martes, julio 29, 2008

XIX Poemas en Hermes( Revista nº 7)

Amiga mía, tú, Fiordiligi y yo, Dorabella... Ah, mi ópera preferida, Così fan tutte.... Todos dicen de su misoginia, pero, ¿ y si lo das la vuelta? ¿A cuento de qué poner a prueba el amor de una mujer? Así les fue a los tontainas de Guglielmo y de Ferrando.Que espabilen.

Y, ahora, el poema








      Bodhisattva

      No quisiera tan pronto convertirme en un perfil inmune con los astros, en un soplo fugaz si no repite mi ser un nuevo ciclo de amargura.

      No quisisera morir finalizando la cadena de cuerpos doloridos que olvidan su anterior carcasa lenta de paja, espantapájaros y hombres.

      Ah, que el Nirvana espere mi cansancio...

      Pues, ¿dónde viviré tanta miseria del hambre muy furiosa, desatada?

      ¿Dónde seré un minuto de deseo por transformarme en música de Mozart o por bordar manteles de Matisse o por hurtar al río de la infancia su infalible conjuro de hechicero?

      ¿Dónde sino en los doce millones de kilometros que inaugurara Elcano veré las maravillas de este mundo, el optimismo innato de las puertas que dan al mar, al Este, a los alisios?

      Ah, que el Nirvana espere mi abandono...

      Todavía me queda liberar a los tigres, rendir mi resistencia a su fiereza. Todavía me queda diferenciar la noche de la aurora y asombrarme de cómo viene el día perdonando.

      Y sobre todo doblegar mi miedo si subo a las campanas ojivales, si miro el blanco intenso de las clínicas, si me piden la voz y me desmayo, excitada con tanta arquitectura.

sábado, julio 26, 2008

XVIII Poemas en Hermes (Revista nº 7)







      Restaurant de La Sirène ( Van Gogh)

      Saldremos a esperarla
      al limonado brillo de la calle,
      sentados y bebiendo,
      alegres como barcos
      que estrenan meridianos en el mar.

      Saldremos a esperarla sin presagios;
      la veremos llegar
      dorada y suaveazul de otro hemisferio
      y con una cadencia
      rimada de pasion a su cintura.

      Te besará los hombros,
      enjoyará el encuentro con su azúcar
      y olvidarás los días de tristeza
      transcurridos en vano.

      Dejarás tu licor y correrás
      a abrazarla.
      ¿Qué os diréis, qué confidencias dulces
      desvelarán sus aguas?

      Os miraré volver
      cogidas de la mano
      como dos muchachitas en domingo.

      Y me darás su gozo
      y creeré sin miedo que me amas
      con la breve estación de su sonrisa.

martes, julio 22, 2008

XVII Poemas en Hermes (Revista nº 7)


Mi aportación para este número fue diversa....¡y abundante!
En primer lugar, la colaboración en el homenaje colectivo para Garcilaso.
Ahora, en la distancia, estos sonetos se acercan a los caballos azules de Franc Marc (1880-1916) y nada más apropiado que la voz de Amy Winehouse...
¡ Cómo se habría perdido Garcilaso de la Vega por ella!











      Tres sonetos para la figuración del amado

      I

      ¿Cómo sabré de amor si la distancia
      que hace horizonte el nombre de mi amado
      me empuja hacia el deseo trastornado
      de morir en su nombre y su arrogancia?

      ¿Cómo sabré de amor si la ignorancia
      del amor por mi nombre enamorado
      me duele en un amor invertebrado,
      inválido de amor y de constancia?

      ¿Cómo sabrá mi amor si no le digo
      mis palabras de amor y la ternura
      de mi amor convertida en un castigo?

      ¿Cómo sabrá mi amor si la dulzura
      del amor que me nombra y va conmigo
      sólo afruta el silencio, la amargura

      de una distancia oscura?
      Porque este acerbo fruto del dolor
      es el nombre imposible de mi amor.

      II

      Él es mi amor perfecto.Su mirada
      me da a beber del alba y me estremece,
      me aviva de la sed donde se mece
      el río de su luz, su voz callada.

      Él es mi amor perfecto. su mirada
      me cubre de humedad y me enternece
      cuando me alcanza el alba que carece
      del agua de su luz, clara y delgada.

      Y sólo con mirarme me imagino
      como amante perfecta que, a su lado,
      hechiza el agua y la transforma en vino

      y se lo da a beber de su costado,
      volviéndose cordura el desatino
      de alimentar el agua del amado.

      III

      La perfección de la pasión que siento
      es este nuevo mundo que inauguro
      al olvidar mi sangre y mi futuro
      y,ligera, viajar al pensamiento

      de mi pasión por él: todo mi aliento,
      todo mi lado agreste y más oscuro
      fertiliza un planeta que procuro
      acoja mi semilla desde el viento.

      Tan sólo una semilla apasionada
      que haga crecer los bosques, la tormenta
      y qu la lluvia ocupe su mirada.

      Tan sólo una semilla que se aventa
      perfecta, apasionada y endiosada
      con el fuego de amor, su lumbre lenta

      cuando mi amor consienta
      en conocer mi mundo aventurado
      y en cautivar su gozo enajenado.









      Tres sonetos para la presencia del amado

      I

      Tus ojos, que conocen lo que he sido,
      la batalla sin ti, la cruel victoria
      de una edad construida con la escoria
      de un corazón cansado,breve, herido.

      Tus ojos, que derraman el sentido
      de mi ebriedad en ti, como la euforia
      por contenerte en mí, como la gloria
      de otra victoria azul que me ha vencido.

      Tus ojos manteniendo mi mirada,
      indudables de mar donde naufraga
      mi azulidad de amor recuperada.

      Tus ojos sobre mí, mirada vaga
      de otra luz que no sea tu mirada,
      el vino azul más denso que me embriaga.

      II

      Tu voz me otorga el nombre que alimenta
      mi voz, mi risa, azules minerales
      que me alejan de signos de mortales
      ciénagas del dolor que desalienta.

      Tu voz me da la lluvia que sustenta
      territorios de amor donde animales
      azules como besos vegetales
      me regalan el agua que me inventa.

      Tu voz para mi boca, pronunciándome,
      otorgando un sonido articulado
      que azulea en tus labios rescatándome.

      Tu voz para mi nombre de azulado
      tesoro de tu voz enamorándome,
      descubriendo mi voz, tu nombre amado.

      III

      Sí, contigo, de azul que miente al día
      del color de la muerte, a la escarchada
      lividez del dolor cuando la helada
      ausencia de tu cuerpo me extravía.

      Sí, contigo, celeste mi alegría,
      mi cuerpo garzo a fuerza de esta amada
      tintura del amor, la fuerza alada
      del intenso color que antes me hería.

      Estoy contigo azul, estoy viajando
      al cristal de la noche que madura
      sobre tu dulce piel; estoy hallando

      contigo una canción sedosa, impura:
      tonalidad de llama que, arrasando
      mi cuerpo, me ilumina y procura

      la mañana futura.
      Contigo, con el aire y con el mar,
      contigo, azul, vistiéndonos de azar.

miércoles, julio 16, 2008

XVI Poemas en Hermes (Revista nº 6)









    Campo de amapolas





    Guardo en dos mil cajitas los anillos, las pócimas, los resentimientos y el azul que me asusta en las miradas.



    Guardo en un prisma blanco todo lo que adivino del recuerdo o de esa indiferencia que los saludos suelen ocultar con aplomo.



    Guardo la invalidez de un corazón cansado de distancias, igual que el poeta querido perdiendo su equipaje en la frontera, aprisa, y es que fuese a morir en otra parte.



    Estoy por escribirme todavía temblando y no me pertenezco aunque decir cuarenta sea decir cincuenta despedidas y gestos de una actriz más bien torpe a pesar de ser rubia.



    ¿Sabes lo que prefiero?



    Escapar de mi casa porque me gusta mucho, dejar allí los hornos de un amor de malicia, dejar allí las cosas más preciosas y cultas como libros, jazmines o como aniversarios de atesorar apenas compañías.



    Y correr por un campo de amapolas.



    Correr, correr en la llanura, abrirme al viento, abrirme los labios cuando cruzo esta roja carrera del deseo de mayo.



    Correr sin dirección. sólo un placer incauto del caballo en mi pecho.Sólo en este alocado modo de la alegría.



    Correr hacia la nada, correr con un asombro de ser, junto a animales muy veloces, un músculo, la sinrazón perfecta.



    No llegar tarde o pronto, casi bailar corriendo.



    Pisar las amapolas -debajo están los muertos-, levantarlas en vilo y levantar la sangre y levantar aquello que nunca se movía.



    Correr, no sentir nada, sentirme los pulmones, las culebras arterias, los últimos galopes de una inocencia impura.



    Aplastar amapolas y teñirme las plantas de los pies con su jugo, desnuda, abandonándome como el viejo poeta que cruzó la frontera o como aquel soldado de cita en Samarcanda.



    Y despues, encapuchar la pluma y cerrar el cuaderno hasta un nuevo pasaje. Tomar aliento, el canon de los días de escuela.



    ¡Cuánto polvo en las cajas, qué quebrados los prismas del recuerdo!



    Y me llevo en los brazos un olor a amapolas que sigue persistente aunque me haya vestido.







martes, julio 08, 2008

XV Poemas en Hermes (Revista nº 6)



      Tajo en enero

      Como no se parece a los violines
      de Vivaldi,

      como espumoso viene de crecida
      pisoteando troncos
      y cuerpos macerados en su cieno,

      como antender su idioma es convertirse
      en el lejano estruendo de un alud,

      y como no se espera
      al ligero sonido de las fuentes
      ni a la avidez de una garganta, agosto
      será más llevadero en sus orillas:

      quizá algo verde y entrechocar de copas
      si la noche conserva
      su negro adiós después de nombrar tanto
      calor, sopor humoso.

      Y como por debajo
      del bullicio alocado de su espuma
      otro ronquido grave se acrecienta
      triturando las costras animales

      que no cante canciones de las cosas
      que nunca volverán.

      Yo no le pediré
      la apaciguada ninfa silenciosa,
      el discurrir de un cisne de tristeza.

      Con dos palmadas espantaré a los peces
      que boquean aún,
      esos gordos y nauseabundos peces
      que silban a los muertos
      y los vuelven de espaldas
      para comerse huellas de un abrazo.



miércoles, julio 02, 2008

XIV Poemas en Hermes (Revista nº 5)








      Pájaro-Frida

      En los últimos días del verano
      le descubro en los ojos la edad de las iguanas.

      Cuando el verano dice que se da por vencido
      y en la plaza del Zócalo
      las vendedoras tiñen de naranja sus flores,
      yo amo a Diego Rivera.

      Yo amo a Diego Rivera
      porque hubiera querido ser ave migratoria,
      regresar al invierno
      con aires de viajera que conoció las islas.
      Él me recibiría complacido
      -y la casa arreglada- susurrándome:
      ¿No me vas a contar
      si bebiste del zumo de la pasión del cactus,
      si conociste el ansia del jaguar en tu lengua,
      si tan sólo una vez gritaste Diego?

      Yo lo miro y descubro la edad de las iguanas;
      en su mirada roja hay un tiempo viejísimo,
      un tiempo de serpientes voladoras
      cazando los deseos de la noche,
      mordiendo el corazón de los guerreros.

      Yo lo miro pequeña y desalada y pinto
      sobre mi cuerpo roto
      una raíz intacta de su gusto,
      un mínimo fragmento de muslo tembloroso
      y doy color a la cuevita breve
      por si viene cansado de besos verticales.

      Yo lo miro y comprendo
      que este dios tan antiguo
      no se perdió de amor, nunca fue humano.



viernes, junio 27, 2008

XIII Poemas en Hermes (Revista nº 5)

    Las imágenes que acompañan a los poemas son de Lee Krasner, esposa de Pollock, pero pintora con entidad propia.










        Dos poemas de abril


        I


        No me ames jamás como te amo, no lo pienses, ni tan siquiera imites esta forma de amor que ya es venganza.


        Ámame suavemente, a la manera de amar que se desdobla positiva, hablando de ser libres,de encontrarnos...Todo menos amor, su seca cárcel.


        Ámame en la hermosura que te aguarda: el femenino vértigo de un paso, la frágil seducción de estar contigo cuando estrenas la piel que te buscaba en otra piel ajena e indolente.


        Ámame sin amarme, ámame mucho que de este modo caben tantas cosas, los demonios domados y las risas y los amores ríos de una noche.


        No me ames como yo, no me ames nunca, alguien se ha de salvar de esta condena, alguien que no soy yo, sin humillarse, altivo en el amor pero ignorando.


        Porque si tú me amaras un segundo igual que te amo yo durante siglos nada perduraría de nosotros, ni el final del comienzo de esta suerte.


        Porque al amarte así ya es mi venganza de haber amado el juego que destruye; odiarte por amarte aniquilándome, amarte por odiarte si me olvidas.










        II


        Escribo para ti, para alejarte, como el león se espanta con el fuego, como el halcón se libra de la lonja.


        Escribo para ti, para matarte, para hacerte inmortal mientras confiero a tu ser el olvido necesario que asume la belleza de la piedra.


        Porque quiero borrarte, cuando escribo, lo que queda de ti rojo y humano, lo que queda de ti más vulnerable: mi nombre y el deseo de tu nombre.


        Escribo para ti sin despedirme...¿Puedo arrojar de mí lo que ya es mío, más interior y exacto que mi médula, más hecho de mi carne que yo misma?


        ¿Puedo decir adiós a este momento de soledad de tinta que preciso para decirte adiós, para dejarte a solas con mi amor por la palabra?


        Sé que al morir tu nombre mi voz muere, sé que al encadenarme a esta escritura vuelo hasta el fin de ti y de tu caricia.


        Otros preguntarán quién eras tú,apresado, celeste en mi distancia.


        Otros preguntarán qué dios es éste y alrededor de sí tanto vacío, y alrededor de sí qué muerte ardiendo.

    viernes, junio 20, 2008

    XII Poemas en Hermes (Revista nº 4)









        El ángel de Durero

        He visto su postura en los adolescentes de ojos grandes y hermosos que no saben recoger el sedal de la mirada perdida.

        Detienen el movimiento de su escritura y se quedan absortos en la burbuja de un pensamiento muy lejano, incapaces de pedir auxilio, de regresar a la ligereza de sus antiguos compañeros de aventuras.


        Esa actitud particular del hombre tallado por Rodin, ese gesto,acaso de furia contenida, o en un estar ausente, de viaje a los lugares donde callan su nombre las cosas más precisas.


        El ángel aletea y se mueven las aguas de la memoria y no se precipita a un vuelo imaginario y se disuelve el tul de las promesas felices.


        Lo he visto acomodarse en los tapices de los magos olvidados, errar por el castillo que hace años recorrían los amantes y se ha quedado sordo componiendo su propia melodía de carencias y perezoso como los perfiles conservados por la numismática.


        Lo he visto demorarse en los latidos, ocultarse en la penumbra que hace invisibles los objetos, sobreviviendo en el final de los manantiales, lento en las residencias del reposo,


        convalenciendo,


        desterrándose,


        intentando no amar.







        domingo, junio 15, 2008

        XI Poemas en Hermes (Revista nº 4)



        Vuelvo una vez más a las fotografías de mi admirado amigo Ricardo Martín. Ésta se titula Amanecer en la Cuesta de las armas





            Cuando el mensajero es el mensaje

            En esta clara espera
            del día,
            de las islas que surgen como diosas:
            algo impensable, un nido delicado
            de serpientes, un silencioso golpe
            de la suerte en la calle, en la prisa,
            en el modo de sentirme animal
            olisqueando el peligro y no puedo
            evitarlo,
            no, no puedo evitarlo;

            en esta clara espera
            del día,
            cuando no todo es yermo ni tristeza,
            cuando el mensajero es el mensaje,
            cuando mi puerta no se le resiste
            y él entra despreciando talismanes,
            recuperando la savia antiquísima
            de mis pechos,
            y yo, qué cosa haré
            sino morir,

            me veo hermosa
            y desafío
            al sol, por si sólo fuera un sueño
            este regalo súbito, impaciente,
            por si sólo fuera un deslizarse
            en solitaria danza que acostumbro,
            y estoy cansada de ser una reina,
            estoy cansada del día para otros.

            Desafío
            a las sombras y a la melancolía
            y a cualquier certidumbre del dolor
            por si me descubriera atormentándome.

            Hoy me vuelvo de sol hasta tus ojos
            y sin saberlo tú,
            y aunque me olvides,
            aunque no quieras ser lo que te invento
            me quedo todo el día entre tus ojos.

        martes, junio 10, 2008

        X Poemas en Hermes (Revista nº 4)







            El beso (Klimt)


            Me pierdo en tu dorado manto de luz oscura.
            Aunque las amapolas
            señalen el lugar del desfallecimiento
            y otros amantes vengan a limpiar nuestras lápidas
            e inventen la viejísima escritura en sus labios,
            me pierdo,
            me rodeas,
            me pierdo
            del nombre que me daban mis amigas ingenuas,
            del nombre que me daban como a un color intacto.

            ¡Qué me importa perderme!
            ¿Qué importa si en mi rostro tatúas un idioma
            de pérdidas,de aquello
            que pruebo y deseara sentirme envenenada
            por su ardiente saliva?

            Y nada está existiendo salvo esta quemadura
            perdiéndome,
            salvándome
            de todos los retratos, de todos los avisos
            que prepara el dolor.

            ¿Qué me importa perderme
            si cuando me encontraba chocábame en penumbra
            con mi propio espejismo,
            si cuando estaba erguida era una indiferente
            altura de árbol seco?

            No dejes de besarme ni pronuncies mi nombre.
            Déjame que resbale sin fuerzas a tu cuerpo.
            Déjame que me pierda
            dentro de ti,
            igual que un abalorio que se extravió en tu abrazo,
            igual que mi virtud
            perdida con gozoso
            desatino.

        viernes, junio 06, 2008

        IX Poemas en Hermes (Revista nº 4)







            Interior de Santa María La Blanca


            Sosteniendo la tristeza,agotándome
            pero valientemente en pie,
            sin dar al corazón otro alimento
            que no sea
            demorar esta muerte y estar viva,

            hay un lugar quer ignora a mi adversario,
            un lugar que me espera sin promesas.

            En él la soledad huele a la atmósfera
            de un planeta divino,inacabado.
            -Quizá antes de marcharse
            el viejo dios de Abraham
            dejar quisiese un blanco de silencio
            para hacer llevaderas las heridas
            y suspender del aire la amargura-

            No creáis que en él desaparece
            la tristeza,
            no,no creáis que surgirá el prodigio
            del olvido,

            pero valientemente
            entrar en él supone aclimatarse
            a mi voz,certidumbre
            de saberme perdida...He de encontrarme,
            tengo que prepararme a seguir siendo
            impaciente,voluntariosa,débil,
            así como la vida se desdice,
            así como estar viva aún me asombra.

            Y cuando digo adiós porque es preciso
            salir a los cuchillos y al engaño
            me llevo la tristeza
            aunque también un dios que es imposible
            de no creer.

            ¡Vuelve,vuelve,esperanza!,
            grito al templo del día.

            Y el día me responde
            con su ambiguo alimento.

        martes, junio 03, 2008

        VIII Poemas en Hermes (Revista nº 3)



          Pájaro acuático, contento



            (Otro soneto imperfecto,esta vez dedicado a Jesús Pino*)




            Sobre la luz me vuelo , la alegría
            del agua que se ríe o la arboleda
            que me inventa a las diez esta vereda,
            casi un beso del agua, la alegría

            de habitar la ciudad con otro nombre.
            Tú sabías, Jesús, que yo quería
            vivir cerca del agua si vivía
            besando la ciudad, besa mi nombre.

            Ahora me parece la esperanza
            cruzar despacio el puente- está encantado-
            y la impaciencia alegre en tu tardanza
            para venir a verme de este lado
            del río que prosigue en su alabanza
            de la ciudad que amamos, que ha besado

            el agua que nos vive
            con su fluir amado.


          * El otro soneto imperfecto fue dedicado a Alberto Sánchez, el escultor. En alguna entrada anterior está escrito.






          viernes, mayo 30, 2008

          VII Poemas en Hermes ( Revista nº 3)




            NATARAJA DANZANDO EL NATJA



              (Fragmentos de un poema encontrado en Benarés por Adelina Esteban. Adaptación)

          I

          No subiré hasta el monte Kailasa donde Tu pensamiento azulea en la nieve que fluye por mis muslos, que hace crecer mi risa de palmera.

          Te espero y resucitan criaturas con yemas de lengua delicada que humedecen la parte profunda de mi boca y abren sagrado el hueco de carne siempre oscura.

          He juntado mis manos igual que las hojas de mimosa y ofrezco el sacrificio de abandonar mi casa para aguardar desnuda, para que Tú me encuentres sin memoria, sin miedo, recién nacida al alba, a tu destino.

          Y me duermo dorada, mis pezones de sándalo, pequeños, dos semillas confiando en la lluvia, dos lunas en creciente, cuando vengas después de todos los inútiles conjuros de la noche...






          II

          A través de mi sueño huelo el humo rizado, callado de las piras.Me siento en la escalera que baja desde el templo de las diosas que curvan su cintura a las cobras.

          La seda que insinúa mi cuerpo está mojada, mi pelo está mojado; la ajorquilla de plata de mi tobillo brilla: una gota se apresa,roza sus cascabeles.

          ¡Oh, Varanasi!¡Mi ciudad de la luz!

          Me he bañado en el río, he besado los párpados de los niños que flotan hasta el mar. He bebido... Cantaba una mujer canciones del deseo y el río me exploraba.

          Me he dejado tocar por su caricia, el agua era un dedo curioso, un pétalo vibrante que casi me enloquece.

          He mordido mis labios porque nadie oyera mi gemido y se creyera que Tú me penetrabas si aún mi rostro ignora Tu saliva y el junco de mi cuello verdea impacientándose...





          III

          Primero me despierta el aliento caliente del blanco toro dulce: levemente me empuja con su testuz, me invita a saberte a mi lado, y me siento tan torpe, tan pesada, tan tímida...

          ¿Qué lirios pisoteas,qué vanos cofrecillos de pudor son las flautas que ahora se transforman en tambores celestes?

          Me levantas...Un brazo destruye lo que toca con su fuego imposible. Otro brazo me nombra por vez primera, soy un licor encendido que lames hasta el fondo.Desciende el tercer brazo hacia mi corderillo hambriento de Tu leche y el cuarto brazo inventa nuevos soles del ansia sobre mi piel, girando.

          Abrazada contigo reconozco la muerte más preciosa y presumo de ser la devorada, la que se mueve rítmica.

          Porque todo florece si Tu danza me cubre y el veloz balanceo de Tus caderas abre un volcán que se inicia:

          Los amantes se buscan y siguen atrapandándose para engendrar un árbol de incesante delirio...





          miércoles, mayo 28, 2008

          VI. Poemas en Hermes (Revista nº 2)






          El saltador de esquí




          Cuando ya detuvieron los glaciares su apetito de orillas olvidadas y es tan blanco el silencio de las cumbres
          que nadie rasgaría sus doncellas,


          él mira abajo y calla;

          por un momento niega que allá abajo

          hay mujeres cubriéndose las manos para aguardar la fama de su risa, por un momento niega que allá abajo se acalora el aliento con el miedo.



          Y lejos, murmurando

          perfiles de un amor que le provoca,

          él mira las montañas

          apasionadamente,

          responde que se entrega, que su cuerpo... que no hay otra razón que este peligro de abandonar la tierra, de ser aire.



          ¡Por fin salta, por fin lo deja todo!



          Se desliza, se curva como un niño escapado del vientre de la inercia. El trampolín se riza con el brillo del hombre que se vierte hacia la nieve.



          Ni vértigo ni peso,

          ni lágrimas de barro hecho de carne, ni el oro que se pudre en las vitrinas.



          Sólo flotar, tenderse sin cadenas, sólo la soledad de haber perdido el corazón, el ansia, servidumbres, la sangre, las apuestas y el deseo.



          Más libre que los brujos,

          más libre que los pájaros,

          mucho más que una bella

          presencia de la muerte.


          Sin dirigirse a nada,

          sin odiar un destino,

          sin dolor o alegría,

          sin tiempo, sin promesas, sin esperas, sin aplausos, sin ojos, servidumbres.



          Sólo flotar, tenderse, renunciando al instante anterior a cualquier nombre.



          Sólo flotar, lanzarse hasta la niebla brevemente olvidado de sí mismo.

          viernes, mayo 23, 2008

          Poemas en Hermes V (Revista nº 2)





              Recuerdos de Madame de Tourvel


              Ella sabe
              que la tristeza es una daga lenta,
              tan invisible sobre la sonrisa
              que pudiera mostrar en los espejos:
              como si se tratara de un gesto tolerante,
              como si fuera el gesto
              de haber sobrevivido a una renuncia.

              Ella sabe
              que haber sobrevivido significa
              perder la invitación
              que da la muerte al llanto,
              perder esa condena de la hermosa mentira
              que le decía una y otra vez:

                ámame
              aunque no me ames nunca,
                ámame
              aunque me estés odiando.

              Y ella sabe

              que ni siquiera el odio
              hará callar los golpes de su pecho
              o la convertirá
              en alabastro dulce y venenoso.

              Porque recuerda
              que hubo un tiempo donde la inocencia
              era una forma
              de acariciar las rosas,
              que hubo un tiempo distante a cualquier filo,
              inconsciente y dorado,
              manso igual que una fuente,
              de abejas y de cofias con puntillas
              y de pulidos claves y Scarlatti.

              Porque recuerda
              que hubo un tiempo tranquilo para el ánimo
              ella sabe
              que nada sobrevive a la tristeza
              y que el tiempo que sigue al desangrarse
              es un tiempo de muerte de por vida.





          martes, mayo 20, 2008

          Poemas para Hermes IV (Revista nº 2)








              En todo se advierte el resplandor de la despedida


              Los enemigos
              se fueron alejando ensangrentados.

              No gritó la victoria o la tristeza
              ni quedarse sin alma
              después del ejercicio
              de aquel extraño amor.

              Un brillo en sus mandobles se bruñía
              igual que si de un pozo
              manaran los adioses.

              En las bellas escenas de los trenes,
              en la exasperación de los amantes,
              en el orín que huelen las jirafas
              y en el jaguar que acecha los colores
              de un artista.

              En todo, brilla en todo;
              es un fuego implacable que se espera
              bajo el perfume azul de los jacintos.

              Brilla acerado y suave,
              como la dilación de un dios impuro,
              como una enfermedad
              que las radiografías no encontrasen,
              como un monstruo de viento,
              despacio preparando sus escamas.

              Brilla, brilla sin detenerse.

              Y aunque tus brazos repitieron
              un recuerdo de abrazos mantenido,
              y el olor de tu piel se asemejaba
              a otros viejos olores y otras guerras,
              brillaba tanto el brillo
              que fue un único abrazo,
              una nueva memoria de derrotas.

              Y así,
              en aquella pasión de nuestras armas
              nos dijimos adiós mientras seguíamos
              arduamente luchando, resistiendo.

          domingo, mayo 18, 2008

          Poemas en Hermes III (Revista nº 2)



          Fotografía de F. Rivera






            La bailarina de Ballet y la danza


            La distancio de grasas en sus músculos fríos,
            la estimo en meridianos más exactos que Greenwich
            y le desvelo el cuerpo que su instinto callaba
            volviéndome venablo, clavándome en su piel.

            Con lentitud levanto su boca adormecida,
            le borro de los ojos los cristales humanos
            y sale desde el agua a la sonora trampa...

            Apenas se sostiene
            por los pies a la vida primaria del carbono;
            diríase que un salto la ha convertido en seda,
            en ingrávida forma que admiran los espejos
            asesinos.

            ¡Qué veloz se escabulle de la arena que, en llamas,
            pretende retenerla!

            Se mueve y rompe lazos de pesadez, de azufre,
            se mueve con la misma costumbre de las plumas.

            Escapa de la luz, de la verdad, de herencias
            que quisieron amarla con granito en su vientre.

            Y se entrega hacia mí y ocupo su tersura,
            su silencio de rosa violada en mi apetito.

            Ella no es otra historia que mis abrazos crueles,
            o su domado cuerpo mis reglas inhumanas,
            y yo soy quien la inclino en un compás de sombra,
            en un agotamiento de tanto ser sin pausa
            mi capricho...

            Hasta que la resumo, voy plegando sus pétalos
            y, recogida, ausente, me marcho sin deseos,
            la abandono en el barro.

          lunes, mayo 12, 2008

          Poemas en Hermes II (Revista nº 1)




              Retrato

              No iré a los funerales
              de parientes que apenas conocía
              y han de ser de cristal los guantes que regalo
              para tener un uso valioso e inservible.

              Me mirarán muy mal cuando reparta
              con tan poca pericia mi cariño.
              Murmurarán:

              - se cree
              que anidando en un árbol de penumbras
              su corazón va y viene
              con el vuelo rebelde de los pájaros.

              Y sí, es lo que creo...

              ¿Acaso
              sabes proporcionar
              equitativamente
              la gracia apresurada de tu estima?

              ¿Y sabes distinguir
              un gorrión de entre todos,
              por si son inmortales como cuenta Paoletti?

              Pues sí, así me creo...

              Indiferente, igual que una avecilla
              sin ritos familiares,
              discutiendo por una miga seca,
              luego yéndome, siendo
              de idéntica textura con las plumas de otoño.

              Indiferente, igual que un leopardo,
              que un tren en vía muerta,
              que un camino hacia dónde...

              Ya no te digo más porque no es bueno
              saber todo de un pájaro.
              A ti te quiero y basta.
              Y quiero a los parientes
              de muerte lejanísima,
              queriendo mucho y poco, da lo mismo.

              Es un cariño de aire y del segundo
              que atrae el corazón a su memoria.

              Un animal que nunca se detiene,
              un ser alado y tonto
              e insumiso.

          sábado, mayo 10, 2008

          Poemas en Hermes I (Revista nº 1)

          Entre los años 1995 y 2005 se fue publicando en la ciudad una revista (25 números)de carácter local dedicada a la creación literaria, fundamentalmente poesía. Esta revista tomo el nombre del dios viajero, ladrón y amante del juego que trae la palabra de los dioses, Hermes.

          A lo largo de los años referidos colaboraron numeros autores con sus textos y con sus dibujos.


          Así, comienzo una nueva serie de poemas: los que fui publicando en la revista ( si no todos, al menos los más relevantes) Algunos aparerieron con mi nombre y, otros, por el gusto del juego, con pseudónimo. Los poemas de Adelina Esteban, digamos que mi "amiga" saludándome en el espejo, y publicados durante varios números de la revista, ya fueron bajados hace tiempo en este blog...si acaso, ya veré si vuelvo a presentarlos.

          El poema que ahora vemos fue publicado en el primer número de Hermes, revista estacional de poesía.








          CARTA A JOHN K.


          En este aprendizaje de la infelicidad hay un instante de esplendor que despereza
          el árbol aletargado en mi escritura.

          Hay un instante de esplendor que es mío:

          las palabras no son una fruta violentada, no renuncian a la excitación de su prodigiosa fortaleza, inventan otro modo de acercarse al ocaso de la angustia y, en una página blanca, el azar de la existencia de las cosas más próximas a mí se convierte en carne y sangre y piel que no se pudrirán si desvío la mirada a causa del dolor, si pienso que no es verdad el fuego de la materia duradera.

          Siempre me dices


          mira cómo se entrega el sauce a la muerte, cómo despierta al día de su muerte acicalándose en el viento. Una gasa verde se insinúa en sus huesos, un leve movimiento de la tierra lo resucita. Mira cómo adelanta el fin, cómo no espera a ser llamado.

          Y murmuras sonriéndome

          no te resistas a su luz pues la muerte brilla al fondo de sus besos vegetales.


          John,

          en este aprendizaje de la infelicidad la luz es un irse deslizando a la amargura que ha extraviado el momento de esplendor prometido en la mañana; tal vez, el país de la monotonía hubiera dado un vuelco y, de pronto, nada estaba en su sitio porque temblaba el desorden de gozo con una inesperada anunciación:

          el hallazgo de un tesoro pirata que se creía una leyenda, el saltar a la superficie un manantial de saludos tan impetuoso como los géiseres y con la misma fe que permanece en los alminares aguardando las respuestas consoladoras y divinas.

          El árbol enraizado en mi escritura no posee el inicio de la primavera que resplandece en el sauce; de poco le ha servido su aguzada consciencia del exceso mientras la pasión se le iba enroscando vorazmente y él se dejaba acariciar y se perdía.

          Y aunque sabe que la muerte no gusta de los epílogos sino que reside en la primera letra de los deseos, se estremece, no acierta a contener las grietas de la tristeza, se duele tanto que los días se transforman en un calvario de cofres abiertos y vacíos.

          Qué pocas palabras se disfrazan entonces para la noche de la fiesta.

          Qué celebración más rápida la de ese carnaval de no ser quien soy y ser el personaje a quien la suerte regaló su capricho de felicitaciones, un sortilegio de palabras para calentar el pecho de los que escuchan su declamar pausado, para emocionarlos y para conseguir una tregua en la aflicción inacabable.

          He reconocido al viejo dios del tiempo entrando en mi casa, aclimatándose a mis hábitos de soledad y de pequeños abandonos por parte de los niños.

          Siempre me has dicho que él encontraría mi refugio, que me arrebataría el significado del amanecer, de las intenciones libertinas, del repetirse una y otra vez las heridas del costado.

          Este viejo dios ha tomado asiento en el árbol que se creía una población de cúpulas doradas, y las imágenes de fantasmas se multiplican igual que delgados frutos de una enfermedad silenciosa.

          No me siento culpable porque otros dioses se hayan disuelto en la edad del barro; tú bien sabes que perder la ingenuidad es desconfiar de las peticiones de justicia, ya me advertiste cómo la inocencia hiela la mirada, cómo descubre las trampas del futuro.


          John,

          ahora comprendo que mi aprendizaje se ejercita en la sed de la memoria, un angustioso recordar que si los actos se repiten hasta el hastío, no todo es igual y la fugacidad los convierte en juegos irrecuperables, con su momento de esplendor, con su eternidad de huella perdida.

          Y a pesar de tanto esfuerzo para morir despacio, me aconsejas que no pruebe de las aguas del Leteo.

          No temas,
          no beberé de sus aguas, no acercaré mi boca a su grial tranquilo y sin retorno.

          Me quemará el paladar la negra aceituna del ansia, se abrasarán mis pulmones con la ceniza que vuelve cuando la alegría se despide, pero no beberé y tú no me verás en el lecho del río, cerca de los cuerpos tendidos boca arriba y lanceados por la corriente.

          Resistiré en la infelicidad, se esfumará el momento de esplendor, se calcificará en el desencanto su peligrosa golosina, pero no beberé, ni siquiera me miraré en las aguas del Leteo.

          Porque, a cambio del olvido, ¿qué leña harán de mi árbol de palabras aquellos que quieran abrazarse con sus restos de amor?

          A cambio del olvido, qué otra cosa seré sino mentiras:
          no haber vivido nunca la sinrazón de un juego temerario, no haber sentido nunca al corazón hallando una pregunta de cariño.


          John,

          no bajes aún las escaleras de la Piazza di Spagna y quédate a mi lado: contemplarás con mis ojos la querencia para crecer en la Melancolía del árbol que regamos suavemente;

          alcanzará la infelicidad azul y luminosa del verano y no tendrá por techo más que su propia soledad, altura de palabras remontando el viaje de las aves que jamás,

          jamás se detienen en un nido.

          sábado, mayo 03, 2008

          Entra el viento de olor ciruela...XIX y XX

          Finalizo las ciruelas que es así como Jesús Pino y yo llamamos a este libro peculiar. Y finalizo con los dos últimos poemas; las palabras se cierran con mi adoración por Matisse y la magia visual de Cartier Bresson.







              Leda y el cisne




              No busco detrás de las nubes
              la diferencia en tu visita
              y el relato de un ángel
              anunciador de vírgenes.
              No, no hallaré otra providencia
              que la de tus plumas:
              saben a pulpa de melón,
              huelen a los regalos
              que festeja septiembre.

              ¿Para qué poseer un cuerpo
              después de haber sido la tierra
              de labor, la que guarda
              creaciones y limos
              sin coronas de espinas?

              Se abre el cielo como un silencio
              anterior a cualquier hallazgo,
              se abre y me rescata del hierro
              de las deserciones,
              de los cilicios.

              Se abre el tesoro del país
              de las nubes
              y no es altísimo quien llega
              y tiende a estar ausente cuando
              se le implora.

              (Me asemejo a Santa Teresa
              pero sólo en las ganas
              de beber)

              Brillo
              pero reírme ya es secreto.






              La paloma se dejaba asir por Matisse, se estaba muy quieta, muy blanca, muy sabedora de modelo cuando él la contempla y seduce su alma para siempre en el papel.

              Henri Matisse
              entonces le dice: seré tu vuelo y tu blancura.

              Cartier-Bresson, el otro Henri, casi ni parpadea.

              No sabe si fotografiar a las tres palomas
              que aguardan
              o ser él mismo una paloma más y que Matisse
              lo hechice.



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