viernes, mayo 08, 2009

Segundo poema de la revista 24 de Hermes


            Giacometti


      El hombre que camina

      Gravedad en la planta de los pies,
      va determinado sin verte
      y no es la tierra esa adherencia
      que lo sujete en la arena de hueso
      de sus muertos, no le sostiene
      el viejo núcleo, el testigo
      de una primitiva batalla.

      Va sin verte, preciso, a sus misterios,
      y en su fragilidad se perpetúa.

      Va sin mirar, sin verte, y tú
      no le rozas el hombro, no andas
      a su lado
      ni te escucha.

      Y tú,
      que un breve viento tumbaría
      tu pecho,
      que el empujón más suave atraparía
      tu porción de camino,
      tu volumen de gas y de constancia...




      Counting song - Hans Zimmer

      sábado, mayo 02, 2009

      Nº 24 de Hermes. Primer poema



            Antiguo oficio

            Escucha a la abubilla
            y comprende el presentimiento
            de los pájaros.

            Moja el pincel en el tintero
            y desiste de cualquier música
            o distracción.
            Ahora posee
            el mismo rumor que la seda.

            Tiene a las montañas, el lago,
            al tímido ciempiés,
            al heliotropo y al amor
            de su parte.

            Tiene a la luz por inventar,
            se tiene a sí como en liviana
            trasparencia
            de soledad y vaho.

            Y posa su pincel:
            una princesa muerta
            vuelve a flotar entre los juncos.


      Why - Annie Lenox

      viernes, abril 24, 2009

      Nº 23 de Hermes. Quinto poema




        Momento de gracia


          Entra una brisa y tintinea
          con casual elegancia
          el diapasón del calder.

          La mecha de la vela
          en la mesa, con suave fuste,
          funde su piel y da volumen
          -cierto sonido a hueco-
          a ese recuerdo.

          El gato se distrae
          cazando la rebelde pizca
          de una mosca.

          Y un movimiento viene y va
          del olvido como la brisa
          que ahora se detiene.
          No conoce el fracaso
          .



      Aria - Mozart

      viernes, abril 17, 2009

      Cuarto poema de Hermes, nº 23





          Diríase
          que todo lo consiente tu mirada.

          Que tu mirada: cuencos por llenarse,
          ventanales que ansían su trabajo,
          albas que, disipándose
          dóciles, se prodigan como un ser
          bondadoso.

          Parece tu mirada
          irisación,
          bandeja,
          hoja cautivadora donde escribe
          quien llega.

          Pero que no se engañen...

          Hay un planeta en sombra que contiene
          su sol.
          Hay una luz que lo florece todo,
          que lo anega,
          lo poliniza en sombra,
          lo cultiva sombrío.

          Un asalto de luz
          para esas fortalezas arrogantes.

          Tan sólo una mirada de tu párpado
          sabría derruirlas para siempre.


      I Was Always Your Girl - Everything But The Girl

      viernes, abril 10, 2009

      Hermes, 23. Tercer poema



          Quizá los frutos
          del abedul... planean:

          La liviana cortina al mediodía,
          las voces inaudibles
          del pequeño apetito, ¿qué repiten
          cayendo lentamente hasta el tapiz?

          Amentos
          como sexos viriles o badajos
          o deseos con forma de pulgares
          para tocar mis hombros
          y burlarse
          de la madurez.

          Aquí no cumples años,
          no me regalan
          animales dormidos de belleza.

          Aquí la lluvia, en mí la lluvia
          de los frutos que son
          insistencias,
          viejos dioses cubriendo mi cintura.

          Aquí no cumples años.

          Ya no dividiré los talismanes
          de tierra del adiós.
          Ya no seré educada
          ni intencionado anillo
          femenino.


      Reflection. - The Secret Garden

      sábado, abril 04, 2009

      Nº 23. Segundo poema. hermes






          Roza la timidez de los galápagos,
          puntas de huesos
          pulidos en el curso
          y la nutria construye un laberinto,
          y el barbo, y la culebra...

          El río,
          con el nombre de espada de dos filos,
          busca el temple del tiempo en las ciudades,
          corre hacia las leyendas
          de la infidelidad,
          de ser un cuerpo acariciante, fértil.

          Viene de las montañas
          con sortijas de dioses cuyo pelo
          sólo rescatan los tritones para
          adornar su casa;
          viene
          riéndose
          porque me debe aún el viejo ciervo
          un trago de su boca.

          Oro de los guijarros,
          limo que no ha paladeado azúcar
          de ocasiones perdidas,
          de jardines donde fue doloroso
          despedirse.

          Todavía no es tiempo,
          todavía mujer
          anfibia, espada
          que recorre las puestas de las moscas.

          Me quedaré en su orilla
          todo lo que respire,
          lo que pueda
          repetir en libélulas.

          Un movimiento
          su brazo trasparente,
          algo que nunca cesa,
          no se deja medir.



      Simple - India.Arie

      sábado, marzo 28, 2009

      Nº 23 de Hermes. Primer poema





          Si dejo de escuchar con la mirada
          y silencioso el párpado del miedo,
          tumbada, nunca muerta,
          un oficio de mar
          acompasa sus olas con las ramas
          y, tierra adentro, barcos,
          griterío de un puerto,
          oblicuos mascarones impacientes.

          Me deslizo a las islas
          donde no se contagia
          la melancolía,
          donde no se sabe llorar,
          dolerse,
          manutención temblando.

          Hay un estar viviendo
          lo presente,
          hay un exceso
          de los giros más bellos que las damas
          suelen trazar con sus sombrillas.

          Tierra adentro, muy dentro,
          el viento de los árboles, mañanas
          de la espuma,
          veletas en las velas reidoras
          y una música cerca.




        Rose - Ludovico Einaudi

        viernes, marzo 20, 2009

        Revista Hermes, nº 22. Primer poema





            Jardín francés


            Jugaré contigo a la perspicacia
            de la expresión que oculte mi silencio.
            Palabras lanceadas, esgrimidas
            diseccionando la curiosidad,
            danzando cautelosas y en alerta,
            devolviendo el asalto mientras callan;
            palabras que sonríen, ataviadas
            de ingenio, de sutiles veladuras.

            Pero quisiera apoyar mi cabeza
            en tus brazos y revelar mi frágil
            baluarte, cansarme de mi astucia,
            dejar el juego, convertirme en niña,
            dejar el juego, nombrar mi silencio
            sin cautela, cansarme en ti, llevarte
            hasta la intimidad de mi descuido.

            Y sólo me queda jugar contigo,
            contrarrestar el golpe de tu lengua
            con voz deliberada, conteniendo
            el delirio que lucha por salir
            y estar desprotegida en la alegría.

            Jugar, jugar contigo, entretenerte
            y, a costa de mi misma, cautivarte.




        Requiem For A Dream - 32 - - Lux Aeterna.

        sábado, marzo 14, 2009

        Cuarto poema. Nº 21 de la revista Hermes



            Cualidad de lo invisible

            Debería alegrarme
            pues soy de la materia del sonido.
            La loza cae
            desde un vasar en el otro hemisferio;
            alguien habla detrás de las cortinas
            y, en el templo
            la carcoma que insiste,
            el viejo fémur cruje sin mostrarse,
            un murmullo, la puerta,
            la escalera de Bach.

            Tu olfato me recibe:
            esa paja mojada
            antes del sol,
            esa alquimia que frota tu mejilla
            si el ascensor te invita a su fantasma.

            Debería alegrarme con mi noche;
            sé lo que sabe el pez
            de las Marianas
            y sé que la belleza pertenece
            al aire denso, ocurre
            que refleja la luz.

            En el aire caliente donde vivo,
            algo que da su música al desierto.



        If I Had You.mp3 - Diana Krall -

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