domingo, agosto 31, 2008

XXIV Poemas en Hermes (Revista nº 9)


MAPPLETHORPE




      L´estro armónico


      Qué descanso no reconocer larvas
      del corazón romántico: burbujas
      que hacen ¡plaf! cuando las rozas, paisajes
      demasiado lunáticos, palabras
      que emocionan al público, que hieden
      melancólicas.

      Qué descanso repetir una frase
      hasta excederse,
      despreciando las imágenes, yendo
      sin principio o final, sin la dulzura
      de tenues candencias o películas
      en África.

      Qué descanso transformarse en las cuerdas
      virtuosas.
      Sólo malabarismos con el arco
      o la guitarra acorde con el clave.
      Sólo un allegro ajeno a otro sentido,
      sólo ajedrez jugado sabiamente.

      Qué descanso la tenaz armonía
      de una pasión
      doblegada
      a un orden que penentra en el desorden
      hilando tracerías de sonido
      que se pierden en sí mientras desbordan
      el orden más y más diseminado.

      Como mi nuevo gesto en el espejo,
      como mi vida nueva al otro lado.

martes, agosto 26, 2008

XXIII Poemas en Hermes (Revista nº 9)

¡¡Qué complicado ( no sé hacerlo, francamente) me resulta escribir este poema que apareció en la revista nº 9!! Va en dos tipos diferentes porque son dos poemas, que son uno, que son dos... así que he convertido el poema en imagen, cosa muy sugerente también, y que antes no se me ocurrió. Para verlo en mayor tamaño nada más hay que pinchar en él.



miércoles, agosto 20, 2008

XXII Poemas en Hermes( Revista nº 9)


Una pintura de Méndez Sadia



      El amante

      Me recuerdan Su rostro
      ahora que hace siglos desde entonces.

      Me recuerdan Su rostro y no sé dónde vive
      qué perdón y qué máscara le dieron el sosiego.

      Ahora que hace un siglo
      Sus ojos en los ojos más lejanos:
      cruzan la calle,vienen,brillan en su secreto
      como si me mostraran Su secreto,
      como si fueran sabios y supieran Su nombre.

      Será porque este tiempo cicatrizó la herida;
      sólo es inmune el hielo a la luz intocable
      y,más allá, Neptuno guardando lo que fuimos,
      redondea su rostro de planeta extinguiéndose.

      Confundo Su chaqueta con el pliegue
      de un hombre contenido por su propio silencio,
      desoriento Su prisa
      y corro hasta alcanzarlo y nunca es Él.

      Será porque he mezclado mi amor con los olores
      de Su sudor, Su pelo, o porque me parece
      que Él inventó en mi cuerpo los mejores abrazos
      y que me rescataba del nido del no ser.

      O quizá es que ha llegado el tiempo indiferente:
      igualo su recuerdo con las sombras
      y puedo demorarme soñándolo a mi lado
      antes del gran instante lujoso del olvido.




jueves, agosto 14, 2008

XXI Poemas en Hermes( Revista nº 8)























      Fantasma en el Claustro de Santa Cruz




      Tú no estabas aquí pero la niebla decolora el cielo como un cuenco de leche.

      Era un niño... Tú no estabas aquí aunque es un niño que desenceniza tanta pereza del otoño y corre espabilado alegrando la piedra. Cobarrubias termina su compás. Los criados descorren las cortinas y el arquitecto piensa esconder en la piedra una flor, un afable murmullo.

      El fresco desdibujo de las horas más claras, el despertar de un pájaro, el cercano gemido de un enfermo... Este viento que llega reptando y averigua la voz del niño igual que un dios insólito.

      Porque le han regalado la primera naranja del otoño tal como rosa nueva e inconsciente, vencedora de signos y atauriques.

      Y queda su perfume tatuado sobre los corredores, sobre el airoso lienzo de los muros, sobre la luz que es blanca y mirador.

      Tú no estabas aquí y sin embargo escuchas la invisible mañana, la invisible permanencia del súbito regalo.

      Tú no estabas aquí y cruzas el silencio persiguiendo la sombra de aquel niño - y quién le dio la fruta, qué sueña el arquitecto-, quedándote sin aire en el asombro, mirando de reojo el brazo oscuro detrás de la tristeza de las tumbas labradas.

      Entre tanto del día hay un sonido que colorea el aire, que incrédulo se impone y te recobra y cubre los secretos, los antiguos secretos naranja de las cosas.

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viernes, agosto 08, 2008

XX Poemas en Hermes( Revista nº 7)

Una acuarela de José Antonio G. Villarrubia: La puerta de Antequeruela


      Hay una medida en la calma de los riscos que callan sucesiones de lluvias, escarchas y solanos.

      Frente a mi casa marcan los metrónomos su cadencia de luz sobre la carretera, sobre el rodar que, aprisa, llega y desaparece.

      Hay una medida minuciosa y exacta que me va separando del pasado, de las otras escuelas donde aprendí el color con que a veces se tiñe mi vergüenza.

      Es la monotonía del porvenir rendido,de la historia de siempre que da a la soledad su rostro verosímil, su inclinarse hacia tedio.

      Pero, precisamente aquello que me va separando del pasado, precisamente el ritmo que ordena mi palabra y sabe el vanidoso despertar de los días, viene como si fuera algo no calculable.

      Al abrir la ventana
      los últimos jazmines mueven mi japonesa.

      Al abrir la ventana
      los albañiles hablan del gato del domingo y los patos del puente son graciosos y tontos y dicen las campanas lo que ocultan las tumbas de tantísimos santos.

      Al abrir a ventana
      la medida del tiempo me impone su latido. Me siento el corazón, me tomo el pulso y con la luz cantando de la calle peino disimuladas canas de la desdicha y me digo que es tarde para llorar el paso de la ausencia.

      Quiero vivir, aunque parezca raro a estas alturas.

      Hoy quiero vivir tanto como Hawking midiendo un agujero negro de preguntas, como el massai midiendo los tímidos antílopes por su rastro de orina y flores aplastadas.

      Y es que quiero vivir lo que se empeña en hacerme vivir mientras me desordena, me mide, me retrasa de la muerte y me va consumiendo sin medida.




lunes, agosto 04, 2008

DEDICATORIA

No pego imagen, sólo música, mi preferida, es que me encanta, y texto.


Me detengo en Hermes y miro a mi alrededor y dedico:


Para Carlos, Ángela, Manolo, Guadalupe, Nacho, Paloma, Antonio, Pilar,Inma, Juan Pedro, Gorka (reconozco que ya le dediqué el texto varias veces, él sabe...), Blanca, Marce, Francisco, Gerardo, otro Manolo (de Zamora, mi querido amigo), Concha, ah, Concha...en fin, nombres reales que esconden nickes, nombres reales y cercanos detrás de las tardes de invierno en un chat. Seguro que me dejo nombres, lo siento, no es olvido intencionado... Ah, y también para una montaña...Ya no me habla de la luna.





LA VALSE


Es verdad lo que ocurre cada noche en la plaza, escucha a quien lo cuenta, quien va de madrugada tomado por mis uñas de modelo desnuda.

Una chiquilla ofrece las palmas de sus manos al hombre de los hielos y dos llamas azules le roban el descanso. La niña le permite calentarse en sus manos.

Una mujer alcanza las ramas de los árboles para hacerse un vestido; le sobran los recuerdos, los hijos que ella diera al frente de batalla, y comienza sin música a bailar y me mira.

Un camarero rompe los vasos en el rostro de aquel que se negaba a abrir su pecho, a darse a un instante de furia, a ese instante de río enroscado en los brazos, irguiendo el sexo duro de los hombres amables.

Un anticuario sabe que me siento a su lado y prepara una silla, un plato de diamantes o la corona inglesa. Les dice a sus amigos: callad, la siento cerca, no viene de hechicera, ni de muerte, ni estéril. Sólo quiere comerse lo que ya hemos perdido.

Y un niño dice a un sastre puntadas en la noche maliciosas, mundanas. Y otro niño trampea los tacones de agujas de tontas señoritas…Ellas exclaman: ¡Oh, si estoy descalza! ¡si he encontrado un amante con ojos de mujer!

Pronto, pronto, la plaza se llena de animales, de antiguos sacerdotes con llagas en la frente, de funcionarios rojos, de países absurdos, de escultores lisiados, de panteras humanas, de donjuanes de cera, de víctimas mordidas en camas detestables, de dolor y de gozo,
de vida que se arrasa con su propia impaciencia.

Giran desordenados, giran rompiendo un sueño, giran y se desprenden de sus viejos amores. Y yo bailo con todos, y los beso, y me crezco. ¿ Ya me has visto, invisible, seducir a tu esposa, quitarte su cintura, su tímida promesa?

Pues entonces, ¿qué queda sino bailar contigo?

martes, julio 29, 2008

XIX Poemas en Hermes( Revista nº 7)

Amiga mía, tú, Fiordiligi y yo, Dorabella... Ah, mi ópera preferida, Così fan tutte.... Todos dicen de su misoginia, pero, ¿ y si lo das la vuelta? ¿A cuento de qué poner a prueba el amor de una mujer? Así les fue a los tontainas de Guglielmo y de Ferrando.Que espabilen.

Y, ahora, el poema








      Bodhisattva

      No quisiera tan pronto convertirme en un perfil inmune con los astros, en un soplo fugaz si no repite mi ser un nuevo ciclo de amargura.

      No quisisera morir finalizando la cadena de cuerpos doloridos que olvidan su anterior carcasa lenta de paja, espantapájaros y hombres.

      Ah, que el Nirvana espere mi cansancio...

      Pues, ¿dónde viviré tanta miseria del hambre muy furiosa, desatada?

      ¿Dónde seré un minuto de deseo por transformarme en música de Mozart o por bordar manteles de Matisse o por hurtar al río de la infancia su infalible conjuro de hechicero?

      ¿Dónde sino en los doce millones de kilometros que inaugurara Elcano veré las maravillas de este mundo, el optimismo innato de las puertas que dan al mar, al Este, a los alisios?

      Ah, que el Nirvana espere mi abandono...

      Todavía me queda liberar a los tigres, rendir mi resistencia a su fiereza. Todavía me queda diferenciar la noche de la aurora y asombrarme de cómo viene el día perdonando.

      Y sobre todo doblegar mi miedo si subo a las campanas ojivales, si miro el blanco intenso de las clínicas, si me piden la voz y me desmayo, excitada con tanta arquitectura.

sábado, julio 26, 2008

XVIII Poemas en Hermes (Revista nº 7)







      Restaurant de La Sirène ( Van Gogh)

      Saldremos a esperarla
      al limonado brillo de la calle,
      sentados y bebiendo,
      alegres como barcos
      que estrenan meridianos en el mar.

      Saldremos a esperarla sin presagios;
      la veremos llegar
      dorada y suaveazul de otro hemisferio
      y con una cadencia
      rimada de pasion a su cintura.

      Te besará los hombros,
      enjoyará el encuentro con su azúcar
      y olvidarás los días de tristeza
      transcurridos en vano.

      Dejarás tu licor y correrás
      a abrazarla.
      ¿Qué os diréis, qué confidencias dulces
      desvelarán sus aguas?

      Os miraré volver
      cogidas de la mano
      como dos muchachitas en domingo.

      Y me darás su gozo
      y creeré sin miedo que me amas
      con la breve estación de su sonrisa.

martes, julio 22, 2008

XVII Poemas en Hermes (Revista nº 7)


Mi aportación para este número fue diversa....¡y abundante!
En primer lugar, la colaboración en el homenaje colectivo para Garcilaso.
Ahora, en la distancia, estos sonetos se acercan a los caballos azules de Franc Marc (1880-1916) y nada más apropiado que la voz de Amy Winehouse...
¡ Cómo se habría perdido Garcilaso de la Vega por ella!











      Tres sonetos para la figuración del amado

      I

      ¿Cómo sabré de amor si la distancia
      que hace horizonte el nombre de mi amado
      me empuja hacia el deseo trastornado
      de morir en su nombre y su arrogancia?

      ¿Cómo sabré de amor si la ignorancia
      del amor por mi nombre enamorado
      me duele en un amor invertebrado,
      inválido de amor y de constancia?

      ¿Cómo sabrá mi amor si no le digo
      mis palabras de amor y la ternura
      de mi amor convertida en un castigo?

      ¿Cómo sabrá mi amor si la dulzura
      del amor que me nombra y va conmigo
      sólo afruta el silencio, la amargura

      de una distancia oscura?
      Porque este acerbo fruto del dolor
      es el nombre imposible de mi amor.

      II

      Él es mi amor perfecto.Su mirada
      me da a beber del alba y me estremece,
      me aviva de la sed donde se mece
      el río de su luz, su voz callada.

      Él es mi amor perfecto. su mirada
      me cubre de humedad y me enternece
      cuando me alcanza el alba que carece
      del agua de su luz, clara y delgada.

      Y sólo con mirarme me imagino
      como amante perfecta que, a su lado,
      hechiza el agua y la transforma en vino

      y se lo da a beber de su costado,
      volviéndose cordura el desatino
      de alimentar el agua del amado.

      III

      La perfección de la pasión que siento
      es este nuevo mundo que inauguro
      al olvidar mi sangre y mi futuro
      y,ligera, viajar al pensamiento

      de mi pasión por él: todo mi aliento,
      todo mi lado agreste y más oscuro
      fertiliza un planeta que procuro
      acoja mi semilla desde el viento.

      Tan sólo una semilla apasionada
      que haga crecer los bosques, la tormenta
      y qu la lluvia ocupe su mirada.

      Tan sólo una semilla que se aventa
      perfecta, apasionada y endiosada
      con el fuego de amor, su lumbre lenta

      cuando mi amor consienta
      en conocer mi mundo aventurado
      y en cautivar su gozo enajenado.









      Tres sonetos para la presencia del amado

      I

      Tus ojos, que conocen lo que he sido,
      la batalla sin ti, la cruel victoria
      de una edad construida con la escoria
      de un corazón cansado,breve, herido.

      Tus ojos, que derraman el sentido
      de mi ebriedad en ti, como la euforia
      por contenerte en mí, como la gloria
      de otra victoria azul que me ha vencido.

      Tus ojos manteniendo mi mirada,
      indudables de mar donde naufraga
      mi azulidad de amor recuperada.

      Tus ojos sobre mí, mirada vaga
      de otra luz que no sea tu mirada,
      el vino azul más denso que me embriaga.

      II

      Tu voz me otorga el nombre que alimenta
      mi voz, mi risa, azules minerales
      que me alejan de signos de mortales
      ciénagas del dolor que desalienta.

      Tu voz me da la lluvia que sustenta
      territorios de amor donde animales
      azules como besos vegetales
      me regalan el agua que me inventa.

      Tu voz para mi boca, pronunciándome,
      otorgando un sonido articulado
      que azulea en tus labios rescatándome.

      Tu voz para mi nombre de azulado
      tesoro de tu voz enamorándome,
      descubriendo mi voz, tu nombre amado.

      III

      Sí, contigo, de azul que miente al día
      del color de la muerte, a la escarchada
      lividez del dolor cuando la helada
      ausencia de tu cuerpo me extravía.

      Sí, contigo, celeste mi alegría,
      mi cuerpo garzo a fuerza de esta amada
      tintura del amor, la fuerza alada
      del intenso color que antes me hería.

      Estoy contigo azul, estoy viajando
      al cristal de la noche que madura
      sobre tu dulce piel; estoy hallando

      contigo una canción sedosa, impura:
      tonalidad de llama que, arrasando
      mi cuerpo, me ilumina y procura

      la mañana futura.
      Contigo, con el aire y con el mar,
      contigo, azul, vistiéndonos de azar.

miércoles, julio 16, 2008

XVI Poemas en Hermes (Revista nº 6)









    Campo de amapolas





    Guardo en dos mil cajitas los anillos, las pócimas, los resentimientos y el azul que me asusta en las miradas.



    Guardo en un prisma blanco todo lo que adivino del recuerdo o de esa indiferencia que los saludos suelen ocultar con aplomo.



    Guardo la invalidez de un corazón cansado de distancias, igual que el poeta querido perdiendo su equipaje en la frontera, aprisa, y es que fuese a morir en otra parte.



    Estoy por escribirme todavía temblando y no me pertenezco aunque decir cuarenta sea decir cincuenta despedidas y gestos de una actriz más bien torpe a pesar de ser rubia.



    ¿Sabes lo que prefiero?



    Escapar de mi casa porque me gusta mucho, dejar allí los hornos de un amor de malicia, dejar allí las cosas más preciosas y cultas como libros, jazmines o como aniversarios de atesorar apenas compañías.



    Y correr por un campo de amapolas.



    Correr, correr en la llanura, abrirme al viento, abrirme los labios cuando cruzo esta roja carrera del deseo de mayo.



    Correr sin dirección. sólo un placer incauto del caballo en mi pecho.Sólo en este alocado modo de la alegría.



    Correr hacia la nada, correr con un asombro de ser, junto a animales muy veloces, un músculo, la sinrazón perfecta.



    No llegar tarde o pronto, casi bailar corriendo.



    Pisar las amapolas -debajo están los muertos-, levantarlas en vilo y levantar la sangre y levantar aquello que nunca se movía.



    Correr, no sentir nada, sentirme los pulmones, las culebras arterias, los últimos galopes de una inocencia impura.



    Aplastar amapolas y teñirme las plantas de los pies con su jugo, desnuda, abandonándome como el viejo poeta que cruzó la frontera o como aquel soldado de cita en Samarcanda.



    Y despues, encapuchar la pluma y cerrar el cuaderno hasta un nuevo pasaje. Tomar aliento, el canon de los días de escuela.



    ¡Cuánto polvo en las cajas, qué quebrados los prismas del recuerdo!



    Y me llevo en los brazos un olor a amapolas que sigue persistente aunque me haya vestido.







martes, julio 08, 2008

XV Poemas en Hermes (Revista nº 6)



      Tajo en enero

      Como no se parece a los violines
      de Vivaldi,

      como espumoso viene de crecida
      pisoteando troncos
      y cuerpos macerados en su cieno,

      como antender su idioma es convertirse
      en el lejano estruendo de un alud,

      y como no se espera
      al ligero sonido de las fuentes
      ni a la avidez de una garganta, agosto
      será más llevadero en sus orillas:

      quizá algo verde y entrechocar de copas
      si la noche conserva
      su negro adiós después de nombrar tanto
      calor, sopor humoso.

      Y como por debajo
      del bullicio alocado de su espuma
      otro ronquido grave se acrecienta
      triturando las costras animales

      que no cante canciones de las cosas
      que nunca volverán.

      Yo no le pediré
      la apaciguada ninfa silenciosa,
      el discurrir de un cisne de tristeza.

      Con dos palmadas espantaré a los peces
      que boquean aún,
      esos gordos y nauseabundos peces
      que silban a los muertos
      y los vuelven de espaldas
      para comerse huellas de un abrazo.



miércoles, julio 02, 2008

XIV Poemas en Hermes (Revista nº 5)








      Pájaro-Frida

      En los últimos días del verano
      le descubro en los ojos la edad de las iguanas.

      Cuando el verano dice que se da por vencido
      y en la plaza del Zócalo
      las vendedoras tiñen de naranja sus flores,
      yo amo a Diego Rivera.

      Yo amo a Diego Rivera
      porque hubiera querido ser ave migratoria,
      regresar al invierno
      con aires de viajera que conoció las islas.
      Él me recibiría complacido
      -y la casa arreglada- susurrándome:
      ¿No me vas a contar
      si bebiste del zumo de la pasión del cactus,
      si conociste el ansia del jaguar en tu lengua,
      si tan sólo una vez gritaste Diego?

      Yo lo miro y descubro la edad de las iguanas;
      en su mirada roja hay un tiempo viejísimo,
      un tiempo de serpientes voladoras
      cazando los deseos de la noche,
      mordiendo el corazón de los guerreros.

      Yo lo miro pequeña y desalada y pinto
      sobre mi cuerpo roto
      una raíz intacta de su gusto,
      un mínimo fragmento de muslo tembloroso
      y doy color a la cuevita breve
      por si viene cansado de besos verticales.

      Yo lo miro y comprendo
      que este dios tan antiguo
      no se perdió de amor, nunca fue humano.



viernes, junio 27, 2008

XIII Poemas en Hermes (Revista nº 5)

    Las imágenes que acompañan a los poemas son de Lee Krasner, esposa de Pollock, pero pintora con entidad propia.










        Dos poemas de abril


        I


        No me ames jamás como te amo, no lo pienses, ni tan siquiera imites esta forma de amor que ya es venganza.


        Ámame suavemente, a la manera de amar que se desdobla positiva, hablando de ser libres,de encontrarnos...Todo menos amor, su seca cárcel.


        Ámame en la hermosura que te aguarda: el femenino vértigo de un paso, la frágil seducción de estar contigo cuando estrenas la piel que te buscaba en otra piel ajena e indolente.


        Ámame sin amarme, ámame mucho que de este modo caben tantas cosas, los demonios domados y las risas y los amores ríos de una noche.


        No me ames como yo, no me ames nunca, alguien se ha de salvar de esta condena, alguien que no soy yo, sin humillarse, altivo en el amor pero ignorando.


        Porque si tú me amaras un segundo igual que te amo yo durante siglos nada perduraría de nosotros, ni el final del comienzo de esta suerte.


        Porque al amarte así ya es mi venganza de haber amado el juego que destruye; odiarte por amarte aniquilándome, amarte por odiarte si me olvidas.










        II


        Escribo para ti, para alejarte, como el león se espanta con el fuego, como el halcón se libra de la lonja.


        Escribo para ti, para matarte, para hacerte inmortal mientras confiero a tu ser el olvido necesario que asume la belleza de la piedra.


        Porque quiero borrarte, cuando escribo, lo que queda de ti rojo y humano, lo que queda de ti más vulnerable: mi nombre y el deseo de tu nombre.


        Escribo para ti sin despedirme...¿Puedo arrojar de mí lo que ya es mío, más interior y exacto que mi médula, más hecho de mi carne que yo misma?


        ¿Puedo decir adiós a este momento de soledad de tinta que preciso para decirte adiós, para dejarte a solas con mi amor por la palabra?


        Sé que al morir tu nombre mi voz muere, sé que al encadenarme a esta escritura vuelo hasta el fin de ti y de tu caricia.


        Otros preguntarán quién eras tú,apresado, celeste en mi distancia.


        Otros preguntarán qué dios es éste y alrededor de sí tanto vacío, y alrededor de sí qué muerte ardiendo.

    viernes, junio 20, 2008

    XII Poemas en Hermes (Revista nº 4)









        El ángel de Durero

        He visto su postura en los adolescentes de ojos grandes y hermosos que no saben recoger el sedal de la mirada perdida.

        Detienen el movimiento de su escritura y se quedan absortos en la burbuja de un pensamiento muy lejano, incapaces de pedir auxilio, de regresar a la ligereza de sus antiguos compañeros de aventuras.


        Esa actitud particular del hombre tallado por Rodin, ese gesto,acaso de furia contenida, o en un estar ausente, de viaje a los lugares donde callan su nombre las cosas más precisas.


        El ángel aletea y se mueven las aguas de la memoria y no se precipita a un vuelo imaginario y se disuelve el tul de las promesas felices.


        Lo he visto acomodarse en los tapices de los magos olvidados, errar por el castillo que hace años recorrían los amantes y se ha quedado sordo componiendo su propia melodía de carencias y perezoso como los perfiles conservados por la numismática.


        Lo he visto demorarse en los latidos, ocultarse en la penumbra que hace invisibles los objetos, sobreviviendo en el final de los manantiales, lento en las residencias del reposo,


        convalenciendo,


        desterrándose,


        intentando no amar.







        domingo, junio 15, 2008

        XI Poemas en Hermes (Revista nº 4)



        Vuelvo una vez más a las fotografías de mi admirado amigo Ricardo Martín. Ésta se titula Amanecer en la Cuesta de las armas





            Cuando el mensajero es el mensaje

            En esta clara espera
            del día,
            de las islas que surgen como diosas:
            algo impensable, un nido delicado
            de serpientes, un silencioso golpe
            de la suerte en la calle, en la prisa,
            en el modo de sentirme animal
            olisqueando el peligro y no puedo
            evitarlo,
            no, no puedo evitarlo;

            en esta clara espera
            del día,
            cuando no todo es yermo ni tristeza,
            cuando el mensajero es el mensaje,
            cuando mi puerta no se le resiste
            y él entra despreciando talismanes,
            recuperando la savia antiquísima
            de mis pechos,
            y yo, qué cosa haré
            sino morir,

            me veo hermosa
            y desafío
            al sol, por si sólo fuera un sueño
            este regalo súbito, impaciente,
            por si sólo fuera un deslizarse
            en solitaria danza que acostumbro,
            y estoy cansada de ser una reina,
            estoy cansada del día para otros.

            Desafío
            a las sombras y a la melancolía
            y a cualquier certidumbre del dolor
            por si me descubriera atormentándome.

            Hoy me vuelvo de sol hasta tus ojos
            y sin saberlo tú,
            y aunque me olvides,
            aunque no quieras ser lo que te invento
            me quedo todo el día entre tus ojos.

        martes, junio 10, 2008

        X Poemas en Hermes (Revista nº 4)







            El beso (Klimt)


            Me pierdo en tu dorado manto de luz oscura.
            Aunque las amapolas
            señalen el lugar del desfallecimiento
            y otros amantes vengan a limpiar nuestras lápidas
            e inventen la viejísima escritura en sus labios,
            me pierdo,
            me rodeas,
            me pierdo
            del nombre que me daban mis amigas ingenuas,
            del nombre que me daban como a un color intacto.

            ¡Qué me importa perderme!
            ¿Qué importa si en mi rostro tatúas un idioma
            de pérdidas,de aquello
            que pruebo y deseara sentirme envenenada
            por su ardiente saliva?

            Y nada está existiendo salvo esta quemadura
            perdiéndome,
            salvándome
            de todos los retratos, de todos los avisos
            que prepara el dolor.

            ¿Qué me importa perderme
            si cuando me encontraba chocábame en penumbra
            con mi propio espejismo,
            si cuando estaba erguida era una indiferente
            altura de árbol seco?

            No dejes de besarme ni pronuncies mi nombre.
            Déjame que resbale sin fuerzas a tu cuerpo.
            Déjame que me pierda
            dentro de ti,
            igual que un abalorio que se extravió en tu abrazo,
            igual que mi virtud
            perdida con gozoso
            desatino.

        viernes, junio 06, 2008

        IX Poemas en Hermes (Revista nº 4)







            Interior de Santa María La Blanca


            Sosteniendo la tristeza,agotándome
            pero valientemente en pie,
            sin dar al corazón otro alimento
            que no sea
            demorar esta muerte y estar viva,

            hay un lugar quer ignora a mi adversario,
            un lugar que me espera sin promesas.

            En él la soledad huele a la atmósfera
            de un planeta divino,inacabado.
            -Quizá antes de marcharse
            el viejo dios de Abraham
            dejar quisiese un blanco de silencio
            para hacer llevaderas las heridas
            y suspender del aire la amargura-

            No creáis que en él desaparece
            la tristeza,
            no,no creáis que surgirá el prodigio
            del olvido,

            pero valientemente
            entrar en él supone aclimatarse
            a mi voz,certidumbre
            de saberme perdida...He de encontrarme,
            tengo que prepararme a seguir siendo
            impaciente,voluntariosa,débil,
            así como la vida se desdice,
            así como estar viva aún me asombra.

            Y cuando digo adiós porque es preciso
            salir a los cuchillos y al engaño
            me llevo la tristeza
            aunque también un dios que es imposible
            de no creer.

            ¡Vuelve,vuelve,esperanza!,
            grito al templo del día.

            Y el día me responde
            con su ambiguo alimento.

        martes, junio 03, 2008

        VIII Poemas en Hermes (Revista nº 3)



          Pájaro acuático, contento



            (Otro soneto imperfecto,esta vez dedicado a Jesús Pino*)




            Sobre la luz me vuelo , la alegría
            del agua que se ríe o la arboleda
            que me inventa a las diez esta vereda,
            casi un beso del agua, la alegría

            de habitar la ciudad con otro nombre.
            Tú sabías, Jesús, que yo quería
            vivir cerca del agua si vivía
            besando la ciudad, besa mi nombre.

            Ahora me parece la esperanza
            cruzar despacio el puente- está encantado-
            y la impaciencia alegre en tu tardanza
            para venir a verme de este lado
            del río que prosigue en su alabanza
            de la ciudad que amamos, que ha besado

            el agua que nos vive
            con su fluir amado.


          * El otro soneto imperfecto fue dedicado a Alberto Sánchez, el escultor. En alguna entrada anterior está escrito.






          viernes, mayo 30, 2008

          VII Poemas en Hermes ( Revista nº 3)




            NATARAJA DANZANDO EL NATJA



              (Fragmentos de un poema encontrado en Benarés por Adelina Esteban. Adaptación)

          I

          No subiré hasta el monte Kailasa donde Tu pensamiento azulea en la nieve que fluye por mis muslos, que hace crecer mi risa de palmera.

          Te espero y resucitan criaturas con yemas de lengua delicada que humedecen la parte profunda de mi boca y abren sagrado el hueco de carne siempre oscura.

          He juntado mis manos igual que las hojas de mimosa y ofrezco el sacrificio de abandonar mi casa para aguardar desnuda, para que Tú me encuentres sin memoria, sin miedo, recién nacida al alba, a tu destino.

          Y me duermo dorada, mis pezones de sándalo, pequeños, dos semillas confiando en la lluvia, dos lunas en creciente, cuando vengas después de todos los inútiles conjuros de la noche...






          II

          A través de mi sueño huelo el humo rizado, callado de las piras.Me siento en la escalera que baja desde el templo de las diosas que curvan su cintura a las cobras.

          La seda que insinúa mi cuerpo está mojada, mi pelo está mojado; la ajorquilla de plata de mi tobillo brilla: una gota se apresa,roza sus cascabeles.

          ¡Oh, Varanasi!¡Mi ciudad de la luz!

          Me he bañado en el río, he besado los párpados de los niños que flotan hasta el mar. He bebido... Cantaba una mujer canciones del deseo y el río me exploraba.

          Me he dejado tocar por su caricia, el agua era un dedo curioso, un pétalo vibrante que casi me enloquece.

          He mordido mis labios porque nadie oyera mi gemido y se creyera que Tú me penetrabas si aún mi rostro ignora Tu saliva y el junco de mi cuello verdea impacientándose...





          III

          Primero me despierta el aliento caliente del blanco toro dulce: levemente me empuja con su testuz, me invita a saberte a mi lado, y me siento tan torpe, tan pesada, tan tímida...

          ¿Qué lirios pisoteas,qué vanos cofrecillos de pudor son las flautas que ahora se transforman en tambores celestes?

          Me levantas...Un brazo destruye lo que toca con su fuego imposible. Otro brazo me nombra por vez primera, soy un licor encendido que lames hasta el fondo.Desciende el tercer brazo hacia mi corderillo hambriento de Tu leche y el cuarto brazo inventa nuevos soles del ansia sobre mi piel, girando.

          Abrazada contigo reconozco la muerte más preciosa y presumo de ser la devorada, la que se mueve rítmica.

          Porque todo florece si Tu danza me cubre y el veloz balanceo de Tus caderas abre un volcán que se inicia:

          Los amantes se buscan y siguen atrapandándose para engendrar un árbol de incesante delirio...





          miércoles, mayo 28, 2008

          VI. Poemas en Hermes (Revista nº 2)






          El saltador de esquí




          Cuando ya detuvieron los glaciares su apetito de orillas olvidadas y es tan blanco el silencio de las cumbres
          que nadie rasgaría sus doncellas,


          él mira abajo y calla;

          por un momento niega que allá abajo

          hay mujeres cubriéndose las manos para aguardar la fama de su risa, por un momento niega que allá abajo se acalora el aliento con el miedo.



          Y lejos, murmurando

          perfiles de un amor que le provoca,

          él mira las montañas

          apasionadamente,

          responde que se entrega, que su cuerpo... que no hay otra razón que este peligro de abandonar la tierra, de ser aire.



          ¡Por fin salta, por fin lo deja todo!



          Se desliza, se curva como un niño escapado del vientre de la inercia. El trampolín se riza con el brillo del hombre que se vierte hacia la nieve.



          Ni vértigo ni peso,

          ni lágrimas de barro hecho de carne, ni el oro que se pudre en las vitrinas.



          Sólo flotar, tenderse sin cadenas, sólo la soledad de haber perdido el corazón, el ansia, servidumbres, la sangre, las apuestas y el deseo.



          Más libre que los brujos,

          más libre que los pájaros,

          mucho más que una bella

          presencia de la muerte.


          Sin dirigirse a nada,

          sin odiar un destino,

          sin dolor o alegría,

          sin tiempo, sin promesas, sin esperas, sin aplausos, sin ojos, servidumbres.



          Sólo flotar, tenderse, renunciando al instante anterior a cualquier nombre.



          Sólo flotar, lanzarse hasta la niebla brevemente olvidado de sí mismo.

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