domingo, enero 29, 2012

SI ELLA NOS MIRA XVII




      BAJO EL ÁRBOL DE GEORGIA O´KEEFFE -III-

      La concha

      No necesitas tumbarte en la playa, que el agua alcance vuestros pies, que una divinidad balsámica os favorezca desde el mar.

      Te meces en la espiral blanda, en la madreperla que tornasola para ti. Hasta dónde continuará la flecha curva, te preguntas, de su amor, hélice a qué centro como brazos de una galaxia, como remolino molturando tu más poroso presagio.

      Así latiría la forma del mar, pequeño bígaro morando en tu tesoro.

domingo, enero 22, 2012

SI ELLA NOS MIRA XVI


      BAJO EL ÁRBOL DE GEORGIA O´KEEFFE -II-

      Casa I

      No lo verías, sereno en la entrada y callado, pero lo sentirías.

      Estás plantando las petunias azules.

      El mediodía tiene un irse del dolor; su leve eternidad, almena donde eres tan bella con tus gestos, querida. Luz en tu inclinarte a la tierra. Estás plantando el terciopelo sin enigmas. Luz que no surge desde un bíblico capricho sino que burbujea de ti y anega de esplendor amoroso la tierra.

      Él observaría tu espalda, tu inclinarte sin miedo, y no le urgiría un abrazo, ese terciopelo confiado. Si estuvieras allí, y si él, y si la casa...

domingo, enero 15, 2012

SI ELLA NOS MIRA XV


    BAJO EL ÁRBOL DE GEORGIA O´KEEFFE - I-


    El árbol de Lawrence


    Porque tu sangre suba por el tronco animal y cada estrella una ciudad a la que viajes suntuosamente vestida. Pareces muerta de tristeza, acostumbrada a lombrices que oxigenan tu carne.


    Se mueven tan altas hojas y hojas.


    Quien, con ojos sin incertidumbres, escucha en la noche el silencio conoce el nombre de esta vida en las hojas.


    No quieres recordar ni hallarte arenada de llanto.


    Entrarás en las ciudades blancas, lejos de astronomías solitarias. Tu sangre casi gozosa explora el tronco y escribe tu viaje en su pulpa.

viernes, enero 06, 2012

SI ELLA NOS MIRA XIV






    EL BOSQUE DE LA NOCHE


    El brillo del alcohol de la Luna en la cabellera de Peggy Guggenheim, opulento brillo de quien se adorna con el pasador fatal de las coleccionistas,


    para verte bajar por la Quinta Avenida desde el abrazo irresistible de la muchacha que se embriaga con el ansia de los amantes de ambos sexos humedecida por el ron.


    Te sostiene el brillo de un ser pagano en el ingenio de una devoción que distingue la lozanía de un hombre, insensato en su desnudez, del terciopelo de la muchacha, más hermosa cuanto más se fustiga a sí misma.


    Para verte bajar, mi tórtola, cuánto te envidio, príncipe femenina, nunca jamás princesa.

domingo, enero 01, 2012

SI ELLA NOS MIRA XIII







      EL OUSE III

Carta a Vita Sackville-West


Mi querido Orlando:


La claridad del alba es una luz enferma y los primeros pájaros disponen del azar canturreando en griego, anidando sin pausa, sólo el tiempo preciso para traer al mundo pequeñas criaturas no de plumas o amor, listas en el viaje de la ausencia.


Tú aleteas feliz con tan esquivas aves. Arrancas de las rocas marinas valvas duras que esconden una perla, la despiertas, la ríes.


Sigues el curso lento de las rutas sasánidas, empujando a la vida tigres enormes, rojos, de perdidas ciudades, con seda hecha de versos, con lúcida malicia...


Envidio esos lugares que al gozo se te ofrecen.


Mírame a mí, me escondo tras las dunas que el viento de la muerte moldea, tomo el té con las voces locas de mis heridas y me siento de blanda textura de molusco buscando el sol, la tibia claridad que me sane.


Ya no sé si aprisiono en la espuma la tinta o, absorta, me detengo a mitad de una frase mirando el convertirse lo innombrable en deseo, su sintaxis en agua.

Me duelen los amigos dormidos en actinias; me duele que tú quieras vivir y yo no acierte a invitarte en mi amor. Me duele que mi Nessa fácilmente recoja colores aún hirviendo y sin color retrate mi gesto tan huidizo.


Más que volar me siento perdida sin anclajes; más que ser libre, el caos aventa mi escritura.


Donde quiera que estés, contén mi enfermedad, el no volver al tiempo de todo recogido suavemente en mi madre.


Me he dado por vencida; a tu regreso busca lo mejor de mi sueño. Y al patinar, preciosa, sobre el hielo lascivo me verás sonreírte bajo el hielo, tranquila.


Recuerda que te dije que te quiero, recuerda que las olas vendrán con cartas en mi nombre.


Pienso en el ser muriéndome. No hay miedo en mis frutales.


Por las dunas redondas de Rodmell se levanta el alba con que inician su viaje mis pájaros.



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Jardí­n al mar 1605 Blog de poesí­a y otros textos Ogigia María Antonia Ricas