sábado, mayo 26, 2012

VI Der Blaue Reiter






      El tigre. Marc

      Es el pausado movimiento
      volviendo la cabeza                                                                        
      hacia ti;
      quizá serías invisible
      o mira más allá
      de tu presencia.

      Pero no;
      su quietud engañosa indica
      que aplacó su apetito
      y, discreto bajo la umbría,
      deja pasar la siesta acicalán_
      dose.

      Cada día domina,
      se alimenta de ti,
      y te prefiere viva, inerme
      ante su salto formidable;
      si oliera que estás muerta
      la sombra de su rastro polvo
      haría de tus huesos, polvo
      de su implacable olvido
      te cubriría.

      Pero no;
      él prefiere que seas algo:
      una certeza dolorida
      de haberte descuidado
      en el azar de la ternura,
      un cuerpo que se va arrugando
      para cederle espacio
      a esas niñas del parque
      con salvaje ignorancia
      protegidas.

      Siendo muerta
      no te acariciaría
      con sus zarpas,
      ni comería de tus cosas,
      ni te robaría
      el don de la impaciencia.

      Siendo muerta,
      siendo nada porque no cree
      en fantasmas.






domingo, mayo 20, 2012

V DER BLAUE REITER




      Mujer con chaqueta verde. Macke


      La tarde se complace en sí misma,                                                                               
      oye a los barcos por el gran río
      y se halaga en el parque
      con sus dibujos de sol y sombra.

      Si pensara
      teológica
      se retardaría igual que un ángel
      refinado
      o, mundana, acaso exclamaría:
      qué bellas y adecuadas las vistas
      del paisaje.

      Este es el momento
      donde la mujer árbol detiene
      su paso.

      ¿Qué sabes de ella
      sino su  esbelto gesto?

      Incluso estando erguida, el reposo
      verde se acomoda a sus caderas
      con un corte impecable
      como se ajusta la densidad
      del peligro
      al reposo del tigre.

      ¿Qué sabes de ella
      sino la inclinación
      de su cabeza?

      Así se retraen,
      mirando al suelo,  quienes bordean
      la esperanza, aquellos que repiten
      un nombre cuando los nombres cambian.

      Y todos los demás, entre tanto,
      pasean, se emocionan,
      intercambian saludos, contemplan
      el río,
      procuran que el tormento se dome
      en palabras;
      no se escucha ni un grito
      aunque el dolor les haya arrancado
      el corazón.

      Este es el momento
      donde ella se mira
      las uñas de sus garras.

sábado, mayo 12, 2012

DER BLAUE REITER IV



      Tríptico del Gran Zoo. Macke


      Paipáis nacarados que no airean,
      alas 
      como estar cansado tiene plumas*
      dice Él,
      pero todo en orden, exhibiéndose,
      llorando si es conveniente porque
      la belleza fatiga,
      los ojos acuosos de los gamos
      extenúan,
      una pizca de harina salvaje
      asfixia;
      varios monitos,
      suavemente encadenados, posan,
      repiten las muecas  de la  risa.

      Pero todo en orden -no te acerques-,
      lo agresivo en su tamaño justo,
      -no me toques-
      y el espacio apropiado
      de un flamenco hasta otro y los sombreros.

      Plumas que desde luego nunca vuelan*                                                 
      pero todo en orden, perfecto,
      desde el tedio al cansancio.


      *Del poema Estoy cansado. Luis Cernuda

sábado, mayo 05, 2012

DER BLAUE REITER III


    Dos gatos en azul y amarillo. Marc

    Pasan ante el espejo
    y la fugacidad del paso
    roza el brillo;
    no se contemplan, se recogen
    en sí- ¿atienden si les llamas
    por su nombre?-,
    o están tranquilos pero alerta
    a qué reflejo,
    qué reconocimiento.

    Refinados.

    Se distancian de las zancudas
    adiestradas para atrapar
    golosinas;
    no graznan
    como papagayos llamando
    la atención en el zoológico.

    Es otra suavidad la suya.

    Se subirían a las sombras
    y las sombrillas
    y su elegancia aplazaría
    la torpeza.

    Y no imploran un gesto.

    Es su privilegio
    ser el núcleo de su mundo. 

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