martes, febrero 06, 2007

MDF VIII

© Hogan

¡Ah, mi impaciencia! Pero es que, pasando otra página del libro, he llegado a uno de los poemas que es, creo, el primero de los ejes de LA MÚSICA DEL FUEGO. Hay otros también, no muchos, que señalaré en su momento. Cuando escribí Alfar fue sentir una vez más, el deseo intenso, la pasión de los sentidos, el fuego, la llama rescatando de la nada... pero no un fuego loco (por eso titulo así el libro) sino con la música de la alegría, de sentirme viva y danza, tocar las cosas y convertirlas en palabra que arde... Tocar tus cosas...






Ante la imposibilidad de elegir una música apropiada, más que tema he elegido a mi Vivaldi...¿Y para qué conformarse con un solo fragmento? Ah ¿Cómo resistirse?







Alfar

Ha habido remolinos de polvo que aparentan
dibujos espirales alrededor del ansia:
simulan dos serpientes que repiten relatos
de muerte,
después caen.

Después ha habido lluvia, no bocanadas roncas
de fósforo en la noche
sino obstinada lluvia que lima los bancales.

Y en esa arcilla fina que resulta de nubes,
en la tierra lavada que, enmascarada, brilla
sin rastros de un guijarro
de temor como vértebra,
alguien hunde sus dedos,
alguien que vio la lluvia me aúpa, me desprende,
que vio la lluvia y vino despacio, muy despacio,
sabe de cada alvéolo
mío, de las burbujas no mayores que polen.

Sabe darme, tocarme:
me levanta del grumo, me grama como a un pan,
me sujeta en sus palmas
de instrumento lacustre, me ondula hasta ser pelvis
de acompasado tono,
y su alaria me pule dos adivinaciones
del vaso y de la sed,
dos serpientes en celo que danzan sin tocarse.

Y luego me he ahuecado,
y me voy vaciando, y me colmo de un eco,
y me horneo dorada,
y me endurezco dulce.

Y espero a que me lleve a su boca y me lleve
al ansia
y me lleve llenada del ansia y que me lleve.


lunes, febrero 05, 2007

MDF VII



© Pedro Pablo Vaquer

Iméropa es una de las Sirenas, concretamente la que posee una voz que invita al deseo.






Iméropa

Quizá en el sueño
medicinal la escucho.

Llega su lengua desde los cantiles
donde se imantan los anillos, hierve
un caldo primitivo,
anterior a las tiaras nupciales
y la abstinencia.

Yo me creía a salvo
como Vieja Mujer de los navajos,
astutamente hueca
y sabia.

Pero canta,
ella canta maligna,
y lo que dormía para siempre
en mí,
lo que había cedido a las doncellas
llamadas Blancaflor,
lo que se aislaba en el mes de los muertos...

Me cerca su canción
y tiembla el hueso
de mis yemas, el tejido reseco,
el caparazón, la costra, la concha,
tiemblan, crujen, se agrieta
la piel.
Entonces
una punzada,
un dolor casi olvidado, vencido,
un jadeo que apremia,
un saco vegetal, lleno, violento,
expulsando
la simiente...

Esa lengua
que quiere destrozar a las palomas,
esa canción temida
desenterrando un grito,
esa voz que codicia,
esa preciosa voz.

sábado, febrero 03, 2007

MDF VI

© J.A.L. Cooke Oxford Scientific Films


La abeja euglosina existe en un rincón del amenazado planeta amazónico y la orquidea cubo coriantes también, su cómplice, su amorosa enemiga. El poema no se editó así; no he podido resistirme a transformarlo en prosa poética... quizá se debiera haber publicado de ese modo. Es uno de mis preferidos del libro.






Raga del deseo

Ese macho de la abeja euglosina que busca los aceites de la orquídea coriantes para impregnar su abdomen amado por las hembras, hechizando a las hembras,

cae a la trampa espesa de fluido, restos de insectos flotan con sus brazos perdiéndose,

y casi extenuado por salvarse, esmeralda rendida, desvalida -es el fondo el flujo de los pétalos-

escala la garganta que permite que la abeja la invada, y apenas ha temblado la flor cuando la cruza la intrusa enamorándose, porque al seguir lo angosto, húmedo, codicioso, se abrazan a su lomo dos extraños de estambre, -intención de la flor el navegar a un vientre vacío todavía pero expectante, hambriento.

Ese macho euglosina, una vez fuera, si respira, si vive, empapado del líquido se limpia tanta baba que lo envolvió en la trampa; se enjuga y aletea, se repone deprisa, y el peso de los granos se imponen como tabas parásitas y bellas,

hasta que vuela a otra cubo coriantes, ahora femenina, y se repite el óleo del peligro, repite caer, la casi muerte, y sale penetrando, y se quedan los huéspedes que ceñían su lomo, y empapado respira
el ansia;

esmeralda que vuelve sin memoria
a buscar un perfume
y vuelta
y vuelta.

miércoles, enero 31, 2007

MDF V



Tajt-i-Sulayman, el Trono de Salomón, es uno de los lugares sagrados de los zoroástricos en la antigua Persia. Allí existe un lago inagotable y, al lado, el Templo del Fuego. Los dajmas son altas torres redondas donde se depositan los cadáveres para que los buitres los devoren y sus espíritus viajen hacia el Sol.








Tajt-i-Sulayman

Levanto con la punta del zapato
vidriados azulejos de tristeza
no para sonreír en la renuncia
de las santas,
desde la soltería
de las mariposas o desde el pozo
que recoge
monedas.

He tendido un cuerpo disciplinado
en el dajma del ritual del silencio,
ese cuerpo que se balanceaba
con el tambor
de la privación, de la biografía
que conocen los buitres
al desgarrar los costillares
del recuerdo.

Qué grito he dado cuando reconozco
que mi altura es la altitud de la lengua
del fuego,
que cuando muevo mi tobillo
alzando
tantos adornos tristes y bonitos
como vidrios
aflora el agua y se desborda un lago
donde sólo mirarse es encontrar
un cuerpo que te besa,
un nuevo cuerpo mío que te besa...

cuando el fuego estimula algo sagrado
que estaba adormecido,

cuando el agua no suaviza tu boca,
no se opone a la llama que te invita
a la muerte
apasionada.

Qué grito en filo, mineral,
qué golpe
recorriendo las torres del silencio,
triturando
los cráneos de la culpa, el podrido
tuétano, la pestilencia untuosa
de la culpa.

Qué grito al verme erguida, llameante
en el agua.

Hay un bosque sin tregua en este lago,
una hoguera fragante que pronuncia.
Y te alcanza.

sábado, enero 27, 2007

MDF IV

© Pilar Bamba







Piromancia I

Viene una mujer que conoce el curso del río habitado bajo tu casa.

Viene recortando fechas del calendario para hacerse un collar de olvido.

Y se aparta una nube por mirarla, se gira un girasol cuando la escucha, se entusiasman los abejorros, se alzan las algas del estanque, se enemistan tus puertas abriéndose de pronto.

Ella se diferencia de la seca textura que ha cubierto tu cabeza con ceniza.

Es roja
entrando con paso apasionado, despreciando las ramas que no sirven ni de bengalas a tu corazón.

Verde,
apenas un destello porque el jade lo guarda para herirte sin costillas tu sexo.

Amarilla
si refleja el espejo mediodía cómo excita a la tierra sólo hablándole de la isla donde fuman los chamanes del sueño.

Y azul
si hay instantes en que prefiere el polvo que acoge la memoria de un cometa, o en tu pestaña el lado submarino, o el dardo que precisa de tus ojos.

Hoy viene blanca,
tan blanca que ha asustado a las ermitas, llena de niños, blanca, de la escarcha, blanca, desnuda, blanca como el agua.

Se adivina a sí misma, viene hablando de un beso todavía infranqueable, del puente que no cruza todavía tu perfil receloso, tu distancia.

La predicción del aire entre sus labios, la piedrecilla fácil de su sexo, la espina que penetra floreciendo, el momento de ansiar morir son los naipes volando todavía, los planetas que ruedan a tu sombra.

Viene pintando en fechas otros peces, murmurando a la tierra, se aproxima.

miércoles, enero 24, 2007

MDF III











Instinto en la serenidad

He conducido el elefante a la caza del tigre,
hasta su guarecido bebedero, hasta las crías
que jugueteaban con un ratón. Entre dos luces,
cuando los pájaros de nerviosos nombres alertan
a los monos que pestañean como adolescentes
insensatos.

He conducido el elefante a la caza del tigre
por un territorio intratable que siempre me niega
abanicos, plumas de marabú, de señoritas
que capturan el tesoro de un hombre delicado,
maduro, fiel, un rasurado gentleman discreto.

¿Por qué no puedo resistirme a salir, distanciarme
de la casa que guarda un jardín donde los amantes
no piensan en las pupilas amarillas del horror?

Tú te quedas relatando las historias de Krishna,
el seductor de piel azul, el Adorado, y Ella
se adormila en tu voz, intima en tu voz, se abandona
y en secreto te confunde con una melodía
que baja
lastimándola desde la noche de la evasión
imposible.

¿Por qué no desisto de las huellas del tigre y vuelvo
mientras el animal no me lame con sus colmillos
y descincho al elefante para que ramonee
tallos de primavera, y dejo las armas y vuelvo
a tu lado, a la conversación femenina que Ella

acompasa bajo tu voz de cazador nocturno?

martes, enero 23, 2007

MDF II

© Francisco Suárez

Galiana es la princesa de los cuentos...toledanos.
Hay un lugar maravilloso, cerca del río Tajo, mirando a la ciudad, que se llama Palacio de Galiana, o Almunia Real, o Jardín del Rey. Es una diminuta Alhambra. Se sabe que si Galiana hubiera existido nunca habría podido visitar esta mezcla de jardín y huerta deliciosa porque vivió antes que Al-Mamun, el de la saga de los Banu-dil-num, los taifas toledanos bereberes y levantiscos, Al- Manum, el amor prohibido de Zaynab, antes de las capitulaciones con Alfonso VI.

Galiana leía en las estrellas; amó al mercenario Carlomagno cuando aún no estaba en su ser coronarse rey de los cristianos europeos y, gracias a ella, este hombre consiguió la espada, la mítica espada Durendal....ésa de Roldán y Roncesvalles, mucho tiempo después... la música, como siempre, en la columna de la izquierda.

© José del Olmo

En la Almunia Real, la Princesa Adivina

Ella conoce jazmineros
en la Huerta del Rey,
el kamanjeh de agosto, el pájaro
que bebe de la alberca.

Es un amor sin primer día
como un baño de sombra.

Ella conoce jazmineros
melodiosos
con sus túnicas al poniente,
con los jilgueros de morado
pico por un festín de fresas,
y acaba su poema;
¿quién rema hacia la orilla
del río y apresa un perfume?

Ella lo ve,
se siente bien entre fantasmas,
recompone el ritmo, el paso
de la tarde
y las mujeres que azulean
a su lado
oyen.

Quisiera que su amado...
y según las estrellas trazan
signos, venablos hasta el agua,
leerle su futuro,
repetirle.

Las estrellas de olor, del río,
taqsim de soledad.

Es un amor sin primer día
como un baño de sombra.


sábado, enero 20, 2007

Nuevo libro: LA MÚSICA DEL FUEGO

LA MÚSICA DEL FUEGO fue un libro publicado en el año 2001, en la pequeña colección Ulises de nuestros cuatro amigos (para otra ocasión hablar de este cuarteto alejandrino en el cual me incluyo)
Los poemas aparecieron en el blog anterior y ya desaparecido y, en homenaje a mi amiga Almena, que me dice cuánto le gustan, volveré a mostrarlos en este Jardín. La música, la pintura, los gestos...todo lo poliédrico... Algo sentimental el libro, lo perdonaré de todos modos...Aparecerán los textos según el orden del libro. Y lo acompaño con un tema, en Mi música (columna de la izquierda), de Lee Ritenour; es una lástima no haber encontrado su Etude.

© S. Banerjee

ETUDE
(Guitarra de Lee Ritenour)


Dejo en el cristal el cerco de la taza de té...
¿acaso me lo limpiaría el duende de los cuentos
con su hojita de lechuga y el bastoncillo para
despertar a las hormigas?

Soy de la dilación de las acacias
que toman el té desaseadas y rezagándose
con el último cerco del invierno en el cristal
de la mesa:
se esperan a que pase el desconcierto,
a que los pájaros enronquezcan tan excitados
que si me quedo quieta me tapizan
la hierba, los vestidos animales.

Me tomaré despacio la taza de té besando
el musgo que termina su día de vida como
una vieja carta de amor.

Ya no es flexible, anfibia
mi corteza, y el duende reconoce que estos rayos
de sol son traicioneros y no sabe impedir
que las hormigas conduzcan un coche más valioso
que una novia de espuma enjoyada con dos gotas
de la esencia que aclararía el río.

Y cuando beba el té quizá me peine, quizá bailen
los brotes de mis hojas con el viento del oeste
y un pájaro atrasado, excitado,
una antigua amistad, alguien que templa los sonidos
de nuevo...

martes, enero 16, 2007

Más poemas sueltos


© Barnett Newman


Continúo con poemas publicados en diferentes revistas. Para el texto siguiente me acerco a otro de mis pintores preferidos, Barnett Newman . Blogsin eligió para una entrada en su blog ( Sirocco: aparecido en los enlaces) otra de sus pinturas. Y para acompañar suavemente: Tárrega. Ahí, en la columna de la izquierda.




Hay una medida
en la calma de los riscos que callan
sucesiones de lluvias, escarchas y solanos.

Frente a mi casa marcan los metrónomos
su cadencia de luz
sobre la carretera,
sobre el rodar que, aprisa, llega y desaparece.

Hay una medida
minuciosa y exacta que me va separando
del pasado,
de las otras escuelas donde aprendí el color
con que a veces se cubre mi vergüenza.

Es la monotonía del porvenir rendido,
de la historia de siempre que da a la soledad
su rostro verosímil, su inclinarse hacia el tedio.

Pero hoy,
precisamente aquello que me va separando
del pasado,
precisamente el ritmo que ordena mi palabra
y sabe el vanidoso despertar de los días,
viene como si fuera algo no calculable:

Al abrir la ventana
los últimos jazmines mueven mi japonesa.

Al abrir la ventana
los albañiles hablan del gato del domingo
y los patos del puente son graciosos y tontos
y dicen las campanas lo que ocultan las tumbas
de tantísimos santos.

Al abrir la ventana
la medida del tiempo me impone su latido.
Me siento el corazón, me tomo el pulso
y con la luz que canta de la calle
peino disimuladas canas de la desdicha
y me digo que es tarde
para llorar el paso de la ausencia.

Quiero vivir,
aunque parezca raro a estas alturas.

Hoy quiero vivir tanto
como Hawking midiendo
un agujero negro de preguntas,
como el masai midiendo los tímidos antílopes
por su rastro de orina y flores aplastadas.

Y es que quiero vivir lo que se empeña
en hacerme vivir mientras me desordena,
me mide, me enajena de la muerte
y me va consumiendo sin medida.



© Barnett Newmann

sábado, enero 13, 2007

Isabel Vera




Cuando Isabel Vera me invitó, hace ya tiempo, a visitar su estudio en una pequeña localidad cercana a la ciudad no me pude resistir. Entrar en el taller de un pintor es algo casi sagrado; se percibe el proceso, con ojo avizor y atención (apasionada por mi parte), se presiente el aire que crea y, sobre todo, se huele el trance, el silencio creador...ah, ese momento donde todo da igual y las despedidas son meros títulos de poemas o de pinturas, y las promesas para que el olvido no hiera son sólo un juego...




Fui a esa localidad una tarde de otoño y tuve que esperar en la plaza a que Isabel llegara para conducirme a su espacio, porque éste se situaba a las afueras. Era en una finca enorme; los Montes de Toledo azuleaban próximos y el blanco que conformaba el núcleo urbanizado de esa extensión daba un aire tranquilo y bello al paisaje. Nos bajamos de los coches y hablamos del trabajo que daba la finca y el de su pintura; Isabel estaba contenta porque había finalizado la tarea para la inminente exposición, y la conversación transcurría con la luz del atardecer y la serenidad. A lo lejos se divisaban, en una pradera, varios caballos. De pronto ( sé que fue cuando descubrieron a Isabel), los animales levantaron la cabeza y comenzaron una carrera hacia nosotras. Estaban lejos pero ver cómo se acercaban fue algo tremendo: seis u ocho caballos aproximándose, cada vez más enormes, el sonido de sus cascos, gigantescos...ah...Yo me acerqué a la pintora y me "pegué" a su brazo casi paralizada por la impresión...Y es imposble contar cómo pasaron ante nosotras, Isabel reía, los saludaba... casi nos rozaron... tan fuertes, tan potentes... el olor, la energía...




El poema que sigue apareció en el catálogo de aquella exposición.








Domina Curatrix Animae


Mezclar con la madera la materia
de sangre mineral y sin embargo
viva;

estratos femeninos enterrados
que conservan aún el agua, el viaje.

Y sacar de ese barro las señales
de algo que estaba ahí, que todavía
está:

criaturas reptando,descubriéndose,
indicios de la Diosa despertando.

Cuando emerge su boca, cuando vuelve
la Diosa a convertirse en carne y rueda,
y no deja tranquila la mirada
y no permite el cuero del olvido,

es que hay una mujer
amando a los caballos,
torneando vasijas oferentes
bajo un cielo amarillo que presagia
Visitas desde lejos,
desde aquellos lugares
fenicios y marinos.

Es que hay una mujer
descifrando los rastros en la tierra.

Yo la he visto leerlos con las manos,
excavar hasta herirse,
hasta encontrar el fuego.

Estuvieron las yeguas inquietándose
y regresó en la noche la memoria.

jueves, enero 11, 2007

Una rareza...

© L. Calapai


No sé cómo bajar música en el blog (pongo enlace proporcionado por Miguel, un lector muy amable)....Da igual, quizá la pieza que da nombre a mi texto (también poema convertido en enloquecida prosa) es demasiado extensa para ello: LA VALSE, de Maurice Ravel. Algo diferente, algo mágico.


El poema apareció como regalo de verano en una de las revistas Hermes y está dedicado... pero la dedicatoria que quisiera escribir se esconde en la música. Y ya lo sabe la persona, sí, lo sabe, que recibe mis palabras caracoleantes.





© A. Carloto





LA VALSE, de Maurice Ravel


Es verdad lo que ocurre cada noche en la plaza, escucha a quien lo cuenta, quien va de madrugada tomado por mis uñas de modelo desnuda.

Una chiquilla ofrece las palmas de sus manos al hombre de los hielos y dos llamas azules le roban el descanso. La niña le permite calentarse en sus muslos.

Una mujer alcanza las ramas de los árboles para hacerse un vestido; le sobran los recuerdos, los hijos que ella diera al frente de batalla, y comienza sin música a bailar y me mira.

Un camarero rompe los vasos en el rostro de aquel que se negaba a abrir su pecho, a darse a un instante de furia, a ese instante de río enroscado en los brazos, irguiendo el sexo duro de los hombres amables.

Un anticuario sabe que me siento a su lado y prepara una silla, un plato de diamantes o la corona inglesa. Les dice a sus amigos: callad, la siento cerca, no viene de hechicera, ni de muerte, ni estéril. Sólo quiere comerse lo que ya hemos perdido.

Y un niño dice a un sastre puntadas en la noche maliciosas, mundanas. Y otro niño trampea los tacones de agujas de tontas señoritas…Ellas exclaman: ¡Oh, si estoy descalza! ¡si he encontrado un amante con ojos de mujer!

Pronto, pronto, la plaza se llena de animales, de antiguos sacerdotes con llagas en la frente, de funcionarios rojos, de países absurdos, de escultores lisiados, de panteras humanas, de donjuanes de cera, de víctimas mordidas en camas detestables, de dolor y de gozo,
de vida que se arrasa con su propia impaciencia.

Giran desordenados, giran rompiendo un sueño, giran y se desprenden de sus viejos amores. Y yo bailo con todos, y los beso, y me crezco. ¿ Ya me has visto, invisible, seducir a tu esposa, quitarte su cintura, su tímida promesa?

Pues entonces, ¿qué queda sino bailar contigo?

sábado, enero 06, 2007

Más pintura: Eduardo Beato II

© Eduardo Beato

En esta exposición, diferente a la referida en la entrada anterior, Beato nos presentó sus pinturas desbordantes otra vez en la luz, pero trabajó con pigmentos y/o materiales como arena, telas, etc., junto a los usuales en pintura.

El poema que muestro está corregido ahora. En su origen, cuando apareció en el catálogo, llevaba un formato más clásico en poesía, versos separados, medidos, etc., ...ahora, para la entrada de hoy, lo he transformado en una especie de rara prosa poética.






ACTO DE MAGIA

Se envolvía la arena con tejidos de hielo silencioso y antiguo. No tenía mirada, ni respuestas al mar porque le diera formas, estaturas de un sueño. La arena, sólo huesos de pájaros-reptiles que estrenaron los días de lluvia en las secuoyas gigantes, cuando niñas, cuando los ríos eran dominio de volcanes y de lunas.

Y ¿qué hacía la luz?

Crecer y no saberse, buscando las texturas que le dieran memoria. Asustaba a los hombres con su risa de fuego, quemándoles los ojos, diseminando heridas en la piel de los peces y pidiendo, sin tregua, hilos que la enraizaran al corazón de música de hermosas criaturas terrenales.

Pero vino de lejos,del agua, un alquimista, un hombre que sabía cómo nombrar el nombre de colores secretos y cómo enamorarles del lienzo que quería abrazarlos.

Se inclinó hasta la arena, recogio el aleteo de las aves dormidas, y se dejó la arena mezclar con el aceite, y sonreía al irse transformando en siluetas humanas, en edificios mágicos, irguiéndose, elevándose desde su lecho frío.

El hombre tensó el arco y dirigió su flecha: arrebató a la luz de su viaje ciego. La luz se abandonó a un asombro de carne, y el hombre la besó antes de desbordarla de vasos o columnas,antes de darle un cuerpo, una espesa caricia. Ella habitó los poros gozosos de la arena y fue su descendencia tanta policromía lejana de la muerte.

El alquimista se separó unos pasos, detuvo su pincel, su solitario gesto, y el mundo se asomó por la ventana para dar movimiento, para poner su firma de múltiple escritura al milagro final.


jueves, enero 04, 2007

Más pintura: Eduardo Beato I

© Eduardo Beato

Ahora, la atención para el pintor toledano Eduardo Beato, del grupo Tolmo , compañero y amigo. En realidad mi admiración no va dirigida sólo a él sino a todos los componentes de este colectivo. Y, si algo ha imantado esta ciudad donde la luz y la sombra tienen vida propia, es la metálica llamada de la pintura.


Las imágenes pertenecen al catálogo de una de sus exposiciones y el poema que sigue apareció con ellas.



© Eduardo Beato

Con un temblor muy dentro de túnel y de cirios,
de posturas yacentes,
de los huesos que están desmenuzándose,
de oscuros bisbiseos,
de conquistas de mármol
de ejércitos temibles.

Con un temblor muy dentro, del incienso y las húmedas
plegarias vengativas:
la muerte en pedestales
y en banderas, dudosos relicarios
y en coronas.

Pero fuera… ¿qué hay fuera?
¿Qué resplandor ensancha tanta plaza?
¿Qué desbordado tinte
hace dorado el aire,
suaviza la pupila
después de ceremonias
de tristeza
y convierte la piedra
en materia pagana?

Esa luz que no quiere entrar, la luz preciosa
de la región de la bruma,
luz libre que equivoca juramentos de reyes,
que no promete nada
y sin embargo insiste y curiosea
los pliegues de los mantos,
las leyendas aciagas.

Esa luz del pincel que inventa y abre
un nombre para un dios
o sólo el mediodía.

La luz de tu deseo,
la luz de olor, de música,
el deseo
cuando la piedra niega,
la iluminada piedra,
lo que dentro
yace, va consumiéndose bajo el rencor del polvo.

martes, enero 02, 2007

Para el Año Nuevo, aún Alberto Sánchez


Los textos que aparecen a continuación son los poemas incluidos en el Catálogo publicado para el homenaje referido en la entrada anterior. Después de leer Palabras de un escultor, ¿qué otra cosa podría escribir? La comarca conjurada, La Sagra toledana...








VARIACIONES DE LA MIRADA SOBRE LA COMARCA DE LA SAGRA


1.- Verano

El yunque del calor, la mano tórrida tronchando el delicado pensamiento de las espigas.

El yunque del calor, un meteorito, secando hasta la sangre del cantueso, desnudando en la sed a las culebras.

A las tres de la tarde salen brujas,
muy pequeñas,
voraces,
alimañas,
y es que no hay ningún muro ni oraciones y el miedo abrasador las encabrita.

Y el silencio…
El silencio, de pronto, en tolvaneras que el viento encaprichándose lo aloca para cubrir de polvo la llanura.

…………………………………………………..

En medio de la nada está la casa y en su zaguán de sombra se ha sentado una mujer, sonríe: el sol no puede traspasar el umbral de su memoria.

Y suda… y separa las piernas dándose aire con el borde caricia de su falda.

Ella sabe su nombre,
el sol no puede hurtarle de los labios su deseo.

Ella sabe su nombre,
el nombre tuyo.

Se sonríe despacio porque espera a que digas su nombre y que la mires y acerques a sus labios todo el agua que traes como un alumbre entre tus dedos.




2.- Otoño

Lo que pide la tierra es ir despacio,
emocionada, abierta la mirada,
rojo como esa tierra tu sentido.

Del rojo al ocre oscuro, las perdices
cruzan la carretera presumiendo
de cómo señoritas tan huidizas
provocan y se esconden sin volverse.

A lo lejos antorchas despiadadas
llevan hasta las lindes los rastrojos
y se abalanza el fuego en hendiduras
de carne hecha de harina prodigándose.

Y arden pequeñas brujas del verano
brutalmente cubiertas de pavesas
y si fueras despacio escucharías
un gemido de paja con el humo.

Pero ¿aún no te he dicho que la luz
pacta una tregua azul con el otoño
y se desviste, ociosa, si en septiembre
las vírgenes escapan de los templos?

Una fiesta de pueblos pretextando
el ciclo de la tierra y las cebollas,
la asombrosa pasión que da la lluvia.

¿Y te he dicho que es lento el declinar
de la belleza,
que es lentísimo el beso de la luz
rodando por los campos, despidiéndose?

Regresa desde el norte de la bruma,
del viejo exilio torvo del olvido:
recobrarás despacio tus dos ojos
y amarás a mi modo la comarca

con amantes de yeso en vez de árboles.



3.- Invierno

Los gitanos acampan a los dos lados de la carretera con telas deslucidas, viejos coches y galgos dormitando alrededor de un fuego clandestino.

Y los negros aguardan sin sentarse en los bancos de la plaza un dinero menor por el trabajo helado de sus hombros.

Así responde enero a la mañana.
¡Qué remedo de luz, qué blanca ausencia!

Me acordaba de ti cuando he cruzado la niebla perniciosa: almidonaba escarcha, se adhería a cuerpos reventados de los gatos que quisieron correr una aventura.

Allí donde pelean las urracas
hay un cuerpo mezclado con el humus.

Me acordaba de ti porque la niebla truncaba la pirámide de un cerro pelado y aplanaba de distancia imposible la llanura, horizonte borroso con el hielo,

ni triste,
ni maligno,
ni viviente.

Si hubieras esculpido una mujer tendida por el campo más que mujer sería ese silencio de fantasmales pechos ateridos.

Me acordaba de ti…¡
Qué remedo de luz, qué aire de hierro!

Así responde enero a la proeza
de levantarse, herirse, e ir muy despacio.



4.- Primavera

Primero resucitan dos almendros con su pliegue rosado, femenino
a la vez que en la escuela
hay un aire nervioso,
unas ganas de risa…
cuesta mucho
ir despacio, vestirse precavida, no querer escuchar canciones mágicas.

Hay un aire nervioso,
un aire dando tumbos
como un bufón tan verde e insensato que va cayendo al río Guadarrama
y el río despabila su estatura
para la muda tierna de la orilla.

Un pájaro parece que es un pájaro mientras bebe del agua,
gorgotea
y levanta su vuelo
y se enamora.

Bandadas de torcaces
ensayan su zureo no tan tímido y navegan rozando la cebada
porque es un mar de hierba esta llanura
con islas de amapolas
trucándole a la muerte su cuchilla.

Y una mujer inventa la alegría cuando corre mostrando su pañuelo;
lleva el dolor cosido de la tierra
pero ahora se olvida a carcajadas.

Dime lo que tú sientes…

Yo siento al corazón cambiare el nombre:
se está llamando Alberto
o Miguel de pastor, o Alberti o Pablo,
cualquier nombre que huela a primavera
y a pliegues femeninos
en tus dedos.

















domingo, diciembre 31, 2006

Para el año viejo....







Alberto Sánchez, el escultor, un olvidado sublime, como Maruja Mallo, como Benjamín Palencia... De la Escuela de Vallecas , toledano, trabajando desde la pobreza, con materiales humildes y precarios , con ese sentido de la provisionalidad que caracteriza el arte contemporáneo. Exiliado. Aún es necesario todo el recuerdo de la fascinación.





A lo largo de los últimos años se han sucedido exposiciones sobre su obra, en varios museos españoles se pueden contemplar producciones suyas...todo muy limitado porque parte de su creación se perdió en la Guerra Civil o a causa de los propios materiales con los que trabajaba.









Cuando se celebró el primer homenaje en esta ciudad yo era demasiado joven. Fui a la exposición promovida por el grupo Tolmo, pero no participé. Algunos años después...Ah, ¿cómo puede ocurrir tanta danza mágica, tanto color, tantísima fuerza, tanto deseo? Fue en primavera el segundo homenaje. Una primavera seca y calurosa de abril cruzado por el olor del ansia.



Junto a los artistas de Tolmo participaban nombres que había oído nombrar pero que personalmente no conocía. Para otro momento queda contar la historia del vampiro, o la historia de las telas transparentes y sedosas con palabras impresas que se movían con el viento...



Recopilé textos de poetas y otros escritores de la ciudad para el catálogo-libro que se publicó, un documento desde luego inapreciable porque dudo mucho que esa magnífica circunstancia que uniera a tanto creador pueda volver a darse...




Hasta cantamos, sí cantamos. Alguien, uno de ellos (sé quién es, lo sé, nunca lo he olvidado) me pidió textos no incluidos en el catálogo para musicarlos. Leí las Palabras de un Escultor y quise ponerme en su lugar. Anabel Pacheco crearía la música. Ah, y también conocí a esta niña. Una pequeña maga por aquel tiempo, su extraordinaria voz era, y es, subyugante. Tan joven, tan guapa, cantando tan maravillosamente bien... Esa tarde, la tarde en la que iba a estrenar los temas escritos por mí creo que no ha quedado registrada en ninguna parte, tal vez en la memoria de Alcaén Sánchez, el hijo del escultor... pero quizá es mejor que sea así: los momentos emocionantes, estremecedores, sólo pueden guardarse en el espacio de la recreación pues, de otro modo, se desvirtuarían. ¿Cómo podría contar ese momento en el que oí, por primera vez, mi palabra en música?








Estos son los textos cantados:



TRES POEMAS PARA ALBERTO SÁNCHEZ

Soneto imperfecto

Me he tendido en la tierra, a la tormenta
de mineral sangrando, los olivos
reverberan mi voz de tantos vivos
corazones anónimos. Me alienta

un fulgor vegetal, música lenta
de savia desbocada, los olivos
cruzan de amor de barro tantos vivos
corazones del campo que calientan

un corazón frugal y calcinado
de haber lamido el sapo y la culebra,
de haber bebido mucho, haber amado

la lluvia que olivea y que celebra
un corazón de vuelta, trastornado
a las cinco del alba, como hierba.







Porque en mi cuerpo nacen madrigueras
de conejos y liebres hasta el río.

Porque en la noche salen esos perros
de la noche intratable salvo el paso
que adelanto a sus dientes de resina.

Porque soy el olor que alzan los toros
cabeceando al aire de las hembras
y con sus heces rojas me permito
enarbolar aromas prodigiosos.

Porque me baño y seco como un pájaro
y el viento me acuchilla y me convence
de mi loco apetito por ser hombre.

Reconozco el idioma de las cabras
y reconozco el polen de las vides,
lo que dicen de mí fosforescentes
calizas que prefieren salamandras.

“Y es que si en otras tierras
Mi amor se distrajera
También en esas tierras
Os seguiría amando”
[*]





Te regalo mis ojos y así miras
la aurora de los cerros solitarios
las mediaslunas plata de mi novia
cuando desnuda el gozo de sus pechos.

Te regalo mi boca para que hables
del sabor de las ranas y del agua,
para que digas cuánto se parecen
el aire hecho de juncos con el agua.

Mi nariz te regalo, que distingue
el perfume del polvo y su veneno
y el sudor de figuras inclinadas
hasta el solar barbecho que las muerde.

Y te regalo el arco de mi oreja
porque conoce todos los sonidos:
el ulular de brujo en la lechuza
y el juramento en alto de los toros.

Pero mis manos no, que no son mías,
me las cosió la sombra de una estrella.
Sólo con ellas puedo regalarte
lo que invento de ti cuando te nombro.





[*] Tomado de un poema de EL GATO SOBRE EL ÁRBOL

sábado, diciembre 30, 2006

Como sigo de vacaciones....

Esta rareza, este homenaje a Garcilaso de la Vega, quizá un vano intento de aproximación a sus sonetos, a mi amado soneto XXIII...Se celebraban homenajes al poeta, leíamos bajo su alta tumba...Y el amor con sus ojos azules, el amor cierto, esa intensidad, en esos momentos tan clara, tan precisa... Estos sonetos raros con mi nombre se publicaron en la revista Hermes, ¿te acuerdas, María?










Tres sonetos para la figuración del amado

I

¿Cómo sabré de amor si la distancia
que hace horizonte el nombre de mi amado
me empuja hacia el deseo enajenado
de morir en su nombre y su arrogancia?

¿Cómo sabré de amor si la ignorancia
del amor por mi nombre enamorado
me duele en un amor invertebrado,
inválido de amor y de constancia?

¿Cómo sabrá mi amor si no le digo
mis palabras de amor y la ternura
de mi amor convertida en un castigo?

¿Cómo sabrá mi amor si la dulzura
del amor que me nombra y va conmigo
sólo afruta el silencio, la amargura

de una distancia oscura?
Porque este acerbo fruto del dolor
es el nombre imposible de mi amor.



II


Él es mi amor perfecto. Su mirada
me da a beber del alba y me estremece,
me aviva de la sed donde se mece
el río de su luz, su voz callada.

Él es mi amor perfecto. Su mirada
me cubre de humedad y me enternece
cuando me alcanza el alba que carece
del agua de su luz, clara y delgada.

Y sólo con mirarme me imagino
como amante perfecta que, a su lado,
hechiza el agua y lo transforma en vino

y se lo da a beber de su costado,
volviéndose cordura el desatino
de alimentar el agua del amado.



III


La perfección de la pasión que siento
es este nuevo mundo que inauguro
al olvidar mi sangre y mi futuro
y, ligera, viajar al pensamiento

de mi pasíón por él: todo mi aliento,
todo mi lado agreste y más oscuro
fertiliza un planeta que procuro
acoja mi semilla desde el viento.

Tan sólo una semilla apasionada
que haga crecer los bosques, la tormenta
y que la lluvia ocupe su mirada.

Tan sólo una semilla que se aventa,
perfecta, apasionada y endiosada
con el fuego de amor, su lumbre lenta

cuando mi amor consienta
en conocer mi mundo aventurado
y en cautivar su gozo enajenado.





Tres sonetos para la presencia del amado


I

Tus ojos, que conocen lo que he sido,
la batalla sin ti, la cruel victoria
de una edad construida con la escoria
de un corazón cansado, breve, herido.

Tus ojos, que derraman el sentido
de mi ebriedad en ti, como la euforia
por contenerme en mí,como la gloria
de otra victoria azul que me ha vencido.

Tus ojos manteniendo mi mirada,
indudables de mar donde naufraga
mi azulidad de amor recuperada.

Tus ojos sobre mí, mirada vaga
de otra luz que no sea tu mirada,
el vino azul más denso que me embriaga.


II


Tu voz me otorga el nombre que alimenta
mi voz, mi risa, azules minerales
que me alejan de signos de mortales
ciénagas del dolor que desalienta.

Tu voz me da la lluvia que sustenta
territorios de amor donde animales
azules como besos vegetales
me regalan el agua que me inventa.

Tu voz para mi boca, pronunciándome,
otorgando un sonido articulado
que azulea en tus labios rescatándome.

Tu voz para mi nombre de azulado
tesoro de tu voz enamorándome,
descubriendo mi voz, tu nombre amado.


III

Sí, contigo, de azul que miente al día
del color de la muerte, a la escarchada
lividez del dolor cuando la helada
ausencia de tu cuerpo me extravía.

Sí,contigo,celeste mi alegría,
mi cuerpo garzo a fuerza de esta amada
tintura del amor, la fuerza alada
del intenso color que antes me hería.

Estoy contigo azul, estoy viajando
al cristal de la noche que madura
sobre tu dulce piel; estoy hallando

contigo una canción sedosa, impura:
tonalidad de llama que, arrasando
mi cuerpo, me ilumina y me procura

la mañana futura.
Contigo, con el aire y con el mar,
contigo, azul, vistiéndonos de azar.

viernes, diciembre 29, 2006

(III)CON EL PRETEXTO DE EDWARD HOPPER TE DIRÉ QUE:

Finalizo esta serie


3.- (Summertime)

Cuánto de hielo acecha
delante de la noche.

Y es de día; demarcaciones
blancas de luminoso puro
acogen bodas de vencejos,
vuelos enloquecidos
porque
qué otra cosa sino volar
para quemarse.

La noche me amenazaría
puesto que me conoce bien.

Sin embargo
fluyo a la calle,
a la nitidez matinal
en junio,
cuando aún la melancolía
no aroma el aire como flores
que envenenan la mansedumbre
del verano.

Salgo desafiante, leve
con mi vestido, doy un paso
a la calle, me enfrento al ala
de la calle, le robo plumas

y si la noche se agazapa
en la escritura del temor,

si anida la noche y, furtiva,
desaloja polluelos
de no-todo-es-espanto

una luminiscencia
viene a regalarme más vuelo;

nada promete salvo espacio, nada
asegura

y leve fosforezco
y desafío.






4.- (Rooms by the sea)

Los veo, están ahí calmando
la excitación de las paredes.

Repetiré sus nombres,
mi nombre;

un soplo solar los arropa,
un marino azul les entinta
el pelo
porque están hechos de la sal
de la memoria.

Todo adiós de la espuma
asoladora; tengo miedo,
un miedo huérfano, una inclusa
helando
mi quebradiza pertenencia
a su amor.

Pero cuando los veo ahí,
solazados de luz,
cubiertos
con esa capa resistente
del recuerdo,

y ellos me miran despreciando
la nostalgia
y voy enumerando nombres,
los suyos, los míos, brillantes
Pedros, Juanes, Montsinas, Conchas
y me responden

entonces
salgo, me envalentono,
salgo
a la escarcha.

Son mis muertos,
mi mar de muertos luminosos.

miércoles, diciembre 27, 2006

(II) CON EL PRETEXTO DE EDWARD HOPPER TE DIRÉ QUE:

Tengo vacaciones y tengo tiempo para ir poniendo poemas...ya llegará el crudo enero...











2.- (Cape Cod Morning)

Mirando como esa mujer
atenta en un punto escondido
y la inocencia de la clara
fuerza hallando su rostro,

sí, como ella, en el ventanal,
quizá esperando una visita
que me avisó de su llegada
hace tanto…

Antes de acaecer la prisa,
de saber que un día más
tenso mi rostro en el castigo;

antes de que cunda el fracaso
igual que agua gris inundando
el desayuno
de las intenciones;

antes de parpadear, este
momento donde nada rompe
el cascarón de la fiereza,

ahí, quieta para la luz,
una dueña que se complace,
una giganta dadivosa,

aunque la oscuridad se acerque
desde el bosque,

ahora, sin ruido,
sin transitar de la amargura,

mirando,

sosteniendo la piedra enorme
de la jornada, recogiendo
grácilmente
la transparencia.

CON EL PRETEXTO DE EDWARD HOPPER TE DIRÉ QUE:



1.- (Sun in an empty room)

Hoy, caminando, he descubierto
el cuerpo aplastado de un gato.
Debía llevar tiempo porque
apenas una indefinible
forma indica la silueta
del animal
sobre la acera.

La luz roba el color del resto
de un latido
como si vaciara sangre
y,

reinando en estancias ausentes,
desocupando de impurezas
los despojos del gato, señas
de los que habitan una casa,
cualquier movimiento, cualquier
palmada,

ella detiene
el tiempo y sólo se deleita
consigo.

Es tan caníbal su belleza…

Y he temblado un instante, luego
he sentido un extraño alivio:

desaparecer
bajo la luz me otorgaría
cualidades de luz, de estar
cruzando
un acopio de pájaros.

martes, diciembre 26, 2006

Nuevos poemas

Antes de comenzar con un nuevo libro pondré cuatro poemas, en diferentes entradas, sobre pinturas de Edward Hopper...En algún momento de nuestra vida Hopper nos ha pintado...

Acerca de mí

Archivo del Blog







Image Hosted by ImageShack.us
Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.
Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas
Powered By Blogger