sábado, diciembre 06, 2008

Hermes nº 14, primer poema







      Égloga para el otro sentido

      La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

      Rizando la mañana en los meandros, vueltas que destrenzan las algas, pelo de azuda, vueltas de carrizos que esconden alas, siseos, huevos, chapoteos de vidrio,
      virarán los barqueros de la noche.

      La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

      Saludan en la orilla traslúcidos delfines de agua dulce trinando historias de un estuario donde vieron zarpar a los soldados jóvenes. Los delfines exploran campanarios anfibios, calles que la distraigan de la espera, azulejos brillantes de esas casas con el suelo encerado, terrazas soleadas y cipreses.

      La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

      Lleva barro en la boca, "es la tierra más vieja que conozco", y sonríe. Más allá siete grullas están soplando cuellos de botellas de náufragos igual que siete geishas recitando mensajes de seda, los mensajes de objetos extraviados sin dueño ni avaricia.

      La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

      Aún no tiembla el pulso añil de las libélulas, aún tonalidades de pereza y relojes ruedan hasta las cañas. Y la niña recibe pedacitos de sueño, jirones de camisas de la Luna confundidos con hilos de una araña, enrojecen, se transforman en peces.

      La niña te repite canciones de soldados poetas, de mujeres que amaron su reflejo en las hojas de las armas, quemándose, apresadas de los filos flexibles y regalaban sangre sobre el metal viril, "es la sangre más vieja que conozco", y sonríe.

      Y se yergue, de pronto, tan alta porque agita sus brazos, porque escucha en sus ojos llegar a los barqueros.

      Los barqueros que vuelven de la noche desnudos.

      La niña toma el agua y la lleva a tu boca, "es el dolor más viejo que conozco", y sonríe.

      Es la ciudad un río de presagios.

      Es el río una niña que grita a los barqueros.

      Regresan los barqueros, te embarcan en sus luces, en sus quillas de estrella.


      sábado, noviembre 29, 2008

      Revista nº 13 de Hermes. Tercer poema






          Pequeña danza

          Nos amamos
          como deben amarse los padres y los hijos.
          Hay un rencor callado
          que te deja volver hasta tu casa.
          Pero es tan suave el vino que bebemos
          que la monotonía no recuerda a Baeza
          y hacemos un escudo con su ordinario brillo:
          una parte
          de amor casi filial
          - no puede ser más pulcro su egoísmo -
          y otra parte impaciente,
          rastro de tiranía en el relato.

      sábado, noviembre 22, 2008

      Hermes, revista nº 13. Segundo poema




          Anonimato

          La huella de mi pie tuvo su instante
          igual que la pisada del hombre de la Luna.
          Se aquietó la ceniza, el dios volvió su rostro
          hacia mi rostro
          y ardieron mis palabras
          enterneciendo el pecho joven de los guerreros.

          Pero al viento le gusta divertirse:
          lame la imperturbable dureza del basalto
          y nacen nuevas playas con su fuego vencido.

          Figúrate qué rápido bailó sobre la huella
          de mi pie.
          Ni escuchaba
          mi feroz disputa con el olvido
          ni atendía el agobio de los viejos guerreros.

          Ahora nadie sabe que alguna vez anduve
          junto a un dios invencible. Que mi voz mantenía
          la ilusión
          de un rastro no del todo pasajero.

          Ahora arrastra el viento mi nombre, un remolino
          casi alegre visita mi morada
          y no conoce nadie
          que estoy viva
          y el viento no repite lo que robó a mis manos
          y me estoy ocultando aunque estoy viva.


      sábado, noviembre 15, 2008

      Primer poema de la revista nº 13 de Hermes





          ESPEJISMO


          Ese temblor que imita el sólido cariño,
          ese destello
          de una luz que el cristal
          multiplica a tu lado
          simulando que otorga un presente apacible,
          un dios no muerto aún
          bajo la espuela del deseo.

          Una ciudad lejana como un cuadro de Hooper
          se refleja fingiendo su imposible presencia.

          Vives al lado fiero
          de los monstruos,
          niña.

          El pánico conoce tu estrecho comedor
          y un príncipe cadáver te visita a menudo.

          Quizá la hermosa trampa
          refulgente
          de los que todavía no te han tenido miedo
          y te reclaman.




      sábado, noviembre 08, 2008

      NOVIEMBRE

      Es especial, objetivamente especial, diferente, y quien no lo crea peor para él.

      Te detienes un momento en Hermes, Ogigia, para celebrar y celebrarte. Hoy es el día de Juan y le llevas cantado bajito felicitaciones, por eso le dedicas esta primera música



      Stan Getz, Jobim, Charlie Byrd


      Estos chicos de Hermes a los que tienes tanto cariño.

      Carlos, qué alegría...


      Chule,tu cercano y cómplice amigo. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Alejandro!!!!!!!! ¿Dónde estás?, dices, siempre tan ocupado, que te quiero, rojo, que ya lo sabes.


      Sinatra y Jobim


      La suavidad de algunas personas que no conoces personalmente pero quieres, Paloma, ah, qué cerca siempre, Gorka otra vez, los no nombrados pero acogidos en tu isla...

      George Michaels y Bebel Gilberto


      Para todas ellas, tus amigas, guapas, interesantes, inteligentes, adoradas tuyas, María, María Luisa, Marce, todas con nombre maravilloso...

      Ana Belén, Lolita, Pastora Soler, Lucrecia y Carmen Paris


      En esta semana es tu siete, el número mágico. Te ves bien, los niños te ven bien... te celebras, quiérete mucho en todo el año, querida. ¿Desafinada? No, no, sólo riéndote.

      ¿A quién miras?

      Hoy te mira Jobim...y su
      Desafinado






      sábado, noviembre 01, 2008

      Revista Hermes nº 12 ( Segundo poema)

      ESTEBAN GARCÍA MORA







          Hermíone (o Ananké)

          Si lo hubieras mordido
          aunque él ha bostezado confiándose al habla: casi cierra sus ojos con tu lenta ronquera, detrás de ti las magas que se espantan el polvo, que sisean, tu sombra de tilos invisibles como pelo rozándolo y él -puedo mirarte oyendo a las montañas- dejándose alcanzar, claudica, viene hasta tu boca o hierba, hasta tu anguila o trampa.

          Si lo hubieras mordido
          después de aparentarle la brillantez del hielo, después de reposarte -siento la vieja aguja que aloca, que ha emergido-, de distanciarte un palmo y luego, aproximando tu licor a su piedra, rodearlo, limarlo, penetrarlo, tenerlo.

          Si lo hubieras mordido
          por debajo de un beso que si le sabe a muerte es porque te abandonas y el beso te lo impide y el tiempo no interrumpe su lengua deliciosa -posada en mis encías, santa como un capullo incontenible.

          Ah, si le hubieras dado
          el aire del jadeo, la joya del colmillo, la herida de ananké en gestos donde el ansia huele a impaciente pólvora.

          Si lo hubieras medido
          con hilos de saliva, con bordes de serpientes, con curvas no entintadas, oyendo a las montañas repetir desde dentro lo que era inevitable, acogiendo lo escrito, lo que era inevitable.

          Y si él, si me responde, se durmiera en mi boca.

      viernes, octubre 24, 2008

      XXXII Poemas en Hermes (Revista nº 12)


        ROJAS


          Trabajos

          En el amanecer
          se despide el planeta
          que va en busca del hombre de las frutas del Sur
          y el pájaro ruidoso despierta sin asombro
          y es su tarea
          la misma confesión que a veces tengo.

          Escribir o quedarse viendo llegar el día
          no esconden una gracia
          ni hay un dios diferente posándose en mi mano.

          No trato de escribir sobre las ruinas
          del templo que silencia
          a Garcilaso
          ni resumo los trágicos sucesos del amor
          pues creo que es sencillo
          provocar emociones al corazón que escucha,
          es sencillo contar lo que se esconde
          cuando del mismo aliento se respira la pena.

          Y honestamente terca me obligo a este trabajo:
          decir que me parezco a los reptiles
          y confirmar la falta de esperanza.

          Y porque no distingo
          este trabajo o el otro de morir.

          Mira la indiferencia
          del pájaro ruidoso despertando.

      domingo, octubre 19, 2008

      XXXI Poemas en Hermes (Revista nº 11)

          A. PORTELA



          Angra Mainyu


          Te llamará,
          te llamará otra vez:
          él prefiere los puentes, viaductos,
          angostos corredores como bocas de niebla…

          Ahora tú conoces qué oraciones
          lo invocarán lamiendo los espinos,
          las sábanas sobadas,
          el cerco de los cuerpos que lo amaron
          olvidando la higiene y la cautela.

          Prepárate a su voz, se desdibuja,
          se mezcla con noticias de aquellos que lo ven;
          ridiculiza
          excusas aceptables
          y un semanal deporte metafísico.

          Te llamará otra vez sin un halago,
          sin pedirte un favor.

          Te llamará acosándote con su esplendor vacío
          y tú responderás a su llamada
          igual que si a un reclamo de cazador oculto

          el ánsar de tu lago nunca se resistiera.


      sábado, octubre 11, 2008

      XXX Poemas en Hermes (Revista nº 10)


      ROBERTO CAMPOS


          Ya no será distinto



          Un paso mas
          y
          cómo me detendré al borde de la nada
          dándome en las mejillas
          esa ausencia que creo que es la muerte...

          No temblaré
          cuando libere
          mis bien alimentados papeles de penumbra:
          sin descanso gaviotas,
          olas, algas, medusas, mantas raya
          que llegan y preguntan por Ulises.

          Qué importa que me quede al borde de la nada
          si de viaje voy con mis papeles,
          si lloro de alegría sientiéndome ligera,
          lejos de los volcanes..,.

          Un paso más
          y
          ya no será distinto
          por fin clavar la pluma en el pecho de un pájaro
          o seguir escribiendo
          sobre el mar,
          sobre el aire.

          Allá van mis palabras, allá voy peligrando...

          Cómo dejar de mí lo que me empuja
          a dar un paso más
          y ser más transparente que la vida...

      lunes, octubre 06, 2008

      XXIX Poemas en Hermes (Revista nº 10)


      Rafael Canogar


        Simple Things


        Todo desaparece igual que una sonrisa maliciosa de gato.

        Primero transparentan las cosas su difícil sustancia de tesoro:
        por un instante tuve el secreto del vidrio, la verdadera trama de la arcilla, el calmo corazón de la madera, el hierro, el algodón hilado y un susurro lechoso.

        Toqué las cosas para reconocer su forma y su fiel compañía; por un segundo eternas, admirables, creciendo en los motivos de hacer suya mi casa.

        Pero después escapan de las manos; resbalan gravemente a su inicial materia, caen cuando se cae del santoral el día donde amé la presencia del amor en sus hermosos perfiles, cuando ya no recuerdo cómo me sedujeron con su quieta llamada y pierden la importancia de haberme consolado de la invasión del polvo.

        Se deslizan al lado frío de los desvanes y acaban por hundirse.

        Tan sólo están sus nombres y su lugar en vano y la súbita muerte de su intención de espíritus.
        .................................

        viernes, septiembre 26, 2008

        XXVIII Poemas en Hermes (Revista nº 10)

        RAIMUNDO DE PABLOS



            "Cómo llenarte, soledad"...*

            Siempre he buscado la misma palabra
            en el idioma de los caballeros de la vieja Europa
            y en la voluntad que se ha resistido
            a los días más hábiles
            como calzada romana cubierta
            por la hierba.

            La preciosa palabra del orfebre,
            la palabra del tigre,
            la palabra que chupando la médula
            a la inocencia nace
            más cerca que mi madre o que mi pecho.

            Es la señal que grabaron los brujos
            en mi frente,
            el perro fiel que nunca me abandona
            cuando se olvidan todos los amantes
            de pedirme perdón.

            Aquí, en esta palabra,
            sumerjo mi amargura
            y me voy desnudando ante sus ojos
            pues sólo en ella entiendo quién he sido,
            sólo en ella me busco
            y me acompaño.

        * Ah, Cernuda, Cernuda...

        viernes, septiembre 19, 2008

        XXVII Poemas en Hermes (Revista nº 10)

        FRANCISCO APARICIO


          Cuento


          I


          La princesa
          nació durante el tiempo de la caza,
          cuando los crisantemos equivocan su orgullo.

          Nació porque el azar es una incomprensible criatura
          que nunca se confía.

          Sus padres eligieron, para su nombre, nombres
          del oro y minerales
          que sueñan los esclavos del descanso.

          - Te llamaré la aurora y su promesa,
          dijo su madre.
          - De acero, de jubilosas conquistas,
          dijo su padre.
          Y levantó su mínimo cuerpecito a la luz.

          Y hubo una sola fiesta de cariño;
          engalanada plaza de reyes y de lluvia
          para que no faltara ni el trigo ni la leche
          ni el algodón en los cuerpos hambrientos.

          Vinieron los espíritus
          que regalan la suerte y su moneda.
          Señales en las nubes, águilas positivas,
          y tres encantadoras como si tres virtudes
          pudieran convencernos, bailar como tres gracias.

          El sol en la colina del laurel.
          El aire igual que el mar.
          Y nada que contenga una palabra oscura,
          ningún presentimiento
          ni ninguna mentira.


          II


          Pero anduvo la Luna la noche, acechadora.
          La Luna o la mujer o La muerte en los ojos
          o Diana cazadora sorprendida.

          No recibió un presente de rosas confituras
          ni contestó al mensaje que nunca fue enviado.

          ¿Qué insalubre lesión es el desprecio?
          ¿Qué venganza responde al desatento olvido?

          Llegó cuando la fiesta era confiada,
          cuando se presentían nomeolvides azules,
          cuando se piensa en bodas y en regalos.

          Y enmudecieron todos,
          la lluvia,
          los guerreros,
          las arañas de luz.

          - Serás Indiferencia,
          te llamaré el ingrato
          dolor de los que pierden la alegría,
          te quedarás despierta
          llamándote Penumbra -,
          gritó al desvanecerse la Luna sobre el agua.

          Nadie supo romper la maldición
          de la melancolía.
          No se la vio crecer a la hija del deseo.
          Y nadie entró en el bosque
          ni derribó el castillo de maleza.

          Pisoteó el rebaño de elefantes
          la tienda hecha de día
          y la princesa tuvo
          su momento vulgar de desatino.

        viernes, septiembre 12, 2008

        XXVI Poemas en Hermes (Revista nº 10)

        PABLO SANGUINO




          Pereza


          Me resulta cansado dar una explicación, por qué me gusta convivir con objetos silenciosos y no tener que conocer la prisa para buscar un hombre que me cuide.

          Antes era muy joven y muy crédula, el tiempo se ponía de mi parte, bandadas y bandadas de aves impetuosas levantaban mi vuelo... y ¿qué era yo sino reciente manantial, burbuja enamorándose?

          Me resulta cansado salir por encontrar una respuesta, llegar de madrugada sabiendo que aquello que la noche prometía fue menos que un señuelo, llegar de madrugada con la boca dolida de tanto sonreír a los fantasmas.

          Prefiero no vestirme los domingos, viajar por el pasillo de mi casa, nadar hacia las islas aún con sus poblados sin rendirse.

          Prefiero no mirarme al espejo y soñar algo mientras transcurre el día calladamente dulce y perezoso.




        viernes, septiembre 05, 2008

        XXV Poemas en Hermes (Revista nº 9)


        BALDUNG GRIEN




          Az-Zahr

          Leo mi porvenir en las constelaciones
          aunque azulea el cielo
          y se borra el dibujo
          que deseaba el mago babilónico.

          Fue el temor:
            ciego el ojo que observa mi provecho,
            ciegos la rueda, el dado y el destino.


          Acaso habrá quien piensa que un corazón se parte
          y entonces se estremece la ciudad solidaria.
          Habrá quien tranquilice
          su terror porque piensa que todo se encadena
          y en todo una razón sosiega el vértigo
          que aloca las preguntas.

          Pero nada responde,
          el descanso de un astro no me salva ni calma
          mi sospecha.

          Puede venir el día de este lado
          y llegar a la noche con las pestañas rojas
          del asombro.
          Puede venir el viento y llevarse cruelmente
          mis telas más preciadas.

          Ojalá me atreviera
          a no esperar un brillo más largo que un instante,
          a no escribir soñando que me quiere
          la sibila de Delfos
          y a leer la estrellas con la mirada fría,
          desencantada, insomne, sonriendo,
          atea, indiferente, con la mirada fría
          como un moderno astrónomo.

        domingo, agosto 31, 2008

        XXIV Poemas en Hermes (Revista nº 9)


        MAPPLETHORPE




            L´estro armónico


            Qué descanso no reconocer larvas
            del corazón romántico: burbujas
            que hacen ¡plaf! cuando las rozas, paisajes
            demasiado lunáticos, palabras
            que emocionan al público, que hieden
            melancólicas.

            Qué descanso repetir una frase
            hasta excederse,
            despreciando las imágenes, yendo
            sin principio o final, sin la dulzura
            de tenues candencias o películas
            en África.

            Qué descanso transformarse en las cuerdas
            virtuosas.
            Sólo malabarismos con el arco
            o la guitarra acorde con el clave.
            Sólo un allegro ajeno a otro sentido,
            sólo ajedrez jugado sabiamente.

            Qué descanso la tenaz armonía
            de una pasión
            doblegada
            a un orden que penentra en el desorden
            hilando tracerías de sonido
            que se pierden en sí mientras desbordan
            el orden más y más diseminado.

            Como mi nuevo gesto en el espejo,
            como mi vida nueva al otro lado.

        martes, agosto 26, 2008

        XXIII Poemas en Hermes (Revista nº 9)

        ¡¡Qué complicado ( no sé hacerlo, francamente) me resulta escribir este poema que apareció en la revista nº 9!! Va en dos tipos diferentes porque son dos poemas, que son uno, que son dos... así que he convertido el poema en imagen, cosa muy sugerente también, y que antes no se me ocurrió. Para verlo en mayor tamaño nada más hay que pinchar en él.



        miércoles, agosto 20, 2008

        XXII Poemas en Hermes( Revista nº 9)


        Una pintura de Méndez Sadia



            El amante

            Me recuerdan Su rostro
            ahora que hace siglos desde entonces.

            Me recuerdan Su rostro y no sé dónde vive
            qué perdón y qué máscara le dieron el sosiego.

            Ahora que hace un siglo
            Sus ojos en los ojos más lejanos:
            cruzan la calle,vienen,brillan en su secreto
            como si me mostraran Su secreto,
            como si fueran sabios y supieran Su nombre.

            Será porque este tiempo cicatrizó la herida;
            sólo es inmune el hielo a la luz intocable
            y,más allá, Neptuno guardando lo que fuimos,
            redondea su rostro de planeta extinguiéndose.

            Confundo Su chaqueta con el pliegue
            de un hombre contenido por su propio silencio,
            desoriento Su prisa
            y corro hasta alcanzarlo y nunca es Él.

            Será porque he mezclado mi amor con los olores
            de Su sudor, Su pelo, o porque me parece
            que Él inventó en mi cuerpo los mejores abrazos
            y que me rescataba del nido del no ser.

            O quizá es que ha llegado el tiempo indiferente:
            igualo su recuerdo con las sombras
            y puedo demorarme soñándolo a mi lado
            antes del gran instante lujoso del olvido.




        jueves, agosto 14, 2008

        XXI Poemas en Hermes( Revista nº 8)























            Fantasma en el Claustro de Santa Cruz




            Tú no estabas aquí pero la niebla decolora el cielo como un cuenco de leche.

            Era un niño... Tú no estabas aquí aunque es un niño que desenceniza tanta pereza del otoño y corre espabilado alegrando la piedra. Cobarrubias termina su compás. Los criados descorren las cortinas y el arquitecto piensa esconder en la piedra una flor, un afable murmullo.

            El fresco desdibujo de las horas más claras, el despertar de un pájaro, el cercano gemido de un enfermo... Este viento que llega reptando y averigua la voz del niño igual que un dios insólito.

            Porque le han regalado la primera naranja del otoño tal como rosa nueva e inconsciente, vencedora de signos y atauriques.

            Y queda su perfume tatuado sobre los corredores, sobre el airoso lienzo de los muros, sobre la luz que es blanca y mirador.

            Tú no estabas aquí y sin embargo escuchas la invisible mañana, la invisible permanencia del súbito regalo.

            Tú no estabas aquí y cruzas el silencio persiguiendo la sombra de aquel niño - y quién le dio la fruta, qué sueña el arquitecto-, quedándote sin aire en el asombro, mirando de reojo el brazo oscuro detrás de la tristeza de las tumbas labradas.

            Entre tanto del día hay un sonido que colorea el aire, que incrédulo se impone y te recobra y cubre los secretos, los antiguos secretos naranja de las cosas.

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        viernes, agosto 08, 2008

        XX Poemas en Hermes( Revista nº 7)

        Una acuarela de José Antonio G. Villarrubia: La puerta de Antequeruela


            Hay una medida en la calma de los riscos que callan sucesiones de lluvias, escarchas y solanos.

            Frente a mi casa marcan los metrónomos su cadencia de luz sobre la carretera, sobre el rodar que, aprisa, llega y desaparece.

            Hay una medida minuciosa y exacta que me va separando del pasado, de las otras escuelas donde aprendí el color con que a veces se tiñe mi vergüenza.

            Es la monotonía del porvenir rendido,de la historia de siempre que da a la soledad su rostro verosímil, su inclinarse hacia tedio.

            Pero, precisamente aquello que me va separando del pasado, precisamente el ritmo que ordena mi palabra y sabe el vanidoso despertar de los días, viene como si fuera algo no calculable.

            Al abrir la ventana
            los últimos jazmines mueven mi japonesa.

            Al abrir la ventana
            los albañiles hablan del gato del domingo y los patos del puente son graciosos y tontos y dicen las campanas lo que ocultan las tumbas de tantísimos santos.

            Al abrir a ventana
            la medida del tiempo me impone su latido. Me siento el corazón, me tomo el pulso y con la luz cantando de la calle peino disimuladas canas de la desdicha y me digo que es tarde para llorar el paso de la ausencia.

            Quiero vivir, aunque parezca raro a estas alturas.

            Hoy quiero vivir tanto como Hawking midiendo un agujero negro de preguntas, como el massai midiendo los tímidos antílopes por su rastro de orina y flores aplastadas.

            Y es que quiero vivir lo que se empeña en hacerme vivir mientras me desordena, me mide, me retrasa de la muerte y me va consumiendo sin medida.




        lunes, agosto 04, 2008

        DEDICATORIA

        No pego imagen, sólo música, mi preferida, es que me encanta, y texto.


        Me detengo en Hermes y miro a mi alrededor y dedico:


        Para Carlos, Ángela, Manolo, Guadalupe, Nacho, Paloma, Antonio, Pilar,Inma, Juan Pedro, Gorka (reconozco que ya le dediqué el texto varias veces, él sabe...), Blanca, Marce, Francisco, Gerardo, otro Manolo (de Zamora, mi querido amigo), Concha, ah, Concha...en fin, nombres reales que esconden nickes, nombres reales y cercanos detrás de las tardes de invierno en un chat. Seguro que me dejo nombres, lo siento, no es olvido intencionado... Ah, y también para una montaña...Ya no me habla de la luna.





        LA VALSE


        Es verdad lo que ocurre cada noche en la plaza, escucha a quien lo cuenta, quien va de madrugada tomado por mis uñas de modelo desnuda.

        Una chiquilla ofrece las palmas de sus manos al hombre de los hielos y dos llamas azules le roban el descanso. La niña le permite calentarse en sus manos.

        Una mujer alcanza las ramas de los árboles para hacerse un vestido; le sobran los recuerdos, los hijos que ella diera al frente de batalla, y comienza sin música a bailar y me mira.

        Un camarero rompe los vasos en el rostro de aquel que se negaba a abrir su pecho, a darse a un instante de furia, a ese instante de río enroscado en los brazos, irguiendo el sexo duro de los hombres amables.

        Un anticuario sabe que me siento a su lado y prepara una silla, un plato de diamantes o la corona inglesa. Les dice a sus amigos: callad, la siento cerca, no viene de hechicera, ni de muerte, ni estéril. Sólo quiere comerse lo que ya hemos perdido.

        Y un niño dice a un sastre puntadas en la noche maliciosas, mundanas. Y otro niño trampea los tacones de agujas de tontas señoritas…Ellas exclaman: ¡Oh, si estoy descalza! ¡si he encontrado un amante con ojos de mujer!

        Pronto, pronto, la plaza se llena de animales, de antiguos sacerdotes con llagas en la frente, de funcionarios rojos, de países absurdos, de escultores lisiados, de panteras humanas, de donjuanes de cera, de víctimas mordidas en camas detestables, de dolor y de gozo,
        de vida que se arrasa con su propia impaciencia.

        Giran desordenados, giran rompiendo un sueño, giran y se desprenden de sus viejos amores. Y yo bailo con todos, y los beso, y me crezco. ¿ Ya me has visto, invisible, seducir a tu esposa, quitarte su cintura, su tímida promesa?

        Pues entonces, ¿qué queda sino bailar contigo?

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