sábado, julio 01, 2006

Veintiuno



© Ricardo Martín



La indiferencia del mediodía
se refleja en su intangible alhaja.

Desde La Cabeza baja al río
la luz, se entretiene entre las cañas
y, si hace un instante aún la sombra
chapoteaba en la presa, ahora
tanta luz recorre el pañueleo
de las garcillas.

Y, mientras se exhibe este fulgor
con su indolencia azul, tal vez cerca
alguien pliega su amargura para
que nadie la vea y luego baja
a la orilla y la pone en el agua

y flota hasta que un pez curiosea
y se la lleva.



..........................................

La foto es de pequeñas dimensiones; no la conseguí mayor...no quedaba bien escaneada del libro.

sábado, junio 24, 2006

Veinte para el poema, para la fotografía

© Ricardo Martín



Una lumbre apacible regalando la serenidad…
su dilación, su gradual ensombrecerse que no amedrenta.

Me preguntaría dónde se posa el pájaro del ansia,
dónde reside la certeza de un futuro favorable.

El aire rojo no sabe, ni siquiera se reconoce…
carente de nombre discurre a otro archipiélago de dudas.

Y entonces mi convencimiento se resume en ese punto
llameante:

quizá una diminuta animación tiene ahí su semilla
para que la noche no sea toda ella desesperar
o un carnívoro trágico.

sábado, junio 17, 2006

Decimonovenos


© Ricardo Martín



Giovanna Garzoni elige un pincel con un solo deseo
para atrapar el dardo o fugacidad de las golondrinas.

Ovejas pastando entre la hierba azul. Giovanna imagina
al perro pastor ¿con alas o sin alas? Qué poco pesan
la lana voladora, el chiar de las golondrinas, el vértigo
de sus rasantes sobre los aleros pardos del verano.

Qué poco pesan la perspectiva y sus balcones, los ángulos
de algo cotidiano: escuchar
a las piedras, subir, ir atesorando las miniaturas.

Qué falta de peso, ¿verdad?, si un día, tal vez, no subieras
y las golondrinas no preguntaran por ti y continuasen
celestes con su griterío…





(En cursiva: un verso de M.A. Curiel)

sábado, junio 10, 2006

Decimoctavos

© Ricardo Martín


And joy, whose hand is ever at his lips
Bidding adieu...

Keats

Aquella vez, al separarse
Geb y Nut,
no hubo retorno.

Alguien robó el instante:

cuando la ausencia se contempla
en la mirada del amor
y la alegría, levantando
su mano, permite cobrizas
promesas que se desdibujan
en lo sombrío,

cuando lo más hermoso observa
a su amante y la transparencia
disimula un desgarro,
un arrecife.

Al separarse Geb y Nut,
distanciarse para mirarse,
para el primer aullido de ansia,
para el sonido del oxígeno…

Atardece…

...Ésos son los amantes.

domingo, junio 04, 2006

Para la 17ª fotografía


© Ricardo Martín




Más allá de las encinas se eleva un territorio
donde burlarse de la muerte es una estratagema
de la vida sin cifras.

Ellos, acariciando las hojas de las encinas,
ellos altos, silvestres.
Todavía quedan dioses a salvo de los hombres.


sábado, mayo 27, 2006

Decimosextos

©Ricardo Martín

La pincelada de Correggio
trae un dios que derribará
las alambradas con su soplo.

Oculto en los cúmulos malva
ese dios violento prefiere
besarlo todo, capturar
lo que tiene de femenino
un árbol.

…Si viniera pronto
y su presencia penetrara…

Como Ío,
los labios entreabiertos, dando
su cintura, su aventurada inocencia…

viernes, mayo 19, 2006

Quince para el poema, para la fotografía

© Ricardo Martín


Qué raras las visitas, a veces.

Suelo habitar un frío de escarcha
matinal y un sol escurridizo
como pelo de pez en las aguas
de invierno.

Suelo comprender a los gorriones
durísimos:

de mineral su breve plumón
cuando hay peleas por una miga
helada.

Suelo hablarle a enero de Castilla,
del misterioso calor del árbol
junto a un banco, al sol, el sol con branquias,
al solecito.

Pero de pronto hay una mañana
de palmeras de nieve.

Nevó toda la noche
y jamás es triste esta visita
aunque cubra en los países altos
las separaciones y las tumbas.

Una sorpresa aquí,
casi un regalo…Mira las huellas
de las patitas de los gorriones
o son los niños.

¿Viste palmeras en la ciudad?

¿Y cuánta nieve crees que cae
aquí
sobre los muertos?

domingo, mayo 14, 2006

oh, catorce ya


© Ricardo Martín


Ve llegar desde lejos. Parecía poseer
adargas de luz, armas sedosas de la certeza.

Desde la almena de la Puerta: el río con su noria,
la Huerta del Rey, la prontitud del Puente, Pinedo
y sus enigmas. Desde la atalaya esa trigueña
comarca donde el color del viento es una perdiz,
quizá una liebre.

Ve llegar desde lejos la claridad que celebra
los trances deliciosos de estar vivo. Parecía
que no respiraba al otear, al leer los vuelos
de palomas hasta las choperas y los juncares.

Entonces siente que el campo de batalla se vierte
como un regalo de sangre. Parecía el dolor.

Tuvo un presagio al ver llegar desde lejos las marcas
del día.

sábado, mayo 06, 2006

Poema, foto, 13


© Ricardo Martín


De repente: un presentimiento de la desesperación,
una silueta de aquello que arrasara la compañía,
la vecindad, la calle del trabajo, el jardín del cerezo.

Si ese día acaece y se prende negra su luminaria
que me encuentre convertida en álamo, en olvido, en nidales,

que yo esté muerta ya y no recuerde cuántos amores tuve
y cómo se amaron los hijos de los hijos de mis hijos.

Que no recuerde ni siquiera haber muerto ni haber vivido
.

jueves, mayo 04, 2006

Una parada: invitación






Sí, ésta es la invitación para la presentación del libro CIELOS DE TOLEDO. No se ve muy bien, la verdad... Día 15 de mayo, a las 19, 30, en el palacio de Benacazón, Toledo, claro.

sábado, abril 29, 2006

Duodécimos



© Ricardo Martín

Desconocer en qué momento
surgirá la sorpresa, el acto
enamorado de la luz
o
si me vigila en su escondite
un alborozo inesperado
o
que sea respirar, sin más,
el presagio de una presencia.

Cuánto deseo de un hallazgo
en nuestro corazón.

Cuánto misterio en la ciudad
o
sólo es el silencio.

viernes, abril 21, 2006

11 en la fotografía, en el poema

© Ricardo Martín

Tierra adentro
el mar en su ola detenida.

Como si Ulises
la visitase y el mar quieto
supiera que el tiempo zarpea
en las playas de los muchachos,
arrogantes con su hermosura,
y en esta costa de tierra adentro
sin gentileza ni descanso.

La ola detenida. Una joven
que siente al héroe llegar,
ya lo ama, lo está despidiendo
antes de mirarse en sus ojos
y descubrir ese delirio
de los países intocables.

Tierra adentro, donde hay mujeres
descifradoras de lo azul,
del índigo al violeta, añil;
garzo en abril, es casi verde
el mar.

Donde hay mujeres
reclamadoras de la lluvia,
que caiga el mar, cantan bajito.

Y la ola detenida trae
un don. Ulises se distancia.

Por fin se mueve el cielo.

sábado, abril 15, 2006

Décima foto, décimo poema


© Ricardo Martín



Elefantes de estar cansado,
haber conocido la noche
sin olvido, sin tan siquiera
cerrar los párpados, dejarse
llevar.

Insomnio o paquidermos. Cruzan
ahora hasta los bebederos
de la mañana. Míralos
pasar indiferentes, lentos
en su nacarado calor,
casi festivos, casi nubes.

¿Y dónde se atrasa la noche
de las rapaces ululando
en tu oído, con sus miradas
trágicas?

Albos elefantes celestes…
No traen el consuelo, mueven
un aire suyo, nada más.

Y, aunque el resplandor despabila
timideces en las farolas,
la noche prosigue detrás
de los perfiles, en lo blanco.

sábado, abril 08, 2006

Novenos


© Ricardo Martín

En la nitidez que se levanta de la niebla el viaje traza
su esperanza matinal, la enigmática y alta escapatoria.

Una aventura inalcanzable parece trazarse en lo pálido,
una travesía que desconocemos simula quedarse
como un hilo de espuma, como una invitación a las preguntas.

Desatendemos la razón de los adioses, los argumentos
que justifiquen distanciarse en la madrugada, separarse
de la gravedad y su refugio. Ignoramos la cobardía
en irse o el apremio en el encuentro tanto tiempo esperado.

Aquí estamos, anclados en nuestro puerto, en nuestro sortilegio
de vivir. Observamos por un instante la altivez del viaje:

Ellos, allí arriba, anónimos salvo en sí mismos. Son tan frágiles,

son tan caedizos.

¡Cómo nos pertenece su arrogancia!

sábado, abril 01, 2006

Poema, fotografía


© Ricardo Martín


Primero surge como el ala
de un ave enorme contra el frío
de febrero.

Es éste el mes de la visita
que se acomoda en los almendros
y cree que el alma es un pétalo
leve.

Primero aflora aleteando,
dando aire a la escarcha, entibiando
sus diamantes.

¿Oyes
un crotoreo de cigüeñas
nerviosas?

Las he visto arrancar agujas
de los pinos y remendar
sus nidos en las espadañas.

Las he visto envidiar el ala
del cielo: se atusan las plumas,
flacas se pavonean, blancas.

Primero empuja su silencio
emocionado y luego crece
vegetal de esperanza, incauta,
joven con sus huesos.

Y, aunque en mi corazón se empeña
el hielo, ella no detiene
su regresar de las raíces.

Y es que jamás estuvo muerta.

viernes, marzo 24, 2006

Séptima fotografía con su poema


© Ricardo Martín


Campo, campo, campo.
Entre los olivos,
los cortijos blancos


Antonio Machado


Si se despierta y se despliega el animal
y a una llamada suya la varea cunde

quiero pertenecer a esa piel de apariencia
hostil, comarca poco dada a los halagos,
olivera criatura que no agasaja
en nada
salvo en su sangre vegetal untuosa y fértil.

Quiero llamar al aguacero sobre el ocre
corazón de las lombrices y no amedrente
el trueno sino abrazar del agua, cariño
de los austeros, de los que huelen aún
a mejorana.

Que me llame el animal, que estire mis ojos
hasta el castillo de Almonacid o la raña
por donde huyeron los príncipes tatuados
de verde.

Y que no me entretengan angosturas. Nadie
me demore, que voy al animal, me voy
de aceite.



Antonio Machado (1875-1939) La estrofa que da título pertenece al libro “Nuevas canciones”

sábado, marzo 18, 2006

Sexto poema, sexta foto

© Ricardo Martín

Tumbarte, ver pasar los barcos,
retrasarte en el tiempo. Barcos
blancos marchándose.

Hoy el azar se balancea
allí arriba, en la balsa. Estás
disfrutando de tierra, espalda
en lo mullido. No te inquieta
un entusiasmo deslumbrante,
no te desasosiega el miedo
ni el amor desdobla el pañuelo
de las argucias.

Sin yacer ni erguirte doliendo,
sin poseer algún secreto
que amenace.

Un fleco del futuro, un guiño
de la memoria.

Calisto, desde el solejar,
ve pasar los barcos. Calisto,
el de Azorín. Y tú, tumbándote.

Siempre los mismo barcos,
tan distintos.



sábado, marzo 11, 2006

Quinta fotografía, quinto poema

© Ricardo Martín

Quiere ver la luz en los párpados
infantiles y el centelleo
anaranjado en los cristales.

Quiere oír la canción del ¡hale,
levántate que la mañana
es una muchachita
!, y quiere
oír el aroma del amplio
estar en la vida o estar
muy cerca.

Quiere quedarse, hablar contigo
de un secreto, de dos tristezas
y tres palabras verdes
con el gozo.

Quiere querer, tocar tu mano
cuando te rozas la mejilla,
saludas
y vas a tu costumbre
de la soledad o los niños.

Quiere permanecer redonda,
enorme, o como la sonrisa
del Gato de Alicia.

Pero se va con lo que ha visto
y ha tocado. Se va, se esfuma.
Ya es azul y no está. Se vuelve
barca.



martes, marzo 07, 2006

Cuarta foto, cuarto poema



Creo que merecen una explicación las fotos y el poema...

...Hace dos años llegaron las cigüeñas en su viaje desde el norte; venían muchísimas y se situaron cada una en pináculos, en torrecillas de La Catedral, de San Juan de los Reyes y de otras iglesias de la ciudad.
Se entretuvieron aquí una temporada muy larga, hasta bien entrado el invierno, y una mañana, de repente, ya no estaban. Pero en ese intervalo de su visita el espectáculo fue una maravilla:
Era sorprendente oír su crotoreo ruidoso buscando al eco por las calles aún en sombras, era la belleza contemplar cómo iniciaban su vuelo desde las alturas e iban ¿dónde?, quizá a la orilla del río ( allí debe haber mutaciones dalinianas), quizá al vertedero o los restos de los sembrados en La Sagra... Verlas planear, blancas, unas raras reinas... Y una mañana, de repente, ya no estaban.





Tantas, tantas veces
allí, en la altura, desde el Cerro
viste marchar al navegante
de la jornada de septiembre.
Y la corona de los reyes
muertos de San Juan
era un puerto que, a contraluz,
se ennegrecía con la espuma
de la costumbre en despedirse.

Hoy, igual que siempre,
cuando admiras esa belleza
del marcharse y los melancólicos
insisten en la brevedad
de su herencia
-aunque tú no, tú amas
no acobardar momentos ni aire
agotado-,

hoy, cuando las cigüeñas, cada una
sobre su torrecilla gótica
o equilibrando la veleta,
miran la huella del navío
y recuerdan a verticales
gárgolas,

tiene la tarde un interés
por la fugacidad del rastro
de lo hermoso,
tiene la tarde una disculpa,
y ni un gemido del adiós
quebranta el momento.

Esta delicadeza surge
del vivir

y es entonces
cuando el fotógrafo captura
un secreto del irse, pero
se queda todo anocheciendo
grato, consintiendo.



© Fotos :Ricardo Martín

sábado, marzo 04, 2006

Tercer poema, tercera fotografía


© Ricardo Martín

Se detiene un instante y descansa
el tiempo.

Todo, de pronto, es isla escondida,
territorio calmo donde duerme
una pena y se cubre dorada
la mano evocadora.

Procura demorarte entre gestos
previsibles y esa ambigua luz
acaeciendo, ocultando el hierro
de lo triste.

Todo, de pronto, es isla ligera
y tanto es el silencio que nada
cruje, nadie saca del carcaj
las sospechas.

Retrásate en esta placidez
que no distingue
la bondad de un pecado bellísimo.

Luego,
un exceso de azul volverá
a lo imposible.

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