viernes, junio 20, 2008

XII Poemas en Hermes (Revista nº 4)









      El ángel de Durero

      He visto su postura en los adolescentes de ojos grandes y hermosos que no saben recoger el sedal de la mirada perdida.

      Detienen el movimiento de su escritura y se quedan absortos en la burbuja de un pensamiento muy lejano, incapaces de pedir auxilio, de regresar a la ligereza de sus antiguos compañeros de aventuras.


      Esa actitud particular del hombre tallado por Rodin, ese gesto,acaso de furia contenida, o en un estar ausente, de viaje a los lugares donde callan su nombre las cosas más precisas.


      El ángel aletea y se mueven las aguas de la memoria y no se precipita a un vuelo imaginario y se disuelve el tul de las promesas felices.


      Lo he visto acomodarse en los tapices de los magos olvidados, errar por el castillo que hace años recorrían los amantes y se ha quedado sordo componiendo su propia melodía de carencias y perezoso como los perfiles conservados por la numismática.


      Lo he visto demorarse en los latidos, ocultarse en la penumbra que hace invisibles los objetos, sobreviviendo en el final de los manantiales, lento en las residencias del reposo,


      convalenciendo,


      desterrándose,


      intentando no amar.







      domingo, junio 15, 2008

      XI Poemas en Hermes (Revista nº 4)



      Vuelvo una vez más a las fotografías de mi admirado amigo Ricardo Martín. Ésta se titula Amanecer en la Cuesta de las armas





          Cuando el mensajero es el mensaje

          En esta clara espera
          del día,
          de las islas que surgen como diosas:
          algo impensable, un nido delicado
          de serpientes, un silencioso golpe
          de la suerte en la calle, en la prisa,
          en el modo de sentirme animal
          olisqueando el peligro y no puedo
          evitarlo,
          no, no puedo evitarlo;

          en esta clara espera
          del día,
          cuando no todo es yermo ni tristeza,
          cuando el mensajero es el mensaje,
          cuando mi puerta no se le resiste
          y él entra despreciando talismanes,
          recuperando la savia antiquísima
          de mis pechos,
          y yo, qué cosa haré
          sino morir,

          me veo hermosa
          y desafío
          al sol, por si sólo fuera un sueño
          este regalo súbito, impaciente,
          por si sólo fuera un deslizarse
          en solitaria danza que acostumbro,
          y estoy cansada de ser una reina,
          estoy cansada del día para otros.

          Desafío
          a las sombras y a la melancolía
          y a cualquier certidumbre del dolor
          por si me descubriera atormentándome.

          Hoy me vuelvo de sol hasta tus ojos
          y sin saberlo tú,
          y aunque me olvides,
          aunque no quieras ser lo que te invento
          me quedo todo el día entre tus ojos.

      martes, junio 10, 2008

      X Poemas en Hermes (Revista nº 4)







          El beso (Klimt)


          Me pierdo en tu dorado manto de luz oscura.
          Aunque las amapolas
          señalen el lugar del desfallecimiento
          y otros amantes vengan a limpiar nuestras lápidas
          e inventen la viejísima escritura en sus labios,
          me pierdo,
          me rodeas,
          me pierdo
          del nombre que me daban mis amigas ingenuas,
          del nombre que me daban como a un color intacto.

          ¡Qué me importa perderme!
          ¿Qué importa si en mi rostro tatúas un idioma
          de pérdidas,de aquello
          que pruebo y deseara sentirme envenenada
          por su ardiente saliva?

          Y nada está existiendo salvo esta quemadura
          perdiéndome,
          salvándome
          de todos los retratos, de todos los avisos
          que prepara el dolor.

          ¿Qué me importa perderme
          si cuando me encontraba chocábame en penumbra
          con mi propio espejismo,
          si cuando estaba erguida era una indiferente
          altura de árbol seco?

          No dejes de besarme ni pronuncies mi nombre.
          Déjame que resbale sin fuerzas a tu cuerpo.
          Déjame que me pierda
          dentro de ti,
          igual que un abalorio que se extravió en tu abrazo,
          igual que mi virtud
          perdida con gozoso
          desatino.

      viernes, junio 06, 2008

      IX Poemas en Hermes (Revista nº 4)







          Interior de Santa María La Blanca


          Sosteniendo la tristeza,agotándome
          pero valientemente en pie,
          sin dar al corazón otro alimento
          que no sea
          demorar esta muerte y estar viva,

          hay un lugar quer ignora a mi adversario,
          un lugar que me espera sin promesas.

          En él la soledad huele a la atmósfera
          de un planeta divino,inacabado.
          -Quizá antes de marcharse
          el viejo dios de Abraham
          dejar quisiese un blanco de silencio
          para hacer llevaderas las heridas
          y suspender del aire la amargura-

          No creáis que en él desaparece
          la tristeza,
          no,no creáis que surgirá el prodigio
          del olvido,

          pero valientemente
          entrar en él supone aclimatarse
          a mi voz,certidumbre
          de saberme perdida...He de encontrarme,
          tengo que prepararme a seguir siendo
          impaciente,voluntariosa,débil,
          así como la vida se desdice,
          así como estar viva aún me asombra.

          Y cuando digo adiós porque es preciso
          salir a los cuchillos y al engaño
          me llevo la tristeza
          aunque también un dios que es imposible
          de no creer.

          ¡Vuelve,vuelve,esperanza!,
          grito al templo del día.

          Y el día me responde
          con su ambiguo alimento.

      martes, junio 03, 2008

      VIII Poemas en Hermes (Revista nº 3)



        Pájaro acuático, contento



          (Otro soneto imperfecto,esta vez dedicado a Jesús Pino*)




          Sobre la luz me vuelo , la alegría
          del agua que se ríe o la arboleda
          que me inventa a las diez esta vereda,
          casi un beso del agua, la alegría

          de habitar la ciudad con otro nombre.
          Tú sabías, Jesús, que yo quería
          vivir cerca del agua si vivía
          besando la ciudad, besa mi nombre.

          Ahora me parece la esperanza
          cruzar despacio el puente- está encantado-
          y la impaciencia alegre en tu tardanza
          para venir a verme de este lado
          del río que prosigue en su alabanza
          de la ciudad que amamos, que ha besado

          el agua que nos vive
          con su fluir amado.


        * El otro soneto imperfecto fue dedicado a Alberto Sánchez, el escultor. En alguna entrada anterior está escrito.






        viernes, mayo 30, 2008

        VII Poemas en Hermes ( Revista nº 3)




          NATARAJA DANZANDO EL NATJA



            (Fragmentos de un poema encontrado en Benarés por Adelina Esteban. Adaptación)

        I

        No subiré hasta el monte Kailasa donde Tu pensamiento azulea en la nieve que fluye por mis muslos, que hace crecer mi risa de palmera.

        Te espero y resucitan criaturas con yemas de lengua delicada que humedecen la parte profunda de mi boca y abren sagrado el hueco de carne siempre oscura.

        He juntado mis manos igual que las hojas de mimosa y ofrezco el sacrificio de abandonar mi casa para aguardar desnuda, para que Tú me encuentres sin memoria, sin miedo, recién nacida al alba, a tu destino.

        Y me duermo dorada, mis pezones de sándalo, pequeños, dos semillas confiando en la lluvia, dos lunas en creciente, cuando vengas después de todos los inútiles conjuros de la noche...






        II

        A través de mi sueño huelo el humo rizado, callado de las piras.Me siento en la escalera que baja desde el templo de las diosas que curvan su cintura a las cobras.

        La seda que insinúa mi cuerpo está mojada, mi pelo está mojado; la ajorquilla de plata de mi tobillo brilla: una gota se apresa,roza sus cascabeles.

        ¡Oh, Varanasi!¡Mi ciudad de la luz!

        Me he bañado en el río, he besado los párpados de los niños que flotan hasta el mar. He bebido... Cantaba una mujer canciones del deseo y el río me exploraba.

        Me he dejado tocar por su caricia, el agua era un dedo curioso, un pétalo vibrante que casi me enloquece.

        He mordido mis labios porque nadie oyera mi gemido y se creyera que Tú me penetrabas si aún mi rostro ignora Tu saliva y el junco de mi cuello verdea impacientándose...





        III

        Primero me despierta el aliento caliente del blanco toro dulce: levemente me empuja con su testuz, me invita a saberte a mi lado, y me siento tan torpe, tan pesada, tan tímida...

        ¿Qué lirios pisoteas,qué vanos cofrecillos de pudor son las flautas que ahora se transforman en tambores celestes?

        Me levantas...Un brazo destruye lo que toca con su fuego imposible. Otro brazo me nombra por vez primera, soy un licor encendido que lames hasta el fondo.Desciende el tercer brazo hacia mi corderillo hambriento de Tu leche y el cuarto brazo inventa nuevos soles del ansia sobre mi piel, girando.

        Abrazada contigo reconozco la muerte más preciosa y presumo de ser la devorada, la que se mueve rítmica.

        Porque todo florece si Tu danza me cubre y el veloz balanceo de Tus caderas abre un volcán que se inicia:

        Los amantes se buscan y siguen atrapandándose para engendrar un árbol de incesante delirio...





        miércoles, mayo 28, 2008

        VI. Poemas en Hermes (Revista nº 2)






        El saltador de esquí




        Cuando ya detuvieron los glaciares su apetito de orillas olvidadas y es tan blanco el silencio de las cumbres
        que nadie rasgaría sus doncellas,


        él mira abajo y calla;

        por un momento niega que allá abajo

        hay mujeres cubriéndose las manos para aguardar la fama de su risa, por un momento niega que allá abajo se acalora el aliento con el miedo.



        Y lejos, murmurando

        perfiles de un amor que le provoca,

        él mira las montañas

        apasionadamente,

        responde que se entrega, que su cuerpo... que no hay otra razón que este peligro de abandonar la tierra, de ser aire.



        ¡Por fin salta, por fin lo deja todo!



        Se desliza, se curva como un niño escapado del vientre de la inercia. El trampolín se riza con el brillo del hombre que se vierte hacia la nieve.



        Ni vértigo ni peso,

        ni lágrimas de barro hecho de carne, ni el oro que se pudre en las vitrinas.



        Sólo flotar, tenderse sin cadenas, sólo la soledad de haber perdido el corazón, el ansia, servidumbres, la sangre, las apuestas y el deseo.



        Más libre que los brujos,

        más libre que los pájaros,

        mucho más que una bella

        presencia de la muerte.


        Sin dirigirse a nada,

        sin odiar un destino,

        sin dolor o alegría,

        sin tiempo, sin promesas, sin esperas, sin aplausos, sin ojos, servidumbres.



        Sólo flotar, tenderse, renunciando al instante anterior a cualquier nombre.



        Sólo flotar, lanzarse hasta la niebla brevemente olvidado de sí mismo.

        viernes, mayo 23, 2008

        Poemas en Hermes V (Revista nº 2)





            Recuerdos de Madame de Tourvel


            Ella sabe
            que la tristeza es una daga lenta,
            tan invisible sobre la sonrisa
            que pudiera mostrar en los espejos:
            como si se tratara de un gesto tolerante,
            como si fuera el gesto
            de haber sobrevivido a una renuncia.

            Ella sabe
            que haber sobrevivido significa
            perder la invitación
            que da la muerte al llanto,
            perder esa condena de la hermosa mentira
            que le decía una y otra vez:

              ámame
            aunque no me ames nunca,
              ámame
            aunque me estés odiando.

            Y ella sabe

            que ni siquiera el odio
            hará callar los golpes de su pecho
            o la convertirá
            en alabastro dulce y venenoso.

            Porque recuerda
            que hubo un tiempo donde la inocencia
            era una forma
            de acariciar las rosas,
            que hubo un tiempo distante a cualquier filo,
            inconsciente y dorado,
            manso igual que una fuente,
            de abejas y de cofias con puntillas
            y de pulidos claves y Scarlatti.

            Porque recuerda
            que hubo un tiempo tranquilo para el ánimo
            ella sabe
            que nada sobrevive a la tristeza
            y que el tiempo que sigue al desangrarse
            es un tiempo de muerte de por vida.





        martes, mayo 20, 2008

        Poemas para Hermes IV (Revista nº 2)








            En todo se advierte el resplandor de la despedida


            Los enemigos
            se fueron alejando ensangrentados.

            No gritó la victoria o la tristeza
            ni quedarse sin alma
            después del ejercicio
            de aquel extraño amor.

            Un brillo en sus mandobles se bruñía
            igual que si de un pozo
            manaran los adioses.

            En las bellas escenas de los trenes,
            en la exasperación de los amantes,
            en el orín que huelen las jirafas
            y en el jaguar que acecha los colores
            de un artista.

            En todo, brilla en todo;
            es un fuego implacable que se espera
            bajo el perfume azul de los jacintos.

            Brilla acerado y suave,
            como la dilación de un dios impuro,
            como una enfermedad
            que las radiografías no encontrasen,
            como un monstruo de viento,
            despacio preparando sus escamas.

            Brilla, brilla sin detenerse.

            Y aunque tus brazos repitieron
            un recuerdo de abrazos mantenido,
            y el olor de tu piel se asemejaba
            a otros viejos olores y otras guerras,
            brillaba tanto el brillo
            que fue un único abrazo,
            una nueva memoria de derrotas.

            Y así,
            en aquella pasión de nuestras armas
            nos dijimos adiós mientras seguíamos
            arduamente luchando, resistiendo.

        domingo, mayo 18, 2008

        Poemas en Hermes III (Revista nº 2)



        Fotografía de F. Rivera






          La bailarina de Ballet y la danza


          La distancio de grasas en sus músculos fríos,
          la estimo en meridianos más exactos que Greenwich
          y le desvelo el cuerpo que su instinto callaba
          volviéndome venablo, clavándome en su piel.

          Con lentitud levanto su boca adormecida,
          le borro de los ojos los cristales humanos
          y sale desde el agua a la sonora trampa...

          Apenas se sostiene
          por los pies a la vida primaria del carbono;
          diríase que un salto la ha convertido en seda,
          en ingrávida forma que admiran los espejos
          asesinos.

          ¡Qué veloz se escabulle de la arena que, en llamas,
          pretende retenerla!

          Se mueve y rompe lazos de pesadez, de azufre,
          se mueve con la misma costumbre de las plumas.

          Escapa de la luz, de la verdad, de herencias
          que quisieron amarla con granito en su vientre.

          Y se entrega hacia mí y ocupo su tersura,
          su silencio de rosa violada en mi apetito.

          Ella no es otra historia que mis abrazos crueles,
          o su domado cuerpo mis reglas inhumanas,
          y yo soy quien la inclino en un compás de sombra,
          en un agotamiento de tanto ser sin pausa
          mi capricho...

          Hasta que la resumo, voy plegando sus pétalos
          y, recogida, ausente, me marcho sin deseos,
          la abandono en el barro.

        lunes, mayo 12, 2008

        Poemas en Hermes II (Revista nº 1)




            Retrato

            No iré a los funerales
            de parientes que apenas conocía
            y han de ser de cristal los guantes que regalo
            para tener un uso valioso e inservible.

            Me mirarán muy mal cuando reparta
            con tan poca pericia mi cariño.
            Murmurarán:

            - se cree
            que anidando en un árbol de penumbras
            su corazón va y viene
            con el vuelo rebelde de los pájaros.

            Y sí, es lo que creo...

            ¿Acaso
            sabes proporcionar
            equitativamente
            la gracia apresurada de tu estima?

            ¿Y sabes distinguir
            un gorrión de entre todos,
            por si son inmortales como cuenta Paoletti?

            Pues sí, así me creo...

            Indiferente, igual que una avecilla
            sin ritos familiares,
            discutiendo por una miga seca,
            luego yéndome, siendo
            de idéntica textura con las plumas de otoño.

            Indiferente, igual que un leopardo,
            que un tren en vía muerta,
            que un camino hacia dónde...

            Ya no te digo más porque no es bueno
            saber todo de un pájaro.
            A ti te quiero y basta.
            Y quiero a los parientes
            de muerte lejanísima,
            queriendo mucho y poco, da lo mismo.

            Es un cariño de aire y del segundo
            que atrae el corazón a su memoria.

            Un animal que nunca se detiene,
            un ser alado y tonto
            e insumiso.

        sábado, mayo 10, 2008

        Poemas en Hermes I (Revista nº 1)

        Entre los años 1995 y 2005 se fue publicando en la ciudad una revista (25 números)de carácter local dedicada a la creación literaria, fundamentalmente poesía. Esta revista tomo el nombre del dios viajero, ladrón y amante del juego que trae la palabra de los dioses, Hermes.

        A lo largo de los años referidos colaboraron numeros autores con sus textos y con sus dibujos.


        Así, comienzo una nueva serie de poemas: los que fui publicando en la revista ( si no todos, al menos los más relevantes) Algunos aparerieron con mi nombre y, otros, por el gusto del juego, con pseudónimo. Los poemas de Adelina Esteban, digamos que mi "amiga" saludándome en el espejo, y publicados durante varios números de la revista, ya fueron bajados hace tiempo en este blog...si acaso, ya veré si vuelvo a presentarlos.

        El poema que ahora vemos fue publicado en el primer número de Hermes, revista estacional de poesía.








        CARTA A JOHN K.


        En este aprendizaje de la infelicidad hay un instante de esplendor que despereza
        el árbol aletargado en mi escritura.

        Hay un instante de esplendor que es mío:

        las palabras no son una fruta violentada, no renuncian a la excitación de su prodigiosa fortaleza, inventan otro modo de acercarse al ocaso de la angustia y, en una página blanca, el azar de la existencia de las cosas más próximas a mí se convierte en carne y sangre y piel que no se pudrirán si desvío la mirada a causa del dolor, si pienso que no es verdad el fuego de la materia duradera.

        Siempre me dices


        mira cómo se entrega el sauce a la muerte, cómo despierta al día de su muerte acicalándose en el viento. Una gasa verde se insinúa en sus huesos, un leve movimiento de la tierra lo resucita. Mira cómo adelanta el fin, cómo no espera a ser llamado.

        Y murmuras sonriéndome

        no te resistas a su luz pues la muerte brilla al fondo de sus besos vegetales.


        John,

        en este aprendizaje de la infelicidad la luz es un irse deslizando a la amargura que ha extraviado el momento de esplendor prometido en la mañana; tal vez, el país de la monotonía hubiera dado un vuelco y, de pronto, nada estaba en su sitio porque temblaba el desorden de gozo con una inesperada anunciación:

        el hallazgo de un tesoro pirata que se creía una leyenda, el saltar a la superficie un manantial de saludos tan impetuoso como los géiseres y con la misma fe que permanece en los alminares aguardando las respuestas consoladoras y divinas.

        El árbol enraizado en mi escritura no posee el inicio de la primavera que resplandece en el sauce; de poco le ha servido su aguzada consciencia del exceso mientras la pasión se le iba enroscando vorazmente y él se dejaba acariciar y se perdía.

        Y aunque sabe que la muerte no gusta de los epílogos sino que reside en la primera letra de los deseos, se estremece, no acierta a contener las grietas de la tristeza, se duele tanto que los días se transforman en un calvario de cofres abiertos y vacíos.

        Qué pocas palabras se disfrazan entonces para la noche de la fiesta.

        Qué celebración más rápida la de ese carnaval de no ser quien soy y ser el personaje a quien la suerte regaló su capricho de felicitaciones, un sortilegio de palabras para calentar el pecho de los que escuchan su declamar pausado, para emocionarlos y para conseguir una tregua en la aflicción inacabable.

        He reconocido al viejo dios del tiempo entrando en mi casa, aclimatándose a mis hábitos de soledad y de pequeños abandonos por parte de los niños.

        Siempre me has dicho que él encontraría mi refugio, que me arrebataría el significado del amanecer, de las intenciones libertinas, del repetirse una y otra vez las heridas del costado.

        Este viejo dios ha tomado asiento en el árbol que se creía una población de cúpulas doradas, y las imágenes de fantasmas se multiplican igual que delgados frutos de una enfermedad silenciosa.

        No me siento culpable porque otros dioses se hayan disuelto en la edad del barro; tú bien sabes que perder la ingenuidad es desconfiar de las peticiones de justicia, ya me advertiste cómo la inocencia hiela la mirada, cómo descubre las trampas del futuro.


        John,

        ahora comprendo que mi aprendizaje se ejercita en la sed de la memoria, un angustioso recordar que si los actos se repiten hasta el hastío, no todo es igual y la fugacidad los convierte en juegos irrecuperables, con su momento de esplendor, con su eternidad de huella perdida.

        Y a pesar de tanto esfuerzo para morir despacio, me aconsejas que no pruebe de las aguas del Leteo.

        No temas,
        no beberé de sus aguas, no acercaré mi boca a su grial tranquilo y sin retorno.

        Me quemará el paladar la negra aceituna del ansia, se abrasarán mis pulmones con la ceniza que vuelve cuando la alegría se despide, pero no beberé y tú no me verás en el lecho del río, cerca de los cuerpos tendidos boca arriba y lanceados por la corriente.

        Resistiré en la infelicidad, se esfumará el momento de esplendor, se calcificará en el desencanto su peligrosa golosina, pero no beberé, ni siquiera me miraré en las aguas del Leteo.

        Porque, a cambio del olvido, ¿qué leña harán de mi árbol de palabras aquellos que quieran abrazarse con sus restos de amor?

        A cambio del olvido, qué otra cosa seré sino mentiras:
        no haber vivido nunca la sinrazón de un juego temerario, no haber sentido nunca al corazón hallando una pregunta de cariño.


        John,

        no bajes aún las escaleras de la Piazza di Spagna y quédate a mi lado: contemplarás con mis ojos la querencia para crecer en la Melancolía del árbol que regamos suavemente;

        alcanzará la infelicidad azul y luminosa del verano y no tendrá por techo más que su propia soledad, altura de palabras remontando el viaje de las aves que jamás,

        jamás se detienen en un nido.

        sábado, mayo 03, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XIX y XX

        Finalizo las ciruelas que es así como Jesús Pino y yo llamamos a este libro peculiar. Y finalizo con los dos últimos poemas; las palabras se cierran con mi adoración por Matisse y la magia visual de Cartier Bresson.







            Leda y el cisne




            No busco detrás de las nubes
            la diferencia en tu visita
            y el relato de un ángel
            anunciador de vírgenes.
            No, no hallaré otra providencia
            que la de tus plumas:
            saben a pulpa de melón,
            huelen a los regalos
            que festeja septiembre.

            ¿Para qué poseer un cuerpo
            después de haber sido la tierra
            de labor, la que guarda
            creaciones y limos
            sin coronas de espinas?

            Se abre el cielo como un silencio
            anterior a cualquier hallazgo,
            se abre y me rescata del hierro
            de las deserciones,
            de los cilicios.

            Se abre el tesoro del país
            de las nubes
            y no es altísimo quien llega
            y tiende a estar ausente cuando
            se le implora.

            (Me asemejo a Santa Teresa
            pero sólo en las ganas
            de beber)

            Brillo
            pero reírme ya es secreto.






            La paloma se dejaba asir por Matisse, se estaba muy quieta, muy blanca, muy sabedora de modelo cuando él la contempla y seduce su alma para siempre en el papel.

            Henri Matisse
            entonces le dice: seré tu vuelo y tu blancura.

            Cartier-Bresson, el otro Henri, casi ni parpadea.

            No sabe si fotografiar a las tres palomas
            que aguardan
            o ser él mismo una paloma más y que Matisse
            lo hechice.



        sábado, abril 26, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XVIII







            Zorah en la terraza




            Si habláramos de sumisión
            los peces dorados, absortos
            en su planeta de cristal,
            volarían
            de puro metal si la luz
            los incitara a la conjura.

            A la sombra de un sol que aloca
            hasta la muerte siento
            una breve separación,
            como descanso en la miseria
            o replegarse el hambre.

            Y en ese rincón,
            que de tanto trasluz
            casi es remanso,
            la dignidad de lo pequeño
            -tú, mirándome reposada,
            tú, surgida de los umbrales
            del agua- no pierde ni un ápice
            de su oro.

            Ahí quiero quedarme
            incluso muda.

        sábado, abril 19, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XVII




            Juego de bolas




            El día
            otorga la divinidad
            al momento más repentino.

            No añoro
            la infancia cuando alojo en ella
            lo que resta en mí de sagrado.

            La diosa
            absorta en su juego, invencible
            en lo insensato. Me pregunto

            si será el tiempo el adversario.

        sábado, abril 12, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XVI





            Máscara japonesa




            He elegido el punzón sereno
            del ritual de la renuncia
            para mostrarte que mi sangre
            tiene más de oculta pantera
            que de sometimiento al modo
            de sonreírte imperturbable.

            Incluso así, dos o tres gotas
            son deliciosas en el té
            de la soledad,
            tú y yo.

        sábado, abril 05, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XV




            Interior con niña




            Ella soy yo,

            ¡será insensata la plenitud matinal
            de los colores, de las frutas!

            En el silencio que concentra
            el espacio privado, deleite del viaje,
            como si el tiempo fuese ríos regresando
            o Henry James perdiera las tuercas,

            ella soy yo,
            tentada
            por el hule lustroso en la mesa, tentada
            por el agua de la jarra, por su cristal,

            provocada
            por los hierbas, los veroneses,
            el cándido algodón, canelas flavisuaves,
            lavandas, ultramar, corales, viridianos
            destellos, negros de Marte, sombras tostadas,
            tomates, pomelo, manzanas,
            calabaza…

            raptada en el papel…
            ¡Cuánta policromía
            me invita y no la escucho!
            Y ni siquiera estoy,
            ni siquiera descanso la mirada: soy
            el libro.

        domingo, marzo 30, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XIV



            La habitación roja




            Extraña
            al pasaje del equinoccio
            en los almendros, a la curva
            de la mañana en las paredes,

            distanciada,
            arropada con el tejido
            denso del secreto de flores
            bajando para contener
            el frutero, la nitidez.

            Me pierdo en la forma
            de las ciruelas amarillas
            rodando en la mesa.

            (Un don encarnado ilumina
            internamente el equilibrio)

            Y soy yo,
            bisbiseando a los licores,
            repartiendo calma a las frutas,
            quien aleja voraces dientes
            de este día… nada
            se precipita al fin del gusto,
            nada abatido de las sillas
            de enea.

            Sentaos en la luz, les digo
            a los fantasmas.

        sábado, marzo 22, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XIII









            Rayo de sol




            La culebra en el matorral
            despertando a los escondidos.
            No atiende a lágrimas del mármol
            o si cuelgan de algunas ramas
            muertos invisibles. Sisea,
            rumorea detrás del ibis
            que grita, sagrado, asombrándose
            de verse zancudo en el agua.

            Ahora
            toca vivir después de todo.

            La culebra
            se desliza entre la aflicción,
            entre las esmeraldas

        domingo, marzo 16, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XII






            El sueño. 1940




            Ocho mil flores de la acacia
            de Srebrenica en julio
            recubren a quien duerme.

            Este miércoles se golpea
            en las contraventanas.

            Se cansa el día de montar
            una hiena de sangre
            y aún no ha acabado el festín
            de los hombres ratón…
            cualquier cosa menos el nombre
            de hombre para jadeos
            de gumías.

            Ella duerme velada
            por flores pequeñitas, tales
            como fragmentos de camisas,
            flores de vello o flores
            de la parte más blanca
            de los ojos.

            Hoy duermen todas las mujeres
            con ella, con blusas bordadas
            y cordoncillos donde prenden
            retratos no terrestres.

            Necesitan las flores
            que tapicen, que no se vea
            ni un testículo, ni una oreja.

            Necesitan dormir.

            Es tan joven la muerte cuando duerme.

        viernes, marzo 07, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...XI



            Interior en Collioure. 1905




            Naranja intenso, malva o verde
            en la calidez de la sombra,
            en el espacio que tamiza
            caleidoscopios.

            No se pierde el amor, más bien
            hay una lágrima que traza
            el veneno de la dulzura.

            No, no se pierde ni una gota
            del amor:

            telas de araña
            me recuerdan
            al Shannon de Los muertos de Joyce.

            Pero nada de la vasija
            del amor cae.

            La siesta de julio rodea
            mi cama y entra
            -como si Matisse conociese
            mis colores en la inflexión
            de la soledad- hasta abrirme
            entre sueños tu permanencia.

            Vas fluyendo en mí; lo demás,
            barcos que mece la fortuna,
            son dominios cruelmente ajenos.

        domingo, marzo 02, 2008

        Entra el viento de olor ciruela...X





            Bañista entre las cañas


            Que no me rocen hombros, dorsos
            de manos.

            Que no huela el sudor del hombre
            en la escalera.

            Que no me mire el detestable
            hombre avergonzando al mendigo,
            vociferando en el mercado.

            He deseado que me mimen
            los brazos hasta trastornarme
            la piel.

            He invitado a mi reino
            a aquellos que entienden los signos
            de la lentitud.

            He enseñado a las ranas
            para que diferencien reyes
            de entre los perfumados.

            Y he conseguido responder,
            escondida en los mimbres,
            a las crías
            del ave que sabe la sílaba
            de las rotaciones.

            Que me dejen con mi promesa
            cimbreándose.

            Que no me rocen,
            porque vuelvo del látigo,
            del dolor,
            de los gritos.

          sábado, febrero 23, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...IX






              Los pájaros




              Las palomas de Matisse ignoran la madrugada.

              Pero otros pájaros afilados cruzan la puerta
              del puente, pasan rasantes por debajo del arco,
              sobre mi cabeza, me desafían a seguirlos
              en la cacería, en la revuelta, para esquivar
              a la zorra camuflada que luego será fuego
              desengañador.

              Es el momento de todas mis cuerdas afinándose,
              el intervalo de vuelo que separa carencias
              del súbito placer sólo por volar, solo viento
              animal, carnívoro con alas, viento en verano.

              Sí, es el momento de cautivar a las palomas.






            Música de Mozart Camargo Guarnieri
            Poema con mismo título que la pintura

          sábado, febrero 16, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...VIII




                La ventana. 1905




                Quiero asomarme
                y que mis hombros se despejen
                de la tristeza.

                Entra el viento de olor ciruela
                agitador de los balandros,

                empuja la plata a los rielos
                y desanuda cuerdas para
                la tarde convertida en pulpo.

                Entra ese viento casi un hombre
                y por qué regala petunias
                y geranios cuando perfuma
                con sal,
                con escama,
                acaloradamente.

                Quiero
                que me vacíe, me despeje
                lóbulos, alise membranas
                mías, no me deje pensar.

                Es el momento de las telas
                coloreadas, el reflejo
                del incesante movimiento.

                Es el cristal de la ventana:
                doble tarde, doble esplendor,
                distante muerte.




          Música: Ernesto Nazareth
          El título de la pintura no lleva fecha,creo recordar, pero como Matisse nombró varias de sus pinturas del mismo modo, La ventana, he añadido el año en el que el autor fechó la obra que vemos.

          jueves, febrero 14, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...VII







              La Danza. 1930-1933




              En la bacanal de los brazos
              hay un instinto que desdeña
              la habilidad de la pureza.

              Comienza una polifonía
              de ciervas listas para el salto;
              se fuerza la torsión
              de las cinturas, se levantan
              las piernas, se revela el sexo,
              la redondez, las pantorrillas,
              el sudor que deshaga
              las trenzas,
              que desmaquille los gemidos.

              Dadme, mujeres,
              dadme de ese bocado, dadme
              la música que hierve, el jugo
              del placer del instante: el héroe
              de la razón está perdido.

              Sólo mana una danza,
              sólo sed.


          viernes, febrero 08, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...VI






              El silencio habitado de las casas




              Ha estado la mañana
              excitada con las ansias de los vencejos.

              El cielo era la parte oculta de una enorme
              concha: su molusco latía, tantos pájaros
              picando en la madreperla para una fiesta.

              Ha estado el árbol intentando parecerse
              a la nube
              o parecerse al ábrego que hurta cinabrio
              del bochorno,

              el árbol hablador
              cerca de la ventana,
              persiguiendo a las muchachas casi desnudas.

              Ese día mantuvo
              una tupida consistencia de cariño:

              aún puedo tocar sus paredes y verme
              sin rostro, verte a ti sin rostro, dos siluetas
              en la felicidad de algo que no se dicen
              pero está ahí, calmado
              y cómplice,

              dos figuras apenas precisadas dando
              un sentido a la sangre,
              un motivo para existir a la existencia,

              tú y yo, leyendo, o cualquier cosa…Susurramos
              bajito, me adivinas qué pienso, te observo,
              sonreímos… ¡me envidian
              los hijos de los pájaros!

          viernes, febrero 01, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...V








          La conversación




          ¿No te parece inútil esconderse de la muerte que acude, anaranjada y rosa, con la primavera?

          ¿Y si de un día para otro sobreviene, salvaje con sus flores, la enfermedad de los abandonados, y sube como hiedra a la ventana y nos despoja de nuestra promesa elefanta a largas pesadumbres?

          Sí, estoy cansada de parecerme a la alegría de Keats, le respondí.

          En ese momento cruzó mi brazo la ráfaga del martín pescador, esa fiereza que amo tanto.













          (Música: Claro de luna. Debussy
          El poema lleva el mismo título que la pintura de Matisse)

          viernes, enero 25, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...IV






                Mujer con ánfora




                Sostenida
                por dos plumas
                si camina
                o regala.

                Es la arcilla
                que levanta
                del letargo
                a las aguas
                y reúne
                en un vaso
                la raíz
                del milagro.

                ¿Qué nos trae
                de la linde
                donde diosas
                antiquísimas
                se acomodan
                sobre el pánico?

                ¿Qué oro trae,
                qué manzanas
                esquivando
                la certeza?

                Tú la llamas
                agraciar,
                conceder
                una luna.

                Yo la llamo
                peligrosa
                alegría.




          De mismo título que la pintura.
          Música de Ernesto Nazareth

          viernes, enero 18, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...III








          Bañistas en el río




          Fronda, a la manera de una cúpula, guarda
          lo privado que permanece resistiéndose
          con el río, con la fresca pigmentación
          de los cuerpos.

          No es recordar ni la nostalgia
          del agua oscura, viva, limpia…
          bebe reflejos,
          acechadas de abejaruco.

          No, no es desear lo imposible.

          En tu rostro, hermano, manchas de sol y sombra
          con las ramas, con las avispas.
          Sé que el pez del mundo se sostiene en mi pelo
          mojado sólo por antojo
          y entre los dedos de los pies de Raquelita
          se deslizan algas del júbilo.

          Y las mujeres de la orilla
          nos conceden
          un obsequio libelulado,
          nos besan sin verlas, nos cubren
          con su secreto sin evocar la amenaza
          de los sacrificios.

          No, no es desear lo imposible.








          Música: Mozart Camargo Guarnieri
          La pintura de Matisse lleva el mísmo título que el poema

          sábado, enero 12, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...II





          Ícaro




          Alcanzar los insectos que comen partículas
          lunares al amanecer,

          congregarme con los vencejos despreciando
          el sentido común, el lazo
          discreto de la insuficiencia,

          precipitarme hacia la altura,

          que me crezca la barba joven
          de Matisse atado a la cama,

          caer, que estalle el corazón,
          que se me abra el pecho de escarcha
          diciendo adiós al Everest.

          Yo soy más poderosa, soy
          más frágil.



          (Música de Ernesto Nazareth
          Título de la pintura: Icarus)


          lunes, enero 07, 2008

          Entra el viento de olor ciruela... I





          Finalizada la serie de EN LA PIZARRA UN POEMA vuelvo a la pintura.



          En este año 2008 Jesús Pino y yo volveremos a publicar otro libro juntos : ENTRA EL VIENTO DE OLOR CIRUELA, dedicado a Matisse, por mi parte y, por parte de Pino, a Mondrian.




          Como ya están en imprenta "estos papeles" iré poniendo los poemas sobre Matisse. Sus titulos son los mismos que los de las pinturas elegidas. La música que los acompañará se acerca a Debussy y a dos compositores brasileños de clásica: Ernesto Nazareth y Mozart Camargo Guarnieri.





          H. Matisse fotografiado por Henri Cartier-Bresson



          Henri Cartier-Bresson nos cuenta cómo, dificultosamente,
          el otro Henri
          se levantaba de la cama para saludar al enigma
          joven del día, marinero.
          Estuvo tumbado pintando con el gato negro tranquilo
          entre las piernas y una luz
          sólo de esa mañana.

          El otro Henri
          diferencia en el luminaria
          briznas del pasto de la noche, rezagadas y juguetonas,
          tras lo suntuoso
          de tanta claridad salina.

          Imperceptibles pizcas
          de visitantes
          que han curioseado sin ruido en las salseras del color,
          visitantes que pretendían
          transformarse en azul de Niza.

          Cartier-Bresson contempla al otro
          Henri
          cómo, elegante de perfil,
          octogenario,
          zurea a sus palomas. Viene
          una de ellas, revolotea en la cabeza del fotógrafo
          y halla la afinidad del hombro
          de Henri M.
          Ella coquetea, acaricia con una pluma la barbilla
          familiar y, por fin, se aquieta.

          Cartier-Bresson
          oye decir a la paloma:
          cada mañana te amo más,
          más a tus alas, pronto el vuelo,
          pronto, pronto tu vuelo.



          domingo, diciembre 30, 2007

          Último texto de EN LA PIZARRA UN POEMA




          Solentiname. NICARAGUA


          Todo se resume en ser mirada:
          los nombres, tenaces atavíos,
          amores de palabras nocturnas
          -esos amores equivocados
          con peligrosas palabras dulces-,
          jornadas sucediéndose iguales
          para que no se rompa una ciega
          ilusión de lo eterno.

          En ser mirada, en ser rescatada
          sin asegurarme la alegría;
          ser mirada, ser escogida
          de entre la indistinción, de entre mezclas
          fugaces…

          Porque los dioses, cuando me miran,
          no se están obligando, no juran
          dádivas, no me ofrecen confianzas.

          Sólo me despiertan,
          Sólo me revelan.




          lunes, diciembre 24, 2007

          En la pizarra un poema XII

          Repatriación. PARAGUAY





          A la sombra. Un modo especial
          de la espera, de la lectura,
          de la conversación.

          A la sombra el aire regala
          un tacto que los adversarios,
          esos guerreros de canícula,
          no aciertan a hendir con sus armas.

          Una demora, un estar tácitos
          de acuerdo con el mediodía.
          Una demora porque todo
          es prescindible, porque nada
          salvo medir lo vivo como
          un hurtarlo a la muerte, puede
          molestar.

          Tal vez abanicarse,
          espantar con la mano moscas
          que conocen del tiempo más
          que nosotros.

          A la sombra. Donde las mesas
          de trabajo se han transformado
          en uso de las confidencias.

          Donde esperar supone
          burlarse del calor,
          estar a salvo.

          sábado, diciembre 15, 2007

          En la pizarra un poema XI


          Koula. MALI


          Va fluyendo un relato del agua primero tímido, olfateado por las gacelas cuando corría subterráneo, más escondido aún que los enemigos.

          Después humilde pero salvaje mana, emerge desde la callada soledad de los lentos estratos, y en su argumento habla de un tesoro de huesos dorados, de jardines sumidos en la luz interior de los deseos.

          Y si lo escuchas, si ese relato llega a ti fresco de transparencia y tú lo bebes y se reparte por tu cuerpo hasta los suaves vértices de tu temblor, hasta ese misterio de tu espíritu, perteneces entonces al lugar de los habitantes que vivieron con alas, y comprendes que nada muere en ti, que has escuchado el cántico de los primeros adoradores de la vida: cuando era muy joven cualquier día del año y la historia no era más que una sutil sonrisa de saludo.


          domingo, diciembre 09, 2007

          En la pizarra un poema XI


          Koula. MALI







          Lejos de la música otra música
          del cubrir, del concentrarse en hilos
          que luego separan el pudor
          de la arena.

          Entre tanto, sosegadamente
          como cachorros de leopardo
          después de su comida, ellos miran
          algo cautelosos, algo quietos.

          Y muy cerca la tierra está hilando
          confiada.

          Es esa música, es esa calma.



          domingo, diciembre 02, 2007

          En la pizarra un poema X




          Totonicapán. GUATEMALA



          Dulce fruto, pequeños mordisquitos que daría
          a la joya de la pulpa recogiendo estaciones,
          orillas con libélulas del tamaño de un beso.

          Concentrarse

          consiste en ir comiendo muy despacio
          no sólo de carne nutritiva, no sólo zumo
          luminoso. Seriamente sumirse en la delicia,
          mirar a los caimanes que pasan de largo, oír
          a los muertos

          cantar las viejas canciones de guerra.

          Paladear con lentitud y ser la envidia ácida
          de los limones de nombre perdido y los tomates
          con sus semillas a punto de revelar estrellas.

          Dulce fruto, sajo de lunabella sonrosada.

          La seriedad

          consiste en no me observes más y sigue
          tu camino
          buscando lo que aún queda del rastro de tu amor.




          lunes, noviembre 26, 2007

          En la pizarra un poema IX


          Ciudad de Guatemala. GUATEMALA



          Si preguntas al viento de verano dice
          carcajadas de islas donde crecen los magos.

          En nada es destierro, todo es la ligereza
          de estar presente, de acudir a la alegría
          que no asegura ni siquiera su aleteo,
          que ni siquiera corresponde a su promesa.

          Si preguntas al viento de verano dice:
          me desdibujo de tanto desear ir
          a los dientes de leche, a mulliditas nucas
          que los magos tienen con seis años e isleños.

          Ahí la costa no asolada, la dulcísima
          playa
          de jugar al viento, de ser de una materia
          semejante a las nubes, al carey de azúcar,
          a los enigmas.

          Si preguntas al viento de verano dice
          pero sólo ámalo,
          sólo acepta sus carcajadas de canela.

          viernes, noviembre 23, 2007

          En la pizarra un poema. INVITACIÓN


          SEGUIRÉ CON LOS POEMAS DE ESTE LIBRO

          PERO AHORA OS INVITO A SU PRESENTACIÓN...

          Y A LA CELEBRACIÓN DE LOS QUINCE AÑOS

          DE LA ONGD "ESCUELAS PARA EL MUNDO"

          domingo, noviembre 18, 2007

          En la pizarra un poema VIII



          Ciudad de Guatemala. GUATEMALA


          En cualquier lugar se reúnen
          los dioses
          para asemejarse a secretos,

          para que las risitas cómplices,

          para regalarme tu cinta,

          para entretenerme con lente-
          juelas

          miste-
          riosas

          diaman-
          tinas,

          para que cualquier libro cuente

          y para lo tranquilo
          y para lo adorado.

          En cualquier lugar se reúnen
          los dioses,

          y aunque se peinen con coletas
          y pasen desapercibidos,

          para decidir si continúa
          girando

          el
          sol

          entre

          los
          árboles.


          domingo, noviembre 11, 2007

          En la pizarra un poema VII


          Santa Cruz de la Sierra. BOLIVIA




          Cuando preguntes por el futuro
          y asuste el riesgo del abandono
          como una sed de sal
          analfabeta
          será preciso que tú nos mires,
          responderemos al amedrento
          como el agua de sol
          hecha de risas,
          esa escritura de estar soñando,
          esa certeza de la palabra.

          jueves, noviembre 01, 2007

          En la pizarra un poema VI



          Tirina (Bolivia)




          Entre un dedo y el otro la esmeralda del país
          de los jaguares alados. Pero ante esa sonrisa
          me doy por vencida, grito bajito para no
          despertar a los huracanes, tiemblo, y la importancia
          de estar abrigada, estar querida, estar recordada,
          es un trozo de vidrio que el agua ha pulido así,
          así, rítmica.

          Detrás de ti las caracolas de los viejos dioses,
          el fragor de unas piedras talladas en carne viva,
          el silbido que las flechas gustan de repetir…
          detrás de ti la devastación y sus crucifijos.

          El guijarro diminuto canta entre un dedo y otro
          pero ante esa sonrisa los jaguares se adormilan
          a mi lado.
          Y, si les inventas un nombre, que el niño se llame
          Merlín.

          sábado, octubre 27, 2007

          En la pizarra un poema V


          Tirina (Bolivia)




          Para salir en la mañana
          a comprar

          -o tú, desde lejos,
          lumbre primera, si me escuchas
          reuniré la hechicería
          de los mirlos-

          o para encontrarse
          con cereal propicio, telas
          multicolores y los ramos
          de gladiolos y esterlicias

          -si tú me miras creceré,
          daré calor, convocaré
          a las hormigas de la suerte-

          Para salir en la mañana
          a vivir, a medir el lado
          blando de lo manso: pequeños
          caprichos no son más que un lazo,
          un tazón de azúcar sin cáscara,
          oler el aire en la carita
          del niño, y arrullarlo, hacerlo
          de vainilla…


          -tú, desde lejos, aproxímate,
          sal del secreto de las conchas,
          ven conmigo, plural exacto
          de la espera-

          Para salir en la mañana
          y conversar con las mujeres
          de obsidiana preciosa

          -o tú,
          cuando desanudas la niebla,
          cuando la mañana favorece
          a los callados-

          domingo, octubre 21, 2007

          En la pizarra un poema IV


          Laraty (Bolivia)




          Ni el frío que el engaño trama
          sobre la sencillez, ni sombras,
          ni filos,
          ni látigos,
          ni el trabajo de sol a sol
          sobre los hombros suaves, sobre
          la muerte.

          En una escuela se desliza
          el tiempo sin desasosiego,
          puede, incluso, ralentizarse
          entre el mediodía del fútbol
          y la certeza de una comida
          nutritiva. Puede jugar
          a no ser tiempo y ni el engaño
          del cuño de los opresores,
          ni una tela violenta yendo
          y viniendo
          saben detener las semillas.

          Esta mañana nos entrega
          la luz,
          el secreto que resucita
          a los relojes.

          lunes, octubre 15, 2007

          En la pizarra un poema III


          San Julián. BOLIVIA



          Hola, les digo,
          y ellas me han respondido
          mostrándome una pluma
          de sus alas,
          ésas que se desdoblan
          si alguien ríe.

          Estamos esperando
          a que pase el perfume
          del amor.
          Hoy hemos aprendido
          a ser muy desatentas
          con los monstruos.

          Hola, repito,
          ¿habéis visto pasar
          a mi amor invisible?

          Estamos esperando
          al aire diferente,
          alguien nos ha descrito
          su claridad.

          Hola y hola, decidme,
          ¿habéis visto volar
          a mi amor desde el agua?
          Era un pez plateado,
          no se dejaba
          tocar… un pez burlón.

          Decidle que le busco.
          Retenedlo en las plumas.

          Decidle, sí, decidle.


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