sábado, marzo 28, 2009

Nº 23 de Hermes. Primer poema





      Si dejo de escuchar con la mirada
      y silencioso el párpado del miedo,
      tumbada, nunca muerta,
      un oficio de mar
      acompasa sus olas con las ramas
      y, tierra adentro, barcos,
      griterío de un puerto,
      oblicuos mascarones impacientes.

      Me deslizo a las islas
      donde no se contagia
      la melancolía,
      donde no se sabe llorar,
      dolerse,
      manutención temblando.

      Hay un estar viviendo
      lo presente,
      hay un exceso
      de los giros más bellos que las damas
      suelen trazar con sus sombrillas.

      Tierra adentro, muy dentro,
      el viento de los árboles, mañanas
      de la espuma,
      veletas en las velas reidoras
      y una música cerca.




    Rose - Ludovico Einaudi

    viernes, marzo 20, 2009

    Revista Hermes, nº 22. Primer poema





        Jardín francés


        Jugaré contigo a la perspicacia
        de la expresión que oculte mi silencio.
        Palabras lanceadas, esgrimidas
        diseccionando la curiosidad,
        danzando cautelosas y en alerta,
        devolviendo el asalto mientras callan;
        palabras que sonríen, ataviadas
        de ingenio, de sutiles veladuras.

        Pero quisiera apoyar mi cabeza
        en tus brazos y revelar mi frágil
        baluarte, cansarme de mi astucia,
        dejar el juego, convertirme en niña,
        dejar el juego, nombrar mi silencio
        sin cautela, cansarme en ti, llevarte
        hasta la intimidad de mi descuido.

        Y sólo me queda jugar contigo,
        contrarrestar el golpe de tu lengua
        con voz deliberada, conteniendo
        el delirio que lucha por salir
        y estar desprotegida en la alegría.

        Jugar, jugar contigo, entretenerte
        y, a costa de mi misma, cautivarte.




    Requiem For A Dream - 32 - - Lux Aeterna.

    sábado, marzo 14, 2009

    Cuarto poema. Nº 21 de la revista Hermes



        Cualidad de lo invisible

        Debería alegrarme
        pues soy de la materia del sonido.
        La loza cae
        desde un vasar en el otro hemisferio;
        alguien habla detrás de las cortinas
        y, en el templo
        la carcoma que insiste,
        el viejo fémur cruje sin mostrarse,
        un murmullo, la puerta,
        la escalera de Bach.

        Tu olfato me recibe:
        esa paja mojada
        antes del sol,
        esa alquimia que frota tu mejilla
        si el ascensor te invita a su fantasma.

        Debería alegrarme con mi noche;
        sé lo que sabe el pez
        de las Marianas
        y sé que la belleza pertenece
        al aire denso, ocurre
        que refleja la luz.

        En el aire caliente donde vivo,
        algo que da su música al desierto.



    If I Had You.mp3 - Diana Krall -

    viernes, marzo 06, 2009

    Revista Hermes, nº 21, tercer poema


        Nos movimos como dos pájaros en llamas*


        Eres la diadema que despeja mi frente
        para que me recorra tu mano la cara
        pues no se conforma tu pupila afilándose
        y te encegueces a propósito,
        tan ávido
        que me asusta el sexo dormido del naranjo
        ahí, en la tierra baja, y que despierte hambriento.

        Ya me avisaba Francisco que había
        manos con ojos y con colmillos que inflaman
        lo que prefieren: lo desesperan, lo dejan
        sin alas de tórtola ingenua, pensativa.

        Eres una mano larguísima que alisa
        mi pelo,
        una mano
        que mete sin temor su mano en las hogueras
        y de diademas humeantes entusiasma
        al carboncillo triste y fin de mi hermosura.

        Ahora yo seré revelada.

        Nos verán desde lejos arder como faros
        y llamaremos viento a este altivo peligro.



        * Verso de un poema de A. Sexton. Y su retrato.



    Luce Dei Miei Occhi - Ludovico Einaudi

    domingo, marzo 01, 2009

    Segundo poema de la revista 21 de Hermes


        Día que te pone la cabeza loca

        La veleta clava en elviento
        su derrota.
        Un diablo de hierro ríe
        en el campanario.

        Este viento que desposee
        constancias,
        que aúlla
        sin ladrido y pretende
        irritar a las puertas, silbar
        en las junturas.

        La madrugadora mujer
        tiende sumisiones de sábanas
        porque el viento las despoje
        de una enfermedad
        y las asalvaje
        y las empuje a despedirse.

        Hojas que el pico del vencejo
        escribió para los racimos,
        dóciles hojas de abanico
        extraviado,
        hojas,
        cada una de ellas con su blusa
        roja y veneciana,
        remolino en recreos, niños
        que gritan.
        ¡mirad, arriba pasa el manto
        de una bruja blanca!
        y se arrojan puñados como nieve
        sin muertos.

        ¿A quién
        escucha
        el viento?

        ¿Qué melodía le sedujo
        y vino de ningún retorno
        o de ninguna discreción,
        de ninguna pregunta?

        ¿Y qué come
        sino palabras,
        breves miguitas que te fui
        dejando
        tras mi paso
        para que tú no me perdieras?


    Rubylove - Cat Stevens

    sábado, febrero 28, 2009

    Mañana más poemas, hoy escuchamos

    Esta entrada del blog está dedicada a E. R. Fernández-Huidobro. La capibara y su bisbís y el colibrí atento siempre serán nuestros, querida.


    Alfonsina y el mar.mp3 - Mercedes Sosa
    Sus autores: Ariel Ramírez y Félix Luna

    sábado, febrero 21, 2009

    Primer poema de Hermes 21






        Altura

        Qué pajaro es ese en su pequeñez
        que remonta el único límite
        de su existencia
        y va hasta dónde, absoluto de viento,
        buscando una apertura indemne
        en la tormenta.

        Qué hechizos desprecia y qué certidumbres
        de taimados devoradores
        cuando parece frágil bajo el trueno
        y la lluvia lo zarandea
        con su desvarío.

        Qué inconsciente de mí, qué aliento puro
        de pura flecha que se niega
        a claudicar
        y no me escucha y desconoce el barro,
        la gravedad, las deserciones
        de la alegría.

        Qué pájaro es ese en su pequeñez
        que va hasta donde se consuma
        su instinto
        y no me mira desde su atalaya
        ni se arredra ni se distrae
        con mis preguntas.


    Houston Skyline - Philip Glass

    sábado, febrero 14, 2009

    Revista Hermes, nº 20. Primer poema




        Perros en un campo amarillo

        Aspectos que septiembre recupera
        de la melancolía,
        esa que conocéis.

        Cielo falso azul, mate y quebradizo
        y un extraño cansancio absorto allí.

        Entre paja dos manchas; lo que estuvo
        practicando la magia con el tiempo
        pierde clarividencia
        se hace escolar y torpe.

        Son ciertas e inquietantes; la mañana
        ha levantado el polvo que quería
        volar.


        Son ciertas
        como brazos que arrasan los rastrojos
        cuando queman
        y se mueven y vagan, no se sabe
        qué instinto.

        Amenazarían la carretera,
        sanguinolentos bultos
        sin silbido,
        manchas prensadas, poco a poco asfalto,
        después indiferencia
        o desviar la vista.

        Esos hijos del sequedal asustan,
        no se sabe qué deseo.

        Esos hijos del polvo y del cansancio.



    ..... - Piazzolla

    viernes, febrero 06, 2009

    nº 19 de la revista Hermes. Primer poema



        El fantasma de las Cortes de Amor


        Porque prefiere permanecer en la aridez de los amores imposibles
        su amada se convirtió en alabastro sin temblor.

        Esto fue lo que quiso:

        no arriesgarse a cruzar el territorio del sobresalto,
        no tener que escuchar una negativa.
        no dudar de la mirada de los mensajeros.

        Y terminaron los poemas de abril
        y las prendas de seda
        con olor a virgen esquiva y caprichosa.

        Su amada envejeció,
        la ceniza cubrió el reclamo
        de su juventud apasionada.

        Se borró el epitafio de su linaje
        y los herederos quemaron los tapices
        donde ella había bordado
        cifradas inscripciones de lascivia.

        Él la amará siempre
        porque se entregó a la adoración de su distancia,

        como se adora al Sol
        sin mirar su fortaleza de asesino,

        como se desea la Luna
        para que nunca llegue el momento soñado
        de alcanzarla.


    Se be-m partetz,mala dompna,de vos


    sábado, enero 31, 2009

    Hermes, 18. Primer poema





    Concierto para violín en sol menor. Op 8. nº 8 Rv 332

    Allegro

    Después de tanto tiempo desde entonces, Alicia, nuestra Alicia ya ha crecido.
    ¿Has visto su desprecio por los príncipes, su risa al recordarte las sirenas que aquella tarde oían los maestros?
    Aún tensa los hilos esta niña, cruza aún el jardín de los engaños; en el azar, la calle y la mañana todavía se encuentra con nosotros.
    Su largo pelo tenniel, su vestido, su estatura frutal y su perfume pasan por el rabillo de mis ojos y siempre lleva guindas aunque nieve en las islas que conservan lo que ignoro de ti.


    Largo

    Tú me miraste bíblico y marino. La historia del romero preparaba la eternidad con briznas calurosas. Las arenas por donde naufragábamos eran papeles blandos recogidos del espacio inicial hasta tu boca antes de ser Alicia quien viniera con un guarnieri oculto en sus preguntas.
    Jugaba al voy y vengo de mensajes cifrados: qué lugares floreciste sin mí, cuántas sirenas estrenaron su voz sobre tu voz y no la oía, y yo te contestaba que nunca tuve un nombre navegante, que una canción hambrienta me auguraba su silencio volcán, reconocerte.


    Allegro

    Alicia, satisfecha de la médula que derramamos lentos esa tarde desoyendo a la liebre amaestrada, manchándole al romero su indolencia de eterno mineral de los veranos, crece perversa, acorta la medida del bien y el mal, de un paso atrás y el paso que saltan las sirenas: lo sereno, lo muerto, lo constante, lo correcto, lo bobo en su tibieza, las excusas que apartan la locura.
    Alicia ya mayor, ya sabedora de velas consumidas en las camas, ha probado el azúcar que encadena y sin embargo vuelve con agujas dulcísimas.
    Esta niña conseguirá perdernos, acabar de perdernos en nosotros.

    Allegro del concierto para violín. Vivaldi, claro

    viernes, enero 23, 2009

    Revista nº 17. Segundo poema








    El Campesino

    Ya no recuerdo el encantamiento de las encinas ni que los magos lleven una vara de avellano para robar de los pozos del silencio los nombres de las cosas, el tiempo de enviar mensajes altaneros a la Luna.

    Lo he leído
    y se que alguna vez lo sabía sin darme importancia.

    Ya no distingo el ceño de aquel que sólo se permite un instante de arritmia jubilosa mirando la cabellera del trigo o cuando se frota los tobillos con el brezo que ahuyenta a las culebras y su corazón sólo se permite un instante de bosques hechizados y misteriosas reinas de la noche.

    Dejo a mi perro dormir sobre mi cama y me asombro de la facilidad de los canarios en perder el alma a cambio del alpiste.

    La medida de los días se suma por la sombra de los álamos y en el antojo tenaz de las lombrices de tierra.

    Él adivina la llegada de las doncellas de mayo y bebe muy despacio la tristeza porque es enorme la distancia hasta el grano en sazón y bebe muy despacio la alegría porque adelantarse al gozo es una fresa que se agosta velozmente.

    Él no hará nada para salvar mi biblioteca palatina, consumiéndose tarde, desmemoriada en vano.


    viernes, enero 16, 2009

    Hermes, 17. Primer poema



        Concierto para oboe, cuerdas y bajo comtinuo en re menor, Op 9. Rv 454

        Allegro

        Parezco desarmada, inofensiva, bandera verde y las gaviotas,y el satélite diosa calmando su reflejo en el agua.
        Mañana perdonada por los asesinos, mañana que inventa calideces, la muchacha azul reciente, el atleta madrugador que avanza, se tiene, se enamora de la brisa.
        Todavía no juegan tumbonas con cuerpos a tenderse vencidos, aún las sombrillas son modestia y el algodón de las toallas impacienta un color en corredores ventilados.
        Yo, que era de tierra adentro, que era solano de resecos lagartos, paisaje de perdiz, cereal rogando el tambor al aguacero; yo, algunos árboles maldecidos,
        fortaleza en ruinas, población marchada,
        subo de ti despacio medusas, subo salivillas a la arena: una caricia que se dispone para explorar las pieles, la sal sobre los hombros, en las pestañas de niñas.

        Largo

        Me repliego, me llevo porciones del soñador, del que se ha dejado lamer y recuerda parentescos con amebas antiguas y seres que culebrearon muy curiosos orillas;
        me repliego a tu pulmón profundo y me llamo delicada actinia moradora de argonautas que duermen las rutas del vino, de esposas hechiceras, mediterráneas criaturas, calladas cajas de resonancia en ti:
        allí nos llegan príncipes del odio convertidos en algas vibrantes, venganzas con forma de monedas, poetisas vestidas de lágrima...
        en nuestro abrazo, la biblioteca de Alejandría meciéndose, conservando sabias escrituras de un ansia insaciable.

        Allegro

        Penetrándome desencarcelas pájaros de galerna, elefantes atormentados contra los vientos de un velero pretencioso.
        Escucho a cada una de mis células decirte que sí, que es el momento de ser un castillo ni siquiera soñado por castos guerreros, de ser peligrosa, revelarme, gritar.
        Avanzo vertical, adelanto a la tormenta y bailo la danza que conocen las brujas de los acantilados, bailo la música de una luna buscando a su amante entre multitudes que multiplican sacrificios,
        y ya es imposible, ya no puedo volver atrás, ser virgen, ser dulce, ser una bordadora adiestrada en el arte de olvidarte, de oír cómo te marchas.

    viernes, enero 09, 2009

    Segundo poema de Hermes nº 16









              El marino

              Las amapolas y el cantueso reavivan la temporada de los baños, ensenadas de cuarzo verde,
              blando
              viento verde preferido por el trigo,
              dientes de león buenas y cobardes, pri-pri de las perdices y pájaros pequeños con nombres tan pequeños que no les caben en el pico.

              Lagartos en las lindes como cruzados cuidando aún el campo de batalla, y moscas vampiras molestando a los bañistas y mariposas disfrazadas de gaviotas sumergiéndose en la hierba.

              Él hace memoria, no recuerda ningún ahogado mar adentro, en la hierba; hace memoria de la noche de los grillos, de la temperatura que despierta a los murciélagos, la noche querida, dormir en tierra firme
              en su cama
              morir.

              Y aunque a la hermana le dijera que estaba bien de salud en sus dos últimas cartas, la espuma salitrosa le ha endurecido el llanto y bajo el agua se ha perdido la excitación de las conquistas.

              Cansado de abandonar el equipaje en puertos luminosos, cansado del horizonte de Ulises, de los delfines, del tuétano de algas, desea no ser libre, dormir en tierra firme
              en su cama
              morir.




    viernes, enero 02, 2009

    Nº 16 de la revista Hermes.Primer poema

        Concierto para cuerda en sol mayor "alla rustica". RV.151.Vivaldi.

    Presto

    Uve de pájaros vivaldi, siempre pájaros si has leído mi letra en el amanecer, inexperta que corretea por la cuadrícula del cuaderno escolar rastreando modos de cazar un insecto sílaba, recordando conversaciones de las señoras que se esconden en la celeridad del día.
    Pájaros impacientes: saltan sobre los versos y regañan por la pequeña larva oculta, médula de lo más hermoso que rompe las costumbres de la jornada. Pájaros aupados al tejado, despierta, pían, regresa de tu estar en ti.
    Ellos te aman como los niños que no dejan saludar a su maestra y la rodean relatándole atropelladamente que escucharon la voz que gira de los astros.


    Adagio

    No sé hacer otra cosa sino vuelo, creer en lo que nadie se ocupa o se detiene. Voy despacio, apreciando colores de los prismas, de nervaduras tocables.
    Voy muy despacio cuando exploro el rapidísimo tejido de tu vello, las ramas altas del avellano de tu sombra.
    Envidio a veces la destreza de los maestros que usan ágiles tijeras para recortar las tiras de esos muñequitos encadenados de la mano.
    Lo único que sé es el vuelo, planear atrapando un flujo de aire que sale de tu boca igual que si estuviese quieta, sostenida por un apoyo lento, natural, transparente, en el que nadie ha reparado.


    Allegro

    Elegida, orgullosa, atuso mis plumas.
    Soy tus ojos como águila de una mítica historia, soy el regreso desde el Sur a las lagunas, a las torres, cuando el invierno debilita su resistencia y prefirieras abandonar lo oscuro de tu casa y salir a la noticia de una repetición gozosa.
    Cambio tu perfil moderado por esa indiscreta corriente que no cesa de humedecer tu libro de recuerdos, capas de palabras heridas sobre palabras maldecidas sobre palabras contagiadas de la dolencia de los muertos...deja que acaben de morir.
    Vendrán los corazones alirrojos y será difícil negar su vuelo.

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