
Una lumbre apacible regalando la serenidad…
su dilación, su gradual ensombrecerse que no amedrenta.
Me preguntaría dónde se posa el pájaro del ansia,
dónde reside la certeza de un futuro favorable.
El aire rojo no sabe, ni siquiera se reconoce…
carente de nombre discurre a otro archipiélago de dudas.
Y entonces mi convencimiento se resume en ese punto
llameante:
quizá una diminuta animación tiene ahí su semilla
para que la noche no sea toda ella desesperar
o un carnívoro trágico.