lunes, marzo 05, 2007

LMDF XVIII


Vrindavan, el bosque celeste pero también terrenal... Donde no existe el daño.

Vrindavan es también un tema musical de L. Subramaniam. Como no lo he encontrado, escuchamos otra creación suya.








VRINDAVAN
(Subramaniam)

El tegumento se abre.
Y en ese bucle la primera nota
como el tambura
lejos
o manantial que comienza a fluir.

El silencio es una semilla joven,
una máscara
que inicia la danza del día de Año
Nuevo
en el palacio
de Mathura,
una pastora a la que Krishna besa
y no se atreve
a paladear
su saliva.
La risa del amanecer sin niebla,
la pupila
que apaga la vela de los caminos
dejado atrás.

He volado con el viento de mayo,
escapando del pico de los pájaros
cuando el silencio
se desperezaba
entre las ramas de los avellanos,
y he caído
en el brezo esponjado
de tu pecho.

Yo soy la hija del silencio, la música
mejor que no se pulsa,
la criatura
que guarda las medusas del deseo
en su pequeño pubis
y poseo la sílaba
de los jardines donde se abrazaron
Krishna y Radha.

No escuchas aún
cómo me abro,
no oyes la delicada percusión
de mis talones dentro de tu pecho.

Yo soy la hija del silencio, la nota
primera del tambura,
su hilo lejos,
hilo del manantial que no revela
su océano arbolado
de medusas.

jueves, marzo 01, 2007

LMDF XVII




Turner. Debussy...Y una invitación al viento...





Danza

He visto caer la nieve en el agua
y convertirse en mujeres que mueven
sus pies entre los huesos de los héroes.
En el fondo del lago hay una orquesta
de pianos fabricados con la tris-
teza del día,
con los dioses
olvidados,
con los sacrificios
perdidos.

Yo no me hundo, voy al centro del lago,
toda la luz es blanca, blanca, blanca
y levanto mi falda de vapor
y mis brazos oscilan como ramas
del árbol
del ansia,
plateado,
hermoso.

Mírame
bailar
sobre el agua.

Tú no sabes hablar; como la nieve
callas en las orillas, tienes frío
del miedo que amordaza, que aprisiona
la palabra sin leyes, sin virtudes,
la única palabra que quemaría
la huella
de los lobos,
el vuelo
de los grajos
del invierno.

Mírame
girar
en el agua.

Te cubrirá la nieve cuando baile.
Después te llevaré donde patinan
los niños que no quieren escuchar
otra música.

¿Y si te invitara al centro del lago
y asido a mis caderas no te hundieras...?

lunes, febrero 26, 2007

LMDF XVI









Deseo

Te sostengo con la demora de una cálida energía.

Soy un aire que duerme en el futuro, que no se envejece con la impaciencia de una muchacha violeta, acalorada, aguardando una llama que no volverá jamás a convertirla en fuego.

Te sostengo con la precisión del leve niño sujeto a la cintura de su madre. Puede la arena que requema dañarla en la planta de los pies o el escorpión rastrearla en sus sandalias. Ella sólo se tiende cuando el infortunio se separa de un abrazo al pecho diminuto que la erige como una fortaleza inexpugnable, como un templo de guerreros.

Yo soy una columna vertebral, un titán obstinado que mantiene el esmalte en tu boca para decir que el mundo continúa asustándote y luego llamándote, invitándote desde su frágil y misteriosa piedraimán o jilguero o palabra que juega.

Soy un tallo que empuja tu brazo, soy una margarita que camina sobre la ceniza de cuerpos anteriores, abrasados pero consintiendo todavía más furia enamorada.

Yo soy tu puerta abierta,
todo el agua del mar en la gavota de Juan Sebastián Bach.

Mientras yo te sostenga
soy la singladura que no cesa, la voz que te insinúa, la sed que te equivoca y la mano murmurando los cambios en tu rostro.

viernes, febrero 23, 2007

LMDF XV




La imagen pertenece a PILAR BAMBA. Me gusta su pintura. Es la segunda vez que la admiro en el blog, públicamente. Y le agradezco su interés.






Elegir una música de fondo es de lo más relativo...¿por qué no India Arie?


Piromancia II

En las naturalezas muertas
distingo
el cabello que fue olvidado:
desvía el equilibrio y surge
un tarareo, un golpecillo
que corrompe la perfección,
y el ave cazada, la fruta
arrancada de su declive
abren sus ojos al asombro
pues queda un hilo sin arder,
algo que simulaba frío.

Percibo
que no todo el atrevimiento
de la abeja se domestica
sobre la flor que aparenta si-
lencio;
un encarnado punto mínimo
repite su canción salvaje
mientras liba
y en la flor, una oculta luna
crepita, espera a que el desorden
asole la serenidad
como un volcán que parecía
extinguido.

Veo
la mañana dominical
plegarse sin incertidumbres:
se está moldeando a tu patio,
lame las ociosas y suaves
macetas, el rumor cercano
del café... suenas la satara
para encantar a las tres cobras
que reptaron
a tu cama
cuando la noche fue la arena
que se adhiere al cuerpo... sudaste
y la sed se tendía junto
a ti,
te acariciaba, tú sabías
quién era.

Crees que la mañana lava
esas señales en tu piel,
que las tres cobras se asustaron,
que la luz irá revelando
la verdad
igual que una niña despreo-
cupada.

La claridad es una mecha
invisible, llama que baila
porque te miente ahora, miente
iluminando tus rosales,
azucarando tu café,
apaciguándote los muslos,
oliendo a calma, a la certeza
de una mañana sin peligro,
sin el rostro detrás que intenta
apoderarse de tu sueño.

En cualquier instante querría
dejar de bailar y acercarse
a ti con el fuego en las manos.

Hay una música que vibra
bajo las vestiduras plácidas,
bajo la familiaridad
de lo tranquilo.
Detrás de la mañana, bajo
la luz,
ardiendo.


martes, febrero 20, 2007

LMDF XIV

Me parece mentira, a veces, este poema...por mi mano. Habrá que releerlo cuando quiera dormir.

Georgia O´Keeffe, la perfección de la sensualidad y el secreto...ah y esa extraña impostura de Anglada Camarasa. En ocasiones lo decadente da lecciones de futuro. De todos modos me encanta, ea.





Y otra sensualidad, Chris Rea...cómo me gusta este tema. Para compensar la supuesta melancolía.


Composición de la melancolía


Hubiera terminado
aplastando ramitos de romero en el libro
de las resignaciones.

El sentido común me mostraría
los planos de un castillo de iceberg
y su temperatura, disciplina
del letargo,
remataría torres defensivas
y cerraría alcobas que conservan
el licor que despierta al paladar.

Hubiera terminado
comprobando el piano cuando la fiesta
de final de curso, distribuyendo
antifaces de una velada al año
donde pueden rozarse las caderas y los padres saludan
desde el Ártico,
donde conviene hacer proposiciones,
donde los concejales han cedido
limonada,
cortinas de lunares para jaulas.

Hubiera terminado
llamándome rapsoda en los bautizos,
dejando de fumar, pensando básculas,
moviendo el abanico,
seduciendo.

Pero un licor desde la niña rubia,
un veneno que fosforece incluso si las tardes afinan
los laúdes
en las ciudades
de la melancolía...

y me arrepiento de beber de golpe,
y me arde la encía con la mostaza
oscura,
y me quejo
de la soledad que hierve en el líquido,
me quejo, me arrepiento de no haber sido cauta,
complicada...

Un licor, un veneno que desgarra
en lo que vierte,
que horada congeladas superficies, caldea el comedero
de las focas,
llama en Islandia al barro al rojo vivo,
se mete entre mis dientes, desocupa
muertos,
vuelve vapor verdades razonables
y luego,
en el vapor,
va trazando mi nombre y se desliza
su dedo en mi garganta,
va arañando,
va posándome un nombre en la garganta,
y llega a mis pulmones
y allí expele la peligrosa miel,
la muerte dulce,
y no alcanzo a morir sino que rasgo
respetuosas sedas
y te doy a beber...





Ah, y un té para dos...no, para compensar la supuesta melancolía, mejor un té para tres...






domingo, febrero 18, 2007

LA MÚSICA DEL FUEGO XIII



Una misteriosa fuerza en Georgia O´Keeffe, pero también en la sonrisa de la condesa pintada por Federico de Madrazo. Para mis amigas este poema.






        Y también el regalo precioso de la Variación Goldberg nº 2.



Femeninos

La mañana que reconquista el hielo cuando he escapado

de mujeres que hablan
de la amistad.

La luz en mis oídos mientras callan las chimeneas

de las tentaciones.

La invisibilidad del sedimento que se deposita

en tu negativa.

El arma blanca que muestro al temido adversario

de nombre Confidencia.

La muñeca izquierda que recolecta lluvia en junio

porque no bebes de otra
fruta.

La impresión del fantasma de la casa del sexo

disolviéndose, borrándose.

La faz de ese fantasma, su cal huera, su cáscara,

su cinturón vacío.

El ala izquierda de mi espalda, luego la derecha,

la garza poderosa
al elevarme.

La mujer que confunde los secretos con una sabiduría

arriesgada.

La mañana en el altar de la piedra si alguien llega a tus ojos

provocando
un temblor.

El alma de la luz en la silueta que cruza tu elegante negativa.

La estrategia cuidada de la luz. No existe la memoria

sino el claro
violín de mi palabra.






jueves, febrero 15, 2007

LA MÚSICA DEL FUEGO XII


Jesús P., mi cómplice y amigo, me dice que alrededor de este poema giran todos los demás. No deja de ser una apreciación de lector lúcido, poeta... una apreciación.






Mi homenaje, con este tema, a una de mis películas preferidas. No digo cuál es...



El astrónomo

Ella
danza tan rápida.

Y él no puede seguirla.

Tal vez la llame Sirio, Aldebarán
o Mil Novecientos Ochenta y Cinco
seguida de iniciales misteriosas.

Danza tan rápida
en la balada de los reptiles vo-
ladores.
Suaves labios cerrados tararean
una antiquísima canción de cuna.
Danza cegada, danza sin moverse
de la estación del sílex,
del zigurat brillando momentáneo
y sin embargo calla
qué fecha se cerraron
los silos de la lava y se detuvo
el viento.

Él no puede seguirla y la ama tanto.

Abre la cúpula en la cima, dista
con un desprecio hostil
de cálidas barbillas o ese curvo
nacimiento del pelo;
la busca más allá de las Hermanas
Kurialya o del Centauro,
la busca aunque no existe.

Danza pero no existe.

Y al mirarla anota en sus cuadernos
que ella es verdad. Le vuelve a dar un nombre,
la acaricia en la noche como al gozo
y le inventa una historia,
la saca desde el giro
del baile,
la desea,
le inventa un territorio donde sepa
tocarla.

Danza tan rápida
que no puede seguirla.

Y anota en sus cuadernos: la he creado.

Alguien le llama loco o es inútil
contemplarla,
perderla cuando el alba.

Y le inventa el idioma con que escriben
los amantes que se aman mientras se aman.

lunes, febrero 12, 2007

LA MÚSICA DEL FUEGO XI

© Poertzel



No pensaba en cambiar tan pronto a otra entrada, sin embargo, después de leer el blog Se descalzan los días... este poema del libro SE LO DEDICO A MESTIZA, creo que ella también es un preciosísimo pebetero art nouveau. La verdad, no hallé la imagen que quería, la de esa rara figura de una mujer que levanta sus brazos con una llama...la he visto, eh, en alguna parte, muy a lo Tamara de Lempicka, que me gusta tanto, quizá también crisoelefantina, pero ésta que vemos me encantó igualmente.


En cuanto a la música, Mesti, te busqué el original cantado por Djavan (por supuesto Flor de Lis no es de Ketama), tampoco lo encontré pero esta versión me place igualmente.





Pebetero art nouveau

Levanto mis brazos ante el espejo,
virgen osezna
que no resguarda su candela sino
que me sitúo,
me estiro en una vertical de altura,
tenso mis brazos,
mi ombligo hasta el recto desprendimiento
de un atlante que yergue su castigo,
y el espejo se abre, es una ventana,
mirada que entra,
saluda, recoge, roba quizá,
y se dilata,
inspira la impureza porque sólo
los muertos son
perfectos.

Mi columna levemente arqueada
no resume la soledad, el tránsito
a la destreza
de soledad,
sino que me sitúo y una intensa
corriente
sube desde la punta de mis pies
dando la vida al río de mi médula,
dando la vida
sube, me electriza,
y en la bandeja blanda de mis manos,
igual que el pebetero de un estadio
olímpico,
se enarbola la llama, soy gigante,
voltearé
este planeta
de reptadores.

Dos palabras que irrumpen, mis dos palmas
desean.

domingo, febrero 11, 2007

LA MÚSICA DEL FUEGO X






Mi homenaje a María Callas. Una noche de verano fue escuchar LA BELLEZA. Cuando recordaba la historia de Tristán e Isolda, Iseo, Yseut, la Isla... Seguía escribiendo La música del fuego.




Existen muchas imágenes sobre los amantes protagonistas de una de las historias más intensas del ciclo artúrico, de La materia de Bretaña. He elegido a Waterhouse.

Este poema es otra de las raíces del libro, desde mi punto de vista. Nadie se engañe al leerlo y figurarse una alabanza a la muerte...todo lo contrario... Es,por fin, el bebedizo...




María Callas canta Dolce e Calmo de la ópera TRISTÁN E ISOLDA de Wagner


Esa rosa que bordé en la batista
porque la niña aún ha obedecido
el trazo de su madre en el dibujo...
Ni el reflejo de la madera ardiendo
la roza con el tiempo que se escapa.

Puede volver la niña a apoderarse
de los relatos de la ciudad que ama,
puede rasgar la tela con la furia
de ver a un hombre tonto abandonándose
a la huida
pero la rosa sigue insolentando
con su belleza el día de la muerte
de la inocencia.

La miro y es un resto de la arcilla
de los once años, de la quebradiza
rama de un árbol muerto, al fin talado,
al fin leña que ahora se convierte
en el color
del bebedizo.

Soñé, cuando bordaba, con tu brazo
dirigiéndose a mí, rompiendo el hilo,
rompiendo el humo calmo de la infancia,
y al fin he muerto, al fin, y resucito
adiestrada en el arte de este fuego
que devora
a la rosa.

La miro y no recuerdo los veranos
del tedio obedeciendo a la cordura.

Tengo una nueva flor que me ha crecido,
una rosa de muerte que dibuja
muerte a mi alrededor, muerte en mi vientre,
muerte por fuego, fértiles vegeta-
les de muerte,
porque querer vivir después de hallarte,
querer domar la rosa en la batista,
es bordar una rosa acobardada,
muerte por no volar, la muerte muerte.



viernes, febrero 09, 2007

LA MÚSICA DEL FUEGO IX


© Daubingny


Con la siega, Harvest, el viejo disco de Neil Young, una música mítica. Ansia y calor.











© P.M. Etienne




HARVEST

(Neil Young)


Huelo a mojado lejos,
como olor a cigarro
que alguien que ya no fuma localiza y aspira
y se resiente
recordando
la estación peligrosa, la calada querida
antes de todo el irse
de su mundo.

Bebo el corazón
de la nube amarilla,
paja de la memoria del trigo cosechado;
lejos, una tormenta,
pero no al otro extremo
de Alabama,
una cortina hilosa.

¿Quién te contó que el ansia
huele a ceniza?

Lejos, donde la nube por fin arrasa perros
de calor y humeante sube un vaho de tierra.

Nunca
refresca esta cortina sino que se impacienta,
enfebrece,
se me hace escasa el agua.

Tengo un olfato fino,
huelo a mojado lejos,
algo que se completa desprende los aromas
del despojo.

Nada es igual después de haber llovido, creo
que han muerto esos dos cuerpos que no deben vivir.

Huelo su muerte,
el veneno
que se bebe de un trago.
La sed respira, vela, es un perro salvaje.

¿Quién te contó que el ansia
mide su quemadura?

martes, febrero 06, 2007

MDF VIII

© Hogan

¡Ah, mi impaciencia! Pero es que, pasando otra página del libro, he llegado a uno de los poemas que es, creo, el primero de los ejes de LA MÚSICA DEL FUEGO. Hay otros también, no muchos, que señalaré en su momento. Cuando escribí Alfar fue sentir una vez más, el deseo intenso, la pasión de los sentidos, el fuego, la llama rescatando de la nada... pero no un fuego loco (por eso titulo así el libro) sino con la música de la alegría, de sentirme viva y danza, tocar las cosas y convertirlas en palabra que arde... Tocar tus cosas...






Ante la imposibilidad de elegir una música apropiada, más que tema he elegido a mi Vivaldi...¿Y para qué conformarse con un solo fragmento? Ah ¿Cómo resistirse?







Alfar

Ha habido remolinos de polvo que aparentan
dibujos espirales alrededor del ansia:
simulan dos serpientes que repiten relatos
de muerte,
después caen.

Después ha habido lluvia, no bocanadas roncas
de fósforo en la noche
sino obstinada lluvia que lima los bancales.

Y en esa arcilla fina que resulta de nubes,
en la tierra lavada que, enmascarada, brilla
sin rastros de un guijarro
de temor como vértebra,
alguien hunde sus dedos,
alguien que vio la lluvia me aúpa, me desprende,
que vio la lluvia y vino despacio, muy despacio,
sabe de cada alvéolo
mío, de las burbujas no mayores que polen.

Sabe darme, tocarme:
me levanta del grumo, me grama como a un pan,
me sujeta en sus palmas
de instrumento lacustre, me ondula hasta ser pelvis
de acompasado tono,
y su alaria me pule dos adivinaciones
del vaso y de la sed,
dos serpientes en celo que danzan sin tocarse.

Y luego me he ahuecado,
y me voy vaciando, y me colmo de un eco,
y me horneo dorada,
y me endurezco dulce.

Y espero a que me lleve a su boca y me lleve
al ansia
y me lleve llenada del ansia y que me lleve.


lunes, febrero 05, 2007

MDF VII



© Pedro Pablo Vaquer

Iméropa es una de las Sirenas, concretamente la que posee una voz que invita al deseo.






Iméropa

Quizá en el sueño
medicinal la escucho.

Llega su lengua desde los cantiles
donde se imantan los anillos, hierve
un caldo primitivo,
anterior a las tiaras nupciales
y la abstinencia.

Yo me creía a salvo
como Vieja Mujer de los navajos,
astutamente hueca
y sabia.

Pero canta,
ella canta maligna,
y lo que dormía para siempre
en mí,
lo que había cedido a las doncellas
llamadas Blancaflor,
lo que se aislaba en el mes de los muertos...

Me cerca su canción
y tiembla el hueso
de mis yemas, el tejido reseco,
el caparazón, la costra, la concha,
tiemblan, crujen, se agrieta
la piel.
Entonces
una punzada,
un dolor casi olvidado, vencido,
un jadeo que apremia,
un saco vegetal, lleno, violento,
expulsando
la simiente...

Esa lengua
que quiere destrozar a las palomas,
esa canción temida
desenterrando un grito,
esa voz que codicia,
esa preciosa voz.

sábado, febrero 03, 2007

MDF VI

© J.A.L. Cooke Oxford Scientific Films


La abeja euglosina existe en un rincón del amenazado planeta amazónico y la orquidea cubo coriantes también, su cómplice, su amorosa enemiga. El poema no se editó así; no he podido resistirme a transformarlo en prosa poética... quizá se debiera haber publicado de ese modo. Es uno de mis preferidos del libro.






Raga del deseo

Ese macho de la abeja euglosina que busca los aceites de la orquídea coriantes para impregnar su abdomen amado por las hembras, hechizando a las hembras,

cae a la trampa espesa de fluido, restos de insectos flotan con sus brazos perdiéndose,

y casi extenuado por salvarse, esmeralda rendida, desvalida -es el fondo el flujo de los pétalos-

escala la garganta que permite que la abeja la invada, y apenas ha temblado la flor cuando la cruza la intrusa enamorándose, porque al seguir lo angosto, húmedo, codicioso, se abrazan a su lomo dos extraños de estambre, -intención de la flor el navegar a un vientre vacío todavía pero expectante, hambriento.

Ese macho euglosina, una vez fuera, si respira, si vive, empapado del líquido se limpia tanta baba que lo envolvió en la trampa; se enjuga y aletea, se repone deprisa, y el peso de los granos se imponen como tabas parásitas y bellas,

hasta que vuela a otra cubo coriantes, ahora femenina, y se repite el óleo del peligro, repite caer, la casi muerte, y sale penetrando, y se quedan los huéspedes que ceñían su lomo, y empapado respira
el ansia;

esmeralda que vuelve sin memoria
a buscar un perfume
y vuelta
y vuelta.

miércoles, enero 31, 2007

MDF V



Tajt-i-Sulayman, el Trono de Salomón, es uno de los lugares sagrados de los zoroástricos en la antigua Persia. Allí existe un lago inagotable y, al lado, el Templo del Fuego. Los dajmas son altas torres redondas donde se depositan los cadáveres para que los buitres los devoren y sus espíritus viajen hacia el Sol.








Tajt-i-Sulayman

Levanto con la punta del zapato
vidriados azulejos de tristeza
no para sonreír en la renuncia
de las santas,
desde la soltería
de las mariposas o desde el pozo
que recoge
monedas.

He tendido un cuerpo disciplinado
en el dajma del ritual del silencio,
ese cuerpo que se balanceaba
con el tambor
de la privación, de la biografía
que conocen los buitres
al desgarrar los costillares
del recuerdo.

Qué grito he dado cuando reconozco
que mi altura es la altitud de la lengua
del fuego,
que cuando muevo mi tobillo
alzando
tantos adornos tristes y bonitos
como vidrios
aflora el agua y se desborda un lago
donde sólo mirarse es encontrar
un cuerpo que te besa,
un nuevo cuerpo mío que te besa...

cuando el fuego estimula algo sagrado
que estaba adormecido,

cuando el agua no suaviza tu boca,
no se opone a la llama que te invita
a la muerte
apasionada.

Qué grito en filo, mineral,
qué golpe
recorriendo las torres del silencio,
triturando
los cráneos de la culpa, el podrido
tuétano, la pestilencia untuosa
de la culpa.

Qué grito al verme erguida, llameante
en el agua.

Hay un bosque sin tregua en este lago,
una hoguera fragante que pronuncia.
Y te alcanza.

sábado, enero 27, 2007

MDF IV

© Pilar Bamba







Piromancia I

Viene una mujer que conoce el curso del río habitado bajo tu casa.

Viene recortando fechas del calendario para hacerse un collar de olvido.

Y se aparta una nube por mirarla, se gira un girasol cuando la escucha, se entusiasman los abejorros, se alzan las algas del estanque, se enemistan tus puertas abriéndose de pronto.

Ella se diferencia de la seca textura que ha cubierto tu cabeza con ceniza.

Es roja
entrando con paso apasionado, despreciando las ramas que no sirven ni de bengalas a tu corazón.

Verde,
apenas un destello porque el jade lo guarda para herirte sin costillas tu sexo.

Amarilla
si refleja el espejo mediodía cómo excita a la tierra sólo hablándole de la isla donde fuman los chamanes del sueño.

Y azul
si hay instantes en que prefiere el polvo que acoge la memoria de un cometa, o en tu pestaña el lado submarino, o el dardo que precisa de tus ojos.

Hoy viene blanca,
tan blanca que ha asustado a las ermitas, llena de niños, blanca, de la escarcha, blanca, desnuda, blanca como el agua.

Se adivina a sí misma, viene hablando de un beso todavía infranqueable, del puente que no cruza todavía tu perfil receloso, tu distancia.

La predicción del aire entre sus labios, la piedrecilla fácil de su sexo, la espina que penetra floreciendo, el momento de ansiar morir son los naipes volando todavía, los planetas que ruedan a tu sombra.

Viene pintando en fechas otros peces, murmurando a la tierra, se aproxima.

miércoles, enero 24, 2007

MDF III











Instinto en la serenidad

He conducido el elefante a la caza del tigre,
hasta su guarecido bebedero, hasta las crías
que jugueteaban con un ratón. Entre dos luces,
cuando los pájaros de nerviosos nombres alertan
a los monos que pestañean como adolescentes
insensatos.

He conducido el elefante a la caza del tigre
por un territorio intratable que siempre me niega
abanicos, plumas de marabú, de señoritas
que capturan el tesoro de un hombre delicado,
maduro, fiel, un rasurado gentleman discreto.

¿Por qué no puedo resistirme a salir, distanciarme
de la casa que guarda un jardín donde los amantes
no piensan en las pupilas amarillas del horror?

Tú te quedas relatando las historias de Krishna,
el seductor de piel azul, el Adorado, y Ella
se adormila en tu voz, intima en tu voz, se abandona
y en secreto te confunde con una melodía
que baja
lastimándola desde la noche de la evasión
imposible.

¿Por qué no desisto de las huellas del tigre y vuelvo
mientras el animal no me lame con sus colmillos
y descincho al elefante para que ramonee
tallos de primavera, y dejo las armas y vuelvo
a tu lado, a la conversación femenina que Ella

acompasa bajo tu voz de cazador nocturno?

martes, enero 23, 2007

MDF II

© Francisco Suárez

Galiana es la princesa de los cuentos...toledanos.
Hay un lugar maravilloso, cerca del río Tajo, mirando a la ciudad, que se llama Palacio de Galiana, o Almunia Real, o Jardín del Rey. Es una diminuta Alhambra. Se sabe que si Galiana hubiera existido nunca habría podido visitar esta mezcla de jardín y huerta deliciosa porque vivió antes que Al-Mamun, el de la saga de los Banu-dil-num, los taifas toledanos bereberes y levantiscos, Al- Manum, el amor prohibido de Zaynab, antes de las capitulaciones con Alfonso VI.

Galiana leía en las estrellas; amó al mercenario Carlomagno cuando aún no estaba en su ser coronarse rey de los cristianos europeos y, gracias a ella, este hombre consiguió la espada, la mítica espada Durendal....ésa de Roldán y Roncesvalles, mucho tiempo después... la música, como siempre, en la columna de la izquierda.

© José del Olmo

En la Almunia Real, la Princesa Adivina

Ella conoce jazmineros
en la Huerta del Rey,
el kamanjeh de agosto, el pájaro
que bebe de la alberca.

Es un amor sin primer día
como un baño de sombra.

Ella conoce jazmineros
melodiosos
con sus túnicas al poniente,
con los jilgueros de morado
pico por un festín de fresas,
y acaba su poema;
¿quién rema hacia la orilla
del río y apresa un perfume?

Ella lo ve,
se siente bien entre fantasmas,
recompone el ritmo, el paso
de la tarde
y las mujeres que azulean
a su lado
oyen.

Quisiera que su amado...
y según las estrellas trazan
signos, venablos hasta el agua,
leerle su futuro,
repetirle.

Las estrellas de olor, del río,
taqsim de soledad.

Es un amor sin primer día
como un baño de sombra.


sábado, enero 20, 2007

Nuevo libro: LA MÚSICA DEL FUEGO

LA MÚSICA DEL FUEGO fue un libro publicado en el año 2001, en la pequeña colección Ulises de nuestros cuatro amigos (para otra ocasión hablar de este cuarteto alejandrino en el cual me incluyo)
Los poemas aparecieron en el blog anterior y ya desaparecido y, en homenaje a mi amiga Almena, que me dice cuánto le gustan, volveré a mostrarlos en este Jardín. La música, la pintura, los gestos...todo lo poliédrico... Algo sentimental el libro, lo perdonaré de todos modos...Aparecerán los textos según el orden del libro. Y lo acompaño con un tema, en Mi música (columna de la izquierda), de Lee Ritenour; es una lástima no haber encontrado su Etude.

© S. Banerjee

ETUDE
(Guitarra de Lee Ritenour)


Dejo en el cristal el cerco de la taza de té...
¿acaso me lo limpiaría el duende de los cuentos
con su hojita de lechuga y el bastoncillo para
despertar a las hormigas?

Soy de la dilación de las acacias
que toman el té desaseadas y rezagándose
con el último cerco del invierno en el cristal
de la mesa:
se esperan a que pase el desconcierto,
a que los pájaros enronquezcan tan excitados
que si me quedo quieta me tapizan
la hierba, los vestidos animales.

Me tomaré despacio la taza de té besando
el musgo que termina su día de vida como
una vieja carta de amor.

Ya no es flexible, anfibia
mi corteza, y el duende reconoce que estos rayos
de sol son traicioneros y no sabe impedir
que las hormigas conduzcan un coche más valioso
que una novia de espuma enjoyada con dos gotas
de la esencia que aclararía el río.

Y cuando beba el té quizá me peine, quizá bailen
los brotes de mis hojas con el viento del oeste
y un pájaro atrasado, excitado,
una antigua amistad, alguien que templa los sonidos
de nuevo...

martes, enero 16, 2007

Más poemas sueltos


© Barnett Newman


Continúo con poemas publicados en diferentes revistas. Para el texto siguiente me acerco a otro de mis pintores preferidos, Barnett Newman . Blogsin eligió para una entrada en su blog ( Sirocco: aparecido en los enlaces) otra de sus pinturas. Y para acompañar suavemente: Tárrega. Ahí, en la columna de la izquierda.




Hay una medida
en la calma de los riscos que callan
sucesiones de lluvias, escarchas y solanos.

Frente a mi casa marcan los metrónomos
su cadencia de luz
sobre la carretera,
sobre el rodar que, aprisa, llega y desaparece.

Hay una medida
minuciosa y exacta que me va separando
del pasado,
de las otras escuelas donde aprendí el color
con que a veces se cubre mi vergüenza.

Es la monotonía del porvenir rendido,
de la historia de siempre que da a la soledad
su rostro verosímil, su inclinarse hacia el tedio.

Pero hoy,
precisamente aquello que me va separando
del pasado,
precisamente el ritmo que ordena mi palabra
y sabe el vanidoso despertar de los días,
viene como si fuera algo no calculable:

Al abrir la ventana
los últimos jazmines mueven mi japonesa.

Al abrir la ventana
los albañiles hablan del gato del domingo
y los patos del puente son graciosos y tontos
y dicen las campanas lo que ocultan las tumbas
de tantísimos santos.

Al abrir la ventana
la medida del tiempo me impone su latido.
Me siento el corazón, me tomo el pulso
y con la luz que canta de la calle
peino disimuladas canas de la desdicha
y me digo que es tarde
para llorar el paso de la ausencia.

Quiero vivir,
aunque parezca raro a estas alturas.

Hoy quiero vivir tanto
como Hawking midiendo
un agujero negro de preguntas,
como el masai midiendo los tímidos antílopes
por su rastro de orina y flores aplastadas.

Y es que quiero vivir lo que se empeña
en hacerme vivir mientras me desordena,
me mide, me enajena de la muerte
y me va consumiendo sin medida.



© Barnett Newmann

sábado, enero 13, 2007

Isabel Vera




Cuando Isabel Vera me invitó, hace ya tiempo, a visitar su estudio en una pequeña localidad cercana a la ciudad no me pude resistir. Entrar en el taller de un pintor es algo casi sagrado; se percibe el proceso, con ojo avizor y atención (apasionada por mi parte), se presiente el aire que crea y, sobre todo, se huele el trance, el silencio creador...ah, ese momento donde todo da igual y las despedidas son meros títulos de poemas o de pinturas, y las promesas para que el olvido no hiera son sólo un juego...




Fui a esa localidad una tarde de otoño y tuve que esperar en la plaza a que Isabel llegara para conducirme a su espacio, porque éste se situaba a las afueras. Era en una finca enorme; los Montes de Toledo azuleaban próximos y el blanco que conformaba el núcleo urbanizado de esa extensión daba un aire tranquilo y bello al paisaje. Nos bajamos de los coches y hablamos del trabajo que daba la finca y el de su pintura; Isabel estaba contenta porque había finalizado la tarea para la inminente exposición, y la conversación transcurría con la luz del atardecer y la serenidad. A lo lejos se divisaban, en una pradera, varios caballos. De pronto ( sé que fue cuando descubrieron a Isabel), los animales levantaron la cabeza y comenzaron una carrera hacia nosotras. Estaban lejos pero ver cómo se acercaban fue algo tremendo: seis u ocho caballos aproximándose, cada vez más enormes, el sonido de sus cascos, gigantescos...ah...Yo me acerqué a la pintora y me "pegué" a su brazo casi paralizada por la impresión...Y es imposble contar cómo pasaron ante nosotras, Isabel reía, los saludaba... casi nos rozaron... tan fuertes, tan potentes... el olor, la energía...




El poema que sigue apareció en el catálogo de aquella exposición.








Domina Curatrix Animae


Mezclar con la madera la materia
de sangre mineral y sin embargo
viva;

estratos femeninos enterrados
que conservan aún el agua, el viaje.

Y sacar de ese barro las señales
de algo que estaba ahí, que todavía
está:

criaturas reptando,descubriéndose,
indicios de la Diosa despertando.

Cuando emerge su boca, cuando vuelve
la Diosa a convertirse en carne y rueda,
y no deja tranquila la mirada
y no permite el cuero del olvido,

es que hay una mujer
amando a los caballos,
torneando vasijas oferentes
bajo un cielo amarillo que presagia
Visitas desde lejos,
desde aquellos lugares
fenicios y marinos.

Es que hay una mujer
descifrando los rastros en la tierra.

Yo la he visto leerlos con las manos,
excavar hasta herirse,
hasta encontrar el fuego.

Estuvieron las yeguas inquietándose
y regresó en la noche la memoria.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas
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