

YA NO HALLARÉIS EN MÍesa curiosa niña que Walt Disneydeformó del secreto de Lewis Carroll.Hace tiempo de mi salto a la Casa del Espejo.Hace tiempoque descubrí la espalda de los hombres.Hace tiempoque vivo en pleamar bajo la Luna.Ya no hallaréis en míel desconcierto ingenuo de la infancia,la edad de un dios ecuestre, aventurado.Ahora es el momento de mostrarsemás envalentonada en el peligroy no desperdiciarni una brizna de hierba de los cuerpos,ni un trago de saliva de sus bocas.Ahora es el momento de decirse:nada tiene sentido en esta Casa,y llenar el horror de la certezacon las sencillas rosasque los días me traen,velozmente furiosas de perfume,velozmente cadáveres divinos.
El tiempo pasaAmores de una tardeintensamente frágiles y hermosos.He vivido la bárbara batallade ir agotando asaltosal cariñoy era imposibleasediar un planeta con los besos,mudarlo en la razón de cada día.Y darme por vencida fue el descansode cualquier enemigo que conozco.Amores de una tarde;no da tiempoa pensar en mañanao repetir un acto codicioso.En cada instante un mundo que se extingue,en cada movimiento más de un siglo.No he de buscar un nombre a esos amores,no tendrán por testigo la pereza.No exhalarán herrumbres de agoníani cicatrizarán anestesiados.Ellos sí son verdad:nunca pactaroncon un amor extraño a su hermosurao con un enemigo imprescindible.
CIRCESe fueron los marinos...Tenían morenas esposas de ojospenetrantes,mantos granatelimpios en arcones taraceadosy, en las bodegas,vino casi perfume,casi Madagascar en travesía.Observo el horizonte sin albatros,tranquilo espejo donde alguna vezhabré de sumergirmedesmemoriadade las embarcacionesdel deseo.Y levanto mi manono sólo despidiéndome, no sóloencendiendo los faros, las hogueras,las estrellas del Norte,el cromado color del astrolabio.dejaré qe las brújulasrecobren los imanes del hogary ocultaré la alturade mi isla.Oh, padre Sol,qué muerto satisfaces mi gargantasilenciosa... Penetroen la amarilla hierbade la noche, y preparoel bebedizo amargo de la noche y reciboa las otras visitas de la noche.
III(Con Luis Cernuda)Los hermosos muchachos mueren pronto...Si vivieran más tiempo que nosotros,¿qué harían, derrotadospor su propia belleza?¿Qué túmulo mediocre erigiríamospara salvar los restosde sus labios de sal?Deben morirse pronto esos muchachos;que no resistan ni una noche más,tan parecidos a la flor del cactus, tan parecidosa la exquisita formaque ofrecen las auroras borealesen las noches intactas, malignas de septiembre.Muchachos como Mozart,como petunias blancas o troyanosque no conocen la mitad de un sigloni las líneasde fugacuando la perspectivaestiliza decepciones ocultas.Deben morirse prontoen nuestros brazos, besando su pelo,mirándonos azules,con la intensa sonrisade aquellos que nacieron brevementeperfectos.Deben morirse, apenas un instantenos hiere su belleza...Ah, ¿qué haríancon nuestro corazón desasistidosi crecieran y fuerannuestros amos?
Dibujo de Gregorio Prieto
IIEres quien me separa del pasado,de los días del Sur.Eres quien me separade aquel aprendizaje de Unamuno,del primer precipiciopara encontrarle un rostro a lo imposible.Eres el desconcierto que me abrumacada mañana, viva, sorteandolas trampas de un idioma hecho consuelocuando muy pocos saben resistirsea la pereza.Y tú,viniendo del pasado me aligerasdel dudoso valor de los recuerdos;viniendo del pasadointranquilizas el oficio ingratode haber llegado aquí.Alguna vez contemplaste mis gestosy yo no adivinéque me estabas mirando en el futuro,y ahorano acierto a recordar lo que me espera.Por una vez, muchacho,amo el olvido más que a un hombre sabioe importante.