sábado, abril 28, 2012

DER BLAUE REITER II




      Casa roja en el parque. Macke

      Voy pisando los escarabajos                                                                                
      con sus bolas de barro y de piel
      de memoria.

      En los árboles duermen dos gatos
      de azules y  amarillos:

      no pesan,
      como deja de pesar la ilusa
      palabra de esperar,

      no pesan
      en el airecillo de verano.

      Y, en la casa,
      el  cristal de las ventanas arde.

      Hasta allí voy
      aunque no me fuese nunca y nada
      me hiciera recordar y creyese
      que es la primera vez del cariño.

      Allí vamos, familia, fragmentos
      de uñas
      que los escarabajos no roban,
      trocitos de abrazarse con breves
      puntas
      para las heridas y después
      el perdón.

      A los lados del camino, casi 
      de arena ya,
      contemplo los bancos de mi infancia.

      Nadie más cabe
      yendo a casa.

sábado, abril 21, 2012

DER BLAUE REITER







      Marc: El sueño



      Tarda en disiparse la niebla.
      Un fluido pastoso oprime
      las fachadas
      difuminándolas.

      La garceta gris se camufla
      con su hora de río
      sobre la piedra
      gris.

      Pero en el sueño de esta noche
      potros en índigo y naranja
      no se asustaban del felino,
      enseñaba sus fauces, ellos
      no se asustaban.
      El amor, o la edad, o el humo
      ligero del amor marchado
      aquietaba sus cascos.

      Por el tejido rojo de la casa
      roja,
      ámbar de manos deseadas
      subía,
      verde subía el cuerpo de esas
      manos.

      Y ella
      estaba tranquila en el centro:

      joven leona o yegua rosa
      pausando a la noche y  su secreto.

sábado, abril 14, 2012

CONTRACUBIERTA

      Finaliza SI ELLA NOS MIRA, y lo hace con este rotundo texto:

      He aquí un libro que cede su parte de sentido al nocturno de las rosas y el mar de la renuncia al heliotropo. He aquí un libro que nos trae la aguja de la poesía para atravesarlo todo: la tierra y su bucle salado, el arte de la perturbación, la insolencia. Con un hallazgo o una intención, es avalancha la luz y, la belleza, pronunciación -vaciada sin más, libre hacia sí, en la extensión de lo nuevo-. Si miramos… el tiempo refleja. No existe un final para el gran cielo del nihilismo pero sí un intervalo esclarecedor: ahora comprendo todo. Mujeres: imanes y hélices, estelas fragmentadas de otras estelas, la historiografía como discurso último y el gusto por la identidad, que no eleva la perspectiva de los conceptos universales a la categoría de género y tampoco su enfoque clausura valores diferentes… Ocuparse de la interpretación y análisis es hoy tarea de las ciencias sociales aunque un apunte genuino se abra al rozar los márgenes de arte, ciencia y literatura. En la voluntad de saber, cualquier disciplina resulta inspiradora; atravesar esa certidumbre hacia lo delirante de la forma, ¿no es acaso reapropiarse de un ideal proscrito, complaciente, sin desplazar la huella? Ni la estructura en los versos ni su orden lógico anuncian los límites, escribir -como saber vivir- no es algo establecido, es ir más allá de sí en la complejidad de la nada y la articulación ineludible de un tiempo perecedero. Si el silencio ratifica lo imposible, la escritura poética, con su rica formulación, guarda aún suficiente estímulo para evocar la verdad al crear un campo de observación donde podemos extender la mirada o elevar, en cierto modo, el peso de la emoción. Este libro no invita a la melancolía, transfiere en su cauce potencia, armonía, carácter y un rico modelo de percepción. ¡Sólo el viento nos ama!

      maría muñoz

viernes, abril 06, 2012

... Y SI ELLA NOS MIRA XXVII




      CERCANAS (III)

      Las aguas profundas. Pintura de María Aranzadi en una exposición de 1995


      Si rueda el tiempo
      aprisa rueda
      sobre la cintura del ángel
      ceñudo.


      Las novicias,
      las niñas danzantes, descalzas
      en la escarcha, griegas, que van
      a la iniciación del deseo,


      desconocen el aleteo
      amenazante,
      desconocen morir.


      Mi madre nada hasta el momento
      de empezar a peinarse
      por si sola y a disponer
      la escritura de los planetas;


      se va sumergiendo en las aguas
      donde no es necesario alzar
      la voz para encontrar los hijos
      torturados, ni es necesario
      llorar por la belleza ausente
      o la seda quebrada.


      Ahí,
      en las aguas profundas;
      no sólo amada y deseada
      y lista…
      doma las ruedas,
      apasionadamente lista
      desnudándose.


      Ahí, en las aguas, casi niña
      perpleja con su olvido pero
      de pedernal, cuarzo dispuesto
      sin pausa al fuego,
      y el eslabón también, la llama
      dulce.


      Cerca de las niñas jugando
      a morir entre las columnas
      de templos naufragados.


      Ahí.
      Intento ser tranquila porque
      estoy esperando
      a que ella me mire.

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