae el corazón a su memoria.

      Un animal que nunca se detiene,
      un ser alado y tonto
      e insumiso.

sábado, mayo 10, 2008

Poemas en Hermes I (Revista nº 1)

Entre los años 1995 y 2005 se fue publicando en la ciudad una revista (25 números)de carácter local dedicada a la creación literaria, fundamentalmente poesía. Esta revista tomo el nombre del dios viajero, ladrón y amante del juego que trae la palabra de los dioses, Hermes.

A lo largo de los años referidos colaboraron numeros autores con sus textos y con sus dibujos.


Así, comienzo una nueva serie de poemas: los que fui publicando en la revista ( si no todos, al menos los más relevantes) Algunos aparerieron con mi nombre y, otros, por el gusto del juego, con pseudónimo. Los poemas de Adelina Esteban, digamos que mi "amiga" saludándome en el espejo, y publicados durante varios números de la revista, ya fueron bajados hace tiempo en este blog...si acaso, ya veré si vuelvo a presentarlos.

El poema que ahora vemos fue publicado en el primer número de Hermes, revista estacional de poesía.








CARTA A JOHN K.


En este aprendizaje de la infelicidad hay un instante de esplendor que despereza
el árbol aletargado en mi escritura.

Hay un instante de esplendor que es mío:

las palabras no son una fruta violentada, no renuncian a la excitación de su prodigiosa fortaleza, inventan otro modo de acercarse al ocaso de la angustia y, en una página blanca, el azar de la existencia de las cosas más próximas a mí se convierte en carne y sangre y piel que no se pudrirán si desvío la mirada a causa del dolor, si pienso que no es verdad el fuego de la materia duradera.

Siempre me dices


mira cómo se entrega el sauce a la muerte, cómo despierta al día de su muerte acicalándose en el viento. Una gasa verde se insinúa en sus huesos, un leve movimiento de la tierra lo resucita. Mira cómo adelanta el fin, cómo no espera a ser llamado.

Y murmuras sonriéndome

no te resistas a su luz pues la muerte brilla al fondo de sus besos vegetales.


John,

en este aprendizaje de la infelicidad la luz es un irse deslizando a la amargura que ha extraviado el momento de esplendor prometido en la mañana; tal vez, el país de la monotonía hubiera dado un vuelco y, de pronto, nada estaba en su sitio porque temblaba el desorden de gozo con una inesperada anunciación:

el hallazgo de un tesoro pirata que se creía una leyenda, el saltar a la superficie un manantial de saludos tan impetuoso como los géiseres y con la misma fe que permanece en los alminares aguardando las respuestas consoladoras y divinas.

El árbol enraizado en mi escritura no posee el inicio de la primavera que resplandece en el sauce; de poco le ha servido su aguzada consciencia del exceso mientras la pasión se le iba enroscando vorazmente y él se dejaba acariciar y se perdía.

Y aunque sabe que la muerte no gusta de los epílogos sino que reside en la primera letra de los deseos, se estremece, no acierta a contener las grietas de la tristeza, se duele tanto que los días se transforman en un calvario de cofres abiertos y vacíos.

Qué pocas palabras se disfrazan entonces para la noche de la fiesta.

Qué celebración más rápida la de ese carnaval de no ser quien soy y ser el personaje a quien la suerte regaló su capricho de felicitaciones, un sortilegio de palabras para calentar el pecho de los que escuchan su declamar pausado, para emocionarlos y para conseguir una tregua en la aflicción inacabable.

He reconocido al viejo dios del tiempo entrando en mi casa, aclimatándose a mis hábitos de soledad y de pequeños abandonos por parte de los niños.

Siempre me has dicho que él encontraría mi refugio, que me arrebataría el significado del amanecer, de las intenciones libertinas, del repetirse una y otra vez las heridas del costado.

Este viejo dios ha tomado asiento en el árbol que se creía una población de cúpulas doradas, y las imágenes de fantasmas se multiplican igual que delgados frutos de una enfermedad silenciosa.

No me siento culpable porque otros dioses se hayan disuelto en la edad del barro; tú bien sabes que perder la ingenuidad es desconfiar de las peticiones de justicia, ya me advertiste cómo la inocencia hiela la mirada, cómo descubre las trampas del futuro.


John,

ahora comprendo que mi aprendizaje se ejercita en la sed de la memoria, un angustioso recordar que si los actos se repiten hasta el hastío, no todo es igual y la fugacidad los convierte en juegos irrecuperables, con su momento de esplendor, con su eternidad de huella perdida.

Y a pesar de tanto esfuerzo para morir despacio, me aconsejas que no pruebe de las aguas del Leteo.

No temas,
no beberé de sus aguas, no acercaré mi boca a su grial tranquilo y sin retorno.

Me quemará el paladar la negra aceituna del ansia, se abrasarán mis pulmones con la ceniza que vuelve cuando la alegría se despide, pero no beberé y tú no me verás en el lecho del río, cerca de los cuerpos tendidos boca arriba y lanceados por la corriente.

Resistiré en la infelicidad, se esfumará el momento de esplendor, se calcificará en el desencanto su peligrosa golosina, pero no beberé, ni siquiera me miraré en las aguas del Leteo.

Porque, a cambio del olvido, ¿qué leña harán de mi árbol de palabras aquellos que quieran abrazarse con sus restos de amor?

A cambio del olvido, qué otra cosa seré sino mentiras:
no haber vivido nunca la sinrazón de un juego temerario, no haber sentido nunca al corazón hallando una pregunta de cariño.


John,

no bajes aún las escaleras de la Piazza di Spagna y quédate a mi lado: contemplarás con mis ojos la querencia para crecer en la Melancolía del árbol que regamos suavemente;

alcanzará la infelicidad azul y luminosa del verano y no tendrá por techo más que su propia soledad, altura de palabras remontando el viaje de las aves que jamás,

jamás se detienen en un nido.

sábado, mayo 03, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XIX y XX

Finalizo las ciruelas que es así como Jesús Pino y yo llamamos a este libro peculiar. Y finalizo con los dos últimos poemas; las palabras se cierran con mi adoración por Matisse y la magia visual de Cartier Bresson.







      Leda y el cisne




      No busco detrás de las nubes
      la diferencia en tu visita
      y el relato de un ángel
      anunciador de vírgenes.
      No, no hallaré otra providencia
      que la de tus plumas:
      saben a pulpa de melón,
      huelen a los regalos
      que festeja septiembre.

      ¿Para qué poseer un cuerpo
      después de haber sido la tierra
      de labor, la que guarda
      creaciones y limos
      sin coronas de espinas?

      Se abre el cielo como un silencio
      anterior a cualquier hallazgo,
      se abre y me rescata del hierro
      de las deserciones,
      de los cilicios.

      Se abre el tesoro del país
      de las nubes
      y no es altísimo quien llega
      y tiende a estar ausente cuando
      se le implora.

      (Me asemejo a Santa Teresa
      pero sólo en las ganas
      de beber)

      Brillo
      pero reírme ya es secreto.






      La paloma se dejaba asir por Matisse, se estaba muy quieta, muy blanca, muy sabedora de modelo cuando él la contempla y seduce su alma para siempre en el papel.

      Henri Matisse
      entonces le dice: seré tu vuelo y tu blancura.

      Cartier-Bresson, el otro Henri, casi ni parpadea.

      No sabe si fotografiar a las tres palomas
      que aguardan
      o ser él mismo una paloma más y que Matisse
      lo hechice.



sábado, abril 26, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XVIII







      Zorah en la terraza




      Si habláramos de sumisión
      los peces dorados, absortos
      en su planeta de cristal,
      volarían
      de puro metal si la luz
      los incitara a la conjura.

      A la sombra de un sol que aloca
      hasta la muerte siento
      una breve separación,
      como descanso en la miseria
      o replegarse el hambre.

      Y en ese rincón,
      que de tanto trasluz
      casi es remanso,
      la dignidad de lo pequeño
      -tú, mirándome reposada,
      tú, surgida de los umbrales
      del agua- no pierde ni un ápice
      de su oro.

      Ahí quiero quedarme
      incluso muda.

sábado, abril 19, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XVII




      Juego de bolas




      El día
      otorga la divinidad
      al momento más repentino.

      No añoro
      la infancia cuando alojo en ella
      lo que resta en mí de sagrado.

      La diosa
      absorta en su juego, invencible
      en lo insensato. Me pregunto

      si será el tiempo el adversario.

sábado, abril 12, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XVI





      Máscara japonesa




      He elegido el punzón sereno
      del ritual de la renuncia
      para mostrarte que mi sangre
      tiene más de oculta pantera
      que de sometimiento al modo
      de sonreírte imperturbable.

      Incluso así, dos o tres gotas
      son deliciosas en el té
      de la soledad,
      tú y yo.

sábado, abril 05, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XV




      Interior con niña




      Ella soy yo,

      ¡será insensata la plenitud matinal
      de los colores, de las frutas!

      En el silencio que concentra
      el espacio privado, deleite del viaje,
      como si el tiempo fuese ríos regresando
      o Henry James perdiera las tuercas,

      ella soy yo,
      tentada
      por el hule lustroso en la mesa, tentada
      por el agua de la jarra, por su cristal,

      provocada
      por los hierbas, los veroneses,
      el cándido algodón, canelas flavisuaves,
      lavandas, ultramar, corales, viridianos
      destellos, negros de Marte, sombras tostadas,
      tomates, pomelo, manzanas,
      calabaza…

      raptada en el papel…
      ¡Cuánta policromía
      me invita y no la escucho!
      Y ni siquiera estoy,
      ni siquiera descanso la mirada: soy
      el libro.

domingo, marzo 30, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XIV



      La habitación roja




      Extraña
      al pasaje del equinoccio
      en los almendros, a la curva
      de la mañana en las paredes,

      distanciada,
      arropada con el tejido
      denso del secreto de flores
      bajando para contener
      el frutero, la nitidez.

      Me pierdo en la forma
      de las ciruelas amarillas
      rodando en la mesa.

      (Un don encarnado ilumina
      internamente el equilibrio)

      Y soy yo,
      bisbiseando a los licores,
      repartiendo calma a las frutas,
      quien aleja voraces dientes
      de este día… nada
      se precipita al fin del gusto,
      nada abatido de las sillas
      de enea.

      Sentaos en la luz, les digo
      a los fantasmas.

sábado, marzo 22, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XIII









      Rayo de sol




      La culebra en el matorral
      despertando a los escondidos.
      No atiende a lágrimas del mármol
      o si cuelgan de algunas ramas
      muertos invisibles. Sisea,
      rumorea detrás del ibis
      que grita, sagrado, asombrándose
      de verse zancudo en el agua.

      Ahora
      toca vivir después de todo.

      La culebra
      se desliza entre la aflicción,
      entre las esmeraldas

domingo, marzo 16, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XII






      El sueño. 1940




      Ocho mil flores de la acacia
      de Srebrenica en julio
      recubren a quien duerme.

      Este miércoles se golpea
      en las contraventanas.

      Se cansa el día de montar
      una hiena de sangre
      y aún no ha acabado el festín
      de los hombres ratón…
      cualquier cosa menos el nombre
      de hombre para jadeos
      de gumías.

      Ella duerme velada
      por flores pequeñitas, tales
      como fragmentos de camisas,
      flores de vello o flores
      de la parte más blanca
      de los ojos.

      Hoy duermen todas las mujeres
      con ella, con blusas bordadas
      y cordoncillos donde prenden
      retratos no terrestres.

      Necesitan las flores
      que tapicen, que no se vea
      ni un testículo, ni una oreja.

      Necesitan dormir.

      Es tan joven la muerte cuando duerme.

viernes, marzo 07, 2008

Entra el viento de olor ciruela...XI



      Interior en Collioure. 1905




      Naranja intenso, malva o verde
      en la calidez de la sombra,
      en el espacio que tamiza
      caleidoscopios.

      No se pierde el amor, más bien
      hay una lágrima que traza
      el veneno de la dulzura.

      No, no se pierde ni una gota
      del amor:

      telas de araña
      me recuerdan
      al Shannon de Los muertos de Joyce.

      Pero nada de la vasija
      del amor cae.

      La siesta de julio rodea
      mi cama y entra
      -como si Matisse conociese
      mis colores en la inflexión
      de la soledad- hasta abrirme
      entre sueños tu permanencia.

      Vas fluyendo en mí; lo demás,
      barcos que mece la fortuna,
      son dominios cruelmente ajenos.

domingo, marzo 02, 2008

Entra el viento de olor ciruela...X





      Bañista entre las cañas


      Que no me rocen hombros, dorsos
      de manos.

      Que no huela el sudor del hombre
      en la escalera.

      Que no me mire el detestable
      hombre avergonzando al mendigo,
      vociferando en el mercado.

      He deseado que me mimen
      los brazos hasta trastornarme
      la piel.

      He invitado a mi reino
      a aquellos que entienden los signos
      de la lentitud.

      He enseñado a las ranas
      para que diferencien reyes
      de entre los perfumados.

      Y he conseguido responder,
      escondida en los mimbres,
      a las crías
      del ave que sabe la sílaba
      de las rotaciones.

      Que me dejen con mi promesa
      cimbreándose.

      Que no me rocen,
      porque vuelvo del látigo,
      del dolor,
      de los gritos.

    sábado, febrero 23, 2008

    Entra el viento de olor ciruela...IX






        Los pájaros




        Las palomas de Matisse ignoran la madrugada.

        Pero otros pájaros afilados cruzan la puerta
        del puente, pasan rasantes por debajo del arco,
        sobre mi cabeza, me desafían a seguirlos
        en la cacería, en la revuelta, para esquivar
        a la zorra camuflada que luego será fuego
        desengañador.

        Es el momento de todas mis cuerdas afinándose,
        el intervalo de vuelo que separa carencias
        del súbito placer sólo por volar, solo viento
        animal, carnívoro con alas, viento en verano.

        Sí, es el momento de cautivar a las palomas.






      Música de Mozart Camargo Guarnieri
      Poema con mismo título que la pintura

    sábado, febrero 16, 2008

    Entra el viento de olor ciruela...VIII




          La ventana. 1905




          Quiero asomarme
          y que mis hombros se despejen
          de la tristeza.

          Entra el viento de olor ciruela
          agitador de los balandros,

          empuja la plata a los rielos
          y desanuda cuerdas para
          la tarde convertida en pulpo.

          Entra ese viento casi un hombre
          y por qué regala petunias
          y geranios cuando perfuma
          con sal,
          con escama,
          acaloradamente.

          Quiero
          que me vacíe, me despeje
          lóbulos, alise membranas
          mías, no me deje pensar.

          Es el momento de las telas
          coloreadas, el reflejo
          del incesante movimiento.

          Es el cristal de la ventana:
          doble tarde, doble esplendor,
          distante muerte.




    Música: Ernesto Nazareth
    El título de la pintura no lleva fecha,creo recordar, pero como Matisse nombró varias de sus pinturas del mismo modo, La ventana, he añadido el año en el que el autor fechó la obra que vemos.

    jueves, febrero 14, 2008

    Entra el viento de olor ciruela...VII







        La Danza. 1930-1933




        En la bacanal de los brazos
        hay un instinto que desdeña
        la habilidad de la pureza.

        Comienza una polifonía
        de ciervas listas para el salto;
        se fuerza la torsión
        de las cinturas, se levantan
        las piernas, se revela el sexo,
        la redondez, las pantorrillas,
        el sudor que deshaga
        las trenzas,
        que desmaquille los gemidos.

        Dadme, mujeres,
        dadme de ese bocado, dadme
        la música que hierve, el jugo
        del placer del instante: el héroe
        de la razón está perdido.

        Sólo mana una danza,
        sólo sed.


    viernes, febrero 08, 2008

    Entra el viento de olor ciruela...VI






        El silencio habitado de las casas




        Ha estado la mañana
        excitada con las ansias de los vencejos.

        El cielo era la parte oculta de una enorme
        concha: su molusco latía, tantos pájaros
        picando en la madreperla para una fiesta.

        Ha estado el árbol intentando parecerse
        a la nube
        o parecerse al ábrego que hurta cinabrio
        del bochorno,

        el árbol hablador
        cerca de la ventana,
        persiguiendo a las muchachas casi desnudas.

        Ese día mantuvo
        una tupida consistencia de cariño:

        aún puedo tocar sus paredes y verme
        sin rostro, verte a ti sin rostro, dos siluetas
        en la felicidad de algo que no se dicen
        pero está ahí, calmado
        y cómplice,

        dos figuras apenas precisadas dando
        un sentido a la sangre,
        un motivo para existir a la existencia,

        tú y yo, leyendo, o cualquier cosa…Susurramos
        bajito, me adivinas qué pienso, te observo,
        sonreímos… ¡me envidian
        los hijos de los pájaros!

    viernes, febrero 01, 2008

    Entra el viento de olor ciruela...V








    La conversación




    ¿No te parece inútil esconderse de la muerte que acude, anaranjada y rosa, con la primavera?

    ¿Y si de un día para otro sobreviene, salvaje con sus flores, la enfermedad de los abandonados, y sube como hiedra a la ventana y nos despoja de nuestra promesa elefanta a largas pesadumbres?

    Sí, estoy cansada de parecerme a la alegría de Keats, le respondí.

    En ese momento cruzó mi brazo la ráfaga del martín pescador, esa fiereza que amo tanto.













    (Música: Claro de luna. Debussy
    El poema lleva el mismo título que la pintura de Matisse)

    viernes, enero 25, 2008

    Entra el viento de olor ciruela...IV






          Mujer con ánfora




          Sostenida
          por dos plumas
          si camina
          o regala.

          Es la arcilla
          que levanta
          del letargo
          a las aguas
          y reúne
          en un vaso
          la raíz
          del milagro.

          ¿Qué nos trae
          de la linde
          donde diosas
          antiquísimas
          se acomodan
          sobre el pánico?

          ¿Qué oro trae,
          qué manzanas
          esquivando
          la certeza?

          Tú la llamas
          agraciar,
          conceder
          una luna.

          Yo la llamo
          peligrosa
          alegría.




    De mismo título que la pintura.
    Música de Ernesto Nazareth

    viernes, enero 18, 2008

    Entra el viento de olor ciruela...III








    Bañistas en el río




    Fronda, a la manera de una cúpula, guarda
    lo privado que permanece resistiéndose
    con el río, con la fresca pigmentación
    de los cuerpos.

    No es recordar ni la nostalgia
    del agua oscura, viva, limpia…
    bebe reflejos,
    acechadas de abejaruco.

    No, no es desear lo imposible.

    En tu rostro, hermano, manchas de sol y sombra
    con las ramas, con las avispas.
    Sé que el pez del mundo se sostiene en mi pelo
    mojado sólo por antojo
    y entre los dedos de los pies de Raquelita
    se deslizan algas del júbilo.

    Y las mujeres de la orilla
    nos conceden
    un obsequio libelulado,
    nos besan sin verlas, nos cubren
    con su secreto sin evocar la amenaza
    de los sacrificios.

    No, no es desear lo imposible.








    Música: Mozart Camargo Guarnieri
    La pintura de Matisse lleva el mísmo título que el poema

    sábado, enero 12, 2008

    Entra el viento de olor ciruela...II





    Ícaro




    Alcanzar los insectos que comen partículas
    lunares al amanecer,

    congregarme con los vencejos despreciando
    el sentido común, el lazo
    discreto de la insuficiencia,

    precipitarme hacia la altura,

    que me crezca la barba joven
    de Matisse atado a la cama,

    caer, que estalle el corazón,
    que se me abra el pecho de escarcha
    diciendo adiós al Everest.

    Yo soy más poderosa, soy
    más frágil.



    (Música de Ernesto Nazareth
    Título de la pintura: Icarus)


    lunes, enero 07, 2008

    Entra el viento de olor ciruela... I





    Finalizada la serie de EN LA PIZARRA UN POEMA vuelvo a la pintura.



    En este año 2008 Jesús Pino y yo volveremos a publicar otro libro juntos : ENTRA EL VIENTO DE OLOR CIRUELA, dedicado a Matisse, por mi parte y, por parte de Pino, a Mondrian.




    Como ya están en imprenta "estos papeles" iré poniendo los poemas sobre Matisse. Sus titulos son los mismos que los de las pinturas elegidas. La música que los acompañará se acerca a Debussy y a dos compositores brasileños de clásica: Ernesto Nazareth y Mozart Camargo Guarnieri.





    H. Matisse fotografiado por Henri Cartier-Bresson



    Henri Cartier-Bresson nos cuenta cómo, dificultosamente,
    el otro Henri
    se levantaba de la cama para saludar al enigma
    joven del día, marinero.
    Estuvo tumbado pintando con el gato negro tranquilo
    entre las piernas y una luz
    sólo de esa mañana.

    El otro Henri
    diferencia en el luminaria
    briznas del pasto de la noche, rezagadas y juguetonas,
    tras lo suntuoso
    de tanta claridad salina.

    Imperceptibles pizcas
    de visitantes
    que han curioseado sin ruido en las salseras del color,
    visitantes que pretendían
    transformarse en azul de Niza.

    Cartier-Bresson contempla al otro
    Henri
    cómo, elegante de perfil,
    octogenario,
    zurea a sus palomas. Viene
    una de ellas, revolotea en la cabeza del fotógrafo
    y halla la afinidad del hombro
    de Henri M.
    Ella coquetea, acaricia con una pluma la barbilla
    familiar y, por fin, se aquieta.

    Cartier-Bresson
    oye decir a la paloma:
    cada mañana te amo más,
    más a tus alas, pronto el vuelo,
    pronto, pronto tu vuelo.



    domingo, diciembre 30, 2007

    Último texto de EN LA PIZARRA UN POEMA




    Solentiname. NICARAGUA


    Todo se resume en ser mirada:
    los nombres, tenaces atavíos,
    amores de palabras nocturnas
    -esos amores equivocados
    con peligrosas palabras dulces-,
    jornadas sucediéndose iguales
    para que no se rompa una ciega
    ilusión de lo eterno.

    En ser mirada, en ser rescatada
    sin asegurarme la alegría;
    ser mirada, ser escogida
    de entre la indistinción, de entre mezclas
    fugaces…

    Porque los dioses, cuando me miran,
    no se están obligando, no juran
    dádivas, no me ofrecen confianzas.

    Sólo me despiertan,
    Sólo me revelan.




    lunes, diciembre 24, 2007

    En la pizarra un poema XII

    Repatriación. PARAGUAY





    A la sombra. Un modo especial
    de la espera, de la lectura,
    de la conversación.

    A la sombra el aire regala
    un tacto que los adversarios,
    esos guerreros de canícula,
    no aciertan a hendir con sus armas.

    Una demora, un estar tácitos
    de acuerdo con el mediodía.
    Una demora porque todo
    es prescindible, porque nada
    salvo medir lo vivo como
    un hurtarlo a la muerte, puede
    molestar.

    Tal vez abanicarse,
    espantar con la mano moscas
    que conocen del tiempo más
    que nosotros.

    A la sombra. Donde las mesas
    de trabajo se han transformado
    en uso de las confidencias.

    Donde esperar supone
    burlarse del calor,
    estar a salvo.

    sábado, diciembre 15, 2007

    En la pizarra un poema XI


    Koula. MALI


    Va fluyendo un relato del agua primero tímido, olfateado por las gacelas cuando corría subterráneo, más escondido aún que los enemigos.

    Después humilde pero salvaje mana, emerge desde la callada soledad de los lentos estratos, y en su argumento habla de un tesoro de huesos dorados, de jardines sumidos en la luz interior de los deseos.

    Y si lo escuchas, si ese relato llega a ti fresco de transparencia y tú lo bebes y se reparte por tu cuerpo hasta los suaves vértices de tu temblor, hasta ese misterio de tu espíritu, perteneces entonces al lugar de los habitantes que vivieron con alas, y comprendes que nada muere en ti, que has escuchado el cántico de los primeros adoradores de la vida: cuando era muy joven cualquier día del año y la historia no era más que una sutil sonrisa de saludo.


    domingo, diciembre 09, 2007

    En la pizarra un poema XI


    Koula. MALI







    Lejos de la música otra música
    del cubrir, del concentrarse en hilos
    que luego separan el pudor
    de la arena.

    Entre tanto, sosegadamente
    como cachorros de leopardo
    después de su comida, ellos miran
    algo cautelosos, algo quietos.

    Y muy cerca la tierra está hilando
    confiada.

    Es esa música, es esa calma.



    domingo, diciembre 02, 2007

    En la pizarra un poema X




    Totonicapán. GUATEMALA



    Dulce fruto, pequeños mordisquitos que daría
    a la joya de la pulpa recogiendo estaciones,
    orillas con libélulas del tamaño de un beso.

    Concentrarse

    consiste en ir comiendo muy despacio
    no sólo de carne nutritiva, no sólo zumo
    luminoso. Seriamente sumirse en la delicia,
    mirar a los caimanes que pasan de largo, oír
    a los muertos

    cantar las viejas canciones de guerra.

    Paladear con lentitud y ser la envidia ácida
    de los limones de nombre perdido y los tomates
    con sus semillas a punto de revelar estrellas.

    Dulce fruto, sajo de lunabella sonrosada.

    La seriedad

    consiste en no me observes más y sigue
    tu camino
    buscando lo que aún queda del rastro de tu amor.




    lunes, noviembre 26, 2007

    En la pizarra un poema IX


    Ciudad de Guatemala. GUATEMALA



    Si preguntas al viento de verano dice
    carcajadas de islas donde crecen los magos.

    En nada es destierro, todo es la ligereza
    de estar presente, de acudir a la alegría
    que no asegura ni siquiera su aleteo,
    que ni siquiera corresponde a su promesa.

    Si preguntas al viento de verano dice:
    me desdibujo de tanto desear ir
    a los dientes de leche, a mulliditas nucas
    que los magos tienen con seis años e isleños.

    Ahí la costa no asolada, la dulcísima
    playa
    de jugar al viento, de ser de una materia
    semejante a las nubes, al carey de azúcar,
    a los enigmas.

    Si preguntas al viento de verano dice
    pero sólo ámalo,
    sólo acepta sus carcajadas de canela.

    viernes, noviembre 23, 2007

    En la pizarra un poema. INVITACIÓN


    SEGUIRÉ CON LOS POEMAS DE ESTE LIBRO

    PERO AHORA OS INVITO A SU PRESENTACIÓN...

    Y A LA CELEBRACIÓN DE LOS QUINCE AÑOS

    DE LA ONGD "ESCUELAS PARA EL MUNDO"

    domingo, noviembre 18, 2007

    En la pizarra un poema VIII



    Ciudad de Guatemala. GUATEMALA


    En cualquier lugar se reúnen
    los dioses
    para asemejarse a secretos,

    para que las risitas cómplices,

    para regalarme tu cinta,

    para entretenerme con lente-
    juelas

    miste-
    riosas

    diaman-
    tinas,

    para que cualquier libro cuente

    y para lo tranquilo
    y para lo adorado.

    En cualquier lugar se reúnen
    los dioses,

    y aunque se peinen con coletas
    y pasen desapercibidos,

    para decidir si continúa
    girando

    el
    sol

    entre

    los
    árboles.


    domingo, noviembre 11, 2007

    En la pizarra un poema VII


    Santa Cruz de la Sierra. BOLIVIA




    Cuando preguntes por el futuro
    y asuste el riesgo del abandono
    como una sed de sal
    analfabeta
    será preciso que tú nos mires,
    responderemos al amedrento
    como el agua de sol
    hecha de risas,
    esa escritura de estar soñando,
    esa certeza de la palabra.

    jueves, noviembre 01, 2007

    En la pizarra un poema VI



    Tirina (Bolivia)




    Entre un dedo y el otro la esmeralda del país
    de los jaguares alados. Pero ante esa sonrisa
    me doy por vencida, grito bajito para no
    despertar a los huracanes, tiemblo, y la importancia
    de estar abrigada, estar querida, estar recordada,
    es un trozo de vidrio que el agua ha pulido así,
    así, rítmica.

    Detrás de ti las caracolas de los viejos dioses,
    el fragor de unas piedras talladas en carne viva,
    el silbido que las flechas gustan de repetir…
    detrás de ti la devastación y sus crucifijos.

    El guijarro diminuto canta entre un dedo y otro
    pero ante esa sonrisa los jaguares se adormilan
    a mi lado.
    Y, si les inventas un nombre, que el niño se llame
    Merlín.

    sábado, octubre 27, 2007

    En la pizarra un poema V


    Tirina (Bolivia)




    Para salir en la mañana
    a comprar

    -o tú, desde lejos,
    lumbre primera, si me escuchas
    reuniré la hechicería
    de los mirlos-

    o para encontrarse
    con cereal propicio, telas
    multicolores y los ramos
    de gladiolos y esterlicias

    -si tú me miras creceré,
    daré calor, convocaré
    a las hormigas de la suerte-

    Para salir en la mañana
    a vivir, a medir el lado
    blando de lo manso: pequeños
    caprichos no son más que un lazo,
    un tazón de azúcar sin cáscara,
    oler el aire en la carita
    del niño, y arrullarlo, hacerlo
    de vainilla…


    -tú, desde lejos, aproxímate,
    sal del secreto de las conchas,
    ven conmigo, plural exacto
    de la espera-

    Para salir en la mañana
    y conversar con las mujeres
    de obsidiana preciosa

    -o tú,
    cuando desanudas la niebla,
    cuando la mañana favorece
    a los callados-

    domingo, octubre 21, 2007

    En la pizarra un poema IV


    Laraty (Bolivia)




    Ni el frío que el engaño trama
    sobre la sencillez, ni sombras,
    ni filos,
    ni látigos,
    ni el trabajo de sol a sol
    sobre los hombros suaves, sobre
    la muerte.

    En una escuela se desliza
    el tiempo sin desasosiego,
    puede, incluso, ralentizarse
    entre el mediodía del fútbol
    y la certeza de una comida
    nutritiva. Puede jugar
    a no ser tiempo y ni el engaño
    del cuño de los opresores,
    ni una tela violenta yendo
    y viniendo
    saben detener las semillas.

    Esta mañana nos entrega
    la luz,
    el secreto que resucita
    a los relojes.

    lunes, octubre 15, 2007

    En la pizarra un poema III


    San Julián. BOLIVIA



    Hola, les digo,
    y ellas me han respondido
    mostrándome una pluma
    de sus alas,
    ésas que se desdoblan
    si alguien ríe.

    Estamos esperando
    a que pase el perfume
    del amor.
    Hoy hemos aprendido
    a ser muy desatentas
    con los monstruos.

    Hola, repito,
    ¿habéis visto pasar
    a mi amor invisible?

    Estamos esperando
    al aire diferente,
    alguien nos ha descrito
    su claridad.

    Hola y hola, decidme,
    ¿habéis visto volar
    a mi amor desde el agua?
    Era un pez plateado,
    no se dejaba
    tocar… un pez burlón.

    Decidle que le busco.
    Retenedlo en las plumas.

    Decidle, sí, decidle.


    lunes, octubre 08, 2007

    En la pizarra un poema II


    San Julián. BOLIVIA


    Para que la palabra ruede
    hasta los libros misteriosos
    donde Padre Punchau escribe
    la razón de los días,
    la vida que nos vive.

    Para que la palabra siempre
    llame. Padre Punchau nos hizo
    de un barro de palabras,
    nos pronunció, nos rescató
    de anfibios, nos secó despacio,
    vocalizó los nombres,
    nos separó del viento.

    Para que ruede y ruede, aroma
    de palabras, vieja sangre
    lustral… trabajos de vivir
    que nos escriben.

    miércoles, octubre 03, 2007

    En la pizarra un poema. I



    EN LA PIZARRA UN POEMA se editó en el pasado mayo y se presentará, probablemente, durante el próximo noviembre.

    El poeta Jesús Pino y yo hemos escrito este libro que es , ante todo, una celebración de los quince años de una Ongd de mi ciudad, Escuelas para el mundo.



    La estructura es sencilla: fotografías de los distintos viajes a los países donde se desarrollan los proyectos de esta organización no gubernamental y, como compañía, textos poéticos de Jesús y míos. El libro se cierra con poemas escritos por niños nicaragüenses, seleccionados del libro de Poesía Campesina Actual de Solentiname, publicado en el año 2006.



    Sólo aparecerán en el blog los poemas del libro escritos por mí, con su correspondiente fotografía. Todas las imágenes son propiedad de Escuelas para el Mundo



    Y, como se verá, se han elegido fotografías no siempre referidas directamente a los proyectos relacionados con la educación; su entorno, los rostros, el color... también son el aliento de los mismos.



    Los temas musicales son piezas recogidas de algunos álbumes del sello Narada, y de sus diferentes compositores e intérpretes.









    Bou Lanouar. Mauritania


    Vienen desde lejos.
    ¿De qué ciudad oculta vienen?
    ¿De qué grieta,
    por donde supo el agua huir
    bajo la arena, vienen?

    Con la memoria de un jardín
    se acercan. Con puntas de flechas
    de otros hombres dormidos,
    con mapas de rutas de polvo,
    esos itinerarios
    que en la noche
    sólo son estrellas y frío
    y, en la tierra, nadie.

    Vienen… ¿vendrán a nuestro encuentro
    con la canción que se regala
    a los viajeros
    como una piedrecilla azul
    de la alegría?

    ¿Vienen para acercarse y mientras
    vienen se les ha adelantado
    su sonrisa?

    Son casi un espejismo ellos
    que vienen o van…

    ¿Será que van después de darnos
    su tesoro, después del beso,
    la piedrecilla?

    ¿Regresan al jardín del año
    de las flechas de sílex, vuelven
    a la residencia del agua,
    al envés del tiempo,
    a la primera voz
    de las estrellas?

    sábado, septiembre 29, 2007

    Poemas desde el puente. Sargas, último poema



    V

    Azul de sarga o bermellón
    con sienas.

    Como se dispone
    Pablo a la soledad
    de su brazo ordenando tarros,
    su ojo en el perfil de un objeto
    cercano a la revelación,

    así el día pinta su urdimbre
    después de la lluvia:

    penetran
    los colores hasta el momento
    de respirar, hasta la puerta
    de par en par del mediodía;

    sube la intensidad de tonos
    que frecuentan los mirlos; tal
    progresión de una gracia en calma
    alisa la concha del mundo,
    aseda piedras donde estuvo
    un hombre.

    Vuelve a llover, cualquier recuerdo
    es hondo
    y pastoso
    como el índigo extraño al mar,
    como el ocre que se encabalga
    hacia La Sisla.

    Pablo sabe
    qué poco necesita el campo
    para erguirse de tumbas, sabe
    la diferencia de la niebla,
    y al tocar la sarga, al mirar
    las nucas de hilo,
    crece una respuesta precisa,
    ésa aromada del hinojo,
    la que sonríe misteriosa
    como Pablo Sanguino.


    domingo, septiembre 23, 2007

    Poemas desde el Puente. Sargas IV





    IV

    La piel es transparente, piel
    de carne cruzada por viento.

    Trazo fino porque la piel
    de carne carece de lastre,
    porque la carne sólo es sombra,
    porque el tejido que reviste
    la piel trama un cuerpo soñado,
    entela,
    cubre, da volumen, sostiene.

    Cuerpo invisible con sus labios,
    con su gesto,
    con su quebrantada postura.

    Carne de cuerpo para ser
    tocada, rescatada desde
    su desconocimiento
    y capturada para ser
    amada.

    Transparencia de piel que trae
    un deseo.



    miércoles, septiembre 19, 2007

    Poemas desde el Puente.Sargas III







    III

    Apesadumbrada extrañeza,
    después se remansa en su viejo
    secreto de estar al margen,
    de estar alejado del triunfo
    o del futuro. Hombre callado,
    hombre que podría ser una
    mujer, un oso de los bosques
    agotando la precisión
    de las abejas, la mujer
    herida, el hombre golpeando
    su frente contra los metales.

    Sutil, lenta la mano. El dedo
    índice quizá marca el tramo
    del espanto o quizá mirar
    nos deja sin palabras y hay
    que meter la uña entre los labios
    y arrancar palabras de sangre...

    O, tal vez, el hombre pregunta
    o es la mujer quien se ha llevado
    látigos a la espalda. Calla
    la extrañeza.
    Callan en la piedra de atrás
    los signos. Repiten constancias
    del destierro
    y callan.

    miércoles, septiembre 12, 2007

    Poemas desde el puente. Sargas I y II



    I

    La urdimbre del lienzo devora
    cualquier argumento apacible.
    En la mañana de verano,
    detrás de los rostros, de sedas,
    de las columnas de mosquitos,
    un viejo dolor se reúne
    con las sombras: trama otra vez
    sobre la ciudad su tormento,
    sobre la ciudad, la tristeza
    de historias enquistadas entre
    las soldaduras de las piedras.







    II

    En la lluvia la mano sabe
    llevar el olor a humedad
    hasta las cajas de huesos,
    desechadas cajas de música
    donde están plegadas palabras
    olvidadizas. Hace tiempo
    que no escucho danzar a niñas
    envenenando el aire tibio
    con su melodía de gestos
    de amor. Hace tiempo de toda
    la ternura.

    La mano mojada, la mano
    grande separando a la lluvia
    de los augurios, a la lluvia
    de por qué ya no me deseas,
    por qué me he convertido en invi-
    sible.

    Esta lluvia de mayo forma
    regueritos que cruzan bajo
    las despedidas y alcanzan
    cimientos con cajas de música,
    con huesos verdes de la pena.

    Hay niñas fantasmas mojadas
    jugando con rótulas. Dan
    a los cristales y detienen
    el día. Y aplacan el polvo.





    jueves, septiembre 06, 2007

    Poemas desde el puente. Platos y bandejas de la serie Puente III





    III Superficies

    ¿Qué pájaro habita en la alisada
    textura de la melancolía?

    El brillo
    toma el recuerdo de un vaso blanco
    de la infancia, una temperatura
    blanca, muy tersa, apenas con nidos
    que el pájaro feliz fue dejando.

    Contrasta con el brillo del hielo,
    con la parte blanca del grabado
    (o gris)
    del ángel. Durero conocía
    el modo de escapar de los niños.

    Paso la mano sobre el presente
    de la transparencia, y delicados
    fantasmas y pastelitos para
    las bandejas de la fiesta en junio…

    Paso la mano por el instante
    que el tiempo respeta aleteando
    como un pájaro.

    Después caerá el blanco
    y se hará añicos.

    Le diré a Pablo que guarde arcilla
    y cristal
    y el agua
    y un exquisito tacto

    porque
    vienen días de pájaros yéndose,
    de blancogrises ángeles sin
    sueño.
    ------------------------------
    Nota: En realidad, el tema musical es un duo entre Villalobos y Piazzolla,pero no ha quedado reflejado.

    miércoles, agosto 29, 2007

    Poemas desde el Puente, Platos y bandejas de la serie Puente II





    II Colores



        Cobalto


    Ahora se despejan las nubes.
    Un aire frío, con los últimos
    gatos de hielo.

    Continúo
    pidiéndote:
    mírame.
    Si supiera tocarte, mayo
    desnudaría su sexo azul
    -como Krisnha con Rhada, ansiando
    ella, él dibujando una música-,

    mayo lo mancharía todo,
    tinta, casi escritura tuya
    pronunciando
    Nairamarina.

    Lo mancharía todo: gozo,
    -por fin si me miras y puedo
    tocarte- más gozo, más dios
    zarco, vinoso dulce,
    ebrio de ti y de mí.

    Y desnudaría mi sexo.

    Estoy hecha de la flor de acacia,
    mánchame el blanco,
    sumérgeme.




        Antimonio


    Melancólico bordear
    de ajenos signos donde nunca
    te besan, donde siempre son
    los otros quienes se envenenan
    de sonrisas, de pulpas ar-
    dientes como frutas en islas
    cegadoras.

    Una transparencia amarilla
    de envidia lenta y de maneras
    elegantes al renunciar
    a una muerte transida en gozo,
    el único aniquilamiento
    que florece.

    Ciertos trazos delatan, ciertos
    bordes de ausencia, bordes lisos
    a fuerza de sal.

    En el amarillo no se oyen
    gritos. Suele ser silenciosa
    esta actitud: vivir aparte,
    residir en la orilla.



        Cobre


    Si marca el óvalo de los rostros
    que permanecen en la pregunta
    sin descanso, distantes de tanto
    caer, mayo viene demasiado
    cálido y desmenuza la piel
    de los puentes y se balancea
    en la enloquecida indiferencia
    de los vencejos.

    En mejillas distintas se intuye:
    sólo es un trazo, sólo un vestigio
    del tiempo ocupado por la savia
    voraz de las caricias, un rastro
    de abanicos carnívoros, cloro-
    fila espesa dentro de la boca
    cuando nos besábamos y nunca
    acababa la humedad y nunca
    necesité conocer tu nombre.

    Y las cejas, o la nariz de otras
    caras son eso, verdes, son carne
    de lo que crece entre la alegría
    y el quebranto, son de verdinosa
    despedida,
    más que semblantes, el recorrido
    de las orugas intoxicadas
    por los álamos.

    En esa muda presencia mayo
    acaece con su verdadera
    respuesta.
    No tiene palabras. Los vencejos
    se envician también de un vuelo verde.



        Manganeso


    Desvío la mirada en la tarde
    de las separaciones. Propongo
    a la temperatura que mueve
    el pelo de la siesta canciones
    viejísimas de no atormentarse.

    Queda poco en el dibujo. Vuelvo
    al negro, no como señales
    de la pena sino que el perfil
    oscuro apetece, finas líneas
    marcando lo importante, silencio.

    Por una vez quiero apaciguar
    eso que vendrá seguro y filo
    y adiós y vaciado y ausencia.

    Lenta paso el dedo por el ángulo
    del instante. Así el tiempo claudica.
    Así está tranquila la mirada.

    Y, más allá, una sutil destreza
    en el movimiento de muñeca
    que el ceramista refina para
    atrapar golondrinas
    en los ojos del Puente.











      miércoles, agosto 22, 2007

      Poemas desde el Puente.Platos y bandejas de la serie PUENTE I










      I Los rostros

      Si me nacen crías de gato
      en el cobijo del alféizar
      pensaré en la melancolía
      que pule estas arcillas donde
      me reflejo:

      breves bolitas
      todavía ciegas, ajenas,
      pura necesidad, tiránicas
      demandadoras del instinto.

      No da tiempo a imaginar gestos
      distantes, apesadumbrados
      y con un cierto misterio bello
      en el trazo de su mirada.

      Los rostros. Las renuncias.

      Oigo
      el pequeñísimo gemido;
      es tan rotundo que podría
      agrietar los diques del mar
      de la tristeza y todo en sal
      se alzara,

      y nada el pensamiento,

      nada sentir,

      sólo Zoé,

      y sólo sola.

      jueves, agosto 16, 2007

      Poemas desde el Puente.Tres platos de la serie Pájaros III





      Tres platos de la serie Pájaros III


      Si fuera hierba y tú la tibieza
      del agua oscura. Todo mi cuerpo:
      movimiento del tornasol del verde
      hacia la gruesa gota exquisita
      de índigo que tu labio me muestra.

      Si aprendiera a volar y tuviera
      el aire amarillo de tu rostro,
      me dirigiera como un instinto
      o dardo en la atmósfera
      del planeta donde morir…¿ qué
      palabra es palabra sino abrazo?

      Y fuera por los arcos del puente
      y viniera trayéndote briznas
      rojas de los que enseñan heridas
      igual que el sabor de las granadas.

      Si esa palabra mía vidriara
      pedazos de comida del plato,
      o tus secretos fibrosos o
      aprendiera a volar y del nido
      del miedo empujara huevecillos
      tristes como hace el cuco.

      Y fuese verde en ti, deslizara
      mi cabeza y mi vientre y mi sexo
      al agua del añil amoroso.

      Y me cruzara, me detuviera
      en el instante de recibirme,
      de incorporarme en ti, de perder
      todo.

      sábado, agosto 11, 2007

      Poemas desde el Puente.Tres platos de la serie Pájaros II





      Tres platos de la serie Pájaros II


      Pájaro transido ajeno al mundo,
      pequeño arbusto acechado de agua.

      Cuánta sed, cuánta, es tantísima
      que me doy en la frente con el plato
      y lo muerdo por si dulce hubiera
      ese regalo, sonrisa tuya
      lejos.

      Absurdamente
      enamorada lejos te miro, fuera
      del mundo.

      Acaecen los crímenes, locas
      noticias
      -qué peligrosa es la primavera
      para la soledad-

      y si me vieras con esta fuerza
      ajena a todo, pájara ajena,
      un aliso imposible ahogado
      de agua. Cuánta, cuánta es la sed, cuánto
      cielo en tus ojos para volar,
      qué lejos.


      martes, agosto 07, 2007

      Poemas desde El Puente. Tres platos de la serie Pájaros I

      Esta nueva serie de poemas está dedicada a la obra en cerámica y en pintura del artista Pablo Sanguino. Me gusta mucho su actividad creadora y, además, el que me considere amiga suya es todo un honor.


      Para acompañar a las imágenes y la palabra un compositor que también me es muy cercano:Heitor Villa-Lobos.





      Los poemas están agrupados según el orden con el que presenta su obra el propio Pablo Sanguino.















      Tres platos de la serie Pájaros I



      El gesto me nace de una arteria
      que pregunta por qué no me miras.

      Soy de la tierra donde los nidos
      se posesionan del corazón
      urgente, y no voy a cambiar.

      Salgo
      furiosa por no saber tenderme
      a tu mirada, matiz violeta
      del semicírculo bajo el ojo.

      No me dejas mirarte, nunca, na-
      da, no, no,
      pero de mi sangre interminable
      surgen los diez dedos voladores,
      surge arcilla o la ceguera que oye
      el miedo: como una bestia va
      hacia ti para morderlo, pájaro
      con dientes, vuelo cruzando el ansia.

      Picotea el negar y lo daña
      hasta amarte.



      jueves, agosto 02, 2007

      Último poema para GEORGIA O´KEEFFE









      Campo de algodón

      Más allá de las montañas añiles
      ni los trenes ni los soldados,
      ni la prohibición,
      ni el olor de vivir
      alzan su grito
      para entrar.


      Este campo
      es tu planeta.

      Esta dimensión inicial
      de los arbustos con viento tranquilo
      es tu soledad
      que, cuidadosamente en llamas, crece
      cuando lo ves levantando su brazo
      no en saludo
      porque es tu brazo levantado;
      su manera de caminar
      en tus pies y en tu pensamiento,
      y en tu certeza de que nada
      existe salvo su cintura
      al girarse.

      Este silencio
      que el dolor no alcanza.

      Algo de esta belleza quedaría
      trenzándose
      o de este amor, si hubiera
      .

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