domingo, diciembre 24, 2006

Mi cariño, mi admiración, mi felicitación

Para una amiga, por la suerte que tengo al estar cerquita de ella...por nuestra pasión compartida en la poesía, le dedico este largo poema que insiste en la Pastora Marcela y que acaba de ser publicado en la revista Añil...María Muñoz, poeta, observadora sensible y activa... Editora de Las Hilanderas prodigiosas.








FUEGO SOY APARTADO Y ESPADA PUESTA LEJOS



Y queriendo leer otro papel de los que había reservado del fuego, lo estorbó una maravillosa visión –que tal parecía ella- que improvisadamente se les ofreció a los ojos; y fue que por cima de la peña donde se cavaba la sepultura pareció la pastora Marcela, tan hermosa, que pasaba a su fama su hermosura.

Capítulo XIV. Primera parte de Don Quijote de La Mancha.



Pertenezco

al viento de agosto granando el esmalte pinto de las uvas, cuando se llaman las abejas para escapar de los zorzales, cuando otros pájaros se arrojan hasta el sudor en mi cadera, y equivocan un espejismo, y me abanican mientras arden.

Aunque en las eras ya no vuelan briznas de paja ansiosa de agua mi cuerpo es de ese olor, poseo la memoria fina del trigo,

y pertenezco

a las muchachas que distinguen, en cada espiga, la señal que la tierra traza en la frente de las semillas, porque nunca es anónimo lo afectivo de las cortezas de las sopas de pan, nunca se pierde un nombre dado al pan cuando el pan nos oye.


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Me incluyo

entre las sombras que el acero dibuja bajo las pestañas de los atrapados por hoscas esquinas del abatimiento, ahí, en ciudades que olvidan la fluidez de amor de un árbol, la lentitud en la cosecha de los duraznos con tesoro, esos regalos ofrecidos por los que vienen en aviones de angustia, en pateras de argollas, en galeones de silencio.


Hay camas donde se adormecen jóvenes que han abandonado sus costumbres, anaranjadas de sueño, por una moneda afilada dentro, en sus muslos;

me incluyo

entre su piel y entregaría venenos con forma de labios a los que niegan la tersura de una mujer: ella desnuda su cuerpo pero continúa guardando un leve pañuelito en el pliegue de su corazón, donde ni los hornos de gas ni las violaciones aciertan a devorar el Paraíso.

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Pertenezco

al desvarío de quien lee menesteroso, agora, entuerto, desfacer, y sale a la noche, no se amilana con la voz del miedo, confía en la razón de su locura, desafía a gigantes humilladores, capitanes negreros, hordas de la vergüenza, y tanto estima la vida que se precipita hasta el don de vivir al lado de la muerte.

Aquel que pertenece al orden raro de la delicadeza, donde yo pertenezco agreste, donde me instruyo sin anillos del temor,

incluida en las intenciones de la libertad que tan sólo prefiere abrir los ojos cada día sin vigilar detrás de las puertas o prepararse para cotidianas visitas amenazantes…la libertad que escoge equivocarse o alzar un grito en llamas al deseo,

incluida en la predilección de la soledad que me asiste, pertenecida a criaturas de otra sal, venidas de lejos como las telas más preciosas, con distinto timbre en su risa porque fuego soy apartado y espada puesta lejos, calma precisión de la luz, serena maestría animal, pantera o pájara.

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Caballero,
decidle
a la pasión del hombre muerto que yo resucitaré el lienzo finalizado que lo cubre cuando giro mi falda para bailar con el viento de agosto, que lo traeré del basalto del olvido cada vez que hablo de la tarde con las perdices, que lo rescataré del odio de estar muerto cuando mi gato me maúlla espliego y se ríe, que yo lo besaré sin pausa, lo acunaré, lo acariciaré hasta que todo sea temblor en él, pura delicia de aire que respiro,



decidle

que no ha muerto, que nunca muere quien deja tras de sí el perfil de su amor como si de aliento se tratara, como si de un único aliento dependiera la rotación del día y se detuvieran torres, florecimientos, parpadeos, perdones de la noche, luces reconfortando…, al distraerse la respiración de lo leve y quebradizo del amor en las libélulas, en ciertos seres peculiares que siguen a las pelusas de los álamos por el gusto de enamorarse, en primavera, con fértil nieve poco versada en la soberbia.


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Pero también decidle
que no me incumbe su fantasma, su ceguera al mirarse en bruto y sólo ver posesión, medida de su sexo contaminando el frágil matiz de la dulzura.

No responderé a la violencia de su sed : necesita sangre femenina para creerse que es humano al lapidar todo lo que hay de humano en actos amorosos de una mujer que halla el dulzor en otra parte.

No le festejaré relatos de la magia de las hortensias ni de qué modo se intercambian peces los ríos que prefieren ir hasta al mar sin la locura del oro.

Morir de amor sólo es negarse a llevar el fuego apartado en los dedos, la lejanía de la espada como el murmullo ensordecedor de las hojas
saludándose.

Morir de amor, egolatría.


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Caballero, tú que conoces tanto del delirio de ser quien se ha entregado a la ternura, ¿verdad que merece la pena vivir con el dolor del amor, el deleite de libertad de amor que nos aleja de la muerte porque sólo vivir
es estar vivo amando?

miércoles, diciembre 20, 2006

Regreso a V.Woolf con el último poema dedicado a ella



HERMANA

El corazón de hielo,
el cisne, el dios refulge, la barroca armonía,
la belleza sin soplo, sin ceniza, fisuras
que se niegan, no son,
patinadores sobre,


de la misma sustancia que las alas del bosque
o como voces blancas del Gloria en Re mayor
589, edición Malipiero,

tu corazón de hielo,
bisel redondeado por donde muere siempre
Virginia. Haces un nido pausadamente, vienes,
tus pichones redondos, sostienes, te deslizas,
el olvido,

oh criatura inglesa que decidió burlarse
del dolor,
que no te mire nadie con montaraces dardos;
ya es tarde
para licuar las lágrimas
o recobrar las lágrimas o regalar las lágrimas.

Se retiró la sal,
se abstuvo
de oír que te quisieran y tú eres tan hermosa
sin duplicar fisuras, afectos o desórdenes,
y tú eres tan hermosa,
blanca,
dura,
lejana
o tan lejana.




domingo, diciembre 17, 2006

Calla, Virginia, si te interrumpo otra vez es por algo

Sí, verás, querido fantasma mío , encontré este texto que pongo a continuación entre mis documentos...No lo recordaba, como tantas cosas que escribo y que luego se vuelven volanderas, la mayoría no regresan, pero ésta sí. Recuerdo que fue creado el textillo para una exposición de un grupo de amigos pintores, escultores, fotógrafos, etc ( ya sabes, Virginia, mi apasionada debilidad por esa "fauna"). Un BESTIARIO era dicha exposición (que se celebró hace unos dos o tres años en un lugar lleno de energía, como tantos espacios aquí). Todos los participantes debíamos figurar un ser fantástico, único, nuestro. Como yo no sé pintar , figuré con las palabras (esas otras bestias que amo, que amo tanto....Ah, creo que ellas también me corresponden) Fui, por un rato, una bióloga loca.


Este pequeño divertimento barroco, sin posibilidad de imágenes acompañando, está dedicado, a modo de mazapita navideña con mucha mucha almendra, a mi querido Arrocillo , mi prima en el chat, mi amiga, las dos también hacemos pájaros de barro y los echamos a volar, como dice Manolo García. Y claro, a mi dulce, sabia y consoladora Almena.


Ahí va:


AGNIGEOHIDREOLO:

nombre común del género de los flamenacuaventusterris, caracterizados por poseer alas que se pliegan a voluntad hasta asemejarse a hojas de acanto, por desarrollar extremidades a modo de las patas de gallina de la casa de Babayaga, aunque a veces pueden evolucionar a las clásicas garras de felino de Irena Dubrovna. Su cuerpo está cubierto por plumas de un suave pelo escamoso y amiantado.

Hábitat.- Suele anidar sobre el agua del mar, pero construyendo pequeños cubículos de barro de agua dulce y madera de Ygdrasil, que previamente haya sido quemada por el aliento de una serpiente que busca a un águila.

Costumbres y reproducción.- Nictálope, gusta de penetrar por las ventanas de los durmientes de la Luna que dejan una luz encendida para que regresen los perdidos por desamor, aunque también se desplaza bien de día, para cazar y alimentarse de enamoradas abejas euglosinas que apenas pueden volar porque está empapadas del jugo de la orquídea coriantes. Se alimenta también de otros insectos que van a chocar con los parabrisas y de erizos que cruzan pausadamente las carreteras. Huye de los animales con orejeras. Tanto las hembras como los machos son ovovivíparos pues pueden aparearse con las salamandras enloquecidas de soledad, con el gato mallado de Jorge Amado, con Melusina o con el pájaro chicú, que sólo tiene plumaje verde.

Valor ecológico.- En realidad su valor reside en su peligro. A pesar de ser una criatura extremadamente pacífica e ingenua, y no obstante alimentarse de insectos y de mamíferos que, desde luego, vuelve a regurgitar vivos, , su pasión es acercarse al fuego hasta consumirlo, besar el aire hasta agotarlo, saborear el agua hasta desecar cualquier cuerpo y cribar la tierra con sus dientecillos hasta que se convierte en partículas microscópicas. Gusta tanto de esta costumbre que, probablemente en el futuro, la criatura se comerá a sí misma después de haber comido todo, hombres y animales, entonces, si se supera ese trance, hombres y animales jugaran a que piensan por el puro placer de no hacer nada en un nuevo Nirvana.

viernes, diciembre 15, 2006

Largo poema interrumpiendo a Virginia Woolf

Sé que me precipito, que no espero, pero encontré este larguísimo poema que es como una danza y me desvela...este poema lleva mi nombre...no puedo añadirme imágenes, sólo música y sol. Dedicado a quien ya no me lee. Ah, aún me queda Virginia, sólo es una alocada interrupción.


SUITE PARA EL AGUA SIN NOMBRE

I

Un aire tranquilo mueve la avena,
ésa que se ríe entre las rocas
con la ropa del ansia.

Quizá me acariciaba una canción
triste pero la luz me ha desnudado
para perder, por fin, la mueca
del orgullo.

Y los cristales,
como marea suave, me recuerdan
que pertenezco a los propósitos
de la avena,
que no soy sino un pájaro pequeño,
que me desvanezco en el gozo
olvidado del agua
que cae
sobre amarillos tallos,
sobre mí.



II

¿Escuchas el murmullo de la niña
que levanta sus brazos
para llamar al viento
de ese mar tan lejos, tan lejos,
tan lejos?

Mírala sonreír
a la espuma con su saludo:
lame sus pies.¿De dónde viene
este agua, este beso, esta clara
certeza de la magia?

Mira a la niña en la mujer
que calla. Es hermana
de los ahogados,
es la novia de los mensajes
escritos en la arena,
es la niña sacrificada a los dioses
que te dice:
ven,
dormirás en mis hombros
.



III

Criatura de las azaleas marinas
y el temblor...

No he cerrado mi puerta
por seguirte
y soy torpe para aprender
tu idioma
y tu esquivo dominio.

Dejo que muerdas mi muslo
porque mi sangre es tan salina
como tu piel de liberado
gesto.

Llévame donde van los muertos
a vivir,
a las islas de la contemplación
del fuego,
a bailar sobre el agua,
al arriesgado callejón
de los tiburones,
a tu nido,
a tu secreto,
a tu jardín.


IV

Tiene la calle una costumbre
de golpear
mis tobillos.

Una mirada peligrosa
roza mis labios
y no puedo volver atrás,
encerrarme en la casa,
desistir
de esa perturbadora
caricia. Si ayer escribí
que estaba muerta
hoy hay medusas en el puente,
me pican los tobillos...
Entonces echo a andar
y me palpo
la sangre.





V

¿Qué importa
lo que ignoro de mí?

El sobresalto de una abeja,
el parpadeo de mi gato,
la música
de un raro niño de otro mundo
que me viene y se va...

Eso, todo eso soy yo.

¿Qué importa que no sepa
lo que digo de mí?


VI

Mi ciudad no es blanca pero palpita
porque yo la amo.

Si estuviera al lado del mar sería
una muchacha dando un cariñoso
libro a cada ola;
si estuviera muerta no lo estaría,
si tú la conocieras
te tomaría de la mano para
bailar.

Abro la ventana y veo la casa
de mis padres con la niña que aún
se viste de hechicera;
veo en cada torre una campana
de poder ser feliz por un segundo;
veo que Pablo me sonríe e Inés
está tranquila con su pena
y un perro que se cruza me pregunta.

Si tu conocieras
mi ciudad sabrías
que está al lado del mar
aunque su río tenga su quebranto.

Si tú la conocieras
sabrías dónde estoy
con este amor tan tonto y tan antiguo.





VII

Ella dice continuamente:
No me olvides porque si no los frisos
de los templos griegos
-donde amarse es una oración
a los delfines-
se borrarían
. Nadie entendería
la palabra de los astutos
bosques.

Ella dice:
no me olvides
porque si no seré una fosa
de la guerra más negra, con sus huesos,
sus vestidos, sus niños blancos
de cal
de horror.


No la escuches,
No, no la escuches.

El olvido es otra mujer
que pronuncia tu nombre
con la dulzura de los que jamás
vivieron en el ansia.

Es una dama,
pero no es Ella.


VIII

Nadie ha visto a la luna pasearse
por mi cara cuando no puedo
dormir. Es extraño ese tacto,
aunque tanta y tanta su luz
que no sé si la luna baila
o soy yo que por fin consigo
moverme en el agua
y me parezco a las actinias.

Esto debe ser la alegría
de la noche.
Qué estúpida eres, me repito,
mira que temer a los murciélagos...

Veo mis manos,
las cuatro pulseras que Juan
me ha ido regalando del desierto:
Ay,
éste es el brazo de la luna.

Y me asomo al espejo:
Ahí estás, rubia y loca
y muda para todo
menos para las palabras
de Cernuda
y fácil para la belleza.

Soy la luna y me río
mientras bailo en el agua.

Esto debe ser
el peligroso gozo de la noche.


IX

La avena sabe que el palo de lluvia
traerá
la canción,
la única canción que murmuran
los niños
cuando se empapan en los charcos.

Hundo mis manos en la tierra
para entender
que el violonchelo
no es otra cosa que un árbol que me habla.

Hoy he visto
a la tinta de mi pluma volverse
música enviada
desde el planeta
de las ballenas
y no he tenido tiempo salvo el tiempo
de la avena sin nombre
que nada sería
sin el agua sin nombre...

Una música,
un regalo asombroso,
ese regalo
que nadie atiende
porque no tiene nombre.

jueves, diciembre 14, 2006

Virginia Woolf (III)

















De todos es sabida la estrecha amistad entre Virginia Woolf y la aristócrata Vita Sackville-West, de la cual se ven estas imágenes.






Victoria Mary Sackville-West, más conocida como Vita, nació en Kent, Gran Bretaña, en 1892 y murió en 1962. Su padre fue el tercer barón Sackville y su madre una hija ilegítima de Lionel Sackville-West y de la bailarina española Pepita. Formó parte junto a su marido, el diplomático y editor Harold Nicolson, del conocido grupo de Bloomsbury. Vita desarrolló su actividad creativa como novelista, poeta, cuentista, biógrafa, viajera, historiadora y diseñadora de jardines. Escribió, entre otras, las novelas El heredero, Los eduardianos, Toda pasión apagada, Juana de Arco ( que aconsejo por su intensidad) y Seductores en Ecuador.


Se sabe que, antes de morir Virginia, escribió cartas de despedida a su marido, Leonard Woolf, y a su hermana Vanessa Bell. Si Vita fue su más que amiga, su cómplice y su deseo, ¿le dejó igualmente sus palabras de adiós?

Imaginé que sí:






CARTA

Mi querido ovejero:

La claridad del alba
es una luz enferma y los primeros pájaros
disponen del azar canturreando en griego,
anidando sin pausa, sólo el tiempo preciso
para traer al mundo pequeñas criaturas
no de plumas o amor, listas en el viaje
de la ausencia.

Tú aleteas, feliz
con tan esquivas aves. Arrancas de las rocas
marinas valvas duras que esconden una perla,
la despiertas, la ríes.
Sigues el curso lento
de las rutas sasánidas, empujando a la vida
tigres alados, rojos, de perdidas ciudades,
con seda hecha de versos, con lúcida malicia...
Envidio esos lugares que al gozo se te ofrecen.

Mírame a mí, me escondo
tras las dunas que el viento de la muerte moldea,
tomo el té con las voces locas de mis heridas
y me siento de blanda textura de molusco
buscando el sol, la tibia claridad que me sane.

Ya no sé si aprisiono en la espuma la tinta
o, absorta, me detengo a mitad de una frase
mirando el convertirse lo innombrable en deseo,
su sintaxis en agua.

Me duelen los amigos
dormidos en actinias; me duele que tú quieras
vivir y yo no acierte a invitarte en mi amor.
Me duele que mi Nessa fácilmente recoja
colores aún hirviendo y sin color retrate
mi gesto tan huidizo.

Más que volar me siento
perdida sin anclajes; más que ser libre el caos
aventa mi escritura.

Donde quiera que estés, contén mi enfermedad,
el no volver al tiempo de todo recogido
suavemente en mi madre.

Me he dado por vencida;
a tu regreso busca lo mejor de mi sueño.
Y al patinar, hermosa, sobre el hielo lascivo
me verás sonreírte bajo el hielo, tranquila.

Recuerda que te dije
que te quiero, recuerda que las olas vendrán
con cartas en mi nombre.

Pienso en el ser muriéndome.
No hay miedo en mis frutales.

Por las dunas redondas de Rodmell se levanta
el alba con que inician su viaje mis pájaros.




viernes, diciembre 08, 2006

V. Woolf (II)



VIRGINIA WOOLF SE SENTÓ EN MI SILLÓN ESE DÍA


Fuera de la casa, en los aserraderos de la hierba, las cigarras caídas se buscaban para amarse aunque toda la ciudad fuese un horno donde un dios vengativo cuece deseos de haber sido un hombre.

Fuera de la casa brillaban los patios con abanicos detenidos entre las uvas verdes, radiantes de veneno. Luego cambian al jade de las lenguas que aseguran no olvidarme jamás.

Algo sencillo y sombra era un silencio de siesta bajo el pie del mediodía; es un silencio el trigo de mi mesa, montoncitos de tiempo granulado que agrupo sin anillos con un dedo de tinta.

Algo más blanco aún que las paredes pintadas de pereza y mujer sola que escribe sobre el lomo de su gato dormido hasta el calor, en el telar del viajero del mar.

Tengo una carta lista para el vuelo de la muerte, una palabra blanca aprovechando el instante de estar sentada, fina, ligera cuando el peso sofocante se abate hacia los cuerpos consentidos.

Seguro que no duermo; en el silencio se ha vertido el matraz de una hechicera. No hay viento de sudor y no hay campanas, ni avisos que aconsejen desoír este silencio mágico poblando mi casa o mi cabeza con su ruido.

Alguien con g que inicia un paseo que lleva a las marismas, un trayecto del río que reúne la gravedad de piedras de suicidio en los bolsillos y habla con Ofelia porque marzo termina con las vidas cansadas; una figura de humo que se viste con flores de raíz, hija del limo, mirando, pensativa, un lado oculto, robada del momento en que recibe, sentada en mi sillón, a sus fantasmas.

Veo transparentarse su sombrero, su invisible perfil tomar la forma de una dama delgada que adivina su imposible visita en mi verano.

Supe que no fue herida por el agua.

Le dio la luz, la vi mirar distante decidiendo si caminaba a Rodmell a las cinco o si tomaba el té conmigo, ahora.

Tocó mi corazón con su postura.

Aceleró mi pulso, trajo el tiempo. Después se disolvió dejando un hilo de olor a mujer pez de una isla griega.

Después sopló la tarde en mi cosecha de trigo.

En los aserraderos de la hierba los niños sin restar desordenaron el silencio, la tinta, el bebedizo.

El horno apaciguaba su cochura y un borde de abanicos sesgó el aire.

domingo, diciembre 03, 2006

Algunos poemas sobre V.W.




Mientras decido qué poemas escribir en el blog, pondré algunos sobre mi hermana VIRGINIA WOOLF... No sé si es mi hermana o el presentimiento que me acompaña o el fantasma que cada uno (una) debe llevar consigo.
El primer libro que leí, suyo, fue ORLANDO, un regalo extraño de alguien especialmente sensible al que hace muchísimo que no veo. Después siguieron todos los publicados en español, me parece.
Ayer me regalaron el último, un cuento titulado LA VIUDA Y EL LORO...probablemente esté en alguna de las colecciones de relatos que tengo pero la edición es bella, de la editorial Gadir y las ilustraciones son de Concha F. Montesinos. Mis amigas las libreras, como saben de esta pasión, cada vez que sale algo relativo a la Woolf, me lo guardan.
A lo largo de los años he escrito varios poemas para ella. Es algo necesario para mí. He recuperado estos poemas desde los diferentes espacios donde fueron publicados: La revista Turia, la revista Hermes, los pliegos de poesía "Las hilanderas prodigiosas" (esas páginas preciosas y raras confeccionadas por mi prima María Muñoz), en el primer libro que publiqué: MUEREN LOS DIOSES, en fin.... Hacen un total de cinco...si no anda algún otro poema por ahí sobrevolando Monk House...
Me gustaría dedicar estos poemas a Ana María Navales, la escritora zaragozana, la persona que más sabe sobre Virginia, la persona que más la quiere, creo yo. Ella hace suyo el verso de Aleixandre: Conocer es amar.
Las imágenes elegidas para acompañar a los poemas son fotografías de diferentes autores reconocidos: de ¡¡¡Man Ray!!! ( con lo que me gusta ese fotógrafo de los sueños), de G. Freund, Lenare, Duncan Grant, y, claro, Vanessa Bell.




NO voy a escribir los poemas en un orden cronológico según fueron "acaeciendo", simplemente, ahí están. Aquí tenemos el primero:

VANESSA FINALIZA EL RETRATO


Resbalarías
con una delgadez que necesita
la gravedad de un pañuelo de roca,
de una falda de roca

añorante de su infancia en el cieno.

Crece el río en el mes de marzo,
duda la dama de azules mejillas.
Es el año invernal que persistió
en la pereza del cisne del Ouse.

Es el pasado
mientras posas vestida con la ropa
de nuestra madre Duckworth,
y en el óvalo de tu rostro incluyo
premoniciones
de una mujer que llega al mar cantando
después de hacerse un barco con el agua.


Impregno el pincel de color salino
porque el año de tu viaje sea
la biografía de una de mis hijas
que se asemeja a ti,
y con la mano izquierda reconozco
trampas de hermanas
porque no cese de lamer el agua
muros de los castillos femeninos.

Tú, mi contrincante, mi desviada
luz, mi lienzo que ama frutos infieles,
mi omega, garza
que se niega a comer. Sólo se aquieta
hablando en un idioma isabelino.

Después no sabe hundirse cuando muere.






jueves, noviembre 30, 2006

Último poema de ALICE























YA NO HALLARÉIS EN MÍ
esa curiosa niña que Walt Disney
deformó del secreto de Lewis Carroll.

Hace tiempo
de mi salto a la Casa del Espejo.
Hace tiempo
que descubrí la espalda de los hombres.
Hace tiempo
que vivo en pleamar bajo la Luna.

Ya no hallaréis en mí
el desconcierto ingenuo de la infancia,
la edad de un dios ecuestre, aventurado.

Ahora es el momento de mostrarse
más envalentonada en el peligro
y no desperdiciar
ni una brizna de hierba de los cuerpos,
ni un trago de saliva
de sus bocas.

Ahora es el momento de decirse:
nada tiene sentido en esta Casa,
y llenar el horror de la certeza
con las sencillas rosas
que los días me traen,
velozmente furiosas de perfume,
velozmente cadáveres divinos.

sábado, noviembre 25, 2006

Alice




El tiempo pasa

Amores de una tarde
intensamente frágiles y hermosos.

He vivido la bárbara batalla
de ir agotando asaltos
al cariño
y era imposible
asediar un planeta con los besos,
mudarlo en la razón de cada día.

Y darme por vencida fue el descanso
de cualquier enemigo que conozco.

Amores de una tarde;
no da tiempo
a pensar en mañana
o repetir un acto codicioso.

En cada instante un mundo que se extingue,
en cada movimiento más de un siglo.

No he de buscar un nombre a esos amores,
no tendrán por testigo la pereza.

No exhalarán herrumbres de agonía
ni cicatrizarán anestesiados.

Ellos sí son verdad:
nunca pactaron
con un amor extraño a su hermosura
o con un enemigo imprescindible.

domingo, noviembre 19, 2006

Seguimos con ALICE




CIRCE

Se fueron los marinos...
Tenían morenas esposas de ojos
penetrantes,
mantos granate
limpios en arcones taraceados
y, en las bodegas,
vino casi perfume,
casi Madagascar en travesía.

Observo el horizonte sin albatros,
tranquilo espejo donde alguna vez
habré de sumergirme
desmemoriada
de las embarcaciones
del deseo.

Y levanto mi mano
no sólo despidiéndome, no sólo
encendiendo los faros, las hogueras,
las estrellas del Norte,
el cromado color del astrolabio.

dejaré qe las brújulas
recobren los imanes del hogar
y ocultaré la altura
de mi isla.

Oh, padre Sol,
qué muerto satisfaces mi garganta
silenciosa...

Penetro
en la amarilla hierba
de la noche,
y preparo
el bebedizo amargo de la noche
y recibo
a las otras visitas de la noche.

sábado, noviembre 11, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey y III




III

(Con Luis Cernuda)

Los hermosos muchachos mueren pronto...

Si vivieran más tiempo que nosotros,
¿qué harían, derrotados
por su propia belleza?
¿Qué túmulo mediocre erigiríamos
para salvar los restos
de sus labios de sal?

Deben morirse pronto esos muchachos;
que no resistan ni una noche más,
tan parecidos
a la flor del cactus, tan parecidos
a la exquisita forma
que ofrecen las auroras boreales
en las noches intactas, malignas de septiembre.

Muchachos como Mozart,
como petunias blancas o troyanos
que no conocen la mitad de un siglo
ni las líneas
de fuga
cuando la perspectiva
estiliza decepciones ocultas.

Deben morirse pronto
en nuestros brazos, besando su pelo,
mirándonos azules,
con la intensa sonrisa
de aquellos que nacieron brevemente
perfectos.

Deben morirse, apenas un instante
nos hiere su belleza...
Ah, ¿qué harían
con nuestro corazón desasistido
si crecieran y fueran
nuestros amos?
Dibujo de Gregorio Prieto

domingo, noviembre 05, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey II

II

Eres quien me separa del pasado,
de los días del Sur.

Eres quien me separa
de aquel aprendizaje de Unamuno,
del primer precipicio
para encontrarle un rostro a lo imposible.

Eres el desconcierto que me abruma
cada mañana, viva, sorteando
las trampas de un idioma hecho consuelo
cuando muy pocos saben resistirse
a la pereza.

Y tú,
viniendo del pasado me aligeras
del dudoso valor de los recuerdos;
viniendo del pasado
intranquilizas el oficio ingrato
de haber llegado aquí.

Alguna vez contemplaste mis gestos
y yo no adiviné
que me estabas mirando en el futuro,
y ahora
no acierto a recordar lo que me espera.

Por una vez, muchacho,
amo el olvido más que a un hombre sabio
e importante.

sábado, octubre 28, 2006

Poemas para un muchacho llamado Furey-1-


Prosigue el libro de Alice

Leeremos unos poemas dedicados a un joven amor ausente....digamos que podría llamarse Furey, como en en el cuento de Joyce:

«Leves toques en el vidrio lo hicieron volverse hacia la ventana. De nuevo nevaba. Soñoliento, vio cómo los copos, de plata y de sombras, caían oblicuos hacia las luces. Había llegado la hora de variar su rumbo al Poniente. Sí, los diarios estaban en lo cierto: nevaba en toda Irlanda. Caía nieve en cada zona de la oscura planicie central y en las colinas calvas, caía suave sobre el mégano de Allen y, más al Oeste, suave caía sobre las sombrías, sediciosas aguas de Shanon. Caía así en todo el desolado cementerio de la loma donde yacía Michael Furey, muerto. Reposaba, espesa, al azar, sobre una cruz corva y sobre una losa, sobre las lanzas de la cancela y sobre las espinas yermas. Su alma caía lenta en la duermevela al oír caer la nieve leve sobre el universo y caer leve la nieve, como el descenso de su último ocaso, sobre todos los vivos y sobre los muertos».
Los muertos, de James Joyce




I


Apreso en mis mandíbulas
los últimos jaguares.

Yo no sé
hablar con suavidad a los jacintos
o mirar con prudencia un terremoto.

Bailo bajo los muslos de la tierra,
bailo con los geriatras y los niños,
bailo con bordadoras que no tienen
hambre porque limaron
sus uñas en tejidos de renuncia.

Te buscaré, muchacho,
haré de ti una joya en los salones
de París;
yo seré Marlon Brando
y tú, un alumno
precisamente experto con los dedos.

Bailo en las averías de los coches
cuando la noche ruge de ginebra
y quedarse parado
es una invitación a los felinos.

Me alimentan los últimos jaguares
y parece mentira
que en la ciudad de obispos y de muertos
pueda encontrar la selva y su extravío.

Te buscaré, muchacho,
y bailaré en tus brazos abatida.
Me dejaré ganar por tu apetito
y haré que me desangro en tu inconstancia.

sábado, octubre 21, 2006

Wasserouverture y V


Gigue


Alice no escucha.
Alice pisoteó su stradivarius,
mato a su gato y destruyó Florencia.
Alice vive en el limo de los pozos
e implacable aniquila la ternura
del corazón mojado
de una lluvia esperanza.
Alice lleva consigo mala suerte
y la sordera
del dios que visitó tanta impureza.
Pintado por German Hotes





Canarie

Donde se inicia el fuego de las brujas,
donde las cabras pacen su excremento,
donde el esperma del camaleón
quema las moscas, las ramitas leves.
Donde los archipiélagos estallan
con raros krakatoas del deseo,
ella erige castillos como templos,
como tumbas de carne.Sin embargo,

se la puede encontrar y es deseable,
y se la puede amar aunque no sea
Alice.


sábado, octubre 14, 2006

Wasserouverture IV

Harlequinade II

Ella come de pájaros, de cedros masculinos
que nacen de otra boca, de otra cueva
blandísima.
Ella quiere morir
para volverse río que lo bañe
y argamasa fraguando en las paredes
que habitan su insolencia,
su sexo de la muerte despertado.
Alice ya no es rubia ni de azulada
tersura la nieve de su abandono.





Menuet

"Haz de mí
el carboncillo grácil que tatúa
los papeles en blanco de los vientres.
Pasa tus uñas y araña mi espejo
pero no me dejes con la ebriedad
de mis manos buscándote en el aire.
Vuélvete leopardo que me asalte,
rata que roa el pan de mi futuro,
pero si eres la luz que me ha alumbrado
no te vayas de mí como la noche"

sábado, octubre 07, 2006

Wasserouverture III

Gavotte


Ha cruzado la luz,
por fin la superficie
-el agua, la inconsciencia-
que tanto se escondía de las armas.
Ella nombra a los pájaros y vienen,
les troncha el cuello, ofrece sus gotitas
delicadas
a aquel que la sacó de su incesante
fruslería: amar las cosas dulces,
odiar el sobresalto de sí misma.



Harlequinade

Esto no es el amor,
ni refinado néctar, ni abanicos
que mueven los rosales suavemente.
Esto no rueda anillos,
ni imberbes jovencitos asombrados,
ni la costumbre de sorprender al viento.
Esto desenmascara la prudencia.
Oh, Alice,
apúrate en comer para servirle
de comida.

sábado, septiembre 30, 2006

Wasserouverture II

La pintura es de Augusto Marín




Bourreé

¿A qué cede su paso la elegancia?
¿Qué taimada
premonición de casas
hechizadas?
¿Qué sonido se acerca
galopando?
¿Qué deshielo precoz
inunda el melancólico cariño
de Alice posando para
el espejo?


Loure

Llueve sobre el olor
de una tierra cansada de dormir.
"Qué extraño junio viene desnudándome",
se dice Alice mientras sale en busca
de los brujos nocturnos.
"No puedo desistir de este peligro,
la luz me ciega, invade mi silencio".
Cansada de reinar sobre el olor
de una infancia feliz con antifaces,
se mira en el espejo fascinada.

sábado, septiembre 23, 2006

Wasserouverture, una suite de Telemann I

La suite está compuesta de diferentes partes musicales. Iré escribiendo de dos en dos hasta un total de diez poemas breves. Música barroca...


Ouverture

Su pausado paso,como la luz
de invierno, se recrea en los signos
de la escarcha. Y nada se estremece,
nada peligra fuera de lugar:
toma su piel el vuelo de los cisnes,
tersa su pecho un ritmo mesurado
y el matiz transparente de su boca
es frío y sin embargo deseable.
Parece que los días perdonaran
la verde hiedra loca en su cintura.


Sarabanda

El solsticio del invierno distigue
el agotado zumo del amor
de la perversa sangre del deseo.
Ella ya no se confunde, contempla:
entra la luz y el imantado espejo
insiste en reclamarla y, al segundo,
vehemente rechaza la respuesta.
"Es igual que jugar con los amantes".
Alice se ríe y piensa
que está mejor el corazón sin lluvia.

domingo, septiembre 17, 2006

Siguiente poema

La pintura es de Omar Rayo


Alice disfrazada de gata

Delante del espejo, sólo por un instante
como sueles moverte,
o el paso imperceptible
o ser casi una sombra si no insistes.

Apropiada comida
y tu cesto egoísta y la suave apetencia
de la tranquilidad.

Y si aparece el celo
que acaricie una mano tu trasero; escaparte,
llamar esa llamada,
exhalar un perfume, perfilarte los labios

y sonreír a todos zorramente.

Mientras tanto
con frialdad recibe los regalos,
que haya besos y abrazos tendidos en la alfombra.

Pasa tu lomo
por los pies de mamá; busca el regazo dulce
que hasta la primavera
quedan meses desnudos con pliegues solitarios.

Olvida las promesas que aprendiste
a hacer con las palabras.

Debajo de la arcada mayor que tiene el puente
guarda su nido un pájaro rarísimo.
Acecha sus costumbres, sus fabergé preciosos...
vigila cuándo sale,
cuándo limpia sus plumas para los esponsales
y paraliza el pulso
y cázalo deprisa.

sábado, septiembre 09, 2006

Dejamos la luna, de momento, y continuamos con el libro de Alice: otro poema

Dibujo de Yuri Kabishcher


Canción infantil

Los viejos maestros
mudados en gatos.
Las viejas medusas
esperan la piedra.
Los viejos maestros
no tienen espejos
ni miran al río.

Las viejas medusas
preparan la tinta
de culebras pluma
y detrás de bellos
objetos de adorno
guardan corazones
más breves que un puño.

¿En qué mundo vives?
¿Qué príncipe muerto
te entrega sus huesos?

¿Qué artero vampiro
te frota la espalda
y trenza tupelo
con pelo de lobo?

Los viejos maestros
de risa de liebre.
Las viejas medusas
salando las manos
de insulsos amantes:
se comen las manos
y un leve trocito
ponen en tus dientes.

Los miran, los matan,
los visten de piedra
y un leve trocito
ponen en sus dientes.

Los viejos maestros
enseñan gramática.
Las viejas medusas
trituran recuerdos
y bailan y bailan
cerca de la orilla.
...................................................................................

El poema está dedicado a Ikaro, o a Kmaleon, o a Zelig....quién sabe lo qué es....

domingo, septiembre 03, 2006

Alice Lunar 4 y 5

Pintura de Marie-Guillermine Benoist (1768-1826)

Luna negra

Perfecta e invisible,
renunciando a pequeños hornos de la amargura.

No supieron mirarte
ni cuando estabas blanca, indomable en los campos,
subiendo las mareas
de los sexos erectos: haberte conocido
muy tarde en este año,
lamentándose.

No supieron mirarte aunque, eso sí, bebieron
de tus cánticos.

Hay una diferencia entre tu amor, la tinta
y la escritura torpe
de aquellos que temían llegar hasta el lugar
donde ya es imposible volver a estar tranquilo.

Perfecta e invisible,
no inútilmente negra sino ocultado río.
Allí lejos no esperas ni iluminas o perdonas.

Quien se atreva a mirarte será porque resiste
la música terrible
de los bosques más hoscos.
Será porque resiste mirarte si la noche
desvía sus ternuras.

Entonces brillarás
para sus labios
y cegado de amor
te esconderás del sol y las gastadas tardes
del otoño.

Será una noche sabía,
fértil y deslumbrante.

Oh, la primera noche
de pantera
perfecta e invisible...


Fotografía de D. Calzada

Cuarto menguante

Luego se cansan...
Ahitos de veneno sobreviven
y tú, ¿qué has hecho
sino jugar ruleta e inocente?

Luego se cansan...
Recogen sus pedazos,se enderezan,
buscan muchachas dulces y prefieren
dos horas de cerámica vidriada
a beber de tu sangre y consumirse.

Ahora es tiempo
de ocultarse,
de ir adelgazando mientras sonríes
como un gato o como un arabesco
en la laguna.

Te buscarán
cuando luego les falte ese veneno
y tú estarás presente pero oculta;

el mar sabrá que vives muy callada
ejercitándote
sobre el gusto vulgar de los que pactan
con el miedo.

sábado, agosto 26, 2006

Alice lunar 3



Luna roja


La buganvillas caen y no fermenta el pan
y se encrespan los gatos y en los templos escitas
la sangre de los jóvenes
llega hasta el mar y sirve de espumoso reflejo
a tu ocultado rostro,
al veneno que beben los marinos de América.

Alice,
¿qué veneno preparas para delgados dioses
que quisieran dormir
en tu regazo
y negar que están muertos, que sólo tú pudieras
robarlos de la muerte, levantarlo en vilo,
cubrirlos de menstruales abluciones?

Oh, Alice,
¿qué tiempo es éste tuyo donde todo doblega
su hierro a tu potencia?

Adiós los juramentos,
contemplativas vidas, jardines japoneses,
cositas a ese lado de los buenos propósitos.

Tú sabes qué veneno prefieren las manzanas,
qué miradas gorgonas
tendrás cuando, en los bares, alumnos hermosísimos
respondan a tus señas,
te pidan ser comidos entre tanto te miran.

Las buganvillas caen
y azulados papeles, libros de la autoestima,
respetos,porcelanas.

¿Qué veneno regalas a coros eclesiásticos
de la paz a los hombres
que no puede
enmascarar tus labios,condenar tu cuchillo,
huir de otro tormento?



domingo, agosto 20, 2006

Alice lunar 2


Luna llena

Recorres los campos acompañada por salvajes mastines
y en los cruces de los caminos hallas viajeros
temerarios que han perdido su Norte.

Ya no recuerdas
qué amantes de tu casa
vinieron a decirte que es muy triste
no suplicar ni el llanto
a cambio del tesón de sus esposas, de su ordenado hogar
para soñar infieles aventuras y un alarde viril
en sus linajes.

Desde tu extrema soledad
de reina del desierto te inclinas
a las cantoras de dieciocho años
que aprenden de las sabias prostitutas
a modelar las dunas de sus muslos
y a conjurar los dientes
del simún.

¿Qué naderías guardan
los hombres que presienten su extravío,
que te huelen brillar
como una virgen lasciva bajo el manto,
como remota maldición que llega
cuando todo parece una victoria?

Hay campos sabedores de tu hoguera, campos
que no se dejan engañar
por ciudades de luz;
esas tierrras baldías, habitadas
por salvajes mastines,
por ventiscas que borran los caminos
y habitadas
por mujeres de amor que han olvidado
el llanto de sus ojos.



(Aclaro que los versos, en el original, son más largos pero, por aplicar un formato de letra más grande, ocupan demasiado espacio en una sola línea)

domingo, agosto 13, 2006

Alice Lunar


Cuarto creciente

Tu hermana tendrá un hijo...Tú no esperes
el regreso de Pinkerton, la voz
de quien ensaya una promesa firme
o flores
que las recién casadas aderezan
en búcaros, en dormitorios cálidos,
en un joven y bello regocijo.

Quema tu aleteo de mariposa
cuando llegues allí.

Los niños serán siempre ocasionales
excusas para ocultarte y decir
que quieres descansar de los ansiosos
y estar desnuda y lejos de sus manos.

Los niños serán siempre de otras madres,
los marinos tendrán sólo una noche
de placer
en tu casa.
El mar verá tu vuelo de marfil.

Dile adiós a tu hermana girasol.
Despídete del día y su promesa
de nupciales navíos desde el Este.

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