miércoles, marzo 01, 2006

Segunda foto,segundo poema


© Ricardo Martín


Tormentece y los pájaros
apresuran su caza.

Vemos al fuego abrirse,
a la mañana alzarse,
a una promesa de agua
consentir.

Arriba, aprisa, pájaros.

Regresan las visitas
de septiembre,
los pasos recobrados
que consuelan.

Como un cielo de cuento,
antiguo e infantil,
la luz se enjoya.


............

(Por si no se ve bien: los puntitos son pájaros, vencejos de la mañana)

domingo, febrero 26, 2006

Primer poema, primera foto



© Ricardo Martín


Una luz loca zarandea el mediodía.

¿Lloverá? , me preguntas.

Yo sólo sé que las mujeres de la magia
cabalgan hoy.

Juegan con la aguja de la torre, abrillantan
fachadas, cantan para la dureza, juegan
para los amargos de la ciudad, los mudos,
los apagados.

Las mujeres de la magia montan caballos
de agua.

Y hay que hablar más alto, más aprisa, la luz
sopla en tu pelo, viene desde el mar, del mar
que nunca vimos.

¿Reirán las mujeres?, me preguntas.

Yo sólo sé que bailan sobre el fuego. Vuelven
a esta ciudad
que cubrió con escoria sus bocas paganas.

Aman a la ciudad, la traen de la sombra,
del agrio murmullo incensado de la muerte.

La luz nos equivoca...

¿No ves a las mujeres
bailar en los tejados,
pacificar hogueras?

Otro sentido

Sí, otro sentido...aunque el mismo.
He tenido la formidable oportunidad de contemplar las fotografías de Ricardo Martín, compañero y amigo, y he escrito sobre ellas...y, para colmo de suerte, mis poemas las acompañarán en un bello libro de inminente publicación.
El cuerpo fundamental de CIELOS PARA TOLEDO, como provisionalmente se llama esta publicación, son las fotografías, evidentemente; los poemas les ceden una palabra, no es la única, sólo es la mía.
He de añadir que los cielos de todas las fotos pertenecen a Toledo y ninguna está modificada, trucada, pestañeada... Desde aquí le doy las gracias a Ricardo.
La edición llevará como número de Isbn 978-84-7788-410-1
Es muy probable que el libro ya esté en la calle para el verano.
¡¡¡Por fin la ciudad, mi ciudad, mi Ogigia escondida!!!
Bueno, ahí va.

viernes, febrero 24, 2006

Cuarta parte, tercer poema

Untitled (Red) 1956


Como si un campo de amapolas
me recorriera de los pies al alma.

Escucho la melodía del fuego
creando de la nada un aire
donde se agita la primera
curvatura del mundo.

En la calle glacial el miedo
congela su nariz
de ausencias y el hielo detiene el pulso
de las tórtolas.

Pero hay en mí un planeta que arde
y, aunque consiga
abandonar su música,
una herencia silvestre
me embellece a cada momento,
me hace lista, me enseña el libro
de la magia de la mañana gélida
y, sin embargo, lumbre que alzo
para ti,

secreto,

secreto con el nombre más azul
que existe
y ansiado, y rojo.

domingo, febrero 19, 2006

Cuarta parte, segundo poema


Blue green and brown


Aunque parezca que los lobos
se adueñan de la puerta de mi casa
han permanecido avezados
guerreros y ahora despojan
sus cinturas de los metales
de la vehemencia o de la ceniza.

Qué maravilla
la noche sin calor, sin dudas
ni desesperados encuentros,
ni saludos ni adioses, nada
salvo esta noche abisal, fulgurante
de estrellas sin mensajes,
sin muertos ni súplicas, sin amor
imperfecto.

Tan sólo esta noche ancha y casta,
esta dama desnuda ante mis ojos
.

domingo, febrero 12, 2006

Cuarta parte, primer poema




White and greens in blue


Lo que vive verde, casi negro
pero no agitado por un duelo
con aquello que ya no regresa,
traza la fortaleza
de un árbol hostigado
por el relente.

Y está en mi corazón;
no es la promesa de un ángel cálido
o que las perdices sobrevivan
a la noche de enero.

Apenas verde,
de un verdor que no cansa, un latido
sin edad, sabio según el tiempo
patina igual que un muchacho estúpido
y, sí,
también es atractivo.

Sé que soy una reina en su torre
fría,
y no me digas que lo feliz
jamás se madura ni se inclina
a la frugalidad.

En cada arruga tengo un arroyo
verde
y, al sonreír, sus aguas
fluyen a mis dedos inventando
vidas y tormentos ardorosos.

En apariencia rielan heladas
pero van encendidas.

sábado, febrero 04, 2006

Tercera parte, segundo poema

Orange and yellow. 1956


¿Has visto cómo se oscurece
la tierra después de llover?

Tal vez noviembre sólo guarda
silencio:
es tan breve cuando esmerila
los ángulos de la ciudad,
cuando la niebla y el sol, luego
una nube, apaciguan
la carne de las piedras
y una bella manzana rueda
calle abajo
y te pregunto si el sabor
de un amor devorado puede
persistir.

Tal vez este manto granate
no quiera hablar sino extenderse,
cerrar la naranja de zumo
de tus labios, porque me observo
preciosa,
callando,
renunciando a tu regalo.

Únicamente las encinas
cantan con sus violines
y se resisten a cromarse
de cansancio.

¿Has visto
cómo me voy sin irme, yéndome
al lado de la lana
silenciosa,
cerca de la raíz del vino,
muy cerca del alacrán que oye
en su nido dulce llegar
a la dama de hielo?

sábado, enero 28, 2006

Tercera parte, primer poema



Old gold over white


Este aromar de los jazmines últimos
que emblanquece, ligero, cuando paso
y escucho.

Callados finalizan pero cantan.
Se consuman sin voz pero me cantan.

Y una calmosa muerte que no es muerte
despliega
la partitura donde inventa el oro
flabelos de tostadas clorofilas
y otras hojas minúsculas que nunca
rozaron el ardor ni el infortunio.

Hay una madre persiguiendo al hijo
que ahora corretea desvivido
y adorna su cabello con diademas
de octubre
como un príncipe corso, y no la siente
llorar, y nada siente allí, no tiene
cuerpo.

Una corteza de manso metal noble,
antiguo a la manera de un augurio,
me envuelve, y no se contradice el día
si desdobla
este aroma postrero hasta la calma,
si me vuelve a envolver
y se amolda conmigo hasta la lluvia.



sábado, enero 21, 2006

Segunda parte, segundo poema





Orange and yellow


Cada campanada despierta
a una ciudad de las acacias.

La calle recobra un respiro
cuando el amanecer alisa
su inminencia.
Y en los árboles,
en los delgados huecos donde
la avena loca besa un ocre
duro hueso
de las piedras,
se despereza la demanda
de quien reposa sin sonido.

Pronto avivan
un fuego cítrico las lenguas
del sudar y esa inmaterial
melancolía en el destello
del sol endiosado de julio.

Y el acero
del cielo se confundirá
con una segada planicie
sola y sola.

Mientras tanto los habitantes
de las acacias se saludan
hambrientos.
Y mi sudor se enfría, vuelvo
a dormirme y oigo opinar
sin motivo,
tan ruidosos
entre sueños,
a los pájaros.

viernes, enero 13, 2006

Segunda parte, primer poema



Blue cloud


Lo rodea todo desde una claridad
que no permite adormecerse a los gorriones.
El calor confunde esa llamada con grillos
enamorados y centellea la hierba
como un vino aloque que alguien vertió en un vientre
ofrecido, tendido y lejos del recelo.

¿Verdad que esta noche no parece la noche?

Un fulgor de luz abrasada cruza el aire;
los asesinos de ojos de sirena acechan
roedores de insomnio en la orilla del río…
pero no nos vigila su silbido untuoso
ni la culebra, allí abajo, donde la noche
perfuma peligrosa y sisean sus zarpas.

Me miras en este resplandor que rodea
todo: mis labios, del color de la sagrada
piedra con estrellas, tus labios acercándose,
y veo a tu mano bajar entre mis pechos.

Todo es una sombra que arde sin aflicción,
densidad complacida que guarda la luz
cuando se fuga
de un día de verano y nos abraza a solas.

lunes, enero 09, 2006

1ª Parte, segundo poema





Green divided by blue


La ráfaga del martín pescador,
un breve pensamiento
conteniéndose
en el vuelo inicial de la belleza.

De la belleza de la flecha incisa
en el río
para tanto apetito:
consigue el alevín que no fue cauto
y sin frenar captura una libélula
descabalgada y torpe con su brillo.

La esmeralda veloz tiene la mágica
ausencia del dudar o detenerse
por mirarse; su aletazo es la brisa
que queda tras arder
una intención.

No puedo conquistarlo,
ni siquiera observar su a ras del agua,
su posarse en la rama,
irisarse
entre las hojas finas y la seda,
más que celeste, abril.

Y el tri-trí
que parece citarme
oculta
su posesión preciosa.

Esto es vivir, sucede a cada instante.

Sólo alcanzo
a contemplar, flotando, el pensamiento
en el agua,
un reverbero glauco,
apenas una estela de lo vivo.

viernes, enero 06, 2006

1ª parte, primer poema






Green, white and yellow on yellow


Algo fresco que en nada se parece al tegumento
del diamante ni a la tersa porosidad del mármol
pulido de la pena.

Algo fresco entibia con una bocanada de aire,
deshabita la persistencia del helor que aturde,
templa, desocupa el exceso de las alabanzas
en las noches enormes
sin pájaros nocturnos, sin caderas desasidas.

Algo fresco y, sin embargo el día, de tan azul
verde muestra su gesto, su cielo, su libro de horas
abierto en una sonrisa de adiós, por fin, al hosco
semblante de febrero.
Y una terneza verde
de puro azul pronuncia casi albar esta mañana.

¿Cómo puedo ignorar la vocecilla de las prímulas
que, por un algo fresco y claro, jaldes parpadean
leves, tapizadoras?

¿Cuándo tendré un instante más dorado que este signo,
el rastro del instante
donde apenas respirando me convierto en aliento
de algo que ayer no estuvo
y en la mañana, ligero igual que un soplo, acaece
y sonríe salvaje?

¿Cuánto, del fresco y blanco misterio que ciñe a un mundo
surgiendo de improviso,
dice mi nombre y me desviste de las ropas crudas
y me da una raíz
y me inaugura?

Nueva serie

Bien, Día de Reyes. Nueva serie de poemas. Ésta pertenece al libro JARDÍN AL MAR, publicado en el pasado año. Mi amiga almena, fiel lectora, y mi querido blogsin ya los leyeron en el anterior blog; quizá también alguno más de los lectores.

La serie, dentro del libro que he citado, se titula TOPIARIA DEL COLOR y está dedicada al pintor Mark Rothko. Descubrir su pintura fue oír cómo habla la plasticidad, cómo escucharla...y fue aprender a mirar.

Su estructura: Cuatro partes-tal vez las cuatro estaciones- y, en cada una de las partes, varios poemas. Éstos suman un total de nueve. Los títulos de los poemas son los mismos que llevan las pinturas elegidas.

En fin, ahí van...

miércoles, enero 04, 2006

Última fotografía, último poema


En lo más silencioso habita
una belleza que se ignora,
un fuego inextinguido.

Dime cómo mirar
para quemarme.
















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Última foto, último texto de esta serie, del libro EL ESPEJO DEL VIENTO. Mañana, más...o pasado....otras imágenes queridas, otros poemas.

domingo, enero 01, 2006

Penúltima foto, penúltimo poema






Los gatos,
como niños que son, saltan los charcos
para vencer el agua de una selva.

Los niños,
más gatos que otra cosa, merodean
caricias que no piden. No hacen caso
a tu llamada.
Escapan.
Vuelven.

Los gatos, cuando salen de la escuela,
ríen.
En la escuela maullaban con la tinta,
ahora se ríen de la humedad
del aire,
de su lágrima adulta.

Los niños ablandan cada columna
con su pelo tan suave.
Juegan a hacerlas dulces y pequeñas
y las columnas bajan galerías
por oírles hablar en el idioma
de los gatos.

La plaza se abre más
porque los niños buscan sus gateras,
porque los gatos mojan sus zapatos.

miércoles, diciembre 28, 2005

Poema, fotografía





Lo que atesora la memoria
ignora el frío de la prisa.

Una luz de julio se ha quedado
en los soportales
aunque esos días de nublarse
y lluvia en La Mancha se peguen
a tu piel como una tristeza,
como algo más cierto
que

...”Pero ¿qué digo?
Que me estoy atravesando
el corazón; no es posible
resistir a lo que paso:
toda el alma se me abrasa.
¿Para qué, cielos, lo callo
si por los ojos se asoma
el incendio que disfrazo?”­*

Lo que atesora la memoria
es una lluvia enamorada
en esos días de La Mancha
grises.

Sólo el amor, que escapa siempre
de los retratos y los lamentos,
suele hablar. Nadie se detiene
a atenderlo.



­ *De EL DESDÉN CON EL DESDÉN. Agustín Moreto.

sábado, diciembre 24, 2005

Otro poema y otra fotografía





Aún no sopla el ábrego
con su lengua de lluvia
calando la camisa.

Sólo un potrillo saltarín
que no adquiere la fuerza
necesaria,
que juega como un rizo,
que ni siquiera desordena
el polvo.

Todo está detenido, amable
al mediodía, sin cansancio.

Te imaginas más alta
que el don de las campanas
y perfecta.

La cotidiana pesadumbre
queda lejos, allí,
se mueve ajena.

Volar si tú quisieses,
vencer a las gigantas
y su malicia.

O jugar con ese caballo,
caracoleando
desde un viento muy fino.



(Este poema está dedicado a un caracol misterioso. Va en bicicleta, le gusta el mar levantisco y provocar al viento...No sé su nombre pero, ¿qué más da? Es sólo un nombre, no importa mucho...)

miércoles, diciembre 14, 2005

Poema y fotografía

Una destreza se anuda a un ritmo y origina la levedad.

Tus muertos están de tu parte.

Sientes su respiración transparente en los nudillos de tus manos y concentrarte en la blonda es una conversación y les dices: vuestra caricia es la flor de los hilos; estáis tan cerca que os oigo mover por mí los alfileres.

Sabes que cada cual carga con un secreto, que las mujeres en compañía tienen a sus muertos detrás, protegiendo su espalda, enjugando las lágrimas que no deben salir en la tarde tan hermosa de la plaza.

Les dices a tu abuela, a tu tío: miradme, voy tejiendo un encaje con mi propia cansada materia, un camino de mesa para que sostenga mi nombre ínfimo.

Hablar con las otras mujeres lleva un aire teatral y convencido.

Nada es verdad salvo mis muertos, piensas, nada que no sea dibujarlos sobre el almohadón y pedirles pequeñeces porque están sentados con los dioses de la Nada.

Después te irás con ellos cuando cese el dindón de los marfiles.

Quizá tu hija venga a restablecer lo que dejaste o quizá únicamente muertos anuden lo ligero en los bolillos.

miércoles, diciembre 07, 2005

Una de mis fotos preferidas del fotógrafo, con el poema, claro



El mensajero se detiene por un instante antes de hablar.

Venía del resplandor de las islas, de los miedos en los cruces de caminos, de los mercados y la suerte, de las calles de tu ciudad por donde escapan los ladrones.

Interpretaba a los extranjeros y una leve sospecha se trazaba en sus rostros tras los pactos.

Las serpientes del kerykeion no acababan nunca de trenzarse.

El mensajero piensa cada palabra antes de hablar y elige una que se desvíe a la verdad y a la mentira, otra que golpee amorosamente con su mal, y para la última escoge un filo que penetre fatal y limpio y que su herida no se cierre nunca.

Ellos son terrenales y aún no atienden a los avisos.

..........................


Tu padre, que conocía bien el fuego y los metales, te llevó de la mano al Museo del Prado.
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(La foto me recordó el cuadro de Velázquez, cuando Vulcano está a punto de recibir la visita del Mensajero, del engañoso e inigualable Mensajero)

jueves, diciembre 01, 2005

Otra foto, otro poema


¿Con qué música baila el lienzo
escapado?

¿Qué música del día
de volar?

Cometa sin bramante, pájaro
del recuerdo de harina.

En la reja del aire, nido
quieto,
el silencio captura el aire;
en el arel del aire
hay un silencio con voz de hombre
llamando a velas blancas.

Y el lienzo arriba, arriba, lleva
una palabra loca,
una bandera del país
de los ríos sin peso,
una carta,
un vestido de novia; lleva
el pan que se ha mudado en nube,
la miga de ese pan
sobre la vela de los barcos.

El cedazo del aire
lo reclama,
lo quiere para sí,
para cosérselo a la piel,
para besarlo.

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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas
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