viernes, marzo 20, 2009

Revista Hermes, nº 22. Primer poema





      Jardín francés


      Jugaré contigo a la perspicacia
      de la expresión que oculte mi silencio.
      Palabras lanceadas, esgrimidas
      diseccionando la curiosidad,
      danzando cautelosas y en alerta,
      devolviendo el asalto mientras callan;
      palabras que sonríen, ataviadas
      de ingenio, de sutiles veladuras.

      Pero quisiera apoyar mi cabeza
      en tus brazos y revelar mi frágil
      baluarte, cansarme de mi astucia,
      dejar el juego, convertirme en niña,
      dejar el juego, nombrar mi silencio
      sin cautela, cansarme en ti, llevarte
      hasta la intimidad de mi descuido.

      Y sólo me queda jugar contigo,
      contrarrestar el golpe de tu lengua
      con voz deliberada, conteniendo
      el delirio que lucha por salir
      y estar desprotegida en la alegría.

      Jugar, jugar contigo, entretenerte
      y, a costa de mi misma, cautivarte.




Requiem For A Dream - 32 - - Lux Aeterna.

sábado, marzo 14, 2009

Cuarto poema. Nº 21 de la revista Hermes



      Cualidad de lo invisible

      Debería alegrarme
      pues soy de la materia del sonido.
      La loza cae
      desde un vasar en el otro hemisferio;
      alguien habla detrás de las cortinas
      y, en el templo
      la carcoma que insiste,
      el viejo fémur cruje sin mostrarse,
      un murmullo, la puerta,
      la escalera de Bach.

      Tu olfato me recibe:
      esa paja mojada
      antes del sol,
      esa alquimia que frota tu mejilla
      si el ascensor te invita a su fantasma.

      Debería alegrarme con mi noche;
      sé lo que sabe el pez
      de las Marianas
      y sé que la belleza pertenece
      al aire denso, ocurre
      que refleja la luz.

      En el aire caliente donde vivo,
      algo que da su música al desierto.



If I Had You.mp3 - Diana Krall -

viernes, marzo 06, 2009

Revista Hermes, nº 21, tercer poema


      Nos movimos como dos pájaros en llamas*


      Eres la diadema que despeja mi frente
      para que me recorra tu mano la cara
      pues no se conforma tu pupila afilándose
      y te encegueces a propósito,
      tan ávido
      que me asusta el sexo dormido del naranjo
      ahí, en la tierra baja, y que despierte hambriento.

      Ya me avisaba Francisco que había
      manos con ojos y con colmillos que inflaman
      lo que prefieren: lo desesperan, lo dejan
      sin alas de tórtola ingenua, pensativa.

      Eres una mano larguísima que alisa
      mi pelo,
      una mano
      que mete sin temor su mano en las hogueras
      y de diademas humeantes entusiasma
      al carboncillo triste y fin de mi hermosura.

      Ahora yo seré revelada.

      Nos verán desde lejos arder como faros
      y llamaremos viento a este altivo peligro.



      * Verso de un poema de A. Sexton. Y su retrato.



Luce Dei Miei Occhi - Ludovico Einaudi

domingo, marzo 01, 2009

Segundo poema de la revista 21 de Hermes


      Día que te pone la cabeza loca

      La veleta clava en elviento
      su derrota.
      Un diablo de hierro ríe
      en el campanario.

      Este viento que desposee
      constancias,
      que aúlla
      sin ladrido y pretende
      irritar a las puertas, silbar
      en las junturas.

      La madrugadora mujer
      tiende sumisiones de sábanas
      porque el viento las despoje
      de una enfermedad
      y las asalvaje
      y las empuje a despedirse.

      Hojas que el pico del vencejo
      escribió para los racimos,
      dóciles hojas de abanico
      extraviado,
      hojas,
      cada una de ellas con su blusa
      roja y veneciana,
      remolino en recreos, niños
      que gritan.
      ¡mirad, arriba pasa el manto
      de una bruja blanca!
      y se arrojan puñados como nieve
      sin muertos.

      ¿A quién
      escucha
      el viento?

      ¿Qué melodía le sedujo
      y vino de ningún retorno
      o de ninguna discreción,
      de ninguna pregunta?

      ¿Y qué come
      sino palabras,
      breves miguitas que te fui
      dejando
      tras mi paso
      para que tú no me perdieras?


Rubylove - Cat Stevens

sábado, febrero 28, 2009

Mañana más poemas, hoy escuchamos

Esta entrada del blog está dedicada a E. R. Fernández-Huidobro. La capibara y su bisbís y el colibrí atento siempre serán nuestros, querida.


Alfonsina y el mar.mp3 - Mercedes Sosa
Sus autores: Ariel Ramírez y Félix Luna

sábado, febrero 21, 2009

Primer poema de Hermes 21






      Altura

      Qué pajaro es ese en su pequeñez
      que remonta el único límite
      de su existencia
      y va hasta dónde, absoluto de viento,
      buscando una apertura indemne
      en la tormenta.

      Qué hechizos desprecia y qué certidumbres
      de taimados devoradores
      cuando parece frágil bajo el trueno
      y la lluvia lo zarandea
      con su desvarío.

      Qué inconsciente de mí, qué aliento puro
      de pura flecha que se niega
      a claudicar
      y no me escucha y desconoce el barro,
      la gravedad, las deserciones
      de la alegría.

      Qué pájaro es ese en su pequeñez
      que va hasta donde se consuma
      su instinto
      y no me mira desde su atalaya
      ni se arredra ni se distrae
      con mis preguntas.


Houston Skyline - Philip Glass

sábado, febrero 14, 2009

Revista Hermes, nº 20. Primer poema




      Perros en un campo amarillo

      Aspectos que septiembre recupera
      de la melancolía,
      esa que conocéis.

      Cielo falso azul, mate y quebradizo
      y un extraño cansancio absorto allí.

      Entre paja dos manchas; lo que estuvo
      practicando la magia con el tiempo
      pierde clarividencia
      se hace escolar y torpe.

      Son ciertas e inquietantes; la mañana
      ha levantado el polvo que quería
      volar.


      Son ciertas
      como brazos que arrasan los rastrojos
      cuando queman
      y se mueven y vagan, no se sabe
      qué instinto.

      Amenazarían la carretera,
      sanguinolentos bultos
      sin silbido,
      manchas prensadas, poco a poco asfalto,
      después indiferencia
      o desviar la vista.

      Esos hijos del sequedal asustan,
      no se sabe qué deseo.

      Esos hijos del polvo y del cansancio.



..... - Piazzolla

viernes, febrero 06, 2009

nº 19 de la revista Hermes. Primer poema



      El fantasma de las Cortes de Amor


      Porque prefiere permanecer en la aridez de los amores imposibles
      su amada se convirtió en alabastro sin temblor.

      Esto fue lo que quiso:

      no arriesgarse a cruzar el territorio del sobresalto,
      no tener que escuchar una negativa.
      no dudar de la mirada de los mensajeros.

      Y terminaron los poemas de abril
      y las prendas de seda
      con olor a virgen esquiva y caprichosa.

      Su amada envejeció,
      la ceniza cubrió el reclamo
      de su juventud apasionada.

      Se borró el epitafio de su linaje
      y los herederos quemaron los tapices
      donde ella había bordado
      cifradas inscripciones de lascivia.

      Él la amará siempre
      porque se entregó a la adoración de su distancia,

      como se adora al Sol
      sin mirar su fortaleza de asesino,

      como se desea la Luna
      para que nunca llegue el momento soñado
      de alcanzarla.


Se be-m partetz,mala dompna,de vos


sábado, enero 31, 2009

Hermes, 18. Primer poema





Concierto para violín en sol menor. Op 8. nº 8 Rv 332

Allegro

Después de tanto tiempo desde entonces, Alicia, nuestra Alicia ya ha crecido.
¿Has visto su desprecio por los príncipes, su risa al recordarte las sirenas que aquella tarde oían los maestros?
Aún tensa los hilos esta niña, cruza aún el jardín de los engaños; en el azar, la calle y la mañana todavía se encuentra con nosotros.
Su largo pelo tenniel, su vestido, su estatura frutal y su perfume pasan por el rabillo de mis ojos y siempre lleva guindas aunque nieve en las islas que conservan lo que ignoro de ti.


Largo

Tú me miraste bíblico y marino. La historia del romero preparaba la eternidad con briznas calurosas. Las arenas por donde naufragábamos eran papeles blandos recogidos del espacio inicial hasta tu boca antes de ser Alicia quien viniera con un guarnieri oculto en sus preguntas.
Jugaba al voy y vengo de mensajes cifrados: qué lugares floreciste sin mí, cuántas sirenas estrenaron su voz sobre tu voz y no la oía, y yo te contestaba que nunca tuve un nombre navegante, que una canción hambrienta me auguraba su silencio volcán, reconocerte.


Allegro

Alicia, satisfecha de la médula que derramamos lentos esa tarde desoyendo a la liebre amaestrada, manchándole al romero su indolencia de eterno mineral de los veranos, crece perversa, acorta la medida del bien y el mal, de un paso atrás y el paso que saltan las sirenas: lo sereno, lo muerto, lo constante, lo correcto, lo bobo en su tibieza, las excusas que apartan la locura.
Alicia ya mayor, ya sabedora de velas consumidas en las camas, ha probado el azúcar que encadena y sin embargo vuelve con agujas dulcísimas.
Esta niña conseguirá perdernos, acabar de perdernos en nosotros.

Allegro del concierto para violín. Vivaldi, claro

viernes, enero 23, 2009

Revista nº 17. Segundo poema








El Campesino

Ya no recuerdo el encantamiento de las encinas ni que los magos lleven una vara de avellano para robar de los pozos del silencio los nombres de las cosas, el tiempo de enviar mensajes altaneros a la Luna.

Lo he leído
y se que alguna vez lo sabía sin darme importancia.

Ya no distingo el ceño de aquel que sólo se permite un instante de arritmia jubilosa mirando la cabellera del trigo o cuando se frota los tobillos con el brezo que ahuyenta a las culebras y su corazón sólo se permite un instante de bosques hechizados y misteriosas reinas de la noche.

Dejo a mi perro dormir sobre mi cama y me asombro de la facilidad de los canarios en perder el alma a cambio del alpiste.

La medida de los días se suma por la sombra de los álamos y en el antojo tenaz de las lombrices de tierra.

Él adivina la llegada de las doncellas de mayo y bebe muy despacio la tristeza porque es enorme la distancia hasta el grano en sazón y bebe muy despacio la alegría porque adelantarse al gozo es una fresa que se agosta velozmente.

Él no hará nada para salvar mi biblioteca palatina, consumiéndose tarde, desmemoriada en vano.


viernes, enero 16, 2009

Hermes, 17. Primer poema



      Concierto para oboe, cuerdas y bajo comtinuo en re menor, Op 9. Rv 454

      Allegro

      Parezco desarmada, inofensiva, bandera verde y las gaviotas,y el satélite diosa calmando su reflejo en el agua.
      Mañana perdonada por los asesinos, mañana que inventa calideces, la muchacha azul reciente, el atleta madrugador que avanza, se tiene, se enamora de la brisa.
      Todavía no juegan tumbonas con cuerpos a tenderse vencidos, aún las sombrillas son modestia y el algodón de las toallas impacienta un color en corredores ventilados.
      Yo, que era de tierra adentro, que era solano de resecos lagartos, paisaje de perdiz, cereal rogando el tambor al aguacero; yo, algunos árboles maldecidos,
      fortaleza en ruinas, población marchada,
      subo de ti despacio medusas, subo salivillas a la arena: una caricia que se dispone para explorar las pieles, la sal sobre los hombros, en las pestañas de niñas.

      Largo

      Me repliego, me llevo porciones del soñador, del que se ha dejado lamer y recuerda parentescos con amebas antiguas y seres que culebrearon muy curiosos orillas;
      me repliego a tu pulmón profundo y me llamo delicada actinia moradora de argonautas que duermen las rutas del vino, de esposas hechiceras, mediterráneas criaturas, calladas cajas de resonancia en ti:
      allí nos llegan príncipes del odio convertidos en algas vibrantes, venganzas con forma de monedas, poetisas vestidas de lágrima...
      en nuestro abrazo, la biblioteca de Alejandría meciéndose, conservando sabias escrituras de un ansia insaciable.

      Allegro

      Penetrándome desencarcelas pájaros de galerna, elefantes atormentados contra los vientos de un velero pretencioso.
      Escucho a cada una de mis células decirte que sí, que es el momento de ser un castillo ni siquiera soñado por castos guerreros, de ser peligrosa, revelarme, gritar.
      Avanzo vertical, adelanto a la tormenta y bailo la danza que conocen las brujas de los acantilados, bailo la música de una luna buscando a su amante entre multitudes que multiplican sacrificios,
      y ya es imposible, ya no puedo volver atrás, ser virgen, ser dulce, ser una bordadora adiestrada en el arte de olvidarte, de oír cómo te marchas.

viernes, enero 09, 2009

Segundo poema de Hermes nº 16









            El marino

            Las amapolas y el cantueso reavivan la temporada de los baños, ensenadas de cuarzo verde,
            blando
            viento verde preferido por el trigo,
            dientes de león buenas y cobardes, pri-pri de las perdices y pájaros pequeños con nombres tan pequeños que no les caben en el pico.

            Lagartos en las lindes como cruzados cuidando aún el campo de batalla, y moscas vampiras molestando a los bañistas y mariposas disfrazadas de gaviotas sumergiéndose en la hierba.

            Él hace memoria, no recuerda ningún ahogado mar adentro, en la hierba; hace memoria de la noche de los grillos, de la temperatura que despierta a los murciélagos, la noche querida, dormir en tierra firme
            en su cama
            morir.

            Y aunque a la hermana le dijera que estaba bien de salud en sus dos últimas cartas, la espuma salitrosa le ha endurecido el llanto y bajo el agua se ha perdido la excitación de las conquistas.

            Cansado de abandonar el equipaje en puertos luminosos, cansado del horizonte de Ulises, de los delfines, del tuétano de algas, desea no ser libre, dormir en tierra firme
            en su cama
            morir.




viernes, enero 02, 2009

Nº 16 de la revista Hermes.Primer poema

      Concierto para cuerda en sol mayor "alla rustica". RV.151.Vivaldi.

Presto

Uve de pájaros vivaldi, siempre pájaros si has leído mi letra en el amanecer, inexperta que corretea por la cuadrícula del cuaderno escolar rastreando modos de cazar un insecto sílaba, recordando conversaciones de las señoras que se esconden en la celeridad del día.
Pájaros impacientes: saltan sobre los versos y regañan por la pequeña larva oculta, médula de lo más hermoso que rompe las costumbres de la jornada. Pájaros aupados al tejado, despierta, pían, regresa de tu estar en ti.
Ellos te aman como los niños que no dejan saludar a su maestra y la rodean relatándole atropelladamente que escucharon la voz que gira de los astros.


Adagio

No sé hacer otra cosa sino vuelo, creer en lo que nadie se ocupa o se detiene. Voy despacio, apreciando colores de los prismas, de nervaduras tocables.
Voy muy despacio cuando exploro el rapidísimo tejido de tu vello, las ramas altas del avellano de tu sombra.
Envidio a veces la destreza de los maestros que usan ágiles tijeras para recortar las tiras de esos muñequitos encadenados de la mano.
Lo único que sé es el vuelo, planear atrapando un flujo de aire que sale de tu boca igual que si estuviese quieta, sostenida por un apoyo lento, natural, transparente, en el que nadie ha reparado.


Allegro

Elegida, orgullosa, atuso mis plumas.
Soy tus ojos como águila de una mítica historia, soy el regreso desde el Sur a las lagunas, a las torres, cuando el invierno debilita su resistencia y prefirieras abandonar lo oscuro de tu casa y salir a la noticia de una repetición gozosa.
Cambio tu perfil moderado por esa indiscreta corriente que no cesa de humedecer tu libro de recuerdos, capas de palabras heridas sobre palabras maldecidas sobre palabras contagiadas de la dolencia de los muertos...deja que acaben de morir.
Vendrán los corazones alirrojos y será difícil negar su vuelo.

    viernes, diciembre 26, 2008

    Tercer poema de la revista Hermes. nº 15








          La que limpia los urinarios



          Es invisible cuando Tamara de Lempicka se suaviza en sus bragas de raso y se reconcilia con su vestido mirándose en el espejo, retocando la curva de sus labios y yéndose después mientras calcula la pedrería de sus amantes.

          La que limpia no ha deseado la danza de los peces bajo el tedio del Adriático, no sueña jamás con encontrar un brazalete de plata que burle el recorrido de los desperdicios.

          Pero conoce el candor de los que se alimentan con pétalos de rosa por el yacer casi inodoro de sus heces y cuántos miles de cerezas se precisan para el pastel intacto de una novia bella y anoréxica.

          Conoce el temor de los hombres de negocios en la mancha que dejan sobre la porcelana de hielo, el secreto de las embarazadas porque gimen al cerrarse por dentro en dos metros cuadrados de soledad y el caviar que comieron los discípulos de una logia y el licor culpable que embriagó a los amantes de la condesa Tamara de Lempicka.

          Cada día se resume en los desagües llegando al fondo de los pensamientos elevados. La música del agua no le regala arroyos transparentes.

          Y cuando acaba su trabajo se marcha más distante que la pintora Tamara de Lempicka. El sol no la golpea con su desvergüenza y en la oscuridad su paso está cansado como la danza de los perezosos que se aman en un lujoso hotel de Venecia.

    domingo, diciembre 21, 2008

    Revista Hermes, nº 15. Segundo poema





        Indiferencia

        Hablo de mí, por fin, como si hablara
        de un viejo compañero perdonado.
        Sería hablar de un reino vegetal
        y entonces contarías
        cuántas arterias verdes
        salen de mi organismo
        para anudar su savia
        al anónimo arbusto del otoño.
        Y el animal gusano,
        el arácnido, rata, culebrilla,
        tienen la boca rara de mi boca,
        un rápido veneno,
        un colmillo que sirve para herirse.
        Hociquea en mis sábanas el tigre,
        cuando me baño viene una medusa.
        Verás cazar al lobo
        en mi agreste costado
        y al hombre de las nieves
        huir de los fotógrafos intrépidos.
        Hablar de mí supone
        hablar de todo aquello que no es mío.
        Yo soy lo que tú digas,
        lo que tú quieras ver.
        Soy indistinta, informe, no soy nada,
        soy un nombre reflejo que respira.



    domingo, diciembre 14, 2008

    Primer poema de Hermes nº 15




        Un allegro de Vivaldi



        Qué descanso no reconocer larvas
        del corazón romántico: burbujas
        que hacen ¡plaf! Cuando las rozas, paisajes
        demasiado lunáticos, palabras
        que emocionan al público, que hieden
        melancólicas.

        Qué descanso repetir una frase
        hasta excederse,
        despreciando las imágenes, yendo
        sin principio o final, sin la dulzura
        de tenues cadencias o de películas
        en África.

        Qué descanso transformarse en violines
        virtuosos.
        Sólo malabarismos con el arco
        de un violonchelo acorde con el clave.
        Sólo un allegro ajeno a otro sentido,
        sólo ajedrez jugado sabiamente.

        Qué descanso la tenaz armonía
        de una pasión
        doblegada
        a un orden que penetra en el desorden
        hilando tracerías de sonido
        que se pierden en sí mientras desbordan
        el orden más y más diseminado.

        Como mi nuevo gesto en el espejo,
        como mi vida nueva al otro lado.

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