sábado, enero 31, 2009

Hermes, 18. Primer poema





Concierto para violín en sol menor. Op 8. nº 8 Rv 332

Allegro

Después de tanto tiempo desde entonces, Alicia, nuestra Alicia ya ha crecido.
¿Has visto su desprecio por los príncipes, su risa al recordarte las sirenas que aquella tarde oían los maestros?
Aún tensa los hilos esta niña, cruza aún el jardín de los engaños; en el azar, la calle y la mañana todavía se encuentra con nosotros.
Su largo pelo tenniel, su vestido, su estatura frutal y su perfume pasan por el rabillo de mis ojos y siempre lleva guindas aunque nieve en las islas que conservan lo que ignoro de ti.


Largo

Tú me miraste bíblico y marino. La historia del romero preparaba la eternidad con briznas calurosas. Las arenas por donde naufragábamos eran papeles blandos recogidos del espacio inicial hasta tu boca antes de ser Alicia quien viniera con un guarnieri oculto en sus preguntas.
Jugaba al voy y vengo de mensajes cifrados: qué lugares floreciste sin mí, cuántas sirenas estrenaron su voz sobre tu voz y no la oía, y yo te contestaba que nunca tuve un nombre navegante, que una canción hambrienta me auguraba su silencio volcán, reconocerte.


Allegro

Alicia, satisfecha de la médula que derramamos lentos esa tarde desoyendo a la liebre amaestrada, manchándole al romero su indolencia de eterno mineral de los veranos, crece perversa, acorta la medida del bien y el mal, de un paso atrás y el paso que saltan las sirenas: lo sereno, lo muerto, lo constante, lo correcto, lo bobo en su tibieza, las excusas que apartan la locura.
Alicia ya mayor, ya sabedora de velas consumidas en las camas, ha probado el azúcar que encadena y sin embargo vuelve con agujas dulcísimas.
Esta niña conseguirá perdernos, acabar de perdernos en nosotros.

Allegro del concierto para violín. Vivaldi, claro

viernes, enero 23, 2009

Revista nº 17. Segundo poema








El Campesino

Ya no recuerdo el encantamiento de las encinas ni que los magos lleven una vara de avellano para robar de los pozos del silencio los nombres de las cosas, el tiempo de enviar mensajes altaneros a la Luna.

Lo he leído
y se que alguna vez lo sabía sin darme importancia.

Ya no distingo el ceño de aquel que sólo se permite un instante de arritmia jubilosa mirando la cabellera del trigo o cuando se frota los tobillos con el brezo que ahuyenta a las culebras y su corazón sólo se permite un instante de bosques hechizados y misteriosas reinas de la noche.

Dejo a mi perro dormir sobre mi cama y me asombro de la facilidad de los canarios en perder el alma a cambio del alpiste.

La medida de los días se suma por la sombra de los álamos y en el antojo tenaz de las lombrices de tierra.

Él adivina la llegada de las doncellas de mayo y bebe muy despacio la tristeza porque es enorme la distancia hasta el grano en sazón y bebe muy despacio la alegría porque adelantarse al gozo es una fresa que se agosta velozmente.

Él no hará nada para salvar mi biblioteca palatina, consumiéndose tarde, desmemoriada en vano.


viernes, enero 16, 2009

Hermes, 17. Primer poema



      Concierto para oboe, cuerdas y bajo comtinuo en re menor, Op 9. Rv 454

      Allegro

      Parezco desarmada, inofensiva, bandera verde y las gaviotas,y el satélite diosa calmando su reflejo en el agua.
      Mañana perdonada por los asesinos, mañana que inventa calideces, la muchacha azul reciente, el atleta madrugador que avanza, se tiene, se enamora de la brisa.
      Todavía no juegan tumbonas con cuerpos a tenderse vencidos, aún las sombrillas son modestia y el algodón de las toallas impacienta un color en corredores ventilados.
      Yo, que era de tierra adentro, que era solano de resecos lagartos, paisaje de perdiz, cereal rogando el tambor al aguacero; yo, algunos árboles maldecidos,
      fortaleza en ruinas, población marchada,
      subo de ti despacio medusas, subo salivillas a la arena: una caricia que se dispone para explorar las pieles, la sal sobre los hombros, en las pestañas de niñas.

      Largo

      Me repliego, me llevo porciones del soñador, del que se ha dejado lamer y recuerda parentescos con amebas antiguas y seres que culebrearon muy curiosos orillas;
      me repliego a tu pulmón profundo y me llamo delicada actinia moradora de argonautas que duermen las rutas del vino, de esposas hechiceras, mediterráneas criaturas, calladas cajas de resonancia en ti:
      allí nos llegan príncipes del odio convertidos en algas vibrantes, venganzas con forma de monedas, poetisas vestidas de lágrima...
      en nuestro abrazo, la biblioteca de Alejandría meciéndose, conservando sabias escrituras de un ansia insaciable.

      Allegro

      Penetrándome desencarcelas pájaros de galerna, elefantes atormentados contra los vientos de un velero pretencioso.
      Escucho a cada una de mis células decirte que sí, que es el momento de ser un castillo ni siquiera soñado por castos guerreros, de ser peligrosa, revelarme, gritar.
      Avanzo vertical, adelanto a la tormenta y bailo la danza que conocen las brujas de los acantilados, bailo la música de una luna buscando a su amante entre multitudes que multiplican sacrificios,
      y ya es imposible, ya no puedo volver atrás, ser virgen, ser dulce, ser una bordadora adiestrada en el arte de olvidarte, de oír cómo te marchas.

viernes, enero 09, 2009

Segundo poema de Hermes nº 16









            El marino

            Las amapolas y el cantueso reavivan la temporada de los baños, ensenadas de cuarzo verde,
            blando
            viento verde preferido por el trigo,
            dientes de león buenas y cobardes, pri-pri de las perdices y pájaros pequeños con nombres tan pequeños que no les caben en el pico.

            Lagartos en las lindes como cruzados cuidando aún el campo de batalla, y moscas vampiras molestando a los bañistas y mariposas disfrazadas de gaviotas sumergiéndose en la hierba.

            Él hace memoria, no recuerda ningún ahogado mar adentro, en la hierba; hace memoria de la noche de los grillos, de la temperatura que despierta a los murciélagos, la noche querida, dormir en tierra firme
            en su cama
            morir.

            Y aunque a la hermana le dijera que estaba bien de salud en sus dos últimas cartas, la espuma salitrosa le ha endurecido el llanto y bajo el agua se ha perdido la excitación de las conquistas.

            Cansado de abandonar el equipaje en puertos luminosos, cansado del horizonte de Ulises, de los delfines, del tuétano de algas, desea no ser libre, dormir en tierra firme
            en su cama
            morir.




viernes, enero 02, 2009

Nº 16 de la revista Hermes.Primer poema

      Concierto para cuerda en sol mayor "alla rustica". RV.151.Vivaldi.

Presto

Uve de pájaros vivaldi, siempre pájaros si has leído mi letra en el amanecer, inexperta que corretea por la cuadrícula del cuaderno escolar rastreando modos de cazar un insecto sílaba, recordando conversaciones de las señoras que se esconden en la celeridad del día.
Pájaros impacientes: saltan sobre los versos y regañan por la pequeña larva oculta, médula de lo más hermoso que rompe las costumbres de la jornada. Pájaros aupados al tejado, despierta, pían, regresa de tu estar en ti.
Ellos te aman como los niños que no dejan saludar a su maestra y la rodean relatándole atropelladamente que escucharon la voz que gira de los astros.


Adagio

No sé hacer otra cosa sino vuelo, creer en lo que nadie se ocupa o se detiene. Voy despacio, apreciando colores de los prismas, de nervaduras tocables.
Voy muy despacio cuando exploro el rapidísimo tejido de tu vello, las ramas altas del avellano de tu sombra.
Envidio a veces la destreza de los maestros que usan ágiles tijeras para recortar las tiras de esos muñequitos encadenados de la mano.
Lo único que sé es el vuelo, planear atrapando un flujo de aire que sale de tu boca igual que si estuviese quieta, sostenida por un apoyo lento, natural, transparente, en el que nadie ha reparado.


Allegro

Elegida, orgullosa, atuso mis plumas.
Soy tus ojos como águila de una mítica historia, soy el regreso desde el Sur a las lagunas, a las torres, cuando el invierno debilita su resistencia y prefirieras abandonar lo oscuro de tu casa y salir a la noticia de una repetición gozosa.
Cambio tu perfil moderado por esa indiscreta corriente que no cesa de humedecer tu libro de recuerdos, capas de palabras heridas sobre palabras maldecidas sobre palabras contagiadas de la dolencia de los muertos...deja que acaben de morir.
Vendrán los corazones alirrojos y será difícil negar su vuelo.

    viernes, diciembre 26, 2008

    Tercer poema de la revista Hermes. nº 15








          La que limpia los urinarios



          Es invisible cuando Tamara de Lempicka se suaviza en sus bragas de raso y se reconcilia con su vestido mirándose en el espejo, retocando la curva de sus labios y yéndose después mientras calcula la pedrería de sus amantes.

          La que limpia no ha deseado la danza de los peces bajo el tedio del Adriático, no sueña jamás con encontrar un brazalete de plata que burle el recorrido de los desperdicios.

          Pero conoce el candor de los que se alimentan con pétalos de rosa por el yacer casi inodoro de sus heces y cuántos miles de cerezas se precisan para el pastel intacto de una novia bella y anoréxica.

          Conoce el temor de los hombres de negocios en la mancha que dejan sobre la porcelana de hielo, el secreto de las embarazadas porque gimen al cerrarse por dentro en dos metros cuadrados de soledad y el caviar que comieron los discípulos de una logia y el licor culpable que embriagó a los amantes de la condesa Tamara de Lempicka.

          Cada día se resume en los desagües llegando al fondo de los pensamientos elevados. La música del agua no le regala arroyos transparentes.

          Y cuando acaba su trabajo se marcha más distante que la pintora Tamara de Lempicka. El sol no la golpea con su desvergüenza y en la oscuridad su paso está cansado como la danza de los perezosos que se aman en un lujoso hotel de Venecia.

    domingo, diciembre 21, 2008

    Revista Hermes, nº 15. Segundo poema





        Indiferencia

        Hablo de mí, por fin, como si hablara
        de un viejo compañero perdonado.
        Sería hablar de un reino vegetal
        y entonces contarías
        cuántas arterias verdes
        salen de mi organismo
        para anudar su savia
        al anónimo arbusto del otoño.
        Y el animal gusano,
        el arácnido, rata, culebrilla,
        tienen la boca rara de mi boca,
        un rápido veneno,
        un colmillo que sirve para herirse.
        Hociquea en mis sábanas el tigre,
        cuando me baño viene una medusa.
        Verás cazar al lobo
        en mi agreste costado
        y al hombre de las nieves
        huir de los fotógrafos intrépidos.
        Hablar de mí supone
        hablar de todo aquello que no es mío.
        Yo soy lo que tú digas,
        lo que tú quieras ver.
        Soy indistinta, informe, no soy nada,
        soy un nombre reflejo que respira.



    domingo, diciembre 14, 2008

    Primer poema de Hermes nº 15




        Un allegro de Vivaldi



        Qué descanso no reconocer larvas
        del corazón romántico: burbujas
        que hacen ¡plaf! Cuando las rozas, paisajes
        demasiado lunáticos, palabras
        que emocionan al público, que hieden
        melancólicas.

        Qué descanso repetir una frase
        hasta excederse,
        despreciando las imágenes, yendo
        sin principio o final, sin la dulzura
        de tenues cadencias o de películas
        en África.

        Qué descanso transformarse en violines
        virtuosos.
        Sólo malabarismos con el arco
        de un violonchelo acorde con el clave.
        Sólo un allegro ajeno a otro sentido,
        sólo ajedrez jugado sabiamente.

        Qué descanso la tenaz armonía
        de una pasión
        doblegada
        a un orden que penetra en el desorden
        hilando tracerías de sonido
        que se pierden en sí mientras desbordan
        el orden más y más diseminado.

        Como mi nuevo gesto en el espejo,
        como mi vida nueva al otro lado.

    sábado, diciembre 06, 2008

    Hermes nº 14, primer poema







        Égloga para el otro sentido

        La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

        Rizando la mañana en los meandros, vueltas que destrenzan las algas, pelo de azuda, vueltas de carrizos que esconden alas, siseos, huevos, chapoteos de vidrio,
        virarán los barqueros de la noche.

        La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

        Saludan en la orilla traslúcidos delfines de agua dulce trinando historias de un estuario donde vieron zarpar a los soldados jóvenes. Los delfines exploran campanarios anfibios, calles que la distraigan de la espera, azulejos brillantes de esas casas con el suelo encerado, terrazas soleadas y cipreses.

        La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

        Lleva barro en la boca, "es la tierra más vieja que conozco", y sonríe. Más allá siete grullas están soplando cuellos de botellas de náufragos igual que siete geishas recitando mensajes de seda, los mensajes de objetos extraviados sin dueño ni avaricia.

        La niña aguarda el grito que anuncia a los barqueros.

        Aún no tiembla el pulso añil de las libélulas, aún tonalidades de pereza y relojes ruedan hasta las cañas. Y la niña recibe pedacitos de sueño, jirones de camisas de la Luna confundidos con hilos de una araña, enrojecen, se transforman en peces.

        La niña te repite canciones de soldados poetas, de mujeres que amaron su reflejo en las hojas de las armas, quemándose, apresadas de los filos flexibles y regalaban sangre sobre el metal viril, "es la sangre más vieja que conozco", y sonríe.

        Y se yergue, de pronto, tan alta porque agita sus brazos, porque escucha en sus ojos llegar a los barqueros.

        Los barqueros que vuelven de la noche desnudos.

        La niña toma el agua y la lleva a tu boca, "es el dolor más viejo que conozco", y sonríe.

        Es la ciudad un río de presagios.

        Es el río una niña que grita a los barqueros.

        Regresan los barqueros, te embarcan en sus luces, en sus quillas de estrella.


        sábado, noviembre 29, 2008

        Revista nº 13 de Hermes. Tercer poema






            Pequeña danza

            Nos amamos
            como deben amarse los padres y los hijos.
            Hay un rencor callado
            que te deja volver hasta tu casa.
            Pero es tan suave el vino que bebemos
            que la monotonía no recuerda a Baeza
            y hacemos un escudo con su ordinario brillo:
            una parte
            de amor casi filial
            - no puede ser más pulcro su egoísmo -
            y otra parte impaciente,
            rastro de tiranía en el relato.

        sábado, noviembre 22, 2008

        Hermes, revista nº 13. Segundo poema




            Anonimato

            La huella de mi pie tuvo su instante
            igual que la pisada del hombre de la Luna.
            Se aquietó la ceniza, el dios volvió su rostro
            hacia mi rostro
            y ardieron mis palabras
            enterneciendo el pecho joven de los guerreros.

            Pero al viento le gusta divertirse:
            lame la imperturbable dureza del basalto
            y nacen nuevas playas con su fuego vencido.

            Figúrate qué rápido bailó sobre la huella
            de mi pie.
            Ni escuchaba
            mi feroz disputa con el olvido
            ni atendía el agobio de los viejos guerreros.

            Ahora nadie sabe que alguna vez anduve
            junto a un dios invencible. Que mi voz mantenía
            la ilusión
            de un rastro no del todo pasajero.

            Ahora arrastra el viento mi nombre, un remolino
            casi alegre visita mi morada
            y no conoce nadie
            que estoy viva
            y el viento no repite lo que robó a mis manos
            y me estoy ocultando aunque estoy viva.


        sábado, noviembre 15, 2008

        Primer poema de la revista nº 13 de Hermes





            ESPEJISMO


            Ese temblor que imita el sólido cariño,
            ese destello
            de una luz que el cristal
            multiplica a tu lado
            simulando que otorga un presente apacible,
            un dios no muerto aún
            bajo la espuela del deseo.

            Una ciudad lejana como un cuadro de Hooper
            se refleja fingiendo su imposible presencia.

            Vives al lado fiero
            de los monstruos,
            niña.

            El pánico conoce tu estrecho comedor
            y un príncipe cadáver te visita a menudo.

            Quizá la hermosa trampa
            refulgente
            de los que todavía no te han tenido miedo
            y te reclaman.




        sábado, noviembre 08, 2008

        NOVIEMBRE

        Es especial, objetivamente especial, diferente, y quien no lo crea peor para él.

        Te detienes un momento en Hermes, Ogigia, para celebrar y celebrarte. Hoy es el día de Juan y le llevas cantado bajito felicitaciones, por eso le dedicas esta primera música



        Stan Getz, Jobim, Charlie Byrd


        Estos chicos de Hermes a los que tienes tanto cariño.

        Carlos, qué alegría...


        Chule,tu cercano y cómplice amigo. ¡¡¡¡¡¡¡¡¡Alejandro!!!!!!!! ¿Dónde estás?, dices, siempre tan ocupado, que te quiero, rojo, que ya lo sabes.


        Sinatra y Jobim


        La suavidad de algunas personas que no conoces personalmente pero quieres, Paloma, ah, qué cerca siempre, Gorka otra vez, los no nombrados pero acogidos en tu isla...

        George Michaels y Bebel Gilberto


        Para todas ellas, tus amigas, guapas, interesantes, inteligentes, adoradas tuyas, María, María Luisa, Marce, todas con nombre maravilloso...

        Ana Belén, Lolita, Pastora Soler, Lucrecia y Carmen Paris


        En esta semana es tu siete, el número mágico. Te ves bien, los niños te ven bien... te celebras, quiérete mucho en todo el año, querida. ¿Desafinada? No, no, sólo riéndote.

        ¿A quién miras?

        Hoy te mira Jobim...y su
        Desafinado






        sábado, noviembre 01, 2008

        Revista Hermes nº 12 ( Segundo poema)

        ESTEBAN GARCÍA MORA







            Hermíone (o Ananké)

            Si lo hubieras mordido
            aunque él ha bostezado confiándose al habla: casi cierra sus ojos con tu lenta ronquera, detrás de ti las magas que se espantan el polvo, que sisean, tu sombra de tilos invisibles como pelo rozándolo y él -puedo mirarte oyendo a las montañas- dejándose alcanzar, claudica, viene hasta tu boca o hierba, hasta tu anguila o trampa.

            Si lo hubieras mordido
            después de aparentarle la brillantez del hielo, después de reposarte -siento la vieja aguja que aloca, que ha emergido-, de distanciarte un palmo y luego, aproximando tu licor a su piedra, rodearlo, limarlo, penetrarlo, tenerlo.

            Si lo hubieras mordido
            por debajo de un beso que si le sabe a muerte es porque te abandonas y el beso te lo impide y el tiempo no interrumpe su lengua deliciosa -posada en mis encías, santa como un capullo incontenible.

            Ah, si le hubieras dado
            el aire del jadeo, la joya del colmillo, la herida de ananké en gestos donde el ansia huele a impaciente pólvora.

            Si lo hubieras medido
            con hilos de saliva, con bordes de serpientes, con curvas no entintadas, oyendo a las montañas repetir desde dentro lo que era inevitable, acogiendo lo escrito, lo que era inevitable.

            Y si él, si me responde, se durmiera en mi boca.

        viernes, octubre 24, 2008

        XXXII Poemas en Hermes (Revista nº 12)


          ROJAS


            Trabajos

            En el amanecer
            se despide el planeta
            que va en busca del hombre de las frutas del Sur
            y el pájaro ruidoso despierta sin asombro
            y es su tarea
            la misma confesión que a veces tengo.

            Escribir o quedarse viendo llegar el día
            no esconden una gracia
            ni hay un dios diferente posándose en mi mano.

            No trato de escribir sobre las ruinas
            del templo que silencia
            a Garcilaso
            ni resumo los trágicos sucesos del amor
            pues creo que es sencillo
            provocar emociones al corazón que escucha,
            es sencillo contar lo que se esconde
            cuando del mismo aliento se respira la pena.

            Y honestamente terca me obligo a este trabajo:
            decir que me parezco a los reptiles
            y confirmar la falta de esperanza.

            Y porque no distingo
            este trabajo o el otro de morir.

            Mira la indiferencia
            del pájaro ruidoso despertando.

        domingo, octubre 19, 2008

        XXXI Poemas en Hermes (Revista nº 11)

            A. PORTELA



            Angra Mainyu


            Te llamará,
            te llamará otra vez:
            él prefiere los puentes, viaductos,
            angostos corredores como bocas de niebla…

            Ahora tú conoces qué oraciones
            lo invocarán lamiendo los espinos,
            las sábanas sobadas,
            el cerco de los cuerpos que lo amaron
            olvidando la higiene y la cautela.

            Prepárate a su voz, se desdibuja,
            se mezcla con noticias de aquellos que lo ven;
            ridiculiza
            excusas aceptables
            y un semanal deporte metafísico.

            Te llamará otra vez sin un halago,
            sin pedirte un favor.

            Te llamará acosándote con su esplendor vacío
            y tú responderás a su llamada
            igual que si a un reclamo de cazador oculto

            el ánsar de tu lago nunca se resistiera.


        sábado, octubre 11, 2008

        XXX Poemas en Hermes (Revista nº 10)


        ROBERTO CAMPOS


            Ya no será distinto



            Un paso mas
            y
            cómo me detendré al borde de la nada
            dándome en las mejillas
            esa ausencia que creo que es la muerte...

            No temblaré
            cuando libere
            mis bien alimentados papeles de penumbra:
            sin descanso gaviotas,
            olas, algas, medusas, mantas raya
            que llegan y preguntan por Ulises.

            Qué importa que me quede al borde de la nada
            si de viaje voy con mis papeles,
            si lloro de alegría sientiéndome ligera,
            lejos de los volcanes..,.

            Un paso más
            y
            ya no será distinto
            por fin clavar la pluma en el pecho de un pájaro
            o seguir escribiendo
            sobre el mar,
            sobre el aire.

            Allá van mis palabras, allá voy peligrando...

            Cómo dejar de mí lo que me empuja
            a dar un paso más
            y ser más transparente que la vida...

        lunes, octubre 06, 2008

        XXIX Poemas en Hermes (Revista nº 10)


        Rafael Canogar


          Simple Things


          Todo desaparece igual que una sonrisa maliciosa de gato.

          Primero transparentan las cosas su difícil sustancia de tesoro:
          por un instante tuve el secreto del vidrio, la verdadera trama de la arcilla, el calmo corazón de la madera, el hierro, el algodón hilado y un susurro lechoso.

          Toqué las cosas para reconocer su forma y su fiel compañía; por un segundo eternas, admirables, creciendo en los motivos de hacer suya mi casa.

          Pero después escapan de las manos; resbalan gravemente a su inicial materia, caen cuando se cae del santoral el día donde amé la presencia del amor en sus hermosos perfiles, cuando ya no recuerdo cómo me sedujeron con su quieta llamada y pierden la importancia de haberme consolado de la invasión del polvo.

          Se deslizan al lado frío de los desvanes y acaban por hundirse.

          Tan sólo están sus nombres y su lugar en vano y la súbita muerte de su intención de espíritus.
          .................................

          viernes, septiembre 26, 2008

          XXVIII Poemas en Hermes (Revista nº 10)

          RAIMUNDO DE PABLOS



              "Cómo llenarte, soledad"...*

              Siempre he buscado la misma palabra
              en el idioma de los caballeros de la vieja Europa
              y en la voluntad que se ha resistido
              a los días más hábiles
              como calzada romana cubierta
              por la hierba.

              La preciosa palabra del orfebre,
              la palabra del tigre,
              la palabra que chupando la médula
              a la inocencia nace
              más cerca que mi madre o que mi pecho.

              Es la señal que grabaron los brujos
              en mi frente,
              el perro fiel que nunca me abandona
              cuando se olvidan todos los amantes
              de pedirme perdón.

              Aquí, en esta palabra,
              sumerjo mi amargura
              y me voy desnudando ante sus ojos
              pues sólo en ella entiendo quién he sido,
              sólo en ella me busco
              y me acompaño.

          * Ah, Cernuda, Cernuda...

          viernes, septiembre 19, 2008

          XXVII Poemas en Hermes (Revista nº 10)

          FRANCISCO APARICIO


            Cuento


            I


            La princesa
            nació durante el tiempo de la caza,
            cuando los crisantemos equivocan su orgullo.

            Nació porque el azar es una incomprensible criatura
            que nunca se confía.

            Sus padres eligieron, para su nombre, nombres
            del oro y minerales
            que sueñan los esclavos del descanso.

            - Te llamaré la aurora y su promesa,
            dijo su madre.
            - De acero, de jubilosas conquistas,
            dijo su padre.
            Y levantó su mínimo cuerpecito a la luz.

            Y hubo una sola fiesta de cariño;
            engalanada plaza de reyes y de lluvia
            para que no faltara ni el trigo ni la leche
            ni el algodón en los cuerpos hambrientos.

            Vinieron los espíritus
            que regalan la suerte y su moneda.
            Señales en las nubes, águilas positivas,
            y tres encantadoras como si tres virtudes
            pudieran convencernos, bailar como tres gracias.

            El sol en la colina del laurel.
            El aire igual que el mar.
            Y nada que contenga una palabra oscura,
            ningún presentimiento
            ni ninguna mentira.


            II


            Pero anduvo la Luna la noche, acechadora.
            La Luna o la mujer o La muerte en los ojos
            o Diana cazadora sorprendida.

            No recibió un presente de rosas confituras
            ni contestó al mensaje que nunca fue enviado.

            ¿Qué insalubre lesión es el desprecio?
            ¿Qué venganza responde al desatento olvido?

            Llegó cuando la fiesta era confiada,
            cuando se presentían nomeolvides azules,
            cuando se piensa en bodas y en regalos.

            Y enmudecieron todos,
            la lluvia,
            los guerreros,
            las arañas de luz.

            - Serás Indiferencia,
            te llamaré el ingrato
            dolor de los que pierden la alegría,
            te quedarás despierta
            llamándote Penumbra -,
            gritó al desvanecerse la Luna sobre el agua.

            Nadie supo romper la maldición
            de la melancolía.
            No se la vio crecer a la hija del deseo.
            Y nadie entró en el bosque
            ni derribó el castillo de maleza.

            Pisoteó el rebaño de elefantes
            la tienda hecha de día
            y la princesa tuvo
            su momento vulgar de desatino.

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