
Blue cloud
Lo rodea todo desde una claridad
que no permite adormecerse a los gorriones.
El calor confunde esa llamada con grillos
enamorados y centellea la hierba
como un vino aloque que alguien vertió en un vientre
ofrecido, tendido y lejos del recelo.
¿Verdad que esta noche no parece la noche?
Un fulgor de luz abrasada cruza el aire;
los asesinos de ojos de sirena acechan
roedores de insomnio en la orilla del río…
pero no nos vigila su silbido untuoso
ni la culebra, allí abajo, donde la noche
perfuma peligrosa y sisean sus zarpas.
Me miras en este resplandor que rodea
todo: mis labios, del color de la sagrada
piedra con estrellas, tus labios acercándose,
y veo a tu mano bajar entre mis pechos.
Todo es una sombra que arde sin aflicción,
densidad complacida que guarda la luz
cuando se fuga
de un día de verano y nos abraza a solas.



















